Cero Records, dos décadas a la vanguardia

Es 2002 y cinco amigos, luego de algunas juntas de trabajo, logran ponerse de acuerdo y fundan Cero Records. El 2003 ya está en puerta, pero Alejandro Saqui, Alejandro Colavita, Heinz Malcher, Andrés Argil y Andrés de Robina deciden producir discos compactos. Los cinco cursaban la carrera de composición en la Escuela de Música CIEM, incluso coincidieron en un grupo de rock, pero en el aula se habían concentrado en la música de cámara.

Andrés de Robina, quien es uno de los dos sobrevivientes de ese grupo y director de Cero Records, dice: “El objetivo del sello era explorar un formato diferente al de la sala de conciertos y tratar de verter nuestro quehacer como compositores en el hasta ese momento y escasamente explorado formato del CD”.

Del nombre, nos dice otro de sus fundadores, Alejandro Colavita: “Cero es el número (concepto) creado por los mayas que demuestra la complejidad de su matemática y de su talento e inteligencia”.

Saqui y Argil acababan de publicar el álbum Vecindario global, mientras Alejandro Colavita estrenó su primer disco bajo el nombre de Tachyon. De Robina colaboró en las dos producciones. Es el quien agrega: “Componer y publicar música en formato CD era muy atractivo, aparte de que nos encantaba comprar, escuchar, tener e intercambiar compactos. Se trataba de un formato muy amplio que permitía explayarse a plenitud y utilizar el estudio para componer y producir proyectos musicales complejos. También permitía una mayor exposición mediática y era una forma práctica y vistosa de vender y difundir la música”.

Marcos Miranda y Andrés de Robina. Fotografía: Gabriel Hernández Tinajero

Una vez con un sello fundado, la quinteta realizó un gran esfuerzo y entre los cinco pagaron las primeras producciones de cada uno de ellos y luego de completar la primera ronda, comenzaron con la producción de su primer proyecto externo: Ghazali, de Fausto Palma.

Sin embargo, como sucede en todo proyecto colectivo, las defecciones comenzaron y el primero en abandonar el sello fue Alejandro Saqui, quien ya no pudo publicar una primera producción bajo su nombre. A él siguió Andrés Argil y posteriormente Heinz Malcher.

De como se restructuraron y siguieron adelante Alejandro Colavita y Andrés de Robina, nos dice este último: “Emprendimos un proyecto que resultó en nuestro regreso a la música de cámara, a reconectarnos con nuestra composición académica. Esto fue con la serie de discos de antología para clarinete solo, dirigido por Colavita, quien conjuntó un gran equipo con Jesus Lara Valerio y Javier Vinasco y se dedicó a fondo a recopilar más de cincuenta piezas de compositores mexicanos para clarinete. Esto culminó en tres volúmenes de composiciones para ese instrumento, muchas de ellas históricas”.

Agrega: “Fue así que después de salir de la sala de conciertos y de la composición académica para hacer discos con lenguajes alternativos y populares, ahora regresábamos a la sala de conciertos para llevarlo todo de nuevo al formato CD. Desde entonces combinamos música de cámara, contemporánea, experimental, improvisación libre y electroacústica, incluidos proyectos que involucren elementos de fusión de estos géneros con el rock, la música tradicional y/o la música del mundo. Desde entonces, Colavita y yo hemos publicado nuestros proyectos y colaborado con muchos ensambles, intérpretes y compositores en más de 45 discos editados por el sello desde entonces”.

Pese a los embates de la tecnología que llevan a las compañías independientes a abandonar el formato físico en pos de lo digital, en Cero Records todavía hay un poco de aferre y tozudez. Los proyectos llegan a sus cuarteles de manera natural, pero su pertinencia no depende exclusivamente de su viabilidad económica o de su propuesta musical, sino de aquellos proyectos que consiguen conjuntar ambos aspectos.

“Somos un sello al que le gusta maquilar todavía”, señala De Robina. “En realidad, hay cada vez menos uso para el formato físico, pero nunca dejaremos de amar los discos, el objeto. Es como tener un libro: tal vez lo lees una vez y lo conservas, tal vez pasas el día leyendo en la computadora o una tableta, pero no por eso vas a dejar de apreciar un buen libro de papel para tu librero, aunque mucha gente ya no le ve sentido. Aún así, hemos tomado lo que nos da. Hay algunas ventajas para los discos digitales que nos ayudan a sacar algunos proyectos que no tienen presupuesto para maquilar. Hasta ahora, hemos publicado tres álbumes que no existen en formato físico”.

A Cero Recors probablemente le hace falta espectacularidad, pero no calidad. Su catálogo tal vez no sea de los que cortan el aliento, pero a la larga su trabajo ha logrado mantener el quehacer de algunos compositores importantes que quizá no hubieran encontrado una vitrina adecuada a su obra en otro momento o en la actualidad. Entre sus títulos encontramos, entre otros: Javier Vinasco, Clarinete solo México vol.1; Alejandro Escuer, Folklore imaginario; Hector Alexandro López y López, La tuba contemporánea en México; Mal’akh Ensemble, Animalik, colección cortometrajes animados vol. 1 & 2; Wilfrido Terrazasa, Ítaca; Sociedad Acústica de Capital Variable, Ecos de un sonido colectivo; Tachyon, nthesys; Shamanika, Remolinos; Muslab, Planeta complejo, vol. 1,2 & 3.

Para Alejandro Colavita, la trascendencia del sello radica en “la constancia, necedad y/o necesidad de publicar la música de nuestros compositores/as, intérpretes, ensambles, promoviendo la creación de nueva música, así como su interpretación, grabación, producción y su publicación en discos compactos. Más de cien compositoras/es, intérpretes, en su gran mayoría mexicanos, son parte de los poco más de veinte años de historia como sello disquero, con un catálogo de alrededor de cincuenta discos hasta el momento”.

Colavita es un prolífico compositor y en los próximos meses publicará Hibrid (Andrea Robledo Acevedo, acordeón y Alejandro Colavita, sintetizador); Ángulo claro (Miguel Ángel Ramos y Javier Vinasco) y Antarabhava. Mantras y oraciones budistas tibetanas. Además, dice: “En unos días se publicará un disco doble conmemorativo de los veinte años de Cero Records titulado 0.20.23.1 / 0.20.23.2, compilación de obras inéditas de compositoras/es, intérpretes, grupos que forman parte del sello. Música de Tachyon (uno de los proyectos de Colavita), Shamanika, Javier Vinasco, Esther Lamneck, Andrés de Robina, Marcos Miranda, Alejandro Saqui, Sylvie Henry, Wilfrido Terrazas, entre otros”.

En un universo en donde los sellos independientes son más necesarios que nunca y cuya labor se ha convertido en un acto de resistencia, Cero Records está decidido a persistir a pesar de cualquier negro presagio. Andrés de Robina concluye: “Nos gustaría seguir produciendo y, de ser posible, aumentar el ritmo. Personalmente estoy preparando una serie de discos con grabaciones de los últimos diez años de mi banda Shamanika (uno de los lanzamientosmás recientes del sello es Tierra de juguetes de la citada agrupación). Tengo discos proyectados con Marcos Miranda (Sociedad Acústica de Capital Variable) y Guillermo González (Banda Elástica). Además, vamos a continuar con la producción de la nueva serie de música electroacústica en colaboración con el Festival Internacional de Música Electroacústica MUSLAB, con el que el año pasado publicamos Planeta complejo y con el que estamos proyectando varios más. También he comenzado a hacer un nuevo disco como solista y los discos de Alejandro Colavita están en proceso”.

 

David Cortés
Profesor de Tiempo Completo de la Universidad Pedagógica Nacional

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Publicado en: Reportajes