A los ocho años escuché por primera vez “Botas locas” y “No voy en tren” en la sala de mi casa. La letra de la primera y la energía desbordante de la segunda me hicieron preguntarle a mi hermano quién era ese personaje que al instante me cautivó por siempre: Charly García. Apenas podía sospechar que estaba frente a una de las figuras más influyentes de la música latinoamericana.
En una entrevista hecha en su juventud, le preguntaron a Charly cómo imaginaba su vida al momento de retirarse. Con su característica ironía, respondió que se dedicaría a hacer cerámica. Para sorpresa de todos, a sus 72 años, García lanzó su disco número 14, La lógica del escorpión, con lo cual se perfila como el más viejo integrante del “Club de los 27”. Aunque hace tiempo que no se le ve de pie, una fuerza creativa indomable lo mantiene aferrado al piano, y a la vida, que en su caso es lo mismo. Como muchos de sus trabajos anteriores, este disco constata que el argentino no puede dejar de ser lo que es: un genio atormentado que sólo encuentra paz en la música.
Charly García es, ante todo, un soberbio. A fines de la década de 1970, mientras en América Latina las bandas experimentaban con el new wave, él, arrogante, escribió con Serú Girán la frase: “Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”. Siempre un paso adelante, Charly nos demuestra una vez más su capacidad de reinventarse. Con una portada y un título que refieren a su signo zodiacal y a la fábula de la rana y el escorpión –que tomó de Mr. Arkadin de Orson Welles– La lógica del escorpión reafirma su rechazo a la lógica común, empujado por la compulsión de crear.
A lo largo del disco resalta la voz rasposa, cruda, con tonos bajos a menudo entrecortados de un Charly García ya viejo que se mezcla con las múltiples capas armónicas, donde cada sección instrumental contribuye a la profundidad que lo distingue. Este álbum anticuado y sui generis, hecho entre amigos (con un tema en el que suena la voz de Luis Alberto Spinetta), conserva la esencia de García en su instrumentación y arreglos, en los que predomina la superposición de texturas sonoras. Formado por trece canciones, el disco está diseñado para escucharse en vinil, con siete temas en el lado A y seis en el lado B que incluso anuncia al inicio de “Juan Represión”, acompañado de una campana aguda. En este álbum, el músico dialoga con su propia obra, como en “Yo ya sé”, en la que retoma uno de sus clásicos temas:
Que no sos un psicópata, pero no sé por qué
(…)
Somos todos narcóticos, pero no sé por qué
Freud ha arruinado todo, como internet
Con una melodía nostálgica, simple y pausada, en “Te recuerdo invierno” Charly crea un paisaje sonoro con un dejo de tango, acompañado por un bandoneón y la caja de ritmos Roland TR-808. “Autofemicidio” luce arreglos instrumentales característicos de su estilo y una letra irreverente, en la que juega con lo absurdo y lo irónico. Con ese espíritu rebelde y provocador que lo caracterizó desde sus inicios, retoma “Juan Represión” del tercer disco de Sui Generis, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, que en su momento fue censurada.
También incluye dos covers en los que se apropia del tema con su sello distintivo, como lo hizo en 1990 con “Me siento mucho mejor”, original de The Byrds. En esta ocasión recupera “Watching the Wheels” de John Lennon. El álbum, publicado el pasado 11 de septiembre, día del maestro en Argentina, cierra junto a su alumno Fito Paez con “Rock and Roll Star”, otro tema de The Byrds que evoca una especie de danza entre la lucidez y el caos de los orígenes del rock, esa cultura en desuso cuyo objetivo último era: “Estarás en TV, las chicas van a gritar.”
García ha pasado décadas entablando un diálogo consigo mismo. Su música no es un manifiesto político, sino un reflejo de su propio narcisismo. Es un artista que se inventó a sí mismo como estrella de rock y con eso fue suficiente para convertirse en ídolo. Ya lo sabíamos todos: nosotros vamos en tren, Charly en avión. La lógica del escorpión contiene la misma audacia que lo llevó a lanzarse del balcón de un noveno piso. Este disco es parte de su declaración de principios, reafirma su inagotable capacidad creativa.
Por supuesto, no es su mejor disco. Su época más lúcida quedó atrás. Sin embargo, después de verlo tantas veces al borde del éxtasis y el abismo, toca celebrar que sobrevivió a la vida de estrella de rock. Es Charly García sacando un disco en 2024. Como con Bob Dylan, toca disfrutar y cuidar su legado para seguir suponiendo su inmortalidad.
El hombre ha vivido de su locura, yendo siempre, como dijo una vez, “a donde se juntan las líneas paralelas”. Para él la música no tiene fin. No se dedica a la cerámica porque no tiene tiempo para eso; sus dedos, agarrotados por una vida frente al piano, sólo le permiten seguir tocando. Yendo de la cama al living, del living al piano. La lógica del escorpión es testimonio de un hombre que ni por un solo momento puede dejar de ser Charly García.
Emilia Canela
Egresada de la licenciatura en Política y Administración Pública de El Colegio de México.