Steven Brown, 30 años en México

Steven Brown es un músico que no necesita presentación; sin embargo, para reforzar la memoria, hagamos un breve recuento de su camino por el universo sonoro.

Nació en San Francisco, California, y allí fundó Tuxedomoon, agrupación sui generis, vanguardista y a la que algunos gustan de ubicar en el postpunk. Con la misma viajó a Europa y para entonces ya hacía trabajo paralelo al grupo, ya sea como solista o en colaboración.

Tuxedomoon no vino a México con su alineación original, aunque una versión reformada se presentó en el Lunario del Auditorio Nacional la década pasada. Años antes, en 1993, Brown llegó a México acompañado de Nikolas Klau y entonces este país, del cual muchos desearían fugarse, lo atrapó.

¿Qué es llo que ha llevado a este pianista a permanecer en México a lo largo de más de treinta años y hacer de él el lugar del mundo donde más ha morado? Steven lo cuenta. Lo he encontrado en la tienda de discos “Venas Rotas”, en una sesión de ensayo con José Manuel Aguilera y Daniel Aspuru. Luego de hacer un repaso a algunos temas de Nine Rain que sonarán en su concierto del 25 de octubre en el Foro Alicia, habla con ese tono pausado que luego de tres décadas no ha dejado de lado su acento norteamericano ni la mixtura de palabras.

“Llevó aquí más que John Houston, más que William Burroughs. Llegué en julio del 93 y en octubre de ese año vino Blaine Reininger e hicimos un concierto en el Sala Nezahualcóyotl y todavía hay quienes hablan de él, porque Tuxedomoon nunca había tocado en México a pesar su deseo de hacerlo, pero nunca se logró. ¡Nos anunciaron como los fundadores de Tuxedomoon! En enero del 94 estaba en Estados Unidos, de visita con la familia, y abrí el periódico y decía el titular: “A group of indigenas take three cities in Chiapas”. Regresé a México y en agosto fui a la Convención Nacional Zapatista. Ese año también tuve el papel de Aaron Copland en el remake de Salón México, de José Luis García Agraz. En 1997 realicé, con dos integrantes de Nine Rain (Luc Van Lieshout y Nikolas Klau), una gira por Italia en apoyo a los zapatistas. Hicimos algo de dinero, se los mandamos y con él hicieron un hospital”.

Steven Brown. Fotografía: Nora Hinojo

Un año después de su llegada, entrevisté al saxofonista para Pulse! Latino. Intrigado quien esto escribe de por qué alguien con una trayectoria semejante decidía vivir en México, su respuesta fue que se podía vivir en el mejor lugar, pero uno no estar bien. ¿Qué es lo que ha retenido en México a Steven Brown?

Con una amplia sonrisa que deviene carcajada, responde: “Debe ser el drama. En mi primer año pasaron tantas cosas… Me quedé como clavado aquí y año tras año pasaban cosas. Entonces vivía en el Distrito Federal, conociendo gente y haciendo locuras: Nine Rain, discos, los zapatistas, esto, lo otro. Es como si hubiera caído en un maelstrom y no podía salir y no quería salir. Estaba chupado dentro de esta locura que es México. Nunca pensé en irme a otro lado. Después de México ¿a dónde puedes ir?”.

La actividad del compositor en nuestro país ha generado grupos distintivos y con mucha personalidad, agrupaciones cuyo surgimiento hubiera sido imposible en otro país: Nine Rain, Ensamble Kafka, Monte Albán (álbum en colaboración con Blaine Reininger). Varios álbumes existen de ese trabajo, pero Steven se siente más unido a Que viva México! (2009), el soundtrack para el filme mudo del mismo nombre de Sergei Eisenstein.

“Es un disco con el que hicimos una gira de dos-tres años con la película que nunca se acabó y originalmente no tenía música. Tocamos en Rusia, con una enorme pantalla, en un festival dedicado a México, cerca de Siberia, en Perm, y vino el director del Museo de Eisenstein en Moscú y le encantó, entonces con ello ya podría morir feliz. Había gente que lloraba entre el público”, comenta. Hace una breve pausa, como si pensara su siguiente frase y comienza de nuevo: “Claro, luego está Tlahuitoltepec, trabajé como cinco años con Julio García, Hermenegildo Rojas, Leovigildo Martínez, los chavos de la Banda Mixe. Aprendí más que ellos seguramente, oyendo como viven, como tocan, allí todo mundo toca como cinco instrumentos; es como Pepperland de la película Yellow Submarine. Hasta en el centro del pueblo hay un kiosco con una clave de fa arriba, como la película, porque hay música 24/7.  Es una locura, es como otro planeta. ¡Y la altura! Frío, poco oxígeno; no sé cómo hacen para tocar tantos instrumentos de aliento”.

Steven Brown. Fotografía: Nora Hinojo

Uno de los toques distintivos en la obra de Steven Brown es su peculiar forma de acercarse al canto. En realidad no lo hace. Lo suyo es hablar en medio de sus composiciones, contar historias que otros entonarían con voz melodiosa. Se anticipó algunos años al spoken word y empezó a utilizarlo antes de que éste fuera moneda corriente. ¿Hay alguna corriente que lo defina y en donde podamos acomodarlo?

“No me gustan las definiciones, me encanta la ambigüedad, eso es lo más interesante. Hay más libertad, porque es menos ortodoxo. Puedes imaginar cosas porque si dices esto es rock, jazz, clásico, luego luego estás encadenado en una caja y puede estar muy bien, pero es más interesante para mí tener esa etiqueta, no sólo en la música, en todo, en la vida”, dice.

En la charla previa a la entrevista formal, alguien menciona a Spotify y en el rostro del saxofonista se pinta una mueca de desagrado y comenta rápidamente: “La industria de la música nunca fue muy amigable con nosotros, pero era mejor antes. Cuando algo como Spotify puede vender tu música por cero, ¿dónde están los derechos de autor? Ya pasó y a todo mundo le encanta, es fácil, práctico, puedes escuchar lo que quieres, cuando quieres, pagando tres centavos, ¿pero los creadores qué? Es como una pesadilla, un día despiertas y el mundo es ‘Thriller’ de Michael Jackson”.

Ante ese panorama. qué es lo que lleva a un músico como él a resistir, a seguir en esto? “No sé. La gente dice que puedes tocar conciertos, es lo que nos queda, tocar hasta los noventa años en tu silla de ruedas; pero cada vez es más difícil conseguir conciertos, no sólo aquí, en Europa, en todos lados, a menos que seas muy famoso. Lo hago porque es lo que me gusta hacer, nunca por el dinero, y hasta ahora he podido sobrevivir. No sé, tengo un ángel guardián o algo así”.

Steven Brown. Fotografía: Nora Hinojo

No es fácil asistir a una presentación de Steven Brown en Ciudad de México, así que cuando se anuncia una de ellas, se trata de un verdadero acontecimiento y para esta ocasión promete que “será música nueva, vieja, una mezcla de todo”.

Al abundar acerca de la música nueva, concluye: “Se trata de música que vendrá en el próximo álbum con Crammed Discs. Es un disco bastante diferente al más reciente (El hombre invisible, 2022). Trabajé mucho con Luc van Lieshout, grabé en Oaxaca, en Bruselas y aquí en Ciudad de México. Hay una canción que hice con Benjamín Anaya (guitarra) e hice un cover de Bowie, una versión de Shostakovich (“Vals número dos”). A la disquera le gustó mucho, trece canciones, sin título todavía y sale el año próximo”.

 

Steven Brown, 30 años en México. Acompañado de José Manuel Aguilera, Daniel Aspuru, Sarmen Almond, Sofía Escamilla, Onésimo García, Beto Cruz y Oxama. Visuales de Jorge Ortiz Leroux y Arturo López Pío “Cine a mano”. Grupo invitado: Voraz. Viernes 25 de octubre, 20:00 hrs. Multiforo Alicia, Eligio Ancona 145, Sta. María la Ribera.

 

David Cortés
Profesor de Tiempo Completo de la Universidad Pedagógica Nacional

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Publicado en: Entrevista