La música, sin importar el lugar o el momento, siempre ejerce su poder de seducción y en los instantes que lo desea. A Ernesto Martínez lo que le atrajo de ella fue la posibilidad de ver “el arte como un lienzo abierto, como una última palabra que nunca llegará”.
Para quien no lo conozca, Martínez es un compositor de música contemporánea que en 1996 lanzó el álbum Micro-Ritmia (Grabaciones Lejos del Paraíso), firmado por él y Eduardo González. Las composiciones en su mayoría estaban escritas para piano y se caracterizaban por sonar repetitivas, cercanas al minimalismo, pero ejecutadas con mayor rapidez, cual si hubieran acelerado la velocidad de la cinta, al grado de pensarse que quienes estaban detrás de esos sonidos eran máquinas y no seres humanos.
En aquel momento, Martínez alumbró otra manera de componer y encarar la música, pero antes vivió un proceso de conversión porque en varias ocasiones estuvo a punto de dar vuelta atrás. Su entrada a este universo se dio con la guitarra y al cumplir 18 años, “una especie de chispazo de inspiración de unos segundos me impulsó y marcó con precisión el camino a seguir”. Fue entonces cuando la investigación y la composición se convirtieron en el centro de su vida.

Estudió Composición en la Facultad de Música de la UNAM, su instrumento es el piano y cuando terminó sus estudios y al momento de decidir a qué dedicarse, el vacío era su única respuesta. Estuvo cuatro años con la mente en blanco y un día tuvo su epifanía: “Pasó claramente por mi cabeza la idea de Micro-Ritmia. Enseguida la abracé y de nuevo, por segunda ocasión, unos pocos segundos definieron por completo el resto de mi vida. Era octubre de 1986. Años después me di cuenta de dónde había venido esa idea: resulta que en los años setenta aprendí a programar microcontroladores; de ahí salió el concepto generador de Micro-Ritmia: por medio de la computadora, subdividir escalonadamente el tempo y repartir las particiones entre un ensamble de ejecutantes –músicos, bailarines, cantantes. Es poner la computadora al servicio del ser humano, para potenciar sus alcances en la composición y en la ejecución. La idea en esencia es simple: suplir las bocinas o los robots –que son medios por los que habitualmente se expresan las computadoras en el mundo externo– y sustituirlos por seres humanos con sus instrumentos habituales. Es un sistema colectivo en el que cabe cualquier movimiento, sonido, ruido o instrumento posible”.
En la actualidad, Micro-Ritmia se ha expandido a nueve integrantes y según su creador “gracias a la tecnología que he desarrollado recientemente para aplicar y simplificar este sistema, he podido compartirlo y así empiezan a surgir los primeros ensambles que utilizan la micro-ritmia en torno a la música y la danza en México, África, Europa y América Latina”.
¿Cuál es la diferencia entre la propuesta de Micro-Ritmia y los minimalistas? El disco debut incluía en la contraportada la leyenda: “Todas las piezas son ejecutadas en vivo, sin el auxilio de secuenciadores”. ¿Por qué?
Dice Martínez: “La primera diferencia respecto al minimalismo es que cada nota en Micro-Ritmia es dada por diferente ejecutante. El músico toca y espera su turno mientras continúan los turnos de los otros integrantes del ensamble. Micro-Ritmia es un sistema multiplicador de eventos (linealmente), de modo que si se subdivide en dos el tempo, la velocidad se duplica porque dos personas entran entre cada golpe de tiempo; si se subdivide a ocho, ocho personas entrarán entre cada tiempo. Esto tiene ventajas y desventajas. Por un lado, se potencia a los ejecutantes, al abrirles la puerta al mundo de la hipervelocidad, de estructuras complejas; por el otro, como el sistema es una ‘ametralladora’ que dispara infinidad de notas, esto lleva directo al caos, lo cual es inconveniente porque revienta el discurso, lo vuelve disperso. Por eso hemos sonado como minimalistas, porque en aquellas primeras experiencias había que amarrar el discurso para controlarlo. Con el tiempo, hemos generado una serie de códigos y señas para dirigir el desarrollo de cada obra durante el concierto y con ello hemos conseguido ordenar el discurso e inclusive abrirlo a la improvisación. Dentro de límites preestablecidos, el ejecutante tiene hoy la libertad de tomar sus propias decisiones como un acto de creación colectiva y de autorregulación. La leyenda de los secuenciadores obedece a que hemos sido criticados por el uso de los mismos. Es una apreciación errónea de nuestro trabajo. Justo lo que queremos enfatizar es la ejecución humana que encuentra nuevas posibilidades por el uso del sistema. Por eso la nota aclaratoria en el disco. En el ensamble, detrás de cada nota o ruido que se escucha hay una acción de alguien, no hay ecos ni secuenciadores”.

En 2004 apareció Mutaciones, bajo el sello Tzadik Records, pero firmado como Ernesto Martínez, porque se le incluyó en la serie “Compositores”, creada por John Zorn. El álbum, con obras para piano, guitarra y marimba, es un movimiento en el cual el compositor diversifica la paleta instrumental. Los detalles los señala el propio Martínez: “En Mutaciones hizo su presencia una ‘guitarra compuesta’ que es una adaptación que realicé al inyectarle un teclado de piano y un mecanismo de rasgueo a una guitarra acústica. La marimba, en este segundo disco, es una de concierto, ejecutada por Alejandro Huerta y Juan Mercado, músicos de orquesta”.
Pasaron ocho años (“sufrí la pérdida de la inspiración y de la motivación, mi música me dejó de gustar”) para que apareciera una segunda placa en la misma serie, Sincronario, en la que el hyperión (“el nombre lo tomé de una luna de Saturno considerada matemáticamente como caótica”) –un instrumento de 32 cuerdas, portátil, que fusiona desde el punto de vista de la laudería un piano y una guitarra– es uno de los protagonistas.
“Por esas fechas, Zorn me acababa de comisionar un segundo disco para Tzadik”. señala. “Pasó el tiempo, hasta que en 2011 John me nominó para una residencia artística de tres meses en el Montalvo Arts Center, en Saratoga, California. Esos tres meses los dediqué a solucionar esta falta de motivación, hasta que al pepenar en mi basurero personal, descubrí la causa: había tirado el silencio a la basura. Sí, fue un acto consciente y deliberado; mis dos primeros discos no contienen ni un solo silencio. Esa fue la causa de esa interrupción creativa. Al retornar de esa experiencia, una vez retomado el silencio, regresó la motivación como nunca y al poco tiempo apareció Sincronario, nominado como álbum del año en Nueva York. De ahí a la fecha, la inspiración se encuentra en plena salud y perfecta forma; hemos editado otros tres discos; seis en total hasta la fecha”.
En Sincronario, las notas interiores hacen referencia a Conlon Nancarrow. Martínez señala que la obra del norteamericano y la suya están regidas por principios similares: ampliar los alcances que el virtuosismo individual ofrece. “Nancarrow lo hizo utilizando pianolas con rollos de papel que él mismo perforaba; yo, con la prótesis que es Micro-Ritmia. Ésta amplía las posibilidades del virtuosismo individual llevándolas a la inteligencia colectiva (virtuosismo del ensamble o el enjambre). Finalmente, los dos tenemos en común que ponemos como límite último al escucha, al oído humano que puede captar sin problema cualquier cosa que suceda dentro del ámbito de la audición”, señala.
Cada disco editado por el compositor es un avance con respecto al anterior. Desmenuzar su obra técnica y conceptualmente se vuelve complejo. Sin embargo, la escucha es diferente. Allí, uno debe dejarse conducir. Disco a disco, los retos parecen mayores, pero siempre gozosos.
Una nueva grabación se lanzó en 2015 (Interfase, Luna Negra) y una de sus peculiaridades fue la de ser un registro en vivo, un entorno más “riesgoso”, porque la interpretación de las obras de Ernesto Martínez ha hecho énfasis en ello, requiere de gran destreza técnica. ¿Qué lo llevó a abandonar la seguridad del estudio de grabación para adentrarse en un territorio en donde el azar puede incidir fuertemente?
“En Micro-Ritmia la interpretación es un poco diferente, porque el intérprete que está al lado va un poco adelante, y el del otro lado, un poco atrás, en el rango de centésimas de segundo”, comenta. “Esto genera una situación complicada de atracción gravitacional. Para eso es la ayuda de los audífonos que hace llegar a cada intérprete un click de referencia, personalizado, para que pueda permanecer en su partición temporal u ‘órbita’, como solemos llamarle. La suma de estas órbitas conforma el resultado final que es el todo captado por el oyente. Esto significa una expansión en la ejecución. Ese es justo el centro del proyecto: situar al ser humano en el centro del protagonismo, dotándolo de una herramienta que expanda sus posibilidades de ejecución. Todo lo que se produce con esta herramienta es novedoso, porque trasciende los límites a los que estamos acostumbrados y que están dados por el virtuosismo individual. Así es que, ¿por qué no atesorar estos mundos sonoros en los que los instrumentos hablan de distinta manera, más allá de lo convencional, y ofrecerlos como una experiencia sensorial ampliada? Me interesa destacar en todo momento el hecho de que es la ejecución hecha por un intérprete la que se está expandiendo, gracias a las puertas que abre el sistema. Es como un equipo de buceo que posibilita la inserción en otros ámbitos y que sin ese equipo-prótesis sería imposible. Así es Micro-Ritmia, un sistema que funciona como prótesis controlada por ejecutantes con sus instrumentos habituales y que mediante una situación de desfase temporal abre a velocidades, densidades, ritmos y sonoridades completamente inalcanzables sin el auxilio del sistema. Por eso hago hincapié en que la música es de concierto, tocada en vivo”.

Si bien a la música no es necesario entenderla sino sentirla, en ocasiones preguntarse acerca de su génesis es importante y cuando se habla con Ernesto Martínez, los conceptos se acercan a la física y a las matemáticas, nada extraño si recordamos que el sustento del universo sonoro son las últimas. Cuando le preguntamos acerca de Bicéfalo, un disco aparecido en 2016 (Luna Negra), su descripción refrenda dicha percepción: “Bicéfalo es la utilización simultánea de dos sistemas independientes de micro-ritmia, cada uno con sus propios tempos. Nos interesa mucho el efecto que se produce al tener dos ensambles, cómo dos cuerpos colisionan para poco a poco caer al mismo tempo y producir concordancia rítmica. Es el paso del caos a la armonía, una sensación que nos interesó mucho resaltar y explotar”.
Luego de esta producción, Martínez grabó Historia de la miopía (Luna Negra, 2021), en el que por primera vez el ensamble Micro-Ritmia es aumentado instrumentalmente. También hay dos compositores nuevos en el grupo: Alejandro Guevara y Juan José Bárcenas.
“En Historia de la miopía hay dos factores que nos interesó abordar”, dice. “Por un lado, la expansión tímbrica (por primera vez se incluyeron flauta transversal, oboe y saxofón) y por el otro, la participación de otros compositores utilizando el sistema micro-ritmia. Son dos de las direcciones por donde me interesa llevar la expansión del ensamble. Por el lado tímbrico, sueño con expandir la dotación instrumental hasta llegar a la Orquesta Sinfónica y, por otra parte, busco llevar la tecnología y el conocimiento a ensambles de danza o música y que utilicen el sistema enteramente de acuerdo a sus propios intereses y su propia creatividad. Hasta el momento, mi obra más ambiciosa desde el punto de vista musical es Sincronario y desde la perspectiva tímbrica es Historia de la miopía”.
¿Cuál es el balance hasta este momento de la obra de este músico? ¿Qué le hace falta de ser el caso? Responde: “Lo más relevante que hemos logrado, lo que más trabajo y tiempo ha llevado, es el control del discurso, de la sintaxis musical. Este control no existía en un principio. El público se salía de los conciertos, a veces en su totalidad, antes de acabar la primera pieza. Hemos trabajado intensamente en esto para implementar un sistema de códigos y señales que conduzca el desarrollo de las piezas mientras suceden. La música que hacemos actualmente seduce, no ahuyenta (eso espero). El punto que falta es lograr una mayor precisión rítmica. Creo que esto depende en su mayor parte no de los ejecutantes sino del sistema. Hemos utilizado hasta la fecha audífonos para oír las señales personalizadas de sincronía (audio), pero esto tiene sus limitaciones. De regreso del Festival New Music SA en Sudáfrica, en diciembre de 2023, donde tuve una experiencia exhaustiva de inserción del sistema con músicos de diversos países, acabé por convencerme de la necesidad de sustituir los audífonos. Así es que transmuté la tecnología a sonido real (solenoide), transmitido por vía ósea. Este nuevo sistema ya está listo, pronto iniciaremos pruebas.
Al mirar atrás, ¿cómo define su música Enrique Martínez, por qué apostar por una música que por sus características llega a pocos oyentes? “Mi objetivo es la exploración, la investigación”, nos dice. “Desde el principio busqué una fisura, una veta para dedicarme a explorarla. Así nació Micro-Ritmia. Ha sido aceptada con entusiasmo en diversos ámbitos de la danza y la música. Estoy contento con lo logrado hasta la fecha. Si conseguiremos más adeptos o no, no lo sé, no me preocupa demasiado. Estoy haciendo la música que he soñado, que me interesa, y me siento muy afortunado. Mis planes a futuro son llevar el sistema a más artistas. Para ello, en 2024 me he dedicado a renovar el sistema (Micro-Ritmia 2). Intento que ofrezca mejor respaldo a los artistas-usuarios, ya que ello conllevará a más posibilidades y mejores resultados artísticos. Esta nueva versión ya está lista y estamos por iniciar pruebas; ya platicaremos de ello.
En 1997, apenas iniciado el viaje, Philip Glass vino a México y Ernesto Martínez le obsequió un disco que el norteamericano prometió escuchar y, de generarle interés, le llamaría. “Meses después nos llegó la invitación para presentarnos en el Festival MATA, producido por él en Nueva York, en septiembre de 1998”, concluye Martínez. “Philip Glass nos presentó personalmente y dijo: ‘Maravilloso grupo que viene con otra idea que involucra tecnología y música nueva: Micro-Ritmia’. Por ahí tengo el video de esa presentación”.
David Cortés
Profesor de tiempo completo de la Universidad Pedagógica Nacional