La Barranca y su Antimateria

La Barranca tiene una nueva alineación —con el arribo del guitarrista Jorge Chacón en sustitución de Adolfo Romero— y un disco reciente en el mercado: Antimateria.

Ese fue el pretexto para esta entrevista que tuvo sus bemoles para quien esto escribe, pues el principio fue un tanto “difícil”, tal vez porque no supe cómo formular mi primera pregunta. El cuestionario se rompió pronto, pero ello dio pie a una charla no exenta de ciertos desencuentros momentáneos que tal vez un lector atento detectará. No se buscaba desentrañar cada uno de los misterios de Antimateria, pero al final José Manuel Aguilera arroja algunas claves si no para entenderlo cabalmente, sí para disfrutarlo mejor. 

La Barranca 2024. Fotografía cortesía de La Barranca

Ya tienes varios discos que escribes pensando en el formato de la duración de un vinil. ¿Pensar en escribir para este formato te ha constreñido o beneficiado como compositor?
Creo que te beneficia. Por razones quizá no planeadas o quizá que tienen que ver más con nuestra formación como músicos, el vinil acabó teniendo una duración ideal. La atención que uno le puede prestar a la música se pervirtió con el CD y su promesa de los 80 minutos y muchos nos engolosinamos con esa premisa y se empezaron a hacer discos muy largos en los que no necesariamente todo lo que ponías ahí estaba chingón. El vinil te impone una restricción de tiempo, ayuda el saber que tienes un límite.

Dices que Antimateria te parece tu mejor disco. Afirmar eso se ha convertido en un lugar común cuando se habla de un álbum reciente. Tú eres más crítico y quiero saber cómo lo ves dentro de la discografía de La Barranca.
Es muy temprano para saberlo y el tiempo tiene siempre la última palabra, pero lo juzgo desde el punto de vista de la hechura de las canciones y siento que en este disco están más sólidas, más desarrolladas, incorporan muchos conceptos armónicos que no habíamos usado antes y son naturalmente una suma de lo que hemos hecho antes, la conclusión de un aprendizaje de todos los demás discos.

Un disco de La Barranca a veces te enamora de inmediato, a veces lo hace poco a poco.
En general creo que es poco a poco.

Al escucharlo por primera vez, me pareció un resumen de ciertas cosas ya visitadas. Por ejemplo, elementos latinos (“Salvoconducto”), el inicio de “La Diosa” me recuerda a “Zafiro”…
Por el arpegio.

Exacto.
Es como una conclusión, no como un punto final, como la suma de todo esto. La intención específica de este disco no es que fuera Entre la niebla dos. Queríamos hacer un disco bastante diferente.

Una diferencia entre Antimateria y Entre la niebla es que este último traía canciones más poderosas. Antimateria es un disco más sedoso, muy elegante. Alguien podría decir que es un disco de pop, pero no de un pop cualquiera.
Es un disco más de canciones sí y las cuerdas le dan un tono más lujoso, esa era la intención.

Probablemente es el más suave que has hecho.
No veo los discos entre suaves y no suaves, ¿a qué te refieres con suave, a los ritmos, a las letras?

No, a la parte musical. No hay exabruptos, es un disco que te gana poco a poco mientras lo escuchas y le encuentras más secretos.
Acuérdate que todas esas cosas que dices ya las hice, ¿qué caso tiene hacerlas otra vez?

Claro, pero transmitir el nuevo disco a los viejos seguidores o a quienes apenas se acercan al grupo va a ser complicado, por eso quiero que me ayudes a desentrañarlo.
Es un disco que aspira a una cierta elegancia y creo que lo consigue; a que cada una de sus canciones esté muy redonda y sólida. No es un álbum que aspire a tener pasajes de solos, aunque sí los hay; quizá todavía no los has detectado, pero hay varios. A veces siento que hago muchos. He hecho tantos solos en mi vida que el reto para mí es encontrar nuevas maneras de hacerlos y a lo largo de mi historia como guitarrista busco eso. Es una búsqueda personal que no sé qué tanto se refleje.

Es como estar reinventándose para cada disco.
Sí.

Y tratar de desaprender lo pasado.
No desaprender sino sumar, aunque creo que la palabra no es sumar… Partir de lo pasado para nuevos caminos. Es un reto. Hay ciertos aspectos en el rock que son de testosterona y que hablan al público masculino: los solos de guitarra, los riffs… Está bien, ya los he hecho y sí, también me gustan, pero en este disco me interesaba conectarme con un aspecto más femenino y hacer un discurso que no pasara por ahí para decir cosas fuertes, determinantes, pero sin hacer aspavientos y voltear a ver esa parte del discurso de La Barranca que siempre ha existido, sin ponerla en primer plano. Es un esfuerzo o una búsqueda consciente y creo que está funcionando, porque siento que las chavas se han conectado muy bien con este disco.

En tu quehacer hay temas recurrentes, ¿cómo logras mirar el amor de tantas maneras distintas sin llegar a lo cursi?
Porque es un tema inagotable. Alguna vez te dije que el 99 por ciento de las canciones que existen en el mundo son de amor. Quizá la canción moderna de los últimos 200 años es una canción de tipo romántico. Quizá…, no soy un experto. Es un tema que está ahí y que es parte de una tradición y lo padre para mí es inscribirse en una tradición pero intentar refrescarla y que también haya una ruptura con ella. A veces escucho que dicen: “ya no hay temas” y yo digo sí, los temas serán siempre los mismos, pero uno es el que va cambiando; entonces, mientras tú sientas que tu perspectiva cambia y la respetes a la hora de escribir, el mismo tema te va a dar. Tu propia vida te va dando la oportunidad de tener otro punto de vista.

Otro tema que siempre aparece en tus letras es la ciudad. Expresas muy bien el sentir de los chilangos de estar hasta la madre de vivir aquí, pero de no querer salir porque no hay una ciudad como esta.
Hace poco fui a Nueva York, a donde no había querido ir desde que llegó Trump. No había querido ir a Estados Unidos desde entonces y me percaté de varias cosas. Una de ellas es que aquí nos quejamos mucho del tratamiento que se hizo de la pandemia, pero allá estuvo peor. Y también el proceso de gentrificación: allá está a todo lo que da. Muchas de las cosas que me resultaban atractivas de Nueva York, como, por hablar de algo muy emblemático, la calle 48. ¿Te acuerdas? Donde estaban las tiendas de instrumentos que era como una peregrinación obligada para cualquier guitarrista del mundo, porque allí no sólo iban los mexicanos, ahí David Gilmour compraba sus guitarras… Esas tiendas ya no existen, ni una. Estando ahí pensé que está más chingona la Ciudad de México que Manhattan y sí está más chingona.

Le has hecho una oda no sólo a la ciudad actual, también hay una parte del disco en donde haces esa mirada histórica que a veces te gusta, de tratar de recuperar una dignidad pasada.
Es un tema que me interesa muchísimo y que como el amor, no se agota.

¿Qué es lo que te ha retroalimentado ese amor por la ciudad, por su parte histórica?
Hace poco, uno de tus colegas me regaló un libro de crónicas que escribió y allí rescata un encuentro que él provocó con La Banda Elástica (la revista), en Los Angeles, entre varios músicos, yo incluido, para hablar del rock en Latinoamérica y allí dije que México es un país más complejo, porque no somos un país que surgió hace 200 años, sino que existe hace mil. Sí, lo destruyeron y le construyeron encima, pero ya era una civilización muy potente, ya estaba. México es un poco como la India, por poner un símil, hay una modernidad y una cosa europea que llegó, pero llegó cuando ya había unas raíces muy profundas y siento que eso le da a México una profundidad inmensa, abismal y que también nos da una complejidad y una riqueza. Ese pasado que quizás está enterrado y olvidado se asoma cada tanto y nos define y nos mira y nos habla.

Y por otro lado está una canción como “Inteligencia artificial” y la llevas hacia esa parte de que es necesario recordar la parte humana. Es como concatenar ese pasado que todo mundo quiere olvidar en pos del presente.
Así es, pero mira, ahora me dices: “ayúdame a describir el disco para los que ya conocen a La Barranca”, pero a ellos no se los necesitamos describir, porque ya saben que no voy a hacer el mismo disco otra vez. La búsqueda de nosotros ya pasó por ahí y en vivo seguimos usando eso, pero en los discos queremos explorar otras cosas que tienen mucho más que ver con la construcción arriesgada, sólida, de las canciones. Alguien tal vez no va a entender cuál es la diferencia entre una canción como “El alacrán” y otra como “Antimateria” y va a decir que está más chingona “El Alacrán”. Bueno, tienes todo el derecho de opinar lo que quieras, pero para mí “Antimateria” es una canción mil veces más compleja, mil veces más sólida, mil veces más rica en armonía, en cosas estructurales de la música. Yo aspiro a eso siempre y cada vez trato de encontrar caminos y formas. Específicamente Antimateria, sus canciones, las construí empleando una técnica que para mí es nueva, que yo no inventé sino que lo hizo Joao Gilberto en el Brasil de los años cincuenta.  Entre la niebla lo hicimos muy apresuradamente, porque lo queríamos sacar en el 2020, pensando ilusamente que cuando se acabara el año finalizaría la pandemia. Entonces había que hacer otro disco, pero no iba a hacer uno igual. No sé porque llegué a esa técnica y la empecé a estudiar concienzudamente durante meses. No para tocar como Joao Gilberto, porque eso para mí es imposible y él pertenece a otra tradición, pero sí es una técnica que desde el principio me di cuenta que a mí, como compositor mexicano de rock, me abría puertas por las que no había pasado nunca. Estas canciones fueron construidas de una manera diferente a todas las demás de La Barranca. Al final van a sonar a La Barranca y de hecho en el arreglo final eso casi lo quité. Fue un andamio que utilicé para llegar a esto, pero que no se ve en el resultado final. El único tramo donde lo dejé, y es una de las canciones más chingonas que he hecho según yo, se llama “Desdén”. Al principio, si la escuchas, así hice todas las canciones de este disco. Para mí el álbum tiene eso y por eso me motiva y a los demás también.

Creo que es el disco más sutil que has hecho, desde mi punto de vista.
Es que no sé qué quieres decir con sutil.

Te tienes que dejar llevar por él de otra manera, es como entrar en un descenso luego de Entre la niebla; a una parte aparentemente más plácida.
Está bien, esa es tu lectura, yo no la acepto, no lo veo así.

Entonces dime cómo lo ves.
Tú lo ves como un descenso, yo no lo veo así. Lo veo no como un avance quizá, pero sí como un movimiento.

No me refiero a descenso como una obra menor, sino a un viaje en el que has pasado por los rápidos y de pronto entras en una zona más tranquila.
Sí, eso sí.

Hay espacios amplios, es más pausado, menos urgente, no tiene necesidad de explotar.
Sí, sí, queríamos hacer un contraste con Entre la niebla. Siempre busco eso, está muy claro de Piedad ciudad a Eclipse de memoria. El primero dije que lo iba a hacer de riffs de guitarra y es muy rocanrolero; el siguiente dije: “¿ahora cuál es el lado opuesto de ese? Allá vámonos”. Con este pasa lo mismo. Con Entre la niebla todo el proceso fue muy rápido; con éste dijimos: “vamos a darnos el lujo de cocinarlo a fuego lento”. A veces tu preocupación es hacer una canción. A veces dices: “le pido a la vida que me deje hacer una canción más”, pero ya que la tengo quiero hacer otra. Ok, ahora quiero hacer discursos completos con los discos, entonces para mí Antimateria es parte del discurso que, por supuesto, engloba a Entre la niebla, Piedad ciudad y Denzura, pero es un disco que estoy tratando que sea de largo aliento y a la mejor sí, si mis discos fueran canciones, esta es una canción diferente a Entre la niebla.

¿Se puede tener una canción preferida de un disco que tú creaste?
Sí, pero siempre será subjetivo.

Pero acabas de decir que “Desdén” es una de las mejores que has escrito.
Según yo.

Por eso te lo pregunto.
Soy muy malo para decidir cuál va a ser el sencillo, pero uno tiene sus favoritas. ¿En qué se basa uno? Mis criterios tienen que ver con la construcción de las canciones. Son criterios más técnico-musicales. Por ejemplo, yo diría, no voy a hablar de mí, pero para mí la mejor canción de John Lennon es “I Am the Walrus”, mejor que “I Dig a Pony”, por la construcción, por la arquitectura. Para mí, de este disco, lo son esa que te digo y “Antimateria”.

José Manuel Aguilera. Fotografía cortesía de La Barranca

Mucha gente se pregunta, yo también, si alguna vez nos vas a entregar un disco en vivo de La Barranca.
Sí, me gustaría; pero incluso tal vez ya lo tenemos.

Sé que tu estándar es muy alto, pero recuerdo el concierto que hiciste durante la pandemia, en Guadalajara, en el Teatro Diana. El concierto, la puesta en escena, todo estuvo muy bien.
Es como una asignatura pendiente, porque yo soy el primero que piensa que La Barranca en vivo es mejor que en sus propios discos, aunque hay cosas que sólo se pueden hacer en éstos. Hay una energía que es difícil trasladar del escenario al disco, pero hacer eso implica dedicarse a ello y siempre me llama más la atención hacer una cosa nueva. Tal vez es una manía, una fobia que tengo ahí, pero no me llama mucho la atención trabajar las canciones que ya están hechas. Me llama más trabajar las que no están hechas.

Siempre has dicho eso, no es nuevo en ti, lo sé.
Ahora, hacer un disco en vivo implica todo un proyecto al que hay que dedicarle mucho tiempo e involucrar a mucha gente y hasta ahora no se ha dado.

Uno en ocasiones se pregunta qué estabas escuchando previo a hacer este disco que tal vez, sólo tal vez, se pudo haber colado como una influencia.
Estoy tratando de hacer memoria. Ya sabes que soy un junkie de la música y todo el tiempo estoy oyendo cosas; pero en los últimos tiempos, ¿qué escuché?… Escuché a un cantante que se llama Anohni y su disco más reciente me encanta. He escuchado a The Smile, mucho a Peso Pluma, a Nusrat Fateh Ali Khan y hay un disco específicamente de Joao que se llama Amoroso y que trae una versión de “Bésame mucho”; te la recomiendo porque es orquestal.

Ok, ¿qué debemos a esperar para el Teatro de la Ciudad?
Van a estar allí las cuerdas, como una ocasión especial, y vamos a tocar algunas piezas del nuevo y aprovechar para ver qué canciones del repertorio podemos arreglar para ese día.

La Barranca, Teatro Esperanza Iris, Donceles 36, Centro Histórico, viernes 27 de septiembre, 20:00 hrs.

 

David Cortés
Profesor de tiempo completo de la Universidad Pedagógica Nacional

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Entrevista

Un comentario en “La Barranca y su Antimateria

Comentarios cerrados