Las espeluznantes crías de Los Lichis

Un problema de las agrupaciones de rock marginal, alternativo o subterráneo hecho en este país es la necesidad de recontar continuamente su historia, cual si se tratara de un grupo de nuevo cuño, aunque éste tenga más de dos o tres décadas.

Es el caso de Los Lichis que, para no perder la costumbre, en ciertos círculos del extranjero son conocidos, pero aquí parecen ser privilegio de la secta de los más aventurados.

El grupo lo integraron, en 1996, Manuel Mathar, José Luis Rojas y Gerardo Monsiváis. Los tres se conocieron en la Escuela de Artes Plásticas del entonces Distrito Federal y al mismo tiempo que hacían maquetas, dioramas o tomaban fotografías, practicaban música.

Fotografía: cortesía de Los Lichis

Gerardo Monsiváis lo cuenta en un testimonio recogido en el libro El otro rock mexicano: “Manuel tenía un bajo, José Luis un teclado y yo una guitarra medio rota y un pedazo de batería y empezamos a tocar por pasar el tiempo, pero siempre grabábamos y fue cuando escuchamos las grabaciones nos empezó a dar una sensación de que se podría hacer algo, de que partes de eso sonaban más o menos bien y así fue como empezamos a hacer más continuas esas sesiones. Nos poníamos a tocar horas”.

El azar no ha abandonado la vida de Los Lichis. De hecho, es éste el que les da vida y existencia. El trío consiguió mejores instrumentos y comenzaron a  sonorizar sus videos o instalaciones. Al abrir el nuevo siglo, Monsiváis y Mathar regresaron a Monterrey, su lugar de origen. Se les unió Gildardo González (batería) y Alfonso Gutiérrez y como cuarteto se presentaron en directo con más continuidad e incluso “decepcionados de cómo el mundito del arte contemporáneo se empezaba a reciclar”, se dedicaronn más a la música.

En el año 2000 viajaron a París, a la Feria de Arte Contemporáneo, y trabaron contacto con Jean Baptiste Favory (ex alumno de Ianis Xenakis) y se empaparon de la música experimental, la electrónica y el krautrock.

A su regreso, participaron en la compilación Ligatripa (2001) editada por X Teresa Arte Actual y esa fue su primera grabación oficial.

Fotografía: cortesía de Los Lichis

El proyecto musical de Los Lichis ganó importancia en la vida de sus integrantes y en sus presentaciones. Cuando no se reunían todos, recurrían a otros nombres en sus directos: Cacaflies, Chavilocos and the Butchers Filarmonika. Registraban sus grabaciones en tirajes reducidos, en formato de CD-r y los ponían a la venta en sus escasas presentaciones. Así encontramos trabajos como Klassix 1997, Vol. 1, Hits collection # 1, Kill All The Lichis, disponibles en el bandcamp de la banda.

En 2013 apareció una recopilación doble en vinil  –reeditada por Feeding Tube Records con el nombre de Dog, la cual les dio cierta proyección internacional (underground, por supuesto)–,  en la que Jean Baptiste Favory aparecía como integrante ya oficial. A ese disco le siguieron otro CD-r llamado The Giant Lichis, la cinta Cheap Funeral Music y el vinil Small Mole & the Flavour Jewel Trio, en el que nuevamente se redujeron a trío (Mathar, Monsiváis, Favory) debido al fallecimiento de José Luis Rojas en 2017, aunque en grabaciones éste continuó presente.

Así llegamos al reciente Eerie Breedings (de la disquera francesa L’eau des fleurs), trabajo rodeado por una historia especial, como era de esperarse en una grabación de Los Lichis. Originalmente, el disco formaba parte de un box set de cuatro registros, cuyo título tentativo era Monster Mash, pero como suele suceder con frecuencia en el subterráneo, se truncó. Cuenta Gerardo Monsiváis: “Como en ocasiones anteriores, las cosas encajan de alguna manera que se nos presentan oportunidades de publicar y ya tenía este material prácticamente listo para salir, aunque originalmente en formato CD. Eerie Breedings es de esos cuatro discos CD con grabaciones de tocadas, más un puñado de grabaciones que hicimos en un estudio de un primo de José Luis. En esos tracks colabora Carlos Icaza en la batería. José Ángel Balmori y Gildardo González aparecen en algún corte. Como otras publicaciones que hemos hecho, es una variada selección de improvisaciones de distintos años y lugares que fluyen de manera continua, sin pausas”.

Con Los Lichis, la única certeza es la ausencia de certezas. Son sorpresivos, capaces de construir momentos sublimes, de echar mano de un blues bastante pervertido como en la abridora “Ly(n)chis(h) Blues” y luego dar paso a un “caos estructurado” reminiscente del Faust más lúdico y humorístico (“Cannot So Far”), porque si algo caracteriza su música es un desarrollado sentido del humor. A guisa de ejemplo está la “Sonosoid Sogner Suite Chapter – II, II, IV”, una mezcla de country con la monotonía del krautrock.

Así, como a estos cuatro se les da ese espíritu libre y desenfadado del krautrock, también les puede dar por hacer algo que pretende ser una balada y se convierte en un ejemplo de ambient (“Lucecitas (Jibis Remix)”) para regresar al ritmo motorik de “Rumble in the Temple”.

Limitado a 200 copias, con un booklet con fotografías de la obra plástica de los integrantes y textos de Guillermo Fadanelli y del periodista Phillip Robert, Eerie Breedings es una selección de grabaciones registradas en diferente sitios entre 2008 y 2015, con la alineación de Monsiváis (guitarra, batería, sintetizadores), Mathar (bajo, guitarra), Favory (sintetizadores y teclados) y Rojas (sintetizadores, caja de ritmos, efectos y samplers). Si bien los cortes se encuentran unidos como si se tratara de un continuum, las ligeras variaciones entre ellos permiten distinguir cuando se pasa de una improvisación a otra, porque en la vida de la agrupación regiomontona, la composición es una palabra inexistente, pero esa ausencia de estructura previa, más el hecho de no ser músicos formados en una escuela, los lleva a intentar y plasmar cosas que otros, más apegados a una educación formal, no intentarían. Un ejemplo es “Just Kicked In”, en el lado B, que suena como si se tratara de una melodía con resabios de pop; pero no se esperen voces en la música de Los Lichis, lo suyo es completamente instrumental, es el resultado de años de conocerse, de atreverse, de no ceñirse a un género único e intentarlo todo, ya sea adentrarse un poco en la experimentación (“Ludic Dearm I”, “Licud Darem You”), en el misterio (“Just Wore Off”), cerrar con el post rock  en “The Uncanny Valley” y culminar con “Juventud descarrilada”, una impro con aires de free jazz.

No esperen ver el nombre de Los Lichis a cada instante. Como mucha música interesante de reciente manufactura, ésta se aloja en el subterráneo, a veces en lo más profundo de éste, y los regiomontanos parecen gozar mucho de su estancia en esas miasmas, probablemente porque allí no hay contención y no sólo pueden hacer lo que se les da la gana: también lo pueden dejar grabado para la posteridad.

 

David Cortés
Profesor de tiempo completo de la Universidad Pedagógica Nacional

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Publicado en: Discos