En la historia del movimiento rupestre ha habido diferentes actores y plataformas que han llevado este legado musical por diferentes rumbos y espacios. Se trata de un movimiento que ha tenido momentos históricos significativos en las últimas décadas, al ser una corriente contracultural que sigue teniendo gran repercusión e impacto en miles de músicos y oyentes en México.
Entre los participantes más recientes de esta vertiente musical se ubica la plataforma Sindicato Rupestre, un lugar que en la última década se ha convertido en la casa de aficionados y músicos pertenecientes a este movimiento. Decididos a ahondar más sobre los inicios de este espacio y en su rol como promotor de lo rupestre, platicamos con Arturo Gutiérrez Zamora, mejor conocido como Simon Zamora. La lectura de esta charla seguro se disfrutará más con una playlist que incluya a Gerardo Enciso, Rafael Catana, Jaime López, Rockdrigo González y todos esos grandes compositores agrupados bajo el nombre de rupestres.

¿Cómo, cuándo y dónde nació el Sindicato Rupestre? Según pude investigar en línea, en 2015 lo fundaron Simon Zamora y Omar Hernández, si bien la tradición rupestre tiene muchos años más detrás.
Siempre me ha gustado el rock mexicano en general. Tengo un grupo en Facebook que se llama “Los Discos Fundamentales del Rock Mexicano” y he colaborado en diferentes revistas y libros. En los años ochenta me gustó sobre todo el movimiento rupestre, estos cantores de estilo folk. Los descubrí cuando murió Rockdrigo González en el temblor del 85 y se convirtió en un músico de culto. Me compré su cassette en El Chopo y empecé a descubrir que había más compositores por el estilo y me gustaron mucho, por las letras, la poesía. Era un género que no encajaba mucho con el rock urbano que dominaba por aquellos años o las propuestas de rock mexicano que ya firmaban con compañías más grandes. Los rupestres siempre tocaron en lugares pequeños y muy underground, nunca se masificaron, no sabía bien dónde ubicarlos. No podían ponerlos en festivales muy grandes, porque como no traían banda la gente no los recibía bien y tampoco los podían invitar a lugares de cantautores, como las peñas, porque su propuesta era un poco más rockera. Estaban como en medio de ambos. A principios de los dosmiles, un amigo tenía un bar ahí en Coyoacán y por esas fechas fui a ver ahí a Jaime López. Era un lugar muy pequeño, había unas quince personas. Yo conocía a Jaime desde los ochenta y en esa ocasión le dije: “Oye, un amigo tiene un lugar, ¿cuánto nos cobrarías por tocar ahí?”. Hablé con mi compa y organizamos la tocada. A partir de ese concierto, conocí gente que me dijo: “¿Por qué no contactas a Arturo Meza para que venga a tocar” y me lo encontré en el Alicia tiempo después. Lo invité y también fue a tocar con nosotros. Así empezó a crearse una pequeña red de gente. Imprimíamos flyers y los íbamos a pegar a Ciudad Universitaria. La gente nos llamaba para preguntar por boletos y de repente se llenaban los eventos. En aquel tiempo, sólo el Alicia jalaba a los músicos rupestres. En cada aniversario luctuoso de Rockdrigo, hacían un evento con todos ellos, pero faltaba un lugar para el movimiento, para los rupestres primigenios y para los que no eran del movimiento original pero se fueron uniendo, como Gerardo Enciso, Carlos Arellano, Armando Rosas. Por ahí del 2013, me llamó Carlos Arellano y me dijo que iba a estar en Ciudad de México con Gerardo Enciso. Con Gerardo nunca habíamos hecho nada, porque como era de Guadalajara, ya traerlo estaba cabrón. Entonces Carlos me propuse que hiciéramos algo en Coyoacán. Le hablé a mi amigo Omar Hernández, a quien había conocido en una tocada de Arturo Meza, y le pedí que me ayudara con la logística. Al final fue un evento muy padre, porque se llenó y aparte llegaron al lugar otros músicos como Armando Rosas y Armando Palomas. Entonces la gente dijo: “Este es el Rincón Rupestre” y otro amigo sugirió: “¿Por qué no nos ponemos El Rincón Rupestre y hacemos tocadas de este tipo?” y le dimos para adelante. En ese colectivo éramos Omar, tres amigos más y yo, y nos lanzamos a hacer el Rincón en el Bar San Francisco, ahí mismo en Coyoacán. Después tuvimos un par de diferencias con el lugar y nos fuimos a un punto en la Roma. Pero no funcionó, porque los dueños de ahí, cuando vieron que sí había bastante asistencia, quisieron parte del cover, que iba íntegro para el artista. Entonces mejor lo dejamos por la paz. Tiempo después, en 2015, fui a Sonart, una escuela de música donde un sobrino mío tomaba clases, y aunque el lugar se me hizo chico y no había lugar para poner mesas, pensé que podía funcionar para algo alternativo, como una fiesta. Hablé con Germán, el dueño, y llegamos a buen acuerdo. Le dije entonces a Omar que hiciéramos algo ahí con Iván García, con la idea de jalar al público joven, porque necesitábamos recaudar fondos para comprar una bocina. Entonces hicimos el primer show con el nombre “Del Rincón para El Rincón” y a la gente le gustó. Se sentía como una reunión de amigos en el patio. En esa primera tocada tuvimos malentendidos con los otros amigos del Rincón. Total: que se disolvió el Rincón esa noche. Días después, Omar y yo decidimos renombrar el proyecto y le pusimos El Sindicato Rupestre, jugando con la onda sindical, y le pusimos la mano obrera con la guitarra. Poco después, nos llamó Enciso, pues quería armar algo en Ciudad de México. Le comentamos del espacio y dijo: “Va, hay que armarlo” y estuvo genial, porque ese día se llenó y luego llegó Jaime López. Se echaron un palomazo. El lugar poco a poco se empezó a colocar como un sitio donde llegaban de visita los músicos rupestres.
Platícanos de la tradición rupestre, ¿cómo la podrías describir para quienes no tienen mucho conocimiento sobre esta corriente musical, cuáles son sus ideales, quiénes son algunos de sus exponentes, qué tipo de música es?
Los rupestres son músicos que venían tocando desde principios de los ochenta en sus proyectos individuales. Gente como Jaime López, José Cruz (de Real de Catorce), Roberto González, Emilia Almazán, varios músicos que no encontraban espacio en las peñas, que tenían una onda más folk. En sus letras no eran tan románticos clásicos, sino más urbanos, con mucho sentido del humor. Se empiezan entonces a agrupar y a tocar en el Foro Tlalpan, donde tenían un espacio que se llamaba “Cada quién sus rolas”. Rafael Catana era de los que procuraba mucho presentarlos entre ellos y se juntaban mucho en un café-bar en Tlalpan que se llamaba “El Cometa”, para armar la bohemia. Ahí presentaron a Rockdrigo con los demás. Fue algo muy espontáneo. Para muchos nunca fue un movimiento, más bien una reunión de amigos; para otros sí fue un movimiento, porque todos tenían ciertas características en común, leían más o menos la misma literatura, escuchaban a los mismos músicos, tenían una onda social-política parecida. La foto famosa de los rupestres se da cuando deciden hacer el Colectivo Rupestre. Rockdrigo escribe un manifiesto con su humor característico, diciendo cosas como: “Los rupestres somos músicos que tocamos con instrumentos de palo”. En esa foto aparecen Fausto Arrellín, Nina Galindo, Eblen Macari, Roberto González, Roberto Ponce, Rafael Catana y Rodrigo González. Algunos como Jaime López no quisieron entrarle de lleno a esa etiqueta de “rupestre”, pero eran del mismo grupo. Había también muchos músicos de bandas que eran afines, como Botellita de Jerez, Mamá-Z, Cecilia Toussaint y Arpía. Básicamente, el movimiento dura muy poco, porque Rockdrigo llega a Ciudad de México en el 83 y muere en el 85. Dos años fue lo que duró ese esplendor. Para algunos, a partir de que muere Rockdrigo es que empieza realmente el movimiento, porque es cuando los compositores empiezan a buscar espacios, pero hay diferentes versiones. En Rupestre: El documental lo abordan muy bien, con la opinión de varios músicos.
Hablando del rock-folk urbano de los años setenta, ¿rock rupestre y rock urbano son lo mismo?
No… Aquí en México, en los setenta, lo más cercano que hubo fue El Pájaro Alberto, que era el cantante de Love Army. Cuando se acabó esa banda, Alberto empezó a hacer sus rolas muy al estilo Dylan. Se le considera como el primer rupestre, el primero que sonaba a rupestre, con canciones en español hechas con guitarra y armónica. Luego hay como un vacío, pasa el Festival de Avándaro y a principios de los ochenta había grupos como El Tri o los Dug Dug’s que estaban más en el rhythm & blues o hasta en el progresivo, pero realmente no había onda rupestre. El rock urbano son piezas más de la banda, con letras un tanto más sencillas.
¿Crees que en México se le da el reconocimiento y el valor que se merecen este tipo de cantautores, quienes trabajan detalle a detalle la canción, que son poetas urbanos de la canción?
No, yo creo que se le ha dado reconocimiento a cantautores digamos más “clásicos”, como Fernando Delgadillo o Alejandro Filio. Ellos tienen otro tipo de canción, pero para el músico rupestre que tiene más una canción de propuesta, no; no se le ha dado su reconocimiento. De hecho, gente que no está inmersa en lo rupestre piensa que muchos ya se retiraron, que ya no tocan, lo ven como algo del pasado, pero las redes sociales han ayudado a darle nueva vida. En México el rock siempre ha sido alternativo, nunca ha sido lo más popular y si a eso le agregas que es un rock independiente, autogestivo, pues no hay un gran público para este tipo de canción, nació con esa onda de que no hay un gran público. Yo siempre pongo el ejemplo de Argentina, donde el rock es muy popular. Tú vas por la calle o te subes al taxi y están escuchando rock, porque allá el rock sí es música popular; aquí en cambio es la banda, es el corrido tumbado. Es algo cultural. Hay un público, pero no para hacerlo masivo. Aquí hay agrupaciones que alguna vez tuvieron cierto nivel y siguen batallando, a menos de que sean Caifanes o Café Tacuba, aunque ahora con las redes hay grupos que ya logran conectar con su nicho y llenar sus tocadas.
Cuéntanos de algún concierto memorable en el Sindicato Rupestre que te venga a la mente.
El que más recuerdan todos fue con Trolebús, una banda de aquí de la capital, de los años ochenta, que precisamente sí estaba entre el rock urbano y el rupestre, porque musicalmente es muy urbana pero las letras son muy rupestres. Sacaron un álbum en el 87, producido por Francisco Barrios, “El Mastuerzo”. En los noventa Choluis, el cantante de Trolebús, se fue a vivir a España y se desintegró el grupo, pero siempre quedó como una banda de culto, sacaron varios hits y se quedaron como en la añoranza. Pero en 2017 me llamó Rodrigo de Oyarzábal, quien fue un personaje muy importante para el movimiento, ya que trabajó muchos años en Radio Educación y se encargó de grabar a todos los rupestres cuando iban a cabina: a Rockdrigo, a Jaime López, a Cecilia, a todos (hay cassettes que hasta ahora siguen rolando en El Chopo, de rupestres que sólo tienen grabaciones de las que él hizo). Como te decía, en el 2017 me habló Oyarzabal y me dijo: “Choluis viene de España, va a estar unos días en México, ¿por qué no lo invitas al Sindicato a que se eche unas rolas con ustedes?”. Unos días después me habló por teléfono Choluis, para preguntarme por algún lugar donde tocar, y le comenté del Sindicato, lo invité a hacer un concierto pero me dijo que no tenía las rolas preparadas. Entonces, a lo largo de un mes lo fuimos platicando, invitó a los músicos de Trolebús y al final terminamos armando un concierto increíble. Muchos descubrieron al Sindicato por ese concierto. Había fila en la calle para entrar. Fueron Catana, Jaime López, Armando Rosas… el mismo público eran músicos legendarios. Después de ahí, Trolebús ha hecho varias tocadas. De hecho, se va a presentar en septiembre en el nuevo Foro Alicia.