Simbiontes (Discos Donovan-Sector Industrial, 2024) es la más reciente producción del trío Oxomaxoma, de unos años a la fecha conformado por Rabdoll (guitarras), Prosumer (sintetizadores) y Joseph Priap (voces) y el álbum número cinco con esa formación.

La historia del grupo, desde su concepción allá por 1980 (parte de ella retratada en el box set Designios, aparecido en 2020), puede resumirse en dos palabras: atrevimiento y persistencia.
Atrevimiento porque quién podría imaginar que ese cuarteto, pronto reducido a dueto, con una instrumentación mínima, sería capaz de mantener la atención de una audiencia por más de una hora, con un cantante-gritante-susurrador que tal vez inspirado en el japonés Damo Suzuki (vocalista de Can) profiere palabras en una lengua siempre incomprensible, surgida de las regiones más oscuras de Cthulhu o de su delirante imaginación y acompañado por el trombatrón y el yeloguerlizet, otro par de instrumentos inventados por Arturo Romo, la otra mitad de ese primer Oxomaxoma.
(Prosumer, quien antes de ser integrante del grupo, se enfrentó a ellos como público, lo describe atinadamente en el booklet que acompaña al disco que ahora nos ocupa: “…incluso llegué a sentirme atascado en momentos en que yo quería ver en el escenario un despliegue de sintetizadores y sus operantes, no a un par de sujetos en la vacuidad de un escenario, uno de ellos sentado en flor de loto frente a una caja de madera que funcionaba como soporte para un pequeño tecladito que parecía más un juguete que un instrumento y al otro que con una ceremoniosa voz cantaba algo totalmente impronunciable”).
Siempre en el subterráneo, sin arredrarse ante los contratiempos, el grupo se ha transformado con el tiempo, tanto en número de integrantes como sonoramente, hasta arribar a Simbiontes, la placa mejor lograda de la etapa más reciente del grupo, juicio aventurado si consideramos que en 2020 apareció el monumental Laboratorio para la desocultación sonora de la patamúsica 2020, un total de 51 piezas de diferente ralea y de la que ustedes pueden encontrar una reseña en este sitio.
En Simbiontes vamos a encontrar el humor tan característico del grupo –para quienes se han preguntado por las letras de la agrupación, aquí se incluyen por primera vez, aunque el significado sigue siendo hermético–, una manera diferente de trabajar de estos tres, misma que ha redundado en un sonido más agresivo, pesado, definido e inclinado al metal industrial.
La libertad asoma desde el inicio con “Introducción: Los escombros de un momento” y nos hace pensar que no estamos frente a un disco, sino ante una admonición o una arenga, pero sobre todo es una declaración de principios que concluye irónicamente con la frase “Nosotros somos Oxomaxoma, ustedes también”.
https://www.youtube.com/watch?v=iNvSuZZhyE4
A partir de ese instante, el trío nos invita a un viaje en rollercoaster, un permanente vaivén de emociones en el que lo mismo vamos a encontrar cortes bailables y potentes (“They Coming for You (They Walk)”, varios interludios, temas con sampleos –un trademark de este nuevo Oxomaxoma–, un acercamiento de la voz diferente al de discos anteriores, guitarras obsesivas de Rabdoll (“Alien Insect”), cortes en los que las seis cuerdas luchan con los sonidos electrónicos de Prosumer (“Gangster”, “Entre la culpa y el arrepentimiento”), temas lentos para propiciar descanso (“Sicofantes del gibberish”), otros caóticos, pero cargados de humor (“¡No, esa no!”).
La obra cierra con varios remixes, algunos de ellos a composiciones aparecidas en discos previos y otros a temas de Simbiontes, pero la gema del disco es “El quesito indispensable”. Contagiosa, con una melodía que se pega de inmediato al cuerpo y a la memoria, rítmica y muy bailable, para agitarse en las pistas de todo antro. Es lo más “comercial” y accesible que el grupo ha hecho desde “Violenta” y redondea un disco que puede postularse para ser nominado entre los más destacados del 2024.

David Cortés
Profesor de tiempo completo de la Universidad Pedagógica Nacional