Sangre nueva en el jazz mexicano

El jazz ha cumplido más de una centuria, aunque en México su edad, si bien longeva, todavía no alcanza esa cifra. Cuando hablamos de free jazz e improvisación libre, el tema que ahora nos ocupa, podemos aventurar una fecha del inicio de ambos con la aparición de Henry West, Ana Ruiz y Robert Mann (una alineación aumentada lo transformaba en Atrás del Cosmos), quienes en 1973 comenzaron el ejercicio de esta práctica sonora. Luego, me aventuro a decirlo, con la desaparición de Atrás del Cosmos, alrededor del nacimiento de la década de los ochenta, la improvisación existió de forma intermitente y fue hasta acercarse el nuevo milenio, con Germán Bringas y el surgimiento de gente joven, además de otros factores, que la escena se volvió a agitar.

Así llegamos a la actualidad cuando, al menos en Ciudad de México, se advierte una escena boyante en la que a aquellos jóvenes de los noventa se agrega ahora una nueva generación que se desarrolla en un contexto diferente, a veces más sencillo, otras más complicado, pero que, para quien esto escribe, resulta promisorio, ya que hay mucho por escuchar y no sólo unos cuantos exponentes.

Es una historia que hay que desmenuzar en forma pormenorizada, pero esta vez nos centraremos en un sello de reciente creación y su catálogo que si bien es pequeño, ya ha dado muestras de atrevimiento y al mismo tiempo nos permitirá adentrarnos en la obra de tres saxofonistas jóvenes.

El sello Xochimeh (“Flores”, en náhuatl) está a cargo de Carlos Greco Pantoja, quien además de utilizarlo como escaparate personal, lo emplea para difundir el trabajo de otros. Greco ha tocado con Los Verdaderos Subterráneos, Remedios, Eyi Xochimeh y actualmente lo hace en Mekanik Komandoh, Rëlisp y Kóryma, además de lo que él define como “el culto al nombre” que es el actuar como improvisador.

Greco llegó al saxofón “por limitaciones económicas”. Primero se acercó a la flauta trasversa. “Este instrumento fue mi puerta hacia los alientos, con él exploré la tonalidad y el bebop, hasta que la necesidad me llevó a la improvisación libre. La flauta tiene ciertas limitaciones en tanto a su potencia, lo cual me llevó a elegir el saxofón, en parte por el timbre, en parte por la potencia y porque tenía una boquilla de saxofón alto que conectaba a un tubo de PVC y sentía afinidad hacia el resonador, es decir, la boquilla y la caña. Antes de tener mi primer saxofón ya escuchaba y me alentaban en la música libre Albert Ayler, John Coltrane, Kaouru Abe, Germán Bringas, Remi Álvarez, y después empecé a escuchar a gente como John Butcher, Don Malfon, Ákira Sakata, Marcos Miranda, Kang Tae Hwan”, comenta.

El saxofonista se acercó al jazz pero ha rato lo “abandonó”, porque consideraba que no estaba en sus “intenciones y necesidades una aproximación jazzística al fenómeno de la música, aunque también formó parte de mí. En sí fue el bebop, porque era arriesgado, intrépido y con una carga armónica muy excitante”. Sin embargo, prosigue, “llegó un momento en el que el bebop ya no me ofrecía un espacio para correr, brincar, gritar, explotar. Una de las cosas que empezó a bloquearme fue que hay ciclos establecidos por la armonía, hay que volver a una tierra, hay que avanzar y describir cierta curva para volver al inicio. Esta curva energética comenzaba a bloquearme,  porque había esa necesidad de bajar la intensidad en pro de cumplir la estructura armónica y yo quería seguir ardiendo, no bajar. Esa ciclicidad que a veces se vuelve hasta cognitiva para el intérprete (no puede salir de ella), tenía que ser emancipada para seguir en fisión. Fue ahí cuando expresiones del jazz libre me dieron el referente, la escuela, los maestros. Entendí que esa música tiene valor, que es la energía la que dictamina, y fue la energía la que me llevó ahí, en una necesidad de expresión y autoconocimiento. La música libre para mí es el campo perfecto para crear teorías, juegos, modelos de interacción, es el lienzo infinitamente variable y dinámico para la creación que no sólo involucra al fenómeno musical, sino que tiene una cualidad de expansión ilimitada”.

Xochimeh, ubicable sin dificultad en bandcamp, al poco tiempo de su fundación ya alcanza los diez títulos, en los que básicamente encontramos varios de los trabajos solistas del saxofonista, agrupaciones y algunas sesiones en directo.

Acerca de su creación, Carlos Greco señala: “El objetivo principal es la difusión de la música en la cual estoy participando, al mismo tiempo de ser una ventana infinitesimal a lo que está ocurriendo en la escena de la improvisación libre en Ciudad de México. Somos flores de concreto, de esas que salen de las grietas y se resisten a la dureza del mismo y que incluso lo fracturan. Al mismo tiempo considero que es una manera de despersonalizarme, por ello no tiene mi nombre. Por ahora la idea es vaga, pero tengo la intención de imprimir más esfuerzo económico y creativo a esto, subiendo más material con el enfoque de la improvisación libre de producción independiente. Paso a paso”.

Carlos Greco. Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta

Un par de lanzamientos recientes llamaron nuestra atención: Aproximaciones sonoras para subconscientes receptivos (firmado por Violencia Sónica, dueto con Juan Pantoja, ambos en el sax alto) y Sax MG-42 (David Contreras, sax alto; Greco Pantoja, sax soprano). De esta empresa señala Greco: “Tengo en mente un proyecto de duetos que involucran a varios saxofonistas de la improvisación libre mexa. Dada mi reducción de tiempo, ahora sólo está grabado uno con Juan Pantoja, otro con David Contreras y uno más con Roberto Tercero. También es improvisación, nos metemos a la cabina y a darle. Es como ir a jugar maquinitas con la banda, un momento de interacción y disfrute”.

Juan Pantoja es de los románticos que consideran ser elegidos por el instrumento. “El sax y en general los instrumentos de aliento siempre llamaron mi atención, pero el día que tuve uno cerca de mí, que lo pude tocar, supe qué era lo que quería hacer. No creo que haya algún músico a quien haya seguido para tocarlo, aunque poco tiempo después de comenzar sí tuve muchas influencias: Zorn, Coltrane, Tim Berne, Maceo Parker, etcétera”, nos dice.

A pesar de llevar apenas seis años con el sax alto, ha formado parte de varios grupos de improvisación, entre ellos Niñas del Internado, Ciudadano Estridentista, Histerismo de Masas y Heterodoxia Ensamble —busque el lector grabaciones de los tres últimos en bandcamp—, pero también lo ha hecho “con un montón de grandes músicos sin tener un nombre de ensamble”. En otros géneros, el saxofonista militó con Los Maycols y recientemente estrenó el álbum —muy recomendable, por cierto— El principio del fin, con Fly in Dub Quartet y también toca con Malaria Dancing Club, agrupación enfilada a ritmos latinos.

Como muchos antes que él, Pantoja se acercó a la improvisación libre por la vía del rock. “Siempre me gustó la música instrumental, pero definitivamente mi espíritu me llevó al free; musicalmente hablando es lo más cercano a poder tocar la libertad absoluta con la punta de los dedos. Pero todo vino un poco desde el rock. Recuerdo mi encuentro con ‘The National Anthem’ de Radiohead. En el epílogo de la misma, se escucha un trío de alientos desquiciados que me hicieron volar desde la primera vez que lo escuché. La música me acercó a los sonidos más extremos, Mr. Bungle, Primus, etcétera, hasta que un día cayó a mi iPod el Guts of a Virgin de Painkiller y ahí sí ya todo cambió, busqué música de este género hasta llegar a sus raíces como Ornette Coleman y Pharoah Sanders y sigo buscando y encontrando cosas, aunque aún sigo tocando otros géneros, no sólo free”, señala.

Juan Pantoja. Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta

Acerca de Aproximaciones sonoras para subconscientes receptivos, Pantoja comenta: “El dueto es un formato que me gusta, sobre todo cuando es batería y sax, pero hacerlo con dos saxos tiene su encanto, dos instrumentos de aliento que comparten tiempo y espacio, tratando de llenar cada hueco y expandiendo los sonidos para buscar creatividad. Antes de la pandemia, Greco solía caer a mi casa a jammear, él llevaba una flauta y un instrumento de su propia creación llamado tubophone, con un sonido muy parecido a un sax tenor. Nos poníamos a improvisar, utilizando técnicas que habíamos estudiado o leído. Poco después me invitó a tocar bajo el nombre de Violencia Sónica y de ahí surgió toda la idea. El resultado me gustó mucho, me parece que se alcanza a distinguir perfectamente el sonido de cada uno. En ese sentido, también permite reconocer lo que cada uno tenía que decir en ese momento. Cuando lo escuché, encontré pasajes de una sutileza que ayuda a la reflexión y otros con una gran tensión que te pone los pelos de punta”.

David Contreras comenzó su carrera en la primera alineación de Orquesta Vulgar, tocó con Punta Diamante —con ese grupo grabó el álbum Afrodelia—, el cuarteto de saxofones Antisax, Turbochango, Brasstards y actualmente dirige su propio grupo, el David Contreras Trío, y toca con Kóryma. Él también se acercó al saxofón por casualidad. “En la prepa teníamos Educación estética y artística y además de la clase teórica, podíamos elegir una práctica: danza, pintura, teatro, trompeta, saxofón, había muchas. Por el horario, elegí el saxofón. Tenía dieciséis años cuando comencé a tocar, pero a losdieciocho comencé realmente a estudiarlo”, cuenta.

David Contreras. Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta

Como otros músicos de su generación, Contreras se acercó a la música por la guitarra y ésta lo llevó al rock y el heavy metal. Comenta: “La rapidez y el virtuosismo  que me gustaban de esa música los encontré en el jazz y luego en la improvisación. Todavía más rápido y más virtuoso. La impro tiene un poco de casualidad también; la conocí jammeando con mis amigos después de los ensayos (a esas alturas lo más loco que yo conocía era Eric Dolphy). Después de eso platicábamos y nos recomendábamos música”.

Aproximaciones sonoras para subconscientes receptivos y Sax MG-42 se grabaron en una sola toma. De esas sesiones nos dice Greco Pantoja: “Generalmente no hay consenso, nos reunimos, podemos beber algunas cervezas. Pretendo que los duetos no duren más de 30-40 minutos,  me parece un tiempo razonable y uno no se ‘quema’ (así le digo cuando se vuelve un poco repetitivo o difícil de hallar soluciones). El reto de grabar a dueto es la exigencia, en el sentido del contenido, de la interacción; es muy dinámica, casi no puede interrumpirse, es una pelea amistosa constante, de alto rendimiento: proponer, tomar, dar, ceder, romper, arriesgarse, tomar la batuta, dejarla, etcétera. Son eventos de exigencia y creo que esta aumenta cuando se toca el mismo instrumento, porque hay que poner más detalle en dónde anda uno, dónde se ubican las intenciones para poder juntar la energía en un espectro similar o ser completamente contrario. Es una buena práctica para las técnicas y recursos que uno emplea, incluso hasta para crear en el momento mismo como resultado de la necesidad”.

Una de las conclusiones más interesantes de un proyecto como el emprendido por Greco Pantoja, además de sus primeras resonancias, son los ecos que puede desatar a futuro, lo que abonará a una escena que se ha vuelto muy vital y se expresa por diferentes lugares de la capital.

¿Habrá más grabaciones semejantes a futuro? La respuesta es contundente y una buena manera de concluir: “Por supuesto y no sólo de esa índole, sino con mayor número de participantes y formatos, siempre con la tendencia de la improvisación libre y la música original. Considero que ahora estoy en un punto en el cual puedo tener mayor intervención sobre las grabaciones y sesiones en el sentido de la planificación y costeo de estas, por ello es momento de incentivarlas más”.

 

David Cortés
Profesor de tiempo completo de la Universidad Pedagógica Nacional

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Publicado en: Entrevista