Le decían el padrino del blues británico, también el padre blanco del blues y aunque ambos títulos son un tanto inexactos, la importancia de John Mayall como sempiterno propulsor del blues está fuera de toda discusión.
Mayall falleció el pasado lunes 22 de julio, en su casa de California, a los 90 años de edad. Prácticamente toda una vida dedicada a hacer la música que más amaba. Nacido en Cheshire, Inglaterra, el 29 de noviembre de 1933, desde muy joven empezó a tocar la guitarra, los teclados y la armónica, además de ser un buen vocalista. Inició su carrera profesional en 1963, a la cabeza de su proyecto John Mayall & the Bluesbreakers, por el cual pasó una infinidad de músicos, en su mayoría británicos, como Eric Clapton (a quien rescató de un temprano retiro de la música), Peter Green, Mick Taylor, Jack Bruce, John McVie, Aynsley Dunbar, Mike Fleetwood y un muy largo etcétera.
Su primer álbum oficial en estudio fue el mítico Blues Breakers, de 1966, mientras que el último fue The Sun Is Shining Down, apenas en 2022.
Su más que sensible pérdida fue anunciada por su familia en los siguientes términos: “Los problemas de salud que obligaron a John a poner fin a su épica carrera en las giras finalmente han llevado a la paz a uno de los guerreros de la carretera más grandes del mundo. John Mayall nos brindó noventa años de incansables esfuerzos para educar, inspirar y entretener”.
Descanse en paz en el cielo de los bluesmen.

1.- “All Your Love” (del álbum Blues Breakers, 1966). El primer corte del primer álbum de John Mayall & the Blues Breakers es esta composición original de Otis Rush, con un Eric Clapton que a sus veintiún años emergía al mundo con un talento descomunal en la guitarra, acompañado por el propio Mayall en voz y órgano, John McVie en el bajo y Hughie Flint en la batería. El riff inicial es ya un clásico del blues de todos los tiempos, negro, blanco o de cualquier color.
2.- “A Hard Road” (del álbum A Hard Road, 1967). Para su segundo disco en estudio, los Blues Breakers ya no contaron con Clapton (se había ido para fundar el legendario supergrupo Cream, con Jack Bruce y Ginger Baker) y Flint, quienes fueron reemplazados respectivamente por el talentosísimo y alucinante Peter Green (fundador posteriormente de otra agrupación mítica: Fleetwood Mac) y el enorme baterista Aynsley Dunbar (quien en el futuro trabajaría entre otros con Jeff Beck y Frank Zappa). “A Hard Rock” es una espléndida composición de Mayall en la que el buen John brilla con su característica voz y su espléndido piano.
3.- “Oh Pretty Woman” (del álbum Crusade, 1967). En el mismo año 67, John Mayall puso en circulación otro álbum extraordinario, nuevamente con cambios en la alineación que incluían a un jovencísimo guitarrista de dieciocho años llamado Mick Taylor (nombre más que conocido por los seguidores de los Rolling Stones), mientras que esta vez la batería fue ocupada por Keef Hartley. Este célebre tema de A.C. Williams tuvo aquí una versión de lujo con un elegante solo de Taylor incluido.
4.- “Evil Woman Blues” (del álbum Raw Blues, 1967). Este es un álbum peculiarísimo y muy poco conocido. Ni siquiera me atrevería a decir que se trata de un disco de Mayall sino, más bien, de una reunión impresionante de músicos de blues, negros y blancos, conjuntados en 1967 por el productor inglés Mike Vernon para llevar a cabo un plato impresionante. Gigantes del blues estadounidense como Otis Spann, Champion Jack Dupree y Curtis Jones se unieron a Eric Clapton, Steve Winwood (que aparece como “Steve Anglo”, váyase a saber por qué), Peter Green y por supuesto John Mayall para crear este Blues crudo del que entresacamos esta clásica composición de Green con Mayall al piano.
5.- “The Bear” (del álbum Blues from Laurel Canyon, 1968). En 1968, John Mayall viajó a la ciudad de Los Angeles, California, para convivir en una comuna con los integrantes del grupo estadounidense de blues blanco Canned Heat (del que formaba parte el baterista mexicano Fito de la Parra). La comunidad se encontraba en la mítica zona hippie de Laurel Canyon y fruto de esa convivencia fue este gran disco del bluesero británico, una obra llena de vida y colorido. Entre los temas del álbum destaca “The Bear”, homenaje de Mayall a sus camaradas del Calor Enlatado (“All the men of Canned Heat are part of my family / I’m gonna remember the things that they did for me”, dice en una parte de la letra) y en particular al contundente cantante Bob Hite, mejor conocido como “El Oso”. Un boogie con todo el estilo del Heat.
6.- “Double Trouble” (del álbum Looking Back, 1969). Publicado en el año 69, este álbum tiene como particularidad que contiene canciones grabadas desde 1963 hasta, precisamente, 1969. Por lo mismo, son muchos los músicos que participan en él. Desde guitarristas como Clapton, Green y Taylor, hasta bajistas como McVie y Bruce o bateristas como Flint, Dunbar y Mike Fleetwood, entre otros. La versión de “Double Trouble”, de Otis Rush, es una joya de sutileza y finura, con un Peter Green a plenitud en las seis cuerdas.
7.- “The Laws Must Change” (del álbum The Turning Point, 1969). Un fabuloso álbum en concierto grabado en el Fillmore East de Nueva York, el 12 de julio de 1969, en el cual John Mayall quiso experimentar con un grupo semi acústico y que además prescindiera de la batería (de alguna manera, se trata de un anticipo de los famosos conciertos y discos unplugged de los años noventa). Al lado del guitarrista Jon Mark, el bajista Steven Thompson y el flautista y saxofonista Johnny Almond, con Mayall en voz, teclados, armónica, guitarra, pandero y efectos vocales, el inglés realizó una absoluta maravilla en la cual destaca el tema introductorio, este politizado y crítico (y divertido) “Las leyes deben cambiar”.
8.- “California” (del álbum The Turning Point, 1969). Dado que The Turning Point fue, como lo dice su título, un verdadero punto de inflexión en la carrera de Mayall, quisimos incluir una pieza más del mismo: el reposado y hechizante jazz-blues “California”, con sus largos y virtuosos solos instrumentales (sax, bajo, guitarra acústica, armónica, flauta) y el irresistible e hipnótico compás caminante del bajo que conduce por los más inesperados caminos a esta obra maestra de casi diez minutos de duración. Una pieza que es literalmente un viaje… y vaya viaje.
9.- “Dry Throat” (del álbum Jazz Blues Fusion, 1972). No deja de llamar la atención el hecho de que John Mayall, siendo un amante y conocedor sin igual del blues más puro, haya preferido reunirse casi siempre con músicos blancos y mayoritariamente nacidos en el Reino Unido. Pocas son en realidad las colaboraciones con los blueseros natos, es decir, los que provenían del sur de Estados Unidos, donde se dio el génesis del género. En Jazz Blues Fusion, el álbum en concierto grabado en Boston y Nueva York a fines de 1971 y todo un clásico de la discografía mayalliana (¿o mayallesca?), la formación del grupo contaba en cambio con cuatro músicos afroamericanos (el guitarrista Freddy Robinson, el trompetista Blue Mitchell, el saxofonista Clifford Solomon, el baterista y percusionista Ron Selico) y sólo dos blancos (el bajista estadounidense Larry Taylor, miembro de Canned Heat, y el propio Mayall, en voz, armónica, guitarra y piano eléctrico). De este gran disco, he aquí la estupenda composición “Garganta seca”.
10.- “Can’t Take No More” (del álbum The Sun Is Shining Down, 2022). Del último disco de John Mayall, grabado a la admirable edad de 88 años, cerramos esta lista con el segundo corte del mismo (en cuya letra dice: “Es tiempo de decirte, nena / Sí, es tiempo de cerrar esa puerta / Es tiempo de decirte, nena / Sí, es tiempo de decir adiós”. Sorprende la calidad vocal del músico y su capacidad como compositor a lo largo del álbum, en el que se hizo acompañar por músicos veteranos como los guitarristas Melvin Taylor, Buddy Miller, Mike Campbell y Carolyn Wonderland, la extraordinaria violinista Scarlet Rivera y el virtuoso del ukulele (en este caso eléctricamente sensacional) Jake Shimabukuro. The Sun Is Shining Down es un trabajo que posee tal energía bluesera que parecería interpretado por un Mayall veinteañero. Escucharlo es una digna y espléndida manera de recordar y despedir al grandioso padrino del blues británico.