Hay que verlo sobre el escenario o a ras de piso. No es la velocidad —que sí posee— su principal atributo; tampoco el despliegue de energía y la performatividad son sus mayores atractivos. Sus dotes de compositor no se advierten de inmediato, para apreciarlas hay que llegar a sus discos.
Lo que mejor define al guitarrista Emiliano Cruz es la imaginación, caudal aparentemente inagotable al servicio de los proyectos Torso Corso, La Kriego, Luz, Luz, Luz! o el dueto de improvisación Cruz del Puerto.
Cruz comenzó a estudiar la guitarra a los ocho años y cuando se habla de los músicos que lo han inspirado, reconoce que es una lista interminable. Sin embargo, dice, “siempre se me viene a la cabeza una persona con esta pregunta: Thelonious Monk. Aunque últimamente encuentro inspiración en artistas cercanos a mí, no necesariamente músicos”.
El escaparate más notorio en la joven trayectoria del guitarrista es Torso Corso, un combo en el que hay una multiplicidad de influencias, entre ellas el jazz y la improvisación. El interés de Cruz en ambas vertientes comenzó tempranamente, cuando apenas tenía dieciséis años. “La parte de la improvisación probablemente venga del jazz, de ahí parte y se va hasta contextos menos convencionales: noise, improvisación libre, punk etcétera”, dice. “La parte ‘experimental’ —entre comillas, porque siento que puede ser un término a veces gastado o mal empleado— viene de una búsqueda propia, una búsqueda que no encontré en ninguna escuela o institución”.

En principio… el hambre, firmado por Cruz del Puerto, es una placa grabada por el guitarrista con el saxofonista Ernesto del Puerto (también integrante de Torso Corso), la cual nació, comenta Del Puerto, “como una necesidad de seguir haciendo música durante la pandemia. Es un dueto de improvisación libre y también nos planteamos que fuera la base para emprender colaboraciones con otros músicos, poder recibir invitados para que tocaran con nosotros”.
El título del álbum, aparecido en 2022, proviene de un ensayo de Chantal Maillard. “Grabamos el disco y al buscar el título, Emiliano me dijo que le evocaba mucho lo que decía ese ensayo. Nos gustaron todas esas metáforas que la autora plantea con el cuerpo, la carne, cómo el hambre es un agente que nos lleva a actuar como seres humanos en muchos ámbitos y sentíamos que algunas de las improvisaciones tenían partes muy gástricas en el sonido y también era como que devoraba, corrosiva, muy corporal”, señala el saxofonista. Por su parte, Cruz comenta acerca de este proyecto: “Es un dueto de improvisación porque técnicamente es lo que hacemos, improvisar. Pero al mismo tiempo no, ya que Ernesto y yo nos conocemos desde hace muchos años. Básicamente aprendimos –todavía seguimos aprendiendo– el significado de la palabra juntos. La pregunta sería qué tanto es improvisación y qué tanto no. Concebimos la impro también como composición y viceversa. No son cosas distintas para nosotros”.
La Kryego (“grito”, en esperanto) es un proyecto alterno de Cruz, al lado del también guitarrista Fernando Feria (compositor de Ciudad de México, actualmente en Uruguay y más enfocado en el sonido y el arte sonoro) y nació “de las ganas de ambos por hacer ruido y masas sonoras con dos guitarras eléctricas, muy a la Glenn Branca. Después evolucionó a composiciones más premeditadas, más organizadas en el sentido estructural”.
La dupla debutó en 2021 con I. Le siguieron un par de “sencillos” en 2023: vi y II. A principios de 2024, lanzaron su obra más ambiciosa, en colaboración con Mabe Fratti y Concepción Huerta: III. Paz en las rupturas.
Escribe Jorge C. Ortega en Nómadas, a propósito de este álbum: “… se siente reservado, incluso guardando cierta accesibilidad, con cada uno de sus elementos integrándose a un todo bastante orgánico. Las guitarras se hacen y deshacen en rasgueos, arpegios, golpes y loops, mientras que Mabe hace distintos trazos de sonido con su chelo; al fondo, Concepción conjura una niebla de sonidos inexplicables que envuelve sin sofocar. La exploración tímbrica se mantiene limitada a los sonidos propios de cada instrumento, pero no siempre reprimida. Aquí, una guitarra es una guitarra y un chelo es un chelo, pues no se está tratando de probar nada; simplemente estamos ante la alquimia de un ensamble trabajando para la música, dejando el protagonismo para otro tipo de artistas”.

“Hay varias palabras clave en La Kriego: tiempo, espacio, sonido, densidad, dinámicas, percepción y poesía”, comenta Cruz. “El disco con Mabe Fratti y Concepción Huerta, basado en un poema de Henri Michaux, fue una sesión de improvisación total. La única premisa que les dimos, si mal no recuerdo, fue: ‘Nos imaginamos un ambiente denso y un paso del tiempo espeso’. El resto es la habilidad de cada uno para improvisar”.
Signo de las diversas facetas de Emiliano Cruz es Luz, Luz, Luz!, otro proyecto atípico (con la voz y textos de Clothing, con quien compartió agrupación en Yaf Swamy y posee su propio proyecto personal encaminado al art pop) que surgió, nos dice, “a partir de la pregunta: ¿cómo sonaría un grupo de punk solamente con guitarra y voz? Esto de nuevo, evolucionó a más ideas musicales, en las letras que Clothing escribe, y ahora no estaría muy seguro de llamarlo estrictamente punk. Para mí, este proyecto proyecta mucho vacío, literalmente con una ausencia de bajo y batería, y también de una manera más poética. Ese vacío hace que la música sea densa, cargada de una tensión absoluta. Eso me interesa: la tensión y esa especie de suspensión en el tiempo que esta genera”.
Multiplicidad de proyectos y una banda prioritaria. Los tiempos actuales posibilitan esa fragmentación del individuo en muchas células cuyo impacto probablemente se diluye a diferencia de cuando se trata de una sola embarcación. ¿La diversidad fragmenta la creatividad? Cruz responde: “Para mí, la creatividad no se fragmenta. Siento que ese momento de creación se puede dar en cualquier momento, en cualquier contexto musical. Y mi interés como alguien que crea es develar ese momento creativo en cualquier contexto, incluso más allá de lo musical. No diría que me fragmento en tres proyectos distintos, preferiría verlo como que mi persona ocurre en tres proyectos aparentemente diferentes; pero vistos más de cerca, guardan muchas relaciones”.
Mucha música proveniente de las manos de un individuo y el proceso creativo que no cede. “Acabo de terminar de escribir la música para un nuevo ensamble de voz, flauta, trompeta, saxofón tenor, guitarra eléctrica, violín y contrabajo. Ahora montamos la música. Aunque no me agrada tanto la idea, se podría decir que es el primer grupo en el cual la música es ‘mía’. Se llama La carne y el mármol y el título viene de un ensayo acerca del arte griego y de Francis Bacon. También de Hugo Mujica, un poeta, escritor y amigo que me ha influenciado brutalmente”, concluye Emiliano Cruz.