Los Trans/Euntes: punk y rock de garage desde Oaxaca

La baterista Rebeca Siniestra y el guitarrista y cantante Mayhe conforman una de las duplas más escandalosas, irreverentes y aguerridas de Oaxaca. Juntos se hacen llamar Los Trans/Euntes y desde hace más de un lustro se han labrado una sólida reputación y un sitio dentro de la complicada e inhóspita escena local.

Como es de suponer, son muchas las vicisitudes sorteadas hasta el día de hoy por la pareja, pero en su cuenta llevan un EP (Anarquía en la Central de abastos) y dos discos LP (El club de los perdedores y el más reciente 1990–1989), entre otras participaciones en festivales y demás eventos importantes. En esta entrevista, exploramos parte de su trayectoria y algunos detalles interesantes de su quehacer sobre y debajo de los escenarios.

Fotografía: cortesía de Los Trans/Euntes

Tengo entendido que antes de llamarse Los Trans/Euntes, el proyecto pasó por diferentes alineaciones y nombres, como Las Chicatanas del Oeste o Las Moscas Enfermas. Entonces, ¿cuándo y cómo surgió la banda como hoy la conocemos?
Rebeca Siniestra (RS): Hace seis o siete años, Mayhe y yo decidimos dejar los covers, aunque sin saber todavía en qué género queríamos incursionar, ya que cada uno tiene sus influencias. Mayhe consiguió un bajista y con él formamos a Las Moscas Enfermas. A su vez, ese nuevo integrante trajo a otro bajista, pero al final ambos se fueron y nos quedamos como dúo. Ahí empezamos formalmente Los Trans/Euntes y determinamos armar el primer material, que fue el EP Anarquía en la Central de abastos (2017). En la portada aparecemos nosotros con cabezas de puerquitos y trajes blancos. Nos inspiramos en la portada del disco Heaven and Hell, de Black Sabbath. Somos un dúo, pero de un tiempo para acá nos acompaña a veces Jesús Góngora en el bajo; él también nos graba. En su momento, nos apoyó en el mismo instrumento Toño Contreras, justamente para Anarquía en la Central de abastos.

¿El nombre del proyecto encierra algún significado en especial?
Mayhe (M): La diagonal en medio del nombre la colocamos porque el segundo bajista que se incorporó, según él, fue quien nombró al grupo como Transeúntes y se quiso llevar el título y el crédito de las canciones. Entonces, para no revolvernos la solución fue colocarle esa diagonal.
RS: A mí no me encanta el nombre, pero elegimos ese en lo que se nos ocurría otro. Estábamos entre Los Indigentes y otros nombres más raros. Incluso Las Moscas Enfermas me gustaba más, pero a causa de los conflictos con los anteriores integrantes así se quedó. Realmente no tiene un significado y no lo hemos cambiado porque ya tenemos material registrado con ese apelativo en varias plataformas.

Su música oscila entre el garage, el punk y el metal  pero, ¿ustedes cómo la definen, en qué corriente se ubican?
RS: Eso está relacionado acon los gustos de cada uno. Por ejemplo, Mayhe es fan del metal, power metal, metal progresivo, heavy metal, etcétera, y yo disfruto más del garage y el rock en español. Entonces, entre los dos llegamos a coincidir en algunas propuestas. Podríamos decir que incursionamos en el garage punk, aunque no entramos del todo. Aquí en Oaxaca no existe una escena de garage punk. Hay punk anarquista, black metal o incluso reggae, pero no más. Nuestra intención no era ser únicos o diferentes, sino salir de Oaxaca y que nos recibieran en otras escenas. Realmente hacemos más punk y ruido que garage.

¿Qué tanto la falta de una escena que los cobije les ha complicado su labor?
M: Anteriormente sí nos fue muy difícil. Nosotros empezamos desde cero. Con los años tuvimos oportunidad de abrirnos campo en tocadas de heavy metal, punk, indie y demás. Así conocimos gente y ya nos jalan a más eventos. Como dijimos, no hay escena en Oaxaca y la que existe funciona bajo esquemas de amistad y conveniencia. Si vienen proyectos de otros estados y no son sus amigos, no los llaman. No están abiertos a otras cosas. Lo hemos dicho en otras entrevistas: nosotros somos demasiado fresas para los punks, demasiado poperos para el metal y demasiado ñeros para el indie.

¿Cuál es la dinámica creativa del dueto?
RS: Mayhe es el que compone las guitarras y las letras. Él es quien está imbuido en el proceso creativo y yo intervengo en algunas cosas. No obstante, la que maneja las redes sociales, hace el vestuario, vende merch, consigue tocadas, soy yo. Ese es mi trabajo.

¿Sobre qué suelen versar las letras de sus canciones?
M: Experiencias de todo tipo. Desde una familia disfuncional, un padre alcohólico, caricaturas, películas, amor y desamor. Pero no queremos decir las cosas de forma convencional, sino que intentamos variarle. Cuando voy en mi moto, tarareo o canto cualquier cosa, hasta un chiste o el programa televisivo La rosa de Guadalupe sirve. De ahí comienzo a checar qué cosa es lo que le puede cuadrar. Inicio con la letra y después la canción. Así armamos la rola completa. Anarquía en la Central de abastos y El club de los perdedores (2020) tratan varios temas. Por decir, “Rebelover” surgió de una llamada telefónica que Rebeca me hizo acerca de una ex compañera de banda; “Misa de 12” aborda la situación de un sacerdote que abusa de una secretaria; “Efectos secundarios” relata la transición de un joven al cruzar los treinta años; “Ya no puedo más” habla de superar aquella relación amorosa que te dejó destrozado; “Me persiguen” cuenta los acontecimientos de unos policías cuando atrapan a alguien con droga; “Sara vara vara” versa sobre un amigo que se enamoró de una chica de la vida galante, la quiso sacar de trabajar y le rompieron el corazón; “14 de febrero” cuenta las penas que pasó Rebeca cuando la decepcionaron del corazón.
RS: En general, las canciones tratan sobre las vivencias que tenemos y Mayhe se inspira. Incluso la portada de El club de los perdedores es un collage que decora mi cuarto, porque no pudimos hacer más. No había dinero y tampoco salimos a causa de la pandemia.

Fotografía: cortesía de Los Trans/Euntes

En su más reciente LP, 1990–1989 (2023), desde la portada hasta los nombres de las composiciones están relacionados a distintos y conocidos asesinos seriales. ¿Por qué y cómo se les ocurrió crearlo?
M: Nuestra intención no fue alabar a esas personas; sin embargo, son parte de la historia. La inspiración surgió años atrás, antes de que en YouTube aparecieran tantos videos de asesinos seriales como los de Jeffrey Dahmer, Ed Gein o Ted Bundy, y veía documentales más formales de una hora y media o dos y sin censura. Decían las cosas como ocurrieron. Intentar expresar todos los hechos en dos minutos es muy difícil, pero es parte de la inspiración. Hoy día, ya no exhiben esos documentales completos, sólo hay programas en plataformas de streaming, pero de ahí nació la idea.
RS: En este disco se tuvieron que regrabar las guitarras y las voces, porque no nos convencían. Lo grabó Góngora, quien tiene un proyecto llamado Diletante Studio. Además, tuvimos que juntar dinero para mandar a maquilar cassettes a Fausto Cintas Subterráneas, en Ciudad de México. Nos entregó el pedido justo cuando fuimos a tocar al tianguis cultural del Chopo. Nunca hemos visto a la banda como un negocio, trabajamos para invertir en nuestra música. De repente nos han pagado y lo agradecemos. Está muy bien la gente que puede vivir de esto, pero para nosotros ese no es el fin. Así que, cuando no tenemos suficiente capital, nos esperamos y juntamos poco a poco lo que se requiera.

¿Cuál dirían que es el motivo principal para sostener su proyecto?
M: Es como un hijo, hay que mantenerlo y alimentarlo.
RS: Nosotros no tenemos hijos, pero creemos que mantener a la banda es casi igual a tener un hijo. Le invertimos tiempo, dinero y prácticamente trabajamos para financiarla. Nos la pasamos bien y no estamos preocupados por si un día alguien nos escucha de verdad o le interesamos. Nosotros hacemos lo nuestro y lo que creemos nos corresponde dentro del rock. Un día ya no estaremos, pero perdurará el registro.

¿Qué canciones de su repertorio son sus preferidas?
M: En mi caso es “La religión se vende pero, ¿quién la compra?”, aunque en el último disco también me gustan las piezas acústicas. En realidad, me gustan todas, de otra forma no las tocaría, pero Rebeca piensa distinto.
RS: Conforme vamos avanzando, me gustan más las nuevas composiciones. Ahorita tenemos composiciones recientes que no hemos grabado formalmente: “Asesinos seriales” y “El apéndice de Julián”, las cuales registramos en directo para Black Bedroom Records. Son mis favoritas. Quizá nadie lo nota, pero ya no sonamos como antes y estamos en otra etapa. A lo mejor la gente piensa que estamos igual o peor; pero para mí, cada nueva canción siento que es mejor.

Durante sus presentaciones en vivo, Mayhe suele vestir atuendos de mujer o también han usado ropas eclesiásticas. ¿Por qué se disfrazan?
M: Mi inspiración proviene de Nirvana. Lo hacemos para llamar la atención. Otros músicos y asistentes van vestidos de punks o metaleros y todavía los regañan sus papás y sus novias. Entonces, ¿por qué no vestirse de mujer? Tiempo atrás tuvimos un problema por eso mismo. Fuimos a tocar al municipio de Tamazulapan del Espíritu Santo, a un bar conocido de la zona. Siempre llevábamos ese outfit de chaleco y brasier. Entonces, nos vio un chavo metalero ya borracho y se enojó por cómo iba vestido. Todavía hay muchas personas cerradas de mente. Llevar ropas de mujer no te cataloga como tal, pero hazles entender que no está mal que un hombre se vista así.
RS: Los otros disfraces tipo angelitos o religiosos empezaron por influencia de las Ultrasónicas. En sus inicios ellas también los usaban, aunque ellas se disfrazaban de momias en una onda muy garage. Le dije a Mayhe que si no sonábamos a garage, ya siquiera la facha, y él solito agarró el vestido y el sostén. A lo mejor es inconsciente, pero es una forma de transgresión al meternos a las escenas que nos invitan amistosamente,  sabiendo que habrá dos o tres personas que pondrán su cara. Es interesante ver su reacción. Pienso que una banda puede hacer muchas cosas, no sólo tocando poderosamente o con un buen repertorio. Aquí entra la actitud, la imagen y la forma en que puedas trastocar al público. Actualmente, por lo general ya no sacamos los disfraces, ya no nos sentimos tan chavos para eso. Ahora solo Mayhe usa el vestido. Además, la pandilla ya está abriendo su panorama y eso es parte del show, empiezan a cotorrear. Ya pasamos ese periodo de cuando nos hacían el feo, aunque sinceramente todavía a veces logro ver desde la batería a algunos que nos lanzan sus miradas de desprecio.

Fotografía: cortesía de Los Trans/Euntes

¿Cómo observan la escena oaxaqueña underground en el presente? ¿Qué opinan de ella?
M: Ya no somos parte de una escena o, mejor dicho, esta cambió mucho. Ya recorrimos el indie, el heavy metal, el ska, etcétera. Las nuevas generaciones de músicos no sé qué corrientes practican. Nosotros ya pasamos a ser viejos. Llegamos al punto de hacer nuestros demos y discos. Está difícil, porque la mayoría tocan los mismos covers y, pese a que lo hacen muy bien, no salen de ahí. La escena está funcionando en lo mismo de siempre: amigos invitando a amigos, favores, tocadas sin paga. Antes sí había un poco más de escena e incluso festivales. A mi parecer, ya no hay el mismo ánimo que en el pasado.
RS: En cuanto a los espacios, yo considero que en el centro de Oaxaca, donde antes podías conseguir tocadas, influye mucho la gentrificación. De repente meten música relajada o para bailar, porque a los extranjeros no les gusta el escándalo y sí las cumbias. Eso nos ha cerrado muchísimos lugares. Otra cuestión son las nuevas modas musicales que escuchan nuestros sucesores. Los veo más interesados en oír y bailar corridos tumbados y reggaetón, que no necesariamente está mal. Es lo que les tocó vivir. Pero sí les está costando más esfuerzo. Lo ideal sería invertirle y salir de Oaxaca, si quieres hacer algo más con tu proyecto.

Musicalmente, ¿en qué situación se encuentra el grupo?
M: El tiempo pasa y ya no escucho lo mismo que hace cinco o diez años. Le entro a todo y le digo a Rebeca:  antes las canciones que no podía o quería ponerles atención, ahora lo hago. Ya escuché tanto heavy metal, trash y power que más no se puede. Escuché lo que tenía que escuchar. Musicalmente le entramos a todo, menos al reggaetón.
RS: Hemos avanzado. Creo que ahora tenemos más coherencia. Cuando empiezas una banda, tus canciones pueden durar cinco minutos y no haces nada. Actualmente tenemos una estructura y ya sabemos cuánto tiempo nos tardaremos en grabar. Estamos conscientes de que eso puede demorar y no nos debemos desesperar.

Por cierto, Rebeca, ¿cuál ha sido tu experiencia como mujer baterista en Oaxaca?
RS: No siento que me haya costado trabajo. Afortunadamente, no tuve muchos problemas. A lo mejor uno que otro comentario negativo, pero la verdad nunca hice caso. Yo quería aprender y aprendí. Me pagaron unas clases de joven y de ahí me seguí. Mi idea personal fue siempre hacer una banda de chicas, pero en la búsqueda me topé con Mayhe. Aquí hay muchachas que tocan, pero solo en bares, y hay uno o dos proyectos con mujeres en la batería, aunque ya llevan más tiempo. Ahora me doy cuenta de que se han generado proyectos conformados por mujeres, pero sobre todo en Ciudad de México. Me parece que la única banda que tiene más de dos álbumes es las Ultrasónicas, además de sus proyectos particulares. Sí hay ausencia de chicas; no es total, pero sí son pocas.

¿Qué planes hay para la Los Trans/Euntes este año?
M: Sacar el siguiente disco. Ya sólo estamos viendo cómo van a quedar las canciones, las cuales van a ser doce en total. Tenemos una idea de la portada y hay que trabajar para poder pagarlo. También queremos tocar en donde nos inviten.
RS: Tenemos algunos pocos videos en YouTube, pero yo considero que la verdadera experiencia con Los Trans/Euntes es en concierto, porque nunca sabes lo que va a pasar.

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Publicado en: Entrevista