Ríos de jazz. Cualquiera podría pensar, dada su poca visibilidad en el mainstream, que este género no existe en nuestro país o lo practican apenas algunos locos, cuando la realidad es otra. Existe, pero batalla para difundirse, encontrar espacios, medios y periodistas que lo divulguen.
Cienfuegos
Directo de Guadalajara, Jalisco, llega Cienfuegos, quinteto que luego de Natura elemental (2020), su anterior producción, ahora entrega Viaje adentro, en el que prosiguen con el cultivo de ese sonido inclinado a la fusión jazz rock, pero en esta ocasión lo han tornado un poco más amable con la adición de la vocalista Libni Casher, más el agregado de algunos instrumentos para ellos novedosos en su sonido (piano eléctrico, percusiones autoctónas, flauta, sintetizadores).

El tema que da título al álbum es una composición instrumental con un comienzo afianzado en la electrónica que después habrá de volverse muy accesible, pero nada simple, perlado por momentos por el scat de Casher y se antoja una carta de presentación del sonido actual del grupo en el cual, además de los nuevos recursos instrumentales, se acercan a otros géneros. No faltan los solos brillantes de Chen Quintero (saxofón) y Gilberto Ríos (contrabajo), más la atmósfera del sintetizador del invitado Pedro Romo. Tremenda forma de comenzar.
Una década ha cumplido Cienfuegos y en ella ha desarrollado una propuesta sonora en la que funk, soul y groove se encuentran, pero con la idea de refrescar su sonido. La inclusión de Casher ha impreso un ligero tono pop con sus melodías que ocultan la complejidad de composiciones como “Levitando” (con un muy buen solo más rockero de la guitarra de Pérez-Rul).
“Volando a la Luna” presenta una hermosa pero breve introducción de la sección rítmica y es nuevamente un tema en el cual, sin ser esa la intención, el grupo tiende una alfombra sobre la que brilla más la voz de Casher, sin por ello abandonar el espacio para los solos, en esta ocasión uno del piano eléctrico, seguido por el sax de Quintero.
“Entre ruinas”, por su parte, presenta una bella entrada con la guitarra de Pérez-Rul y ese tono abierto y cálido de su instrumento gana más emotividad cuando Casher introduce su canto. Las composiciones en su estructura abren espacio para diferentes solos de los instrumentos. Aquí, por ejemplo, hay uno de Chen Quintero, apoyado por el contrabajo de Ríos, seguido de otro en la batería de Esteban Zamora y más tarde la guitarra de Pérez Rul es la protagonista.
De “La sombra” dice el grupo: “Es una composición que surgió en una tarde, fue un pequeño regalo; la melodía, la armonía y la letra llegaron de alguna manera al mismo tiempo. Habla de lo binario en nuestra realidad, del afronte y aceptación sobre nuestra parte oscura, sobre nuestra sombra”. Esa espontaneidad en su creación también dota al corte de frescura y éste se desarrolla suavemente, con un buen solo de flauta transversa que lo convierte en uno de los mejores cortes del álbum.
“Espiral” inicia con los arabescos de guitarra de Perez-Rul, el sax y la voz en conjunción y efectivamente parece tender una espiral sonora en la que el tema parece regresar sobre sí mismo cuando en realidad escala y el mejor ejemplo está en el solo de la guitarra que aquí deja de lado las posibles contemplaciones para entregar el mejor performance de la totalidad.
“Oleaje”, el último track, es la balada del disco, el tema espiritual del mismo, ese en el que cada uno de los instrumentos, voz incluida, tiende al infinito, a regiones insondables y etéreas en una música que parece haber sido creada en todos los lugares posibles, menos en la Tierra.
Cienfuegos dice que este es un álbum en el cual se han tomado libertades para experimentar con el diseño sonoro, el free jazz (poco), además de “añadir un toque de paisajismo sonoro a las composiciones para llenar de colores el viaje”, un viaje al final del cual se querrá regresar para reiniciarlo.
Sutra
Sutra –el nombre proviene del poema “El sutra del girasol” de Allen Ginsberg– es una agrupación tapatía formada en 1999 por iniciativa del guitarrista Andrés Orozco y el bajista Balter Ruiz, cuyo debut se dio al año siguiente con un disco epónimo al cual siguieron Intención y Nace (ambos de 2004).

Ahora, el grupo (Gerardo Martínez está al sintetizador y Rodrigo Rico en la batería) hace llegar Sensorial, su séptima producción. Acerca de esa larga sequía, dice Ruiz: “Sutra ha tenido pausas en su historia. Ahora nos encontramos en una de ellas, porque la vida nos ha puesto a trabajar en otros oficios para ganarnos la vida, además de que teníamos muchos años, cerca de diecisiete, de vernos a diario y estábamos un poco desgastados por eso”.
Una palabra muy común en el seno del cuarteto al momento de encarar su música es riesgo. “Sensorial –dice Ruiz–, como todos nuestros discos, es diferente al material pasado y fue prácticamente el cierre del inicio de nuestro receso creativo. El concepto se formó sin intención y creo que es la oscuridad, la fuerza y la incertidumbre lo que define a este disco (una ceremonia ritual)”.
El cuarteto no había estado tan cerca del espacio y al mismo tiempo tan hundido en un laboratorio sintético como en este disco, pero sin dejar de lado el toque humano, sensual. Un par de cortes (“Morfeo” y “Androide”), con la trompeta del invitado Chris Grady (The Grassy Knoll, Living Colour, Tom Waits), funciona como ejemplo. Pero también hay temas inmersivos que sirven como antesala del espacio (“Anguila”, la hermosa “Anémona” y “Ritual”, con sus exudaciones de jazz), al tiempo que mira la fauna galáctica desde ese videorama que es “Aloato” (en realidad un interludio a cargo de su invitado Alex Otaola).
Las composiciones están encadenadas con las texturas producidas por la guitarra de Otaola y contribuyen a la creación de estados de ánimo, como en la profunda abstracción de “Naufragio”, con todo y su coro lejano de presencias muertas (Mónica Zuloaga en la voz) y una bella línea de guitarra. También ayudan a entrar a ese vórtice en espiral, repetitivo y primitivo, por una percusión que al mismo tiempo nos lleva a sumergirnos en el mundo acuático (“Talismán”), sin dejar por ello el espacio, como se propone en “Piscis”.
Hermoso es el viaje por el cual nos lleva Sutra en Sensorial; pero luego de siete años, a quien esto escribe le pareció muy breve. Cuenta su bajista: “Cuando lo grabamos, por cuestiones del destino todos teníamos problemas personales y lo tomamos como una señal clara de recesión. Este material lo hicimos en un interinato en Laboratorio Sensorial y en una semana grabamos los temas en vivo. Muchos de ellos son primeras tomas, había una vibra pesada que aprovechamos para el resultado del sonido. El disco es breve debido a esto. Había otros temas, pero salían mucho la linea de esta producción”.
Un nuevo Sutra es el de Sensorial, más electrónico, espacial, probablemente una extensión natural para una de las agrupaciones que en México ha explorado, sin llegar a la saturación, el krautrock, así como algunos géneros afines. No es una promesa, pero esta vez el silencio no será tan prolongado, anuncian. “Tenemos otro material que saldrá más adelante, pero no ponemos fechas para lanzarlo, porque no nos manejamos así, siempre es por el gusto de hacerlo”, concluye Ruiz Balter.
Vacuum
Detesto los boletines de prensa por imprecisos, pero en el caso del cuarteto tapatío Vacuum, debo reconocer su funcionalidad. Se lee en él que se trata de “cuatro amigos que deciden hacer la música que les gusta, sin restricciones de carácter comercial o estilístico”.

No crea lector que a partir de allí se clarifica mucho el asunto, pero luego sabemos que el grupo integrado por Armando Chong (guitarra, sintetizador, voz); Óscar “Mono” Quiñones (sax, violín, sintetizador, voz); Óscar Ramírez (batería, vibráfono y voz) y Carlos “Charro” Vázquez (bajo y voz) tiende a ser ecléctico. Si bien hay un poco de ello, en su orientación predominan el rock progresivo y el jazz, aunque al momento de componer se allegan otras influencias que ponen en juego a la menor provocación.
Esta agrupación de veteranos ha lanzado un primer álbum (Vacío) en el que se advierte la influencia de King Crimson, Frank Zappa, Jaga Jazzist y, efectivamente, “Animal Hunt”, el corte abridor, es una canción atípica a la manera del Crimson ochentero en la cual no hay gancho melódico fácilmente identificable y sí brutales cambios de ritmo, métricas diferentes y tendencia a lo vanguardista.
La veta del jazz fusión aparece en “Floating Dreams” y “Mambo de mis amores”. En esta última, el género en realidad es un pretexto para que los músicos trabajen sobre él –aunque se detectan algunas frases de un conocido mambo–, pero al final deviene en frenético jam (cercano al free jazz, tendencia que también encontramos en “Matarile”).
“A la izquierda del colibrí” es una muy buena versión a la composición de Jorge Reyes, aparecida originalmente en 1986, mientras en “Espejo” (dotada de una especial densidad cercana al “Starless” crimsoniano) y “Tiempo de vacío”, la agrupación deja ver la habilidad compositiva e interpretativa que posee, la cual se reafirma en “El Tunko”, cuando aparece un violín bastante desquiciado y enervante, pero muy degustable.
No pasará mucho tiempo luego de haber iniciado la reproducción del álbum para que el escucha se percate de que este cuarteto es similar a un blockbuster. Lo compacto de su sonido, la combinación de influencias, la solidez de temas en los cuales hay partes escritas y espacios para la improvisación, el nivel interpretativo, hacen de Vacuum un secreto muy bien guardado, capaz de acometer una revoltura de mambo, salsa y rock y darle una forma coherente, como es el caso de “Jitomate cebolla chile mi niño”, y salir airosos del experimento.
“Crear los temas fue relativamente rápido”, señala el bajista Carlos Vázquez. “Lo que nos llevó más tiempo fue sacar el álbum”. Hinque usted el diente a Vacío y seguramente se volverá adicto a este combo. No se preocupe si le da hambre: Vacuum ya trabaja en nuevas composiciones.