El Whats me despierta a las siete menos cinco de la mañana con una pregunta pertinente: “¿Te divertiste anoche?”. Pienso en el significado de divertir (“entretener, recrear”, me dice el diccionario) y contesto: “Pues no sé si divertirse sea la mejor palabra… Estuve cerca del cielo más de dos horas”. Minutos más tarde, mi interlocutora revira: “Bueno, ¿tuviste una experiencia sobrenatural que hayas disfrutado al punto del éxtasis?”.
Entonces comenzaron mis problemas: ¿y ahora cómo describo lo de anoche, cómo convierto lo sobrenatural en algo terrestre, comunicable con palabras?
Viernes 19 de abril de 2024, Auditorio BlackBerry. 20:35 horas. Steve Hackett, guitarra en mano, aparece sobre el escenario acompañado de la banda con la cual gira de unos años a la fecha: Roger King, teclados; Rob Townsend, sax, flauta, teclados, voz; Jonas Reingold, bajo; Craig Blundell, batería, percusión (el vocalista Nad Sylvan se les unirá poco después).

El guitarrista no escatima. El arranque es potente. Temas de su más reciente producción The Circus and the Nightwale, combinados con las composiciones de producciones anteriores (“The Devil’s Cathedral”, “Everyday”, con un delicioso toque pop, un hermoso solo y el momento más “rockero” de la noche, cuando Townsend, Reingold y Hackett se ponen en fila cual si hubieran ensayado una coreografía: “Basic Instincts”, con un solo de bajo de Reingold en plan virtuoso, incorpora guiños a Ennio Morricone e interactúa con el público).
Decir que el audio es impecable, la interpretación de cada uno de los integrantes del grupo excepcional y la capacidad performática insuperable es redundante, porque a ello hay que añadir que Hackett, desde el comienzo, estableció una magnífica comunicación con los asistentes y esto lo hizo sentirse cómodo y hasta sublimarse. Incluso habló en español y aunque dijo un desvaído “Viva México”, lo soltó de corazón.

El cierre de esta primera parte fue con “Camino Royale” y “Shadow of the Hierophant”. El guitarrista anunció un intermedio de veinte minutos y luego Foxtrot, así, muy al caso, como si dijera una nadería.
Foxtrot (1972), sabemos, es el cuarto álbum de Genesis, segundo grabado ya con la formación clásica y desde el año pasado Hackett lo ha celebrado con un tour al cual tituló Foxtrot at Fifty + Hackett Highlights (plasmado ya en un álbum registrado en concierto en Brighton, Inglaterra, en 2023).
El guitarrista tenía 22 años cumplidos cuando Genesis plasmó dicha placa. ¿Cuánto tiempo practicaba en la guitarra? ¿Iba a las sesiones de grabación en auto o en el Tube? ¿Sabían él y la agrupación que tenían muy buenas canciones entre manos? Mientras la larga intro de “Watcher of the Skies” suena, esa y otras preguntas me asaltan. Supongo que dudas como esas deben estar escritas en algún lado, pero saber sus respuestas nada abona a lo que quien esto escribe y los fans de cepa de Genesis vivirán durante la siguiente hora.
Haces la cuenta. 52 años ha que estas canciones comenzaron a circular y se escuchan tan robustas o probablemente más que en el momento de su aparición; pero, además, cada una de ellas contiene instantes icónicos, pasajes que sin duda están salvaguardados o deberían estarlo en la historia de la música, sin pensar en género alguno (“Supper’s Ready” incluye varios).

Dice Wikipedia que “Horizons” comienza “con la idea central del preludio de la “Suite para violoncello no. 1, BWV 1007” de Bach y luego desarrolla un tema propio con un estilo algo barroco”. Eso no dice cosa alguna cuando piensas-sientes-atestiguas esos dos hermosos minutos que son suficientes para darle sentido a la noche. Tampoco hay una forma puntual para describir ese atropellamiento de emociones que se desencadenan cuando Hackett y compañía interpretan “Get’ Em Out by Friday” o la embriaguez sensorial en “Can-Utility and the Coastliners”.
Sin preámbulo, sin pausas, Foxtrot se entrega de principio a fin y verlo-escucharlo me lleva a pensar que eso es lo más cercano que estaré de ver al Genesis setentero.
“Supper’s Ready” sería el cierre perfecto, pero el londinense va por más. El encore es el mismo que el del Foxtrot at Fifty + Hackett Highlights: “Firth of Fifth”, un solo de batería de Blundell y “Los Endos”.
En la primera, en la versión original, la flauta hace un breve solo; aquí, Townsend la sustituye por el soprano y si esos 35-40 segundos ya eran bellos, en directo se escuchan sublimes, rematados por el solo de Hackett que parece un pequeño remolino que te envuelve y levanta grácilmente del suelo unos cuantos centímetros para luego depositarte de nuevo sobre él. Y “Los Endos”, vertiginosa, con sus dinámicos cambios, se ha vuelto la composición idónea para poner punto final al espectáculo.
No hay más, no puede haberlo. Simplemente es necesario asimilar lo vivido. Hackett lo volvió a hacer. Igual o mejor que la última vez que estuvo aquí. Decir que es un gran músico es subrayar lo evidente, pero nuevamente, llegados a la conclusión, las palabras son insuficientes para describir cabalmente lo acontecido. No, no fue una experiencia sobrenatural. Afortunadamente fue muy terrenal, totalmente tangible y sí, los allí presentes la disfrutamos al punto del éxtasis.