Al escuchar el apellido Eastwood, automáticamente pensamos en el extraordinario cineasta y actor Clint Eastwood, pero la sorpresa es que ahora nos ocuparemos de su hijo Kyle, quien heredó de su padre no sólo lo bien parecido sino su profundo amor por el jazz.
Desde muy joven, Kyle —nacido el 19 de mayo de 1968 en la ciudad de Los Ángeles, California— se interesó por el cine. Con la idea de convertirse en director, asistió durante año y medio a una academia cinematográfica, pero entonces se dio cuenta de que la música era lo que realmente lo llamaba. Así, abandonó la escuela y comenzó a estudiar música y a practicarla: nunca regresó a sus clases de cine.

Kyle Eastwood creció en un medio propicio para amar al jazz. Es sabido que su padre es un fanático de esta música; incluso dirigió en 1988 la cinta Bird, sobre la vida del genial jazzista Charlie Parker, y continuamente usa el jazz en las pistas sonoras de sus películas, como en Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), por poner un ejemplo. “El jazz es con lo que yo me crié. Era la música que les gustaba mis padres. Nueve de diez veces, en casa la música que sonaba era el jazz”, comentó hace algunos años.
El joven músico empezó a tocar el bajo eléctrico cuando estudiaba preparatoria. Tenía muchos amigos en la banda del escuela y la mayoría eran bateristas o tocaban la trompeta. Sin excepción buscaban a un bajista, así que siempre había lugar para él. A los dieciocho años empezó a asistir a clases de bajo y a los veinte, después de que lo tomó ya en serio, comenzó a tocar el contrabajo.
Aparte del aprendizaje teórico y técnico, Kyle tuvo sus mejores enseñanzas en la práctica, al participar en muchos jam sessions con excelentes jazzistas. Formó parte también de una banda de fusión y acompañó a un par de cantantes de pop. Después de aprender a leer música, tocó el bajo en sesiones fílmicas. Más tarde fundó su propia banda en los Ángeles, misma que duró cerca de cinco años. Fue con esa agrupación que se presentó en el Carnegie Hall, en 1996, durante un homenaje jazzístico en honor a su padre. Ahí sorprendió al público con su interpretación a “This Time the Dream’s on Me”, la cual quedó grabada en el álbum del concierto, Eastwood After Hours.
“No soy un purista, aunque el jazz sea mi primer amor”, afirmó Kyle alguna vez. Su debut discográfico, From There to Here (1998), muestra a un músico sólido y maduro, con instrumentaciones que varían en los diferentes arreglos, ya sea con meras percusiones o con la dotación de una big band, con temas que van de una canción de Tom Waits (“I Beg Your Pardon”) hasta una favorita de Frank Sinatra (“In the Wee Small Hours of The Morning”), rodeado de músicos de primer orden, como David Sánchez, en el sax tenor, o de cantantes como Julia Fordham, Diana King (con una seductora versión de “Why Can’t We Live Together” de Timmy Thomas) y Joni Mitchell, quien canta magistralmente “Trouble Man” de Marvin Gaye.
Otro detalle poco usual de este álbum es que Eastwood no interpreta muchas partes solistas en el contrabajo, lo cual es de agradecer, pues esto lo hace más variado y agradable para el oído. Con esta actitud demuestra su modestia, al no tratar de lucirse y atiborrarnos de solos. El álbum sirve además como debut para los miembros de su grupo: Doug Webb (saxofón), Matt McGuire (piano) y Kendall Kay (batería). Webb compuso la pieza que abre el disco, “Stanley Hill Dr”; McGuire es el autor de cuatro cortes y, junto con Eastwood, compuso “Da Da Ba Ba Nu Nu”.
A From There to Here siguieron otros ocho álbumes, entre ellos Paris Blue (2004), Metropolitain (2009), Songs from the Chateau (2011), Time Pieces (2015) y Cinematic (2019). Además, Kyle participó en los soundtracks de varias películas de su padre, como The Rookie (1990), Mystic River (2002), Million Dollar Baby (2004), Gran Torino (2008) e Invictus (2009). Hasta ahora no ha escrito el score de un filme completo, aunque dice estar interesado en hacerlo algún día.
Establecido actualmente en el ámbito jazzístico de Nueva York, Kyle Eastwood sabe sin embargo que Hollywood sigue corriendo por sus venas. Lo lleva en la sangre.
excelente