Aunque su segundo disco, Give’ em Enough Rope (1978), con sus muchos atributos, fue una obra clave para The Clash, el álbum London Calling (1979) se convirtió instantáneamente en su obra maestra, un trabajo en el cual la contundente agrupación londinense incorporó la estética del punk a la mitología del rock’n’roll. En esta obra, además, se reunió una gran cantidad de estilos musicales, desde el reggae y el punk hasta el rockabilly, el ska, el rhythm’n’blues (al estilo Nueva Orleans), el pop, el be-bop y el lounge. Mientras muchas de las canciones del álbum —en particular “London Calling”, “Spanish Bombs” y The Guns of Brixton”— son explícitamente políticas, otras exploran temas sociales o individuales, con letras tan irónicas y explosivas como lo es la música de cada uno de los diecinueve temas contenidos.
Al contrario de los Sex Pistols, cuya propuesta era iconoclasta, caótica y planeadamente anarquista, The Clash (su nombre significa algo así como “el estruendo”) buscó desde sus orígenes diferenciarse de la mayoría de los grupos existentes no sólo en Gran Bretaña sino también en Estados Unidos y algunos otros países, principalmente de Europa. El cuarteto estaba convencido de que el rock había perdido muchos de sus valores originales. La rebeldía juvenil, el cuestionamiento de lo establecido, la negativa a integrarse a un sistema cuadrado y castrante, eran aspectos que a finales de los años setenta –tiempos en los que la industria discográfica se dedicaba alegremente a domesticar a los músicos por medio del star system– parecían a punto de desaparecer para siempre. Joe Strummer, Mick Jones, Topper Headon y Paul Simonon intentaban restaurar esos atributos primigenios, fundamentales para que el rock no perdiera su esencia. Es en este contexto que deben analizarse sus discos, desde The Clash (1977) a Sandinista! (1980) y Combat Rock (1982), pero muy especialmente y más que ningún otro, el London Calling, su obra cumbre.
Para las grabaciones de este álbum doble (sencillo en su versión en disco compacto), The Clash eligió como productor a Guy Stevens, quien había tenido mucho que ver en la existencia de uno de los proyectos musicales más admirados por Strummer y compañía: Mott the Hoople, el grupo del enigmático Ian Hunter. Stevens había sido un legendario DJ que al final había optado por la producción. De personalidad entusiasta, sus talentos habían sido ignorados por la escena del rock, hasta que The Clash lo llamó para trabajar en London Calling y los resultados fueron notables. Su mano se nota, por ejemplo, en la inclusión de metales y piano dentro de las clásicas composiciones de tres acordes del grupo. Su intervención fue evidente en piezas tan estupendas como la versión punk-rocansurfera de “Brand New Cadillac” de Vince Taylor, el down beat del reggae “The Guns of Brixton”, el jazzecito de “Jimmy Jazz”, el power pop de “Train in Vain” o la dulce melancolía melódica de “Lost in the Super Market”. Guy Stevens comprendió a la perfección el triángulo Londres-Nueva York-Kingston de la música de The Clash y lo traslado de manera impecable a los surcos de los acetatos.
Para resumir la importancia de esta obra extraordinaria, verdadero clásico del rock de todos los tiempos, reproduzcamos lo que escribió, en forma breve y concisa, el crítico estadounidense William Ruhlman: “‘¿Qué vamos a hacer ahora’, pregunta Joe Strummer en el inicio de “Clampdown”, una de las canciones del disco, pero al momento de escucharla queda claro que The Clash supo resolver el problema, al dar un paso gigantesco hacia adelante y realizar un rock artesanal, sin sacrificar las convicciones que los convirtieron en líderes del punk. Desde el tema que da nombre al disco y a través de los cortes de reggae, rock y pop que lo conforman, este es uno de los álbumes fundamentales de su época”.
