Solemos recordar a los años veinte del siglo pasado como una época mítica. The roaring twenties (los felices veintes), como se les llamaba en Estados Unidos, cuyo cine se encargó de hacerlos más legendarios aún. Década relativamente próspera y pacífica, en la que las costumbres se relajaron y la gente de muchos países occidentales dio rienda suelta a la libertad y la creatividad. Decenio en el que el arte y la cultura tuvieron un notable florecimiento, tanto en París como en Nueva York, en el Berlín de la república de Weimar como en la ciudad de México (fue la etapa en la que surgieron aquí el muralismo, el movimiento literario de los Contemporáneos y la avanzada cultural y educativa del vasconcelismo).
Situados entre las dos grandes guerras mundiales, los veinte fueron años en los que el mundo sintió que el siglo XX sería espléndido para todos, hasta que la crisis económica de 1929 acabó de golpe con cualquier ilusión y sembró las amargas semillas de lo que pocos años después serían el nazismo, el fascismo, el estalinismo y la Segunda Guerra Mundial.
¿Como era la música de aquella época, especialmente la de 1924, año del cual estamos cumpliendo cien años exactos? (porque sí, quizá muchos no lo hayamos interiorizado, pero estamos en los años veinte del siglo XXI).
Recordemos una decena de canciones que gozaron de gran popularidad internacional hace justo una centuria.

1.- “Rhapsody in Blue”. George Gershwin. Quizá la composición de aquel 1924 que más ha trascendido a lo largo de los siguientes cien años. El suntuoso y bellísimo tema orquestal de Gershwin –que gracias a la película Manhattan (1979) de Woody Allen todo el mundo identifica con Nueva York– es una pieza cuya melodía está inscrita en el inconsciente colectivo de millones de personas de todo el planeta. Una joya absoluta de la música universal. Un clásico.
2.- “Parlez moi d’amour”. Lucienne Boyer. Una preciosa y delicada chançon francesa que se hizo muy popular en aquel año. Su intérprete original, una joven cantante de 21 años nacida en Montparnasse, a la orilla izquierda del río Sena, en París, fue muy amiga del cantante argentino Carlos Gardel, quien en la misma capital de Francia grabaría la pieza. Además de la versión de Boyer, incluimos una más contemporánea, por parte de Tatiana Eva-Marie y la Avalon Jazz Band.
3.- “It Had to Be You”. Isham Jones & his Orchestra. Un tema clásico, un standard que ha trascendido a cien años de haber sido dado a conocer. Innumerables son las versiones de esta preciosa pieza, cuya interpretación instrumental original, con detalles un tanto humorísticos, fue grabada por la orquesta de Isham Jones, su autor, en aquel 1924. Tiempo después, Gus Kahn le escribió una hermosa letra para que grandes voces de todos los tiempos la hicieran suya. Aquí la versión primigenia y la de la maravillosa Billie Holiday.
4.- “Trouble in Mind”. Thelma La Vizzo. Grabado en un estudio de Chicago, en 1924, este blues compuesto por Richard M. Jones (quien acompaña al piano a la intérprete) lograría una enorme popularidad por su mensaje relativamente optimista (“Trouble in mind, I’m blue / But I won’t be blue always / ‘Cause I know the sun’s gonna shine in my back door someday”). En años posteriores tendría versiones de gente como Sam Cooke, Aretha Franklin, Nina Simone, Jerry Lee Lewis y Eric Clapton, entre muchos otros.
5.- “Charleston”. Arthur Gibbs & his Gang. El charleston fue uno de los ritmos bailables por antonomasia de los años veinte, una derivación del foxtrot que provocó furor sobre todo entre los jóvenes de Occidente. Su sonido suele asociarse con la literatura de Scott Fitzgerald, en especial con su novela El gran Gatsby. Esta composición (que en realidad estaba dedicada a la ciudad de Charleston y de manera un tanto involuntaria dio origen al nombre del nuevo ritmo) fue la primera que se realizó dentro del género y a partir de ahí sobrevinieron como en cascada cientos de piezas similares que se escuchaban en los salones de baile de la época.
6.- “La leyenda del beso”. Reveriano Soutullo y Juan Vert. Este tema orquestal se ha convertido en un clásico de la música instrumental. Se trata del intermedio de la zarzuela española del mismo nombre, estrenada precisamente en 1924. A principios de los años ochenta, sería convertida en canción por el compositor Juan Carlos Calderón y popularizada como una balada bastante cursi por el grupo vocal Mocedades. Aquí, mejor, la versión original para orquesta.
7.- “California, Here I Come”. Al Jolson. El popular cantante que en 1927 se haría mundialmente famoso por su aparición en la primera película sonora de la historia (The Jazz Singer), logró un gran éxito tres años antes con esta canción de su autoría, a la que supo imprimir su singular y curioso estilo interpretativo. De hecho, fue la tercera canción más escuchada en Estados Unidos en 1924.
8.- “Chicago Blues”. Clara Smith. Conocida como “la reina de los gemidos (queen of the moaners), Smith logró con este tema, acompañada por su banda de jazz, uno de sus primeros éxitos. Aunque no obtuvo mucha fama posterior, Smith alternó con grandes estrellas de la música de su tiempo, como Louis Armstrong, Bessie Smith y Fletcher Henderson. También fue la mentora nada menos que de Josephine Baker, quien lograría una enorme fama en Europa, sobre todo en el mítico París de finales de los años veinte y principios de los treinta.
9.- “Recuerdo”. Osvaldo Pugliese. Versión instrumental de este famoso tango publicado en el año 24 del siglo pasado. La música es de Pugliese y en la versión cantada, la letra pertenece a Eduardo Moreno. Originalmente se llamó “Recuerdo para mis amigos”.
10.- “Wild Women Don’t Have the Blues”. Ida Cox. La espléndida cantante grabó este tema, una de sus canciones insignia, en 1924, para volverlo inmortal. Un blues desafiante y sensual al que supo dar toda el fuego que requería. La versión que aquí presentamos es posterior, de 1960, acompañada por el gran saxofonista Coleman Hawkins, y forma parte del último disco que grabó Ida Cox, a los 64 años de edad. Fallecería, ya en el retiro, en 1967.