The Residents y el tributo más bizarro a Elvis Presley

¿Cómo describir a The Residents, una de las agrupaciones más extrañas, vanguardistas y provocadoras de la historia del rock sin que sepamos bien a bien quienes eran los músicos que la conformaban? ¿Cómo definir su propuesta musical, letrística y escénica?

Irónicos a más no poder, retadores, subversivos, irreverentes, los Residentes (fundados en 1966) se mantuvieron durante casi medio siglo (su última gira se registró en 2014) como una propuesta musical minoritaria, de verdadero culto, sin que modas, tendencias o corrientes musicales imperantes influyeran en su trabajo, siempre sarcástico, siempre explosivo, siempre novedoso.

Determinar cuál es la obra maestra de este grupo, cuyos integrantes invariablemente aparecían con disfraces estrambóticos y máscaras pasmantes, resulta muy difícil. Tal vez The King & Eye (Enigma Records) no sea su mejor disco, tal vez sí, pero el concepto mismo del álbum hace que lo hayamos elegido para mostrar aspectos de las ideas musicales, literarias y de puesta en escena que volaban alrededor de The Residents. ¿Era rock lo que hacían? Sí, pero alimentado con los más diversos elementos tomados del jazz, el blues, el soul, el avant-garde, la electrónica, el noise, la música concreta, la música de concierto del siglo veinte e incluso la música popular de los Estados Unidos, su país natal (el grupo es originario de Shreveport, Louisiana, aunque comenzó a destacar en San Francisco).

Con varios discos precedentes (desde el debutante Meet The Residents de 1972 hasta sus álbumes de homenaje a compositores estadounidenses o sus sensacionales The Third Reich Rock ‘n’ Roll y God in Three Persons), The King & Eye apareció en 1989, hace exactos 35 años, como un tributo-antitributo a Elvis Presley.

Los Residents gustaban de grabar versiones de piezas clásicas, con un estilo absolutamente delirante y escabroso. Lo hicieron con temas de los Beatles, los Rolling Stones, James Brown, Hank Williams e incluso George Gershwin. Sin embargo, un álbum entero con piezas todas de un solo artista únicamente se dio con The King & Eye, disco en el cual reinterpretan varios de los más conocidos éxitos del cantante nacido en Tupelo, Mississippi.

La forma como el grupo aborda las canciones de Presley en este larga duración coquetea todo el tiempo con la crueldad paródica, pero logra mantenerse dentro de los límites de cierta ternura compasiva. Es decir, The Residents se burlan aquí de Elvis, aunque nunca con demasiado escarnio. Hay una clara deconstrucción de clásicos como “Don’t Be Cruel”, “Blue Suede Shoes”, “Heartbreak Hotel”, “All Shook Up”, “(Let Me Be Your) Teddy Bear”, “Burning Love” o “Viva Las Vegas”, entre varias más, pero todo el tiempo son reconocibles y hasta entrañables, a pesar de los arreglos discordantes y la voz nasal y sardónica del vocalista, quien remarca hasta el extremo el acento sureño de El Rey.

Entre la veintena de canciones que contiene el disco, hay intercalados cinco segmentos numerados bajo el título de “The Baby King”, en los cuales un hombre adulto y dos niños (al parecer, un abuelo y sus nietos) discuten como eruditos los traumas infantiles del cantante y hablan acerca de su mente y de los simbolismos –incluso religiosos– de su subconsciente.

Es claro que a muchos fanáticos de Elvis, en especial a los más puristas, les parecerá que The King & Eye es un disco irrespetuoso en grado sumo y de seguro más de uno lo aborrece. Pero basta con una pequeña dosis de sentido del humor para gustar de él y hasta disfrutarlo plenamente.

Tal vez lo más notable de este álbum es que The Residents, sin cambiar una sola palabra de las letras originales de las canciones de Presley, consiguieron mostrar su lado oculto, su parte oscura, una especie de fase hasta diabólica (¿Hellvis?) del cantante, pues con la sola intencionalidad interpretativa lograron transformar el sentido de temas como “His latest Flame”, “Return to Sender” y hasta de la dulce “Love Me Tender”, para acentuar su insanidad pasional y sus delirios, todo bajo un manto de humorismo negro francamente demencial.

Álbum conceptual (porque está diseñado a manera de historia y mantiene siempre una congruencia narrativa), The King & Eye nos muestra a un Elvis Presley al mismo tiempo tierno y patético, vulnerable y desesperado, infantil y maniático. Es casi una ópera rock, casi un musical, una especie de Tommy de The Who, pero de más bajo perfil, aunque infinitamente más ácido, crítico y despiadado. Al final, uno no sabe cuál Elvis es más real, si el que durante años nos han mostrado los medios y las biografías oficiales o el que, sin la menor contemplación, desnudan (¿e inventan?) los Residents en este disco.

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Publicado en: Discos