Concepción Huerta: el sonido y la furia femenina

Concepción Huerta tiene un nuevo álbum, una placa recién estrenada con el título de The Earth Has Memory (Elevator Bath), pero siempre hay que aprovechar la ocasión de hablar con ella para desplazarse por varios temas y no sólo concentrarse en lo reciente. Esta vez no es la excepción y cuando le comento que me interesa regresar a sus comienzos, esboza una ligera sonrisa y hace una breve pausa antes de contestar.

Ella es oriunda de León, Guajajuato, ciudad que no se caracteriza por una vocación experimental en cuanto a música se refiere, pero cuando se trasladó a estudiar a Guadalajara, las cosas comenzaron a cambiar

“León es como una caja en el tiempo, es muy reducido el panorama y al llegar a Guadalajara justo conocí a un montón de gente con las mismas motivaciones. Ese fue mi inicio. Guadalajara fue muy importante para mí, porque llegué en un momento en el que estaba muy abierta a todo. Hacía foto, videos, el cine era mi pasión en ese momento. Tenía amigos que exploraban mucho, siempre estuve rodeada de gente que hacía cosas distintas”, dice.

Han pasado varios años de esos primeros encuentros y ella nunca imaginó que esas personas con las cuales trabó contacto inicial, con el paso del tiempo se convertirían en colegas: “Varios de mis amigos de la universidad siguen haciendo música. Uno de ellos es Fabricio de la Mora (Par a sito) y está también Uriel Nájera. Arturo Ortega (CCOOWWSS) fue mi maestro de electrónica en la Universidad.  Yo escuchaba un montón de música y era buena en el diseño de sonido. Mi trabajo estaba muy enfocado en lo audiovisual y siempre tuve facilidad para trabajar el sonido desde otro lugar, un poco más en lo narrativo cinematográfico. En una parte de mi carrera también fui sonidista. No hacía música, pero algo hay de relación con eso, en el trabajo del sonido por sí mismo.

Fotografía: cortesía Concepción Huerta

Mi especialidad en la carrera fue la animación y allí construyes el sonido desde cero. Me interesaba hacer foleys, cómo un sonido se puede transformar en algo diferente. En la animación es más interesante, porque puedes grabar objetos que representan otra cosa. Por ejemplo, el sonido de un dinosaurio; nadie sabe cómo es, pero de alguna forma se generó. Creo que eso también se conecta con la grabación, con la música concreta, aunque son cosas con enfoques totalmente distintos”.

Razones personales, así como la inseguridad y la búsqueda de un nuevo trabajo se conjuntaron y Concepción Huerta decidió trasladarse a Ciudad de México. Antes, había colaborado en la documentación de Socioacucia, un festival en Guadalajara, en donde trabó contacto con músicos con quienes habría de encontrarse años después.

“Al llegar me di cuenta de que había millones de conciertos de música experimental”, dice. Por ejemplo, los que se organizaban en Volta. ¿Cómo podía hacerse un concierto en un museo que está a punto de caerse, ja ja? Todo fue increíble. Iba a todo lo que podía. Tenía mucha energía, escuchaba de todo y documentaba, porque mi idea era hacer un documental de música experimental con Nancy Molina. Empezamos a grabar mucho y presentamos un primer corte en el X Teresa que se llamaba La destrucción del silencio, algo así le iba a poner al documental y fue un proyecto que ahí está enlatado”.

Ella seguía con el diseño sonoro, pero un día comenzó a hacer música: “Trabajaba con sonido y grabación de cassettes desde mi casa. Siempre tuve un archivo de cosas grabadas, siempre me encantaron los formatos de video y audio. Estuve trabajando con Fernando Vigueras la documentación de sus piezas y él, en ese momento, me dijo: ‘Tú tienes una forma de anticiparte al sonido’. Decía que mis registros eran como si pudiera intuir qué sucedería, como que siempre registraba las obras hacia donde iban, que era como si yo entendiera el sonido desde otro lugar y que me invitaría a tocar. Para mí, la verdad fue muy traumático, porque siempre fui de las personas a quienes les daba pena exponer en clase, me ponía roja, de verdad mi cuerpo sufre bastante ansiedad, pero creo que trabajar la pieza ‘Derrumbes’ desde lo audiovisual con Rodrigo Ambriz fue todo un proceso. Trabajé con sonidos abstractos que grabé en cintas, quedó muy bien la pieza y al final creo que la musicalidad vino por todo mi proceso después del sonido. Fue pensar: ¿qué elementos tengo? Las grabaciones, los formatos, los puentes entre lo digital y lo analógico y así, hasta incorporar cosas. En el último disco, The Earth Has Memory, trabajé con sintetizadores. Allí hay más elementos de estructura musical y aunque fueron cosas no tan pensadas o compuestas desde ese lugar, sino de una manera más intuitiva y sensorial, creo que ahí están los frutos y ahora mi camino es aprender más en la medida en que no sea tan rígido para mí. No quiero hacer grandes piezas, sólo quiero explorar el sonido y la música en sí misma, entenderlo y que vaya por donde tenga que ir”.

¿Dónde dejó de ser una diseñadora de sonido para convertirse en música? Dice: “Creo que fue en el disco pasado (Harmonies from Betelgeuse). Entendí mucho de mi conexión con el sonido. Aunque no escribo partituras, entendí que ya era algo que reconozco, está en mi escucha y desde allí lo puedo hacer. Me he dado cuenta de que en mi proceso la escucha juega un rol importante, colaborar con otras personas que vienen desde distintos lugares y poder tocar se me hace de las cosas más interesantes”.

Hace rato que Concepción Huerta concluyó su almuerzo y ahora está más suelta. Comienza a articular todavía mejor las ideas y nos ayuda a desentrañar ese trabajo cuyas resonancias son en cada incursión discográfica más sólidas. Cuenta: “Personal Territories (Static Discos, 2019) tiene cuestiones musicales, pero viene desde un lugar más cercano al noise; no quería que se entendiera nada, sino que el sonido fuera súper invasivo y te llegara al pecho. Fue poner muchas cosas simbólicas, hablar de la violencia. La primera vez que escuché a alguien en vivo fue a Dave Phillips que tocó con los micrófonos de contacto y me acuerdo perfectamente lo que sentí cuando lo escuché y dije: ‘Claro, esto me gusta’. Hay algo del noise que me gusta mucho y es toda esa disonancia y, no sé, lo siento como una fortaleza; hay algo de enojo allí”.

Fotografía: cortesía Concepción Huerta

En la evolución seguida por Concepción Huerta, ha pasado de ser una improvisadora a convertirse en compositora: “Ya aprendí a componer para cinta, pensar el sonido por medio de los recursos que tengo y hacerlo. No todo es improvisado, hay cosas que grabo para cierto momento, aunque por la cinta y la tecnología nunca te va a dar la precisión como la gente que produce música desde Ableton”.

Le pregunto por el rasgo que define su música y ríe: “Me hiciste acordar de alguien que me dijo un día en un festival que lo que hacía era ambient dramático. Al final, creo que es el tipo de sonidos y de frecuencias que utilizo, cómo las empleo. Aunque van mutando, siento que hay algo que siempre es como aparte de mí por estarlo explorando. Hay sonidos que sé que jamás haría en mi vida, hay tonalidades que no empleo porque no me gustan. Creo que lo que comparto es un gusto muy personal, porque el sonido no lo veo sólo como hacer música para los demás, también es para mí. Veo el sonido del otro lado de mi vida, en paralelo; no como algo estrictamente utilitario, sino como una cosa que va evolucionando con las cosas que voy pensando, sintiendo, incorporando”.

Con frecuencia se cree que la música electrónica no posee trasfondo, se encuentra exenta de preocupaciones, postulados o compromisos, pero en la música de la oriunda de León hay una inquietud manifiesta por la violencia y su música es como un efecto de retorno: en ella devuelve lo recibido.

“Es justo el proceso en el que estoy”, comenta. “Por eso mi música ha cambiado tanto. Justo es lo que me pasó en Personal Territories. Decía: la violencia se siente de esta forma. Mis proyectos actuales se preguntan cómo se puede trabajar la violencia desde un lugar donde no hacer lo mismo. Estoy en eso, en esa investigación. Cada disco es como un reflejo de mi estado emocional, The Earth Has Memory trata de frecuencias graves. Necesitaba explorar las frecuencias que inviten a la presencia sin ser abrasivas o dolorosas, como esa cuestión que tiene que ver con la meditación que es un proceso que viví para centrarme. Escuchar esas frecuencias me mantenía en la tierra y todo se trata de la tierra y de la inmensidad de lo profundo”.

Toda una herencia de la pandemia, le digo. “Yo creo que sí, allí entendí mucho de esa pieza que tiene Pauline Oliveros sobre el enraizamiento, de todas mis terapias de meditación que hice y en las que los niveles de ansiedad me llevaban por todos lados. The Earth Has Memory fue algo que dije cuando se repitió el temblor el mismo día y a la misma hora. Caminaba por Santa María la Ribera y algo me hizo decir esa frase y entendí la psiquicidad de los ciclos. Van a pasar cosas que se van a repetir y la Tierra es algo mucho más importante que nosotros y es donde estamos parados. Ayer veía nuevamente la película The Fire of Love y los vulcanólogos hablan de que el centro de la Tierra es el corazón y que el resto es como la circulación de la sangre, toda esa furia, esa lava que puede destruir en lo profundo. Estamos muy hacia afuera, pero por dentro hay algo que tiene que ver con una historia fuerte, al menos para nosotros y todas las especies que estamos aquí un tiempo. Por allí va este disco que también habla de las formaciones desde un aspecto más personal, habla de las grietas, de lo que significan, habla de los temblores y las trepidaciones, pero como siempre, manejo un nivel personal que me ha costado separar. Es un disco de paisajes sonoros y estuvo muy loco, porque en 2022 fui a un seminario de Olivia Block. Ella trabaja mucho con grabaciones. Fui a su concierto en Casa del Lago y es uno de los que más me han gustado por la forma de trabajar el sonido en vivo. Nos pusimos en contacto, le dije que estaba terminando un disco, pero que había cosas que aún no concluían, lo escuchó y me posprodujo dos temas. Ella puso lo que faltaba para terminar esos paisajes”.

Fotografía: Pablo Peña

Allá donde Harmonies from Betelgeuse proyectaba luz, calma, serenidad, The Earth Has Memory despide sombra, desazón, angustia. Es como un aliento gélido y constante, capaz de abatir tu optimismo.

“Para ese disco en particular estaba pensando en lo que me generaban las frecuencias graves, entonces decidí explorar tal lugar”, afirma. “Hay un par de cortes hechos con Buchla, utilicé todos los sintes que estaban en esa residencia. Y es que en el sonido de Concepción Huerta todo está hecho tan diferente… Pero sé que ésa soy yo, eso es algo que puede gustarme, todo se relaciona, ciertos formatos, frecuencias, formas de grabación y tonalidades que están repetidas en mi trabajo. Este disco cerró perfectamente, aunque no estaba muy consciente en ese momento de lo que estaba haciendo. Lo reescuché y me dije: ‘Claro, todo esto tiene sentido’. Es como las cosas de la vida: a veces no sabes que te llevan a un lugar y tiempo después encuentras la explicación. Ha sido un viaje que aún no entiendo a la perfección, pero ha sido bastante interesante”.

Concepción Huerta ha trabajado con mujeres y hombres por igual; sin embargo, uno de sus proyectos todavía no concluido es una grabación realizada exclusivamente con féminas, como, entre otras, Albania Juárez, Mónica Goded, Alina Maldonado y Ana Paula Santana.    Únicamente mujeres porque “hay una cuestión sónica muy diferente con ellas”, comenta. “Siento que las mujeres nos aproximamos al sonido desde un lugar muy distinto. Para mí, este proceso de grabación era como surgir. Todo partió de la improvisación, no había nada dicho, fue un flujo constante. Estoy acostumbrada a tocar con mucha gente, tanto hombres como mujeres, pero quería hacer este proyecto para ver qué podía aprender de ello. La mayor parte de lo que improviso es con las primeras tapes que grabé de manera aleatoria y que a veces ni sé que tienen; es dejar que surja el sonido, que sean solamente pasajes de improvisación con todas esas personas que en un momento pasaron por mi vida. Hay algo muy lindo en no tener una intención, es como cuando te encuentras con alguien y surge algo muy hermoso. Esos encuentros en los que no hay nada, no nos vamos a guiar en ese momento, sólo compartir y ya. Eso es muy abierto, pero surgen cosas muy interesantes. Me falta mucha chamba de ese proyecto aún”.

¿Por qué mantenerse en esto cuando el trabajo creativo en México es muy difícil? Responde: “A mí me ha dado mucha satisfacción personal, he tenido la oportunidad de trabajar en otras cosas, no busco vender miles de discos, no es mi tirada. La música me ha dado para aprender un montón, para pensar nuevos caminos creativos y de cosas que quiero explorar como la cuestión de cómo incide el sonido en el cuerpo, todo desde un espacio muy personal. Me interesan los temas de la espacialización. En el sonido no tengo un camino fijo y no vivo de vender copias de discos o de lo que me pagan en los conciertos, pero sí me ha llevado a otros lugares emocionales, intelectuales y eso para mí es muy importante. Siento que es parte de mi camino y lo voy a seguir hasta donde pueda”.

The Earth Has Memory (Elevator Bath, 2024)

“Emerges from the Deep” abre el disco y lo que surge de esas profundidades, terrestres o internas, no se anuncia de lo mejor. Que el disco abra de forma tan oscura es un desafío que Concepción Huerta lanza a sus escuchas, especialmente si el último referente que se tiene es su placa anterior. Aquí hay un sonido base, un drone y sobre él se esparcen oleadas de sonidos, como si éstos estuvieran sujetos a la atracción de la marea.

“The Crack Is Illuminated”, a continuación, es como un drone que se mueve de una bocina a la otra casi imperceptiblemente. Sólo se siente cómo el sonido pasa y se instala en un lado, luego en el otro, pero no lo hace rápidamente. De este vaivén sonoro se desprende una luz cegadora y en medio de eso se alcanza a ver-escuchar algo similar a una voz que produce un efecto de irrealidad, cual si se tratara de un sueño. Mientras eso sucede, nuevos sonidos se deslizan en ese tapiz sonoro que gana complejidad en su armado, pero no necesariamente en su escucha. Si se quiere ser reduccionista, sólo dígase que es ambient.

“Trepidation” es como el soundtrack de una película catastrófica y ello se advierte desde el sonido inicial que deriva en la construcción de un pasaje tenso y encalla en un breve momento de calma, únicamente para repuntar y tornarse tenso, amenazante y premonitorio.

“The Earth Has Memory, the Body Too” es un juego de espejos en el que Huerta expone la dicotomía de un par de memorias. Por un lado, un sonido casi metálico que funciona como soporte y sobre él algunas voces, como si fuera un corazón más grande pero desdibujado por los otros elementos sonoros. El rostro que pinta el corte es dual, misterioso, incierto.

En “The Sacrednees: Minerals & Rhizome”, las frecuencias graves de las cuales habla Concepción Huerta aparecen de entrada y si no causan miedo, sí generan inquietud, expectativa, un poco de intranquilidad, especialmente cuando un sonido agudo y que se intensifica se repite cual loop que se mordisquea y persigue a sí mismo.

En “We Return to the Center”, una pausa, un espacio meditativo se abre, nuevamente misterioso, pero no opresivo como en los tracks anteriores. Produce una sensación de soledad muy fuerte, un vacío difícil de llenar, aunque luego del minuto dos algo de claridad se abre. Pero su influjo es bajo, porque inevitablemente se perla otra vez de misterio. No obstante, un poco de esperanza se avizora en ese regreso al centro, pero no al centro de la tierra, sino al de uno mismo.

La conclusión del viaje se da con “From Another Place”,  una composición nacida en el núcleo de un movimiento telúrico, como sinuosas ondas concéntricas que avanzan y  borran todo a su alrededor, para dominarlo y tragarlo. Construya un animal mitológico en su imaginación, despiértelo de su letargo y siéntalo emerger paulatinamente hasta alcanzar la superficie. Una envolvente sensación, muy vívida, uno de los mejores temas del álbum.

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Publicado en: Entrevista