Aletya es una cantautora poblana que a lo largo de sus varios años de trayectoria ha podido sortear favorablemente las vicisitudes de la inestable y áspera escena independiente. Su voz, rostro y personalidad forman parte indeleble del paisaje cultural y sonoro de la urbe angelina, la cual se nutre con sus cálidas e íntimas composiciones de rock pop alternativo. Actualmente se encuentra de plácemes con el lanzamiento de “Sobrenatural”, su más reciente sencillo, pero en esta entrevista que surgió como producto de la casualidad al término de un concierto, hubo ocasión para desentrañar fragmentos poco conocidos de su senda artística y personal.

¿Cómo nació tu interés por la música?
Mi papá me conectó muchísimo con la música a muy temprana edad. Él me daba unas monedas a cambio de que le dijera el nombre de las bandas o los discos que pasaban en algunas estaciones de radio como Rock 101. Bajo ese incentivo, quise saber lo más que pudiera de The Police o Led Zeppelin. Pero ya desde entonces yo sabía que ese ámbito era un paraíso que te salvaba de muchas cosas. De niña nunca toqué un instrumento y tampoco me llevaron a la escuela de música o el conservatorio. Eso ocurrió después, cuando ingresé por mi propio pie a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla para hacer las cosas bien y conocer a profundidad mi oficio. Yo realmente comencé usando sólo mi imaginación, incluso todavía hoy compongo mis canciones de esa forma y luego las transporto a un instrumento. Pero en aquel entonces solía escribir cuentos y letras de canciones sin tener la música. A los quince años me hice merecedora del Premio Nacional de Cuento y Biografía Imaginaria, cuya recompensa consistió en una publicación respaldada por la Universidad Nacional Autónoma de México, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Entonces mi familia y mis amistades me auguraron éxito dentro de las letras, pero me escapé y decidí apostar todo por la música, aunque fue a través de la literatura que llegué a ella. Ya en la universidad experimenté con covers de rock y música clásica, pero sobre todo desperté a muchas realidades de la vida del músico como la competitividad o el riesgo de quedarse exclusivamente en el análisis de piezas y no abrirse a la composición. Durante ese periodo también me regalaron o facilitaron software para grabar, mezclar, secuenciar y masterizar música, y yo me enamoré de esas herramientas, porque me dieron la posibilidad de trabajar sola. Antes estuve buscando mi otra mitad o complemento musical, al estilo de John Lennon y Paul McCartney, pero la vida me dio vueltas y entendí que no necesitaba de alguien para hacer la música que me gusta.
¿Qué me puedes decir de tu placa debut Aletya, de 2007? ¿Por qué esa propuesta sonora es tan diferente al resto de tu discografía?
Ese LP, conformado por doce canciones, no lo encuentras en ninguna plataforma salvo en mi apartado de Bandcamp, porque lo considero realmente un demo. Fue una experimentación que suena a todo tipo de cosas y en cuestión de audio no me complace tanto. Prefiero que la gente me conozca por mi siguiente EP, Aldea imaginaria,de 2012). Aunque debo mencionar que ese primer disco, el cual produje absolutamente sola dentro de mi habitación, trajo experiencias muy bellas a mi vida. Después de casi un año de haberlo hecho, con la ayuda de una PC que me compró mi mamá, el canal televisivo MTV escuchó algunas canciones y me pidió más. Esto sucedió mediante el concurso MTV la Zona, en el que me inscribí y subí un par de piezas. Entonces me invitaron en 2008 a tocar en el Festival Xtremo de Guadalajara, al lado de Moby, Underworld y muchas bandas más. Ese disco está asentado en el electro pop, porque usé herramientas y sonidos electrónicos como secuencias. Hay algo de ingenuidad y jovialidad en esas primeras composiciones. Es como un hijo para mí y me encanta. Sin embargo, me costó algunos años recuperarme de esa primera producción, porque luego de toda la aventura que implicó el Festival Xtremo, no ocurrió inmediatamente nada en mi carrera: ninguna llamada de la industria, un manager interesado, otra invitación a un festival, etcétera. Además, la música electrónica es celosa en cuanto a adquirir buenos aparatos y equipos, de lo contrario inevitablemente te rezagas. Me di cuenta de que la gente que me rodeaba dentro de esa escena invertía mucho dinero y yo sólo contaba con mi computadora.
https://www.youtube.com/watch?v=73o3k40e5Ls
¿Cómo te recompusiste de ese difícil periodo?
Replantee mi proyecto. Consideré que si durante esos años no había pasado nada, no importaba. Tenía una guitarra acústica y podía seguir haciendo canciones. Procedí de forma contraria, ya que al primer disco le inserté tantos detalles que verdaderamente estaba haciendo un trabajo de producción. En cambio, cuando utilicé mi guitarra volví al origen, ya que todas esas canciones del disco homónimo empezaron desnudas, con cuatro acordes y sin arreglos. Por otra parte, si ya no tenía que ocuparme tanto de la música, entonces podía enfocarme más en las letras. Así es como en Aldea imaginaria me hice letrista y cantautora.
¿Sobre qué temas o asuntos sueles escribir?
Siempre predominó la idea y el gusto por escribir canciones sobre las relaciones interpersonales o lo que podríamos calificar como amor, pero no sólo el amor de pareja, sino el amor en todas sus manifestaciones: hacia un padre, una flor y hasta tu mascota. Pero en mis primeras canciones también hablaba de una preocupación social, al menos desde donde yo la experimentaba. Por ejemplo, “When Do We Ride into Stars” retrata parte del inicio de mi carrera, cuando todo lo quería rápido y las cosas no sucedieron así. Esa composición habla de mi frustración, de alguien que se siente enterrada e inútil, pero con posibilidades de alcanzar sus sueños.
Después de tus dos primeras producciones discográficas, a lo largo de los años siguieron varios sencillos, ¿por qué empleaste ese formato para continuar con tu carrera?
Yo produzco según las circunstancias y soy autogestora de mi proyecto. Invierto vida, tiempo, dinero y demás, pero todo depende de mí. En consecuencia, mi producción puede subir y bajar de ritmo. Si al principio pude realizar un LP con doce canciones fue porque yo hice absolutamente todo, pero al final no quedé satisfecha. El siguiente EP lo pude realizar en un estudio de grabación, y ya tenía un ingeniero de audio y contaba con más herramientas. De modo que emplee los sencillos verdaderamente por necesidad y no por moda o tendencia musical.

Sin embargo, también has utilizado frecuentemente las actuaciones en vivo para registrar y dar a conocer tu música, ¿podrías profundizar al respecto?
Ocurre que si no encuentro financiamiento o yo misma estoy imposibilitada para invertir, gracias a las redes sociales puedo subir o estrenar una canción durante alguna sesión acústica. De nueva cuenta esta estrategia surgió como una necesidad que me exigió adaptarme, aunque durante mucho tiempo nunca cultivé las presentaciones en vivo. Cuando tocaba música electrónica era muy complicado tener un grupo, pero como cantautora empecé a tocar noche tras noche y adquirí mucha experiencia, sobre todo en el canto. Es pura práctica. Ya tocaba en varios bares y eventos culturales dentro de Puebla, cuando desarrollé esa faceta de la actuación en directo y sin banda de apoyo. Pero hace aproximadamente cinco años encontré músicos que me acompañan formalmente y ahora cosecho los frutos del tocar en vivo, por eso hay dos discos EP en ese formato: Salón Derrota Session, de (2021, y Sala de Ensayo (Live), de (2022). Esto es así porque en primer lugar ciertas composiciones inéditas tienen la posibilidad de ver la luz, como fue el caso de “Sunday”, y también porque por fin me satisfizo el cómo sonábamos, bien amarrados y maduros musicalmente hablando. Juntos nos llamamos Aletya Full Band.
A lo largo de estos dieciséis años de trayectoria, ¿cómo consideras que ha cambiado tu manera de componer y hacer música?
Me gusta evolucionar. Jamás volteo a ver lo que sucedió en el pasado, sean éxitos o fracasos. Creo que me enamoro más cuando lanzo una rola nueva. Para mí esa es la mejor. En mi caso, al menos tengo ese gustito de sentir que voy dejando todo atrás; pero no me refiero a abandonar mis canciones, sino que no extraño nada. Recuerdo lo que decía Luis Alberto Spinetta sobre que el mañana siempre es mejor y superar tus trabajos anteriores. Con relación a mi sonido, también influyó el hecho de que adquirí hace algunos años una guitarra Fender Stratocaster, la cual le impregna un matiz más profesional a mi trabajo.
Mencióname tres composiciones muy preciadas de tu repertorio y el por qué.
La primera sería “Un extraño poder en mí”, la segunda “Lenu Codrala” y la última “Sobrenatural”. Las tres expresan el hecho de que soy muy vulnerable, a diferencia de lo que suelo mostrar o también por el carácter que normalmente me conoce la gente. Es un secreto público, digamos. Efectivamente, mi padre me formó como una boxeadora de la vida, tengo un carácter fuerte y si no pregúntale a los chavos del grupo que me aguantan o la fama que me precede dentro del medio. De lo contrario no sobrevives. Pero me encantan esas piezas porque son muy desnudas en cuanto a quien soy yo realmente.
¿Cuál ha sido tu experiencia como mujer y cantautora dentro de la escena independiente poblana?
Mi experiencia ha sido muy grata. Puede sonar raro, pero a mí muy pocas veces me ha pasado el toparme con idiotas y con esto me refiero a hombres que no te respetan o son gandallas. Realmente el medio me recibió con puras linduras, lo cual es difícil que una mujer pueda decir. Sí hay mucho machismo y maltrato psicológico, pero desde chica siempre traté de hacerme respetar y no me tocó sufrir ese tipo de roces desagradables. Hace dieciséis años, cuando comencé, no había cantautoras y lo que más encontré fueron hombres, todos ellos buenas personas y con ganas de hacer cosas juntos. Donde sí pasé por algunas situaciones en que los varones intentaron enseñarme las cosas como supuestamente eran y me corregían fue en la escuela técnica de música. Esa fue mi bienvenida. Pero con el tiempo me hice de un nombre y después hasta me llamaban para tocar. Constataron que yo no nada más hablaba, sino que hacía las cosas. Hoy día mantengo amistad y lazos muy fuertes con los cantautores poblanos actuales como Paco Mostro, por mencionar a uno de ellos.
Además de Paco Mostro, ¿con qué otros músicos has colaborado o trabajado?
No tengo tantas colaboraciones, pero con Paco Mostro hice un sencillo en 2017 llamado “Soñé (Milonga No. 2)”. Igualmente, en la placa X, de Iván García y Los Yonkis, participé en 2022 con el tema “Brindis”. Por otra parte, en 2015 Odinkrsna reversionó mi canción “Champán y chocolate”; me dijo que le gustaba esa rola porque está bien morbosa. Finalmente colaboré en 2014 con el armonicista Jules, músico importante de Puebla, en una versión de “Have a Cigar” de Pink Floyd, al cual titulamos “Coge un habano”. Esta última pieza la castellanizamos a la manera de los rocanroles sesenteros mexicanos de Enrique Guzmán y otros, los cuales le imprimieron su propia creatividad o imaginación lírica. Por eso reitero que, en lugar de tener quejas solamente puedo sentirme afortunada, porque no a todos les han brindado tanto amor como a mí. Pasaron muchos años en los que me vi trabajando sola, pero cuando salí de mi cueva la vida fue distinta.

Entonces supongo que tu opinión acerca de los músicos y la música independiente poblana es favorable.
Resulta curioso. Desde que me inicié, en Puebla se vive cada vez peor de la música y tampoco hay reconocimiento, pero el aprecio de los músicos es con lo que me quedo y hago todo. Por eso mi criterio sobre la escena independiente angelina es positivo, sin dudarlo. Nos hemos hecho juntos. Además, uno está de este lado. Algunos críticos decían años atrás: Puebla está muy mal, nadie le apuesta, sus músicos solo cobran con bebidas y son holgazanes. Pero los que practicamos este oficio sabemos realmente lo que se vive y no está fácil.
“Sobrenatural” es el nombre de tu última composición, la cual estás promoviendo intensamente en redes sociales. Cuéntame de qué trata y cómo la hiciste.
Es mi nueva canción, la hice hace muy poco tiempo y ya está registrada. Como dice el buen colega Iván García: “cuando cae la rima perfecta en la melodía justa”. Precisamente eso sucedió con esta pieza y fue lo que me llevó a grabarla en vivo. Quise mostrarla a manera de semi acústico, como si ya se hubiera escrito desde antes y esta fuera tan sólo una versión diferente. Por eso invité a Adriana Brigante, antigua colega, compañera y amiga de la escuela técnica de música. Le pedí su asistencia, pese a contar con un grupo de planta o apoyo. Sentí que esto era diferente. Ella se encargó del bajo y los coros y yo me ocupé de la guitarra eléctrica y la voz. El nombre de la canción alude a la idea del amor como un fenómeno que carece de toda explicación. Sale de la nada. Una máxima que casi todos hemos sentido o nos ha pasado alguna vez.
Me llama la atención que decidiste grabarla al aire libre y no en algún espacio convencional como otros sencillos del pasado, ¿hay alguna razón en especial?
Siempre me ha gustado ver a Puebla desde las alturas, de modo que suelo frecuentar las terrazas comerciales del centro histórico, las conozco todas y ahí disfruto leer y beber mientas miro por largas horas el paisaje. Por esa razón se me ocurrió grabar la sesión en una terraza de mi elección; no obstante, fue muy difícil que nos la prestaran, ya que son sitios comerciales y no los ceden así nomás. Los administradores me indicaron que tenía que hablar con el propietario, quien estaba hasta el otro lado del mundo. Al final le escribí una carta donde me presenté como artista independiente, le expliqué mis motivaciones y le mandé mi música. Afortunadamente hizo una excepción y pude disponer del espacio. Lo siguiente fue convocar a los amigos que me apoyaron, como la baterista Gabriela de León, quien además de música también es productora y anteriormente me propuso grabar una sesión en directo. Me comuniqué con ella y le dije que esa era la oportunidad. Entre Gabriela, Adriana y yo juntamos los micrófonos, amplificadores, instrumentos, computadora e interfaces. Después de unas tomas, nos gustó la sexta y nació la canción de otra forma. Ahí aconteció, imbuida de una magia diferente y clara. En la videograbación nos ayudó José Fuego, propietario de la productora Fuego Films, y me ofreció dos cámaras de cine con las que grabamos. Se agradece que se den todas esas cosas.
¿En qué momento de tu trayectoria artística te encuentras actualmente?
Estoy en una etapa muy zen y de mucha asimilación, tanto en mi vida como en la carrera musical. He aprendido a ser tolerante, a respetar al otro. Nadie está obligado a hacerte favores o te debe nada. Hoy soy menos egoísta y amo más. Intento aprovechar los instantes que me da la vida. Ciertamente, el aspecto económico dentro de esta profesión se ha vuelto tétrico y cada día es peor. De tal forma que si no aprovechas los momentos gratos, irremediablemente te amargas. Hay que adaptarse y vivir con lo necesario, pero a cambio la felicidad se disfruta al máximo. Asimismo, considero que estoy atravesando por un periodo creativo y de composición muy favorable. A pesar de los años todavía surge la magia. No hay planes en lo inmediato, voy creando al día y me entusiasmo cuando sale algo. Por ahora estoy muy contenta con mi última composición y creo que a la gente le está gustando.