Hoy día, la circulación de música es abrumadora y en medio de esa vorágine, hay producciones discográficas, especialmente independientes, que caen bajo el alud de los blockbusters al grado de perderse.
En esta ocasión, damos un repaso a cuatro álbumes, en su mayoría recientes, enmarcados en el ámbito del jazz y la improvisación libre.
Interstellar Nao, 4tet (FMR records, 2023)
Rick Countryman es un saxofonista oriundo de Massachusetts pero asentado en Filipinas que visita con frecuencia nuestro país. Cuando eso sucede, además de presentarse y tocar en los diferentes foros de Ciudad de México en donde se practican la improvisación libre y el free jazz, lleva a cabo un registro de esas sesiones.
Interstellar Nao es un trío integrado por el propio Countryman, Itzam Cano (contrabajo) y Gabriel Lauber (batería) que para 4tet, grabado en un par de sesiones en Pizza Jazz Café y No Somos Nada Distro Café, se hicieron acompañar por Juan Castañón en la guitarra.
“Demon Chase”, el corte inaugural, “pierde” los primeros instantes en trazar una imaginaria ruta, pero los tanteos pronto pasan y la cuarteta se bate en una improvisación en la cual la velocidad es una constante que no impide a los músicos cristalizar ideas. Castañón parece trabajar por lo bajo, casi de manera paralela al trío; Cano (cuyo sonido es muy sordo por la grabación) y Lauber, luego de tantos años juntos, actúan como uno solo, pero también saben hacerse escuchar cuando así lo demanda la música.
“El canto de los sueños” y “Regreso a la nada”, ambas de más de veinte minutos, llevan a la cuarteta por caminos de exultante libertad. En la primera, Countryman desliza las notas de algo que busca ser un blues y poco a poco se desplaza a otros terrenos, pero los cuatro mantienen la composición en los territorios de lo calmo, de aquello que avanza tranquilamente mientras la gorjeante guitarra de Castañón imprime un tono melódico.

La calma aparente es sólo el anuncio, el preludio de la hecatombe, porque cuando se llega al minuto cinco, incluso antes, Countryman comienza a soplar su sax alto como si fuera el Dios de los vientos y sus compañeros lo secundan. Atención, el vértigo ha llegado y el apocalipsis es inminente, al grado de que por momentos la guitarra de Castañón se pierde para luego reaparecer como una garra punzante y liderar con ese tono rápido, dislocado, de muchas interminables y reverberantes notas.
“Regreso a la nada” es posiblemente el corte mejor grabado, aquel que permite apreciar las sutilezas y la fuerza del grupo, misma que aquí estalla más; no porque los cortes anteriores no lo hagan, simplemente en este todo se escucha más delineado, con el cuerpo necesario: la guitarra de Castañón, con esa vibrante rapidez que de pronto recuerda a un Charlie Christian cruzado con un Bill Frisell o un Fred Frith; Cano se allega el arco y ello le permite generar nuevas sonoridades, mientras Lauber toca cual si girara a su alrededor.
Xaul Matus, Tresdoblar (Edición de autor, 2023)
Guitarrista-flautista, Xaul Matus une fuerzas con Mariana Yunes (batería) y Germán Bringas (sax alto, tenor y soprano) en este EP encaminado al free jazz en el que a pesar del peso de la figura del legendario saxofonista, la tónica es el balance.

Asentado en motivos prehispánicos, “Tlaquetzallah” deja escapar ecos milenarios por la vía de las flautas de barro que interactúan con el saxo de Bringas, mientras Yunes les tiende un alfombra para su mejor movilidad. Matus va a la guitarra continuamente y desde allí le imprime un tono que nos lleva de lo vintage a lo experimental, la cualidad que mejor explotan los tres en esta placa.
Admirables como siempre las intervenciones de Bringas y destacadas las participaciones de Matus y de Yunes (para ambos es su debut en disco) que encuentran en los cortes breves (como “Cipactlah”), en los que Matus deja la guitarra y toma la flauta, suficiente espacio para interactuar con Mr. Bringas. El guitarrista retoma el instrumento de seis cuerdas en “Tlahuitzoctlah”, con ese tono que por momentos es muy íntimo para luego convertirse en una hoja de afeitar. Si hay intenciones épicas en el jazz, éstas aparecen en “Tzitzimitlah”, una composición en la cual por momentos se evoca la grandeza de un pueblo ancestral y sus rituales sagrados y cuando Matus toma la flauta transversa se lleva a cabo un diálogo entre ésta y el saxofón de Bringas, pero también una conversación entre distintas épocas.
Jamurais, Jamurais (Edición de autor, 2023)
El mismo Xaul Matus armó un ensamble de improvisación libre para un experimento sinestésico. Pintor amateur, el flautista creó cinco cuadros con los temas amor (“Yaaj”), dinero (“Ihui”), persistencia (“Cuauhtli”), playa (“Atenti”) y alteración de los sentidos (“Xochipilli”). Invitó a músicos que en conjunto se desconocían, les pidió que dejaran el ego fuera del estudio de grabación y se comportaran como una entidad viva.
“Les enseñé mis pinturas –dice Matus– y esas eran sus partituras. Puse un atril en el centro y en cada composición ellos podrían observar la pintura y dejarse empapar por el tema”.
El resultado se llama Jamuráis y el ensambe está conformado por Ericka Martínez, trompeta; Mariano Rivera, batería; Káleb, guitarra; Vartedium, sintetizador; Xix Sic, voz; Mini Seb, flauta y sax tenor; Andrés Hidalgo, sax barítono y el propio Matus al bajo.
Los cinco temas tienen un eje, pero se explayan de diferente forma. En “Xochipilli” el inicio es muy atractivo, con cierta influencia motorik del krautrock y un vocalista que, conscientemente o no, busca emular a Damo Suzuki. Más adelante el track muta y se encamina más a los territorios de la fusión e incluso en su desarrollo se interna de manera tangencial en el folk. “Tenti”, por su parte, presenta un bajo sensual, una guitarra de líneas sinuosas y poco a poco se orienta hacia el baile, sin llegar a ser explosivo, pero en él encontramos tintes de la música del mundo, aires de batucada. Rn cuanto a “Ihuí”, el tema final, posee un tono semiexperimental, con guiños a un noise ligero pero que nunca deja del lado sus intenciones melódicas.
Jamuráis no alcanza la solidez. Está perlado por buenos momentos –resultado de esa unión de músicos afortunada en el sentido de lo colectivo–, pero no logrado artísticamente. Tiene en la voz su punto más débil, pues funciona cuando el cantante opta por usar su garganta como un instrumento –y no sucede siempre– pero cae cuando la emplea para hacer algo cercano al rap. Fue un experimento que como dice Matus, le “complació totalmente por todas las estructuras a las que llegamos de primera instancia”.
Elliott Levin, Adriana Camacho y Rodo Ocampo, Libra libre (Edición de autor, 2023)
Elliott Levin, cuya relación con México ya es larga y ha dejado como testimonio algunos discos, abre el álbum con uno de sus poemas: “Whenever Ending Glory”. El contrabajo de Adriana Camacho y la batería de Rodo Ocampo se unen discretamente a la flauta de Levin y ganan peso conforme el corte se extiende, dejando en claro por qué son una de las mejores secciones rítmicas que pueden encontrarse en este país.

Como es de esperarse, en el álbum la voz juega un papel importante. En “Sone’ que vi las mejores mentes…”, Camacho se encarga de ella y la intercala con la de Elliott, quien toca primero la flauta y luego se va al sax, mientras que Rodo crea una de sus mejores participaciones en el álbum (escuchen su solo al final del corte y luego pongan oído a ese ritmo sincopado creado en conjunción con el contrabajo en “Tin-Tin-Tabu-Latin’-Rhythm Hyms”). En “Time After Time After”, Levin y Camacho juegan con las palabras: él lo hace en inglés y ella traduce, pero el jugueteo les permite convertirlas en una fuente sonora más.
En “Libra libre (Alalao)”, el ensamble se escucha en pleno, compenetrado en una improvisación que suena más a tema previamente estructurado, y en “Vision de hongo”, el corte más breve del álbum, los tres dejan salir esa vena experimental que también los caracteriza.
En “Ju-Ju-Jurisdiction” la narración de Levin marca el tono, pero la voz de Adriana Camacho (en un acercamiento a los cantos mongoles) forma un sepulcral contraste con la voz de él, en tanto Rodo les teje una red de acompañamiento que luego bordarán entre los tres para imprimir un toque de cierto misterio al tema.
Cuatro trabajos que vale la pena escuchar, no los dejen pasar.