A finales de 2018, el baterista Gabriel Mendoza y el guitarrista y vocalista Emilio Olea, ambos oriundos del Estado de México, se reunieron para ensayar y dar rienda suelta a sus afinidades musicales. El primero, una vez fuera de Joliette, se integró como elemento de apoyo en diferentes grupos, mientras que el segundo aún formaba parte de Derriben al Rey. El resultado de esa asociación creativa fue muy alentador, por lo cual decidieron fundar una nueva propuesta inicialmente tendida hacia el post hard core y el screamo llamada Satón (palabra de origen mixteco que se traduce como falta o ausencia de luz). De aquellas primeras pruebas surgió el EP Lleno de hienas (2019). Más adelante, al dueto se les sumó el bajista Daniel Vega, con quien lanzaron su primer LP titulado Ni’in (2020) y también su flamante producción discográfica del 2023: A la espera del momento (Araki, Fresh Outbreak, Shove Records y Yoyodine).
“Este disco lo empezamos a fraguar a comienzos de 2021. Todavía estábamos en pandemia, no teníamos trabajo o cosa alguna que hacer, pero eso sirvió para ponernos a componer sin presión, muy tranquilos y con todo el tiempo del mundo”, cuenta Olea, quien agrega: “Buscábamos revivir las sensaciones en directo que el pasado disco nos había dado o nos habían hecho falta y aprovechar las pláticas introspectivas que sostuvimos, las cuales luego se reflejaron en las letras. Posteriormente nos contactó Miguel Fraino, guitarrista de Cardiel y entonces dueño del ahora extinto estudio Vesubio 34. Él venía de una visita familiar desde su natal Venezuela y nos ofreció hacer sesiones videográficas en vivo para muchas bandas como Terror Cósmico o Vinnum Sabbathi, ya que Daniel y yo nos dedicamos también a la videografía. Al término de las sesiones Miguel nos brindó el estudio para grabar nuestro material y dio la casualidad de que ya teníamos el disco compuesto. Todo lo que se escucha en él se registró y ejecutó al mismo tiempo, con algunos overdubs y otros arreglos incluidos después, pero en un periodo aproximado de quince días, distribuidos entre 2021 y 2022.

Así nacieron trece cortes musicalmente agresivos (diez en el caso exclusivo del disco de vinil, en el que las pistas instrumentales, procesadas o alteradas mediante loopers y otros artefactos, se exceptuaron), los cuales transmiten, con la ayuda de sus letras, sensaciones de angustia, desesperación y pesadumbre. Acerca del título del LP, el guitarrista dice: “Es una frase que mi abuelo, quien padece demencia senil, mencionó cuando llegó a recordar ciertos rasgos de su vida y se percató de su verdadera condición”.
Si bien el disco principia con la sosegada, aunque inquietante canción ambiental “La llama”, esta rápidamente es sucedida por “Noni”, en la que las implacables maniobras de Mendoza y Vega irrumpen inicialmente, para luego dar paso a los acordes de guitarra y la voz desgarrada de Olea (“Me hierve la sangre / Pero nunca / Esperé odiar a nadie / Nunca esperé odiar a nadie / Verte completa / Lo hace tolerable / Imposible cambiar de lugar / Pero comparto tu dolor”). Enseguida, la tercia se enlaza en un torrente denso y atronador, el cual se detiene por un breve instante y vuelve a retomar el paso con unos incisivos punteos de guitarra.
A esa muestra estrepitosa y apabullante le sigue otra de comparable confección sonora que, pese a girar en torno al fracaso, se sitúa en un tenor anímico ligeramente más positivo: “Entre mi suerte y tu negligencia”. Aquí el trío arremete al unísono, mientras el cantante expresa en tono resiliente: “Angustiado y vulnerable / No estás maldito / Es tiempo de cambiar / Tus pensamientos / Ya deja de mirar / Al precipicio / Di que sí, sí / Sí me aferro / Nadie es mi dueño / Yo sé que yo sí puedo / Puedo salir de aquí / Inaudito / Ya no / Levantarnos / Tú no estás maldito”.
Sin embargo, el ímpetu desesperanzador regresa fortalecido y terrible en “YNQHDD” (“Ya no quiero hablar de depresión”). Nuevamente la batería arranca su potente acción con un golpeteo seco y constante. A la incesante cadencia se le agregan sus dos compañeros y una letra hondamente lastimosa. Al respecto, Olea cuenta: “Es una rola densa que escribí después de un show en Puebla y está dedicada a David Acosta, guitarrista del grupo angelino Son of Devorah y asistente frecuente a los conciertos de screamo, quien lamentablemente se arrebató la vida. Su hermano Isaac me mandó un mensaje poco después de su pérdida y nos invitó a participar en un concierto en memoria de David. Cuando llegamos al lugar, ya se encontraban tanto familiares como amigos. Fue una situación muy difícil. Para mí, el ya no hablar de depresión significa actuar, acercarse y ayudar; quisiera entrar en sus cuerpos y mostrarles otro camino”.

Violencia, derrota-entereza y suicidio son algunos de los tópicos que la primera parte del disco desarrolla en una vertiente musical cercana al post metal. Por otra parte, la tranquila pista “El incendio” nos anuncia el arribo al apartado intermedio del disco, el cual prosigue con “Mandíbula de cristal”. Esta composición, cuyo nombre está inspirado en la banda neoyorquina Glassjaw, la realizó el guitarrista al visualizarse a sí mismo como un boxeador que, a pesar de su frágil quijada, se levanta una y otra vez para seguir dando pelea y defenderse.
En “Mientes”, el argumento lírico versa sobre los engaños y autoengaños que los familiares del vocalista padecen. La pieza comienza con el repicar rítmico y solitario del contratiempo, al cual se le unen cortos y reverberantes punteos de guitarra. El estruendo no deviene enseguida, sino que avanza progresivamente hasta alcanzar su auténtica dimensión. Entonces las vociferaciones de Olea se desbocan: “Mientes / Y no lo quieren ver / Madre, padre / Hablen / ¡Algo está pasando! / Padre, madre / Saben / ¡Se están acostumbrando! / Madre, padre / Hablen / ¡Me estás abandonando!”. A las locuciones del cantante se le interponen repentinamente las de su homólogo Yohei Kamiyama, elemento de la agrupación nipona de screamo Sans Visage.
“Conozco y sigo a esa banda desde que tenía quince o dieciséis años y se dio la suerte de que apareció una versión japonesa en CD del Ni’in, la cual Yohei posteó con todo y foto en sus redes sociales como su nuevo y grato hallazgo. De inmediato le escribí, me presenté, le agradecí que escuchara y compartiera nuestro disco sin que nadie se lo pidiera. Me contestó, conversamos un poco y casualmente en ese momento estaba yo grabando las voces de A la espera del momento. Entonces le propuse que hiciera una colaboración con nosotros y aceptó, pero decidió cantar en su idioma natal, cosa totalmente inusual porque con Sans Visage lo hace en inglés”.
“Un pacto” anuncia el tramo final de la placa. Se trata de un tema que destaca por ser más pausado a comparación de sus antecesores. En este cierre, el autor hurga, reflexiona y evoca los sentimientos que le produjo el fallecimiento de su abuela y es un reproche que dirige hacia un todopoderoso injusto e insensible: “Traición / Declaro la guerra / Al Dios, al sol y al juez / Volteo la bandera / De pie / Ha muerto la reina / Llegó la derrota / Hagamos un pacto / Cuando llegue el momento / Vamos a buscarnos”.

¿Qué planes hay para Satón en 2024? Olea se niega a responder algo específico, pero comenta: “Es probable que compartamos el escenario con grupos fuera de nuestra zona de confort y que traen un discurso diferente. Vamos a ver hacia dónde nos empareja o nos orilla la ola. Pienso que haremos algo distinto”.