Champetos del Jujú: de híbridos sonoros

En Nigeria, durante los años veinte del siglo pasado, nació, según cuentan las historias populares, el jujú, expresión musical producto del encuentro entre la percusión yoruba tradicional y el género apala que se desarrolló en los clubes urbanos de esa nación.

Por su parte, en otro lado del globo, la champeta fermentó en los barrios marginados de Cartagena de Indias que a principios de la década de los ochenta de la centuria pasada tuvo en los sistemas de sonido la mejor manera de difundirse.

Champetos del Jujú. Fotografía: Manuel Enríquez

Ambas músicas, de origen africano, pero una de ellas asentada en América del Sur, se toparon en suelo azteca cuando hace seis años el baterista Fernando Barrios (oriundo de San Salvador) y el percusionista Samuel Koffi (nativo de Lomé, Togo) se juntaron para tocar sorpresivamente en un festival.

La alianza fue fructífera y los dos, convencidos del potencial de esta alquimia sonora, formaron una entidad a la cual bautizaron como Champetos del Jujú y se dieron a la tarea de explorar e intentar nuevas aproximaciones a la música africana y la influencia que esta ha ejercido en la cultura iberoamericana.

Antes de consolidarse como una sólida unidad, por la agrupación pasaron diferentes instrumentistas y fue al arribar el presente decenio cuando la banda encontró su alineación actual, con la adición del mexicano Roberto Tercero (saxofón) y del neozelandés Misha Marks (bajo, guitarra, bombardino y sintetizador granular).

Desde entonces, dice Roberto Tercero, “el grupo ha trabajado composiciones y consolidado un lenguaje y sonido propios en constante crecimiento y evolución. Cada uno complementa lo que vendría siendo el sonido de la banda, una auténtica mezcla y no fusión de lo que cada uno asimila de la champeta africana y la música misma. Cada uno viene de lugares distintos geográfica, cultural y musicalmente, lo que hace bastante dinámica la manera de trabajar y componer”.

Champetos del Jujú. Fotografía: Manuel Enríquez

Champetos grabó como quinteto (entonces el tecladista Roberto Blanco formaba parte de la agrupación) Barrio Bé (2021), un explosivo debut. Un par de invitados en voces (Neco Novellas y Laurene Jean Pierre Magnani) redondean ese bowl en el que no sólo hay champeta y jujú, también aparecen elementos de jazz, improvisación y funk. Es un caldo caliente, encaminado al baile, con dosis de afrobeat (“Kokoloco”) y en el que por momentos aparecen tintes sicodélicos cortesía del teclado de Blanco (“Elephantotic”), calypso (“Highlife Vacilón”) y no faltan los detalles exploratorios (“Frimpong”). Incluso hacen un arreglo al tradicional “Son bigu (La tortuga)”.

Es una combinación, dice Tercero, “para nada estable, todo lo contrario, pero un poco es esa la intención, siendo además todos improvisadores. Así, las composiciones parten de ideas particulares que trae alguno de nosotros o a partir de improvisaciones se va construyendo una estructura. A veces tomamos un tipo de danza o ritmo tradicional y vamos agregando elementos. Las composiciones son nuestra excusa para hacer la música, porque la verdadera magia es dejar que en los conciertos las piezas se expandan y lleguen a lugares que ni nosotros habíamos sospechado. Esa es la magia, el jù, mucha invocación, hablan los espíritus a través de nosotros y también hablamos con ellos, nos protegen y nos guían”.

Los Champetos de Jujú lanzaron recientemente y en formato de cuarteto Máquina de dinero, placa en la cual se hacen ayudar por Ramiro González (sax tenor, barítono y flauta transversa) y Roberto Blanco (teclados). Si bien se trata de una continuación de su incursión anterior, los cuatro se dan a la tarea de explorar la cumbia (“Cumbia apumbalé”), algo de jazz latino (“La danza del camarón”), pero también ritmos caribeños como el merengue (“Merengue saico”), el afrobeat (“Gracias mamá”) y algo de sicodelia (“Serpiente emplumada”, con brillantes solos de teclado y sax).

Champetos del Jujú. Fotografía: Manuel Enríquez

Grupo multicultural, Champetos de Jujú es un combo todavía más rico por las diferentes procedencias de cada uno de sus integrantes, quienes también se desenvuelven en otras entidades sonoras. Dice el saxofonista Tercero: “Cada uno tiene diferentes proyectos en distintos lugares y escenas, en algunas tocamos juntos, sobre todo en la onda de la improvisación, otras como solistas, en conjuntos tradicionales, grupos de danza o conjuntos tropicales”.

Una amalgama que al conjuntarse saca chispas y estalla en sus directos, los cuales hay que presenciar para asimilar el completo potencial de esta agrupación que con sus composiciones es capaz de derretir el ambiente más gélido.

“En vivo es todo improvisación. Tenemos algunas anclas y faros, como temas, secciones, cortes e incluso composiciones como tal, con estructura y forma. Al final vemos el concierto como el resultado y lo vamos construyendo sobre la marcha, aunque nos pongamos de acuerdo en el orden o en algunas anotaciones, todo depende de cómo conectamos los temas, la duración de cada sección, nuevas secciones espontáneas, etcétera, todo alrededor del baile”, concluye Tercero.

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Publicado en: Reportajes