Magali Velasco nació en 1975 en Xalapa, Veracruz. Es doctora en Literaturas Romances por la Sorbona de París. Escritora, investigadora y académica, en 2004 ganó el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola por su libro Vientos machos. En 2009 publicó Tordos sobre lilas (Universidad Veracruzana), un libro de cuentos en los que sus protagonistas hacen todo lo que está en sus manos para no extinguirse ante el tedio, la miseria y el vacío que los rodea.
Con el apoyo del Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC), publicó el álbum ilustrado El norte de Bruguel (2015), en colaboración con el ilustrador, artista plástico y serigrafista Gerardo Vargas. En coautoría con la ilustradora Leticia Tarragó, editó un segundo álbum ilustrado, Rodrigo y el gran elefante (2017).
Además de narradora, Velasco es ensayista. Destacan dos de sus libros de ensayo: El cuento: la casa de lo fantástico (2007), en el que hace un recorrido exhaustivo por la historia del cuento fantástico en México, y Necronarrativas en México. Discurso y poéticas del dolor (2020), por el que recibió una mención honorífica en el XVIII Premio Anual de Crítica Literaria y Ensayo Político Guillermo Rousset Banda, por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
Cerezas en París (2022) es su primera novela.
Conozcamos la vida en discos de Magali Velasco.

¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Supongo que las canciones de Cri-Cri, pero también Cepillín y me cuenta mi madre que me alegraba mucho con Las Cuatro estaciones de Vivaldi. Ahora que lo pienso, con razón hasta la fecha es una obra que me enchina la piel. Crecí escuchando en casa a Silvio Rodríguez y a Pablo Milanés, principalmente las canciones de Silvio para mí eran como audiolibros. Me recuerdo llorando con “Canción urgente para Nicaragua” (1983) y bailando con “Pedro y el lobo” (1936) de Prokófiev.
¿Cuál es el primer disco que compraste?
Con dinero de mis papás, seguro que de Timbiriche. Crecí con la banda Timbiriche, los amaba, pero también me gustaban los Pitufos, los discos de Los Hermanos Rincón y dos viniles maravillosos: Los Aristogatos y El libro de la selva. Pero mi primer vinil, del que estuve orgullosa, fue uno de Duran Duran.
¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Cuando comenzaron los CD, le envidié a mi mejor amiga el de Out of Time de R.E.M. y el Achtung Baby de U2, ambos de 1991.
¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Soy un desastre, me gusta revolver: sería un mix entre canciones y grupos tipo “The Promise” de When in Rome, rolas de Moby, Depeche Mode, U2, “Come Undone”, de Duran Duran, Mecano y “Jodida pero contenta”, de Buika y “Next to Me” de Emeli Sandén. También Pink Floyd, Natalia Lafourcade y Tina Turner… Un desastre, lo sé. A nadie cercano a mí le gusta mi desorden ecléctico de música, por decirlo bonito.
¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Us (1992) de Peter Gabriel, porque fui a uno de los tres conciertos que dio en México, en septiembre de 1993, con Sinéad O’Connor como invitada. Tras el reciente fallecimiento de la irlandesa, han salido a la luz historias como, por ejemplo, cuando en esa gira que menciono, O’Connor, de pura suerte (México mágico), le compró en el Chopo a un fan la grabación del homenaje de Bob Dylan donde la abuchearon por su postura contra la iglesia católica. Cuando vi a Peter Gabriel y a la bellísima pelona de gloriosa voz, apenas había cumplido 18 años y cursaba el primer semestre en la Facultad de Letras Españolas. Era el primer concierto importante de mi vida y fue el último. A los dos meses de Peter Gabriel, tuve en mis manos un boleto para el concierto de Depeche Mode, con la gira Devotional Tour. No llegué a tiempo a la estación de autobuses. La misma amiga que me llevó al de Peter Gabriel se fue sola al DF, llorando, furiosa, odiándome, sin entender qué carajos había sido más importante en mi estúpida vida que Depeche Mode. Y le di la razón, fui una reverenda tarada. Esa mañana pude haber conseguido dinero para un nuevo boleto, el permiso de mis padres no lo tenía desde un principio, me iba contra su voluntad y sin recursos, me derroté. No volví a ningún concierto masivo.
¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
De adolescente, el de Pandora, el primero, de 1985. Mi amiga (la misma que me instruía en música) se burlaba de verme llorar con la canción “Cómo te va mi amor”.
¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Creo que no he perdido ninguno. Me robaron un CD de Madonna que me gustaba mucho. Según mi recuerdo, la portada era una foto de Madonna gótica, con un cuervo, en un páramo azulino y por eso nunca encontré en internet el disco. Lo que estaba recordando, más bien, era el video de “Frozen”, del disco Ray of Light.
¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Los cuatro conciertos de Vivaldi: Las cuatro estaciones. No sólo por lo que ya conté, también porque escuché obsesivamente las piezas cuando escribí mi tesis de licenciatura sobre el tema de lo fantástico en la literatura y, años después, escribí una novela aún inédita con la recomposición de Max Richter.
¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Creo que, como muchos de mi generación, Mezzanine de Massive Attack.
¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Universal Mother de Sinéad O’Connor, en especial la canción “Thank You for Hearing Me”.
¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Pura nostalgia, uno de cada etapa de vida: Canciones urgentes, de Silvio Rodríguez; So, de Peter Gabriel; Recomposed, The Four Seasons, de Max Richter; el álbum 25 aniversario de Los Caifanes y Ten de Pearl Jam.
Instagram: @Maga_Velasco y @vf.agencialiteraria.
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