Siempre activo, Todd Clouser lanzó recientemente The Mexico City Experiment (Ropeadope, 2023), disco en el cual retrata a Ciudad de México y en el que los ambientes callejeros afloran (los vendedores ambulantes en “Bored Folks”, el organillero en “Kooks Mix”, la banda de guerra en “Interludio”). La obra está asentada más que nada en los terrenos de la fusión, con un jazz que pone un pie en el rock y toma de éste algo más que su energía.
Se trata de una placa diversa, prácticamente instrumental, en la que quien un día llegó a México desde Minnesota, hace una lectura que dista mucho de ser exótica. Todd ha asimilado mucha de la cultura de nuestro territorio y ello se hace presente en la decena de cortes que dan cuerpo al disco, en el que también hay aires latinos (“Poza Rica” tiene un fuerte sabor a danzón, “Optimist” guarda ecos de batucada) e incluso hay espacio para una balada (“Swang Song”).
La trayectoria sonora de Clouser no se limita a su trabajo con grupos como A Love Electric (ahora integrado por Jorge Servín en la batería, Aarón Cruz en el contrabajo y Clouser en la guitarra y que acaba de lanzar God Save the Surf) o Klezmerson o a sus incursiones en solitario o al lado de Alex Otaola, Lázaro Cristóbal Comala o Belafonte Sensacional. En su obra también hay una inquietud por la canción, como queda asentado en Time is a Healer, probablemente su disco de canciones más logrado hasta el momento.
Aquí una charla con el guitarrista, en la que nos habla de sus más recientes trabajos, ambos muy recomendables y que pueden encontrarse en las plataformas usuales.
The Mexico City Experiment forma parte de un proyecto de Ropeadope, ¿cuál es el objetivo del sello con estos proyectos y qué fue lo que quisiste hacer en este álbum?
Sí, es una serie de discos lanzados por Ropeadope, disquera de jazz/funk asentada en Filadelfia. La serie empezó hace veinte años con The Philadelphia Experiment, con Questlove, Christian McBride, Uri Caine, Pat Martino y más. Luego vinieron The Chicago Experiment, The Harlem Experiment, etcétera. El concepto es capturar una parte de la escena de la música creativa en esas ciudades en un determinado momento, pero también dar libertad a los músicos de crear algo nuevo y experimentar con compañeros que están radicando en su ciudad. Honrar tradiciones del jazz y de esas ciudades. He trabajado varios años con Ropeadope para lanzar mi música y también con la intención de enlazar la música creativa de México con esa disquera y parte de lo que está pasando en Estados Unidos. A veces siento que no reconocemos que Ciudad de México merece su lugar junto con Filadelfia, Nueva York, etcétera, como un epicentro de cultura y creación a nivel mundial. Ahora todos quieren venir a hacer giras o conciertos a México y sentí que este era el momento de hacer un disco de la serie que podría compartir una pequeña parte de la música creativa en Ciudad de México.
De alguna forma, conecto este proyecto con el libro Músicos en la Ciudad de México, ¿cuál es la fascinación que te produce esta ciudad?
Siento que la ciudad está viva de una manera más poderosa que cualquier otra ciudad que he visitado. Hay una energía única, una colección de experiencias, imágenes e historias que pueden parecer surreales y músicos con visiones muy diferentes a las mías. Muchos artistas de aquí crean su arte desde una necesidad personal que hace que tenga una sinceridad y una vitalidad que me inspira y reconecta mi amor por la música y el arte. Todo eso suena bonito, pero también hay una rabia, un humor y un espíritu juguetón con los que identifico a la ciudad. Cuando llegué aquí desde Minnesota, por Los Cabos, tenía la sensación de que “por fin alguien me entendía”.
Son declaraciones y temas complicados porque la verdad he tenido la fortuna de vivir una vida privilegiada en Ciudad de México. Viví diez años en la colonia Portales; es decir, no es la Condesa, pero tampoco es como otros lugares que representan más retos. También a veces siento que veo las cosas así porque quiero verlas así. Hay varios compañeros que me hablan de tensión entre escenas y géneros musicales y de un ambiente asqueroso, de la ambición que existe en la música comercial. Pero si me enfoco en eso, mata lo que estoy intentando hacer, que es crear música, conceptos, colaboraciones que me mantienen fascinado y enamorado con el acto creativo. En fin, esta ciudad ha sido una fuente de inspiración y otra vez me siento muy agradecido con colaboradores, promotores y artistas de aquí. Ha sido la mejor época de mi vida estar en esta ciudad y este disco en lo personal se siente como un buen registro de ese tiempo.

¿Cómo elegiste a quienes te acompañaron en el disco?
El concepto era formar un ensamble o ensambles nuevos, con músicos radicados en Ciudad de México pero que no tocan juntos todo el tiempo. Provocar algo nuevo, experimentar, pero quería que este disco fuese más composicional que otros álbumes de la serie Experiment.
Son varias las consideraciones para armar una banda para una grabación. La primera es la disposición. ¿Quiénes van a entender y estar dispuestos a honrar el concepto del disco y trabajarlo en equipo? De ahí sigue la compatibilidad. Musicalmente, quería músicos de distintos gustos y sonidos, pero obviamente capaces de colaborar, escuchar la propuesta de los otros. Y de la disponibilidad pasé a una consideración. Sentí que para mí este disco era una oportunidad de crear un ensamble nuevo que quizá sólo va a suceder en este disco. Primero contacté a Last Jeronimo –Jerónimo González–, originario de Veracruz, si no estoy equivocado, quien tiene su estudio en Ciudad de México. Jerónimo es un músico extraordinario. Bajista, toca la jarana, gran guitarrista y gran productor, así sea trabajando en jazz, música tradicional, son jarocho o hip hop. Muy trabajador y con visión. Decidimos producir y componer el disco juntos y la verdad hizo un tremendo trabajo mezclándolo.
German Bringas para mí es el sonido del jazz en la ciudad. Lo que sale de sus instrumentos me parece un sonido sincero de este lugar como yo lo entiendo y lo imitaría; pero nunca lo puedo lograr, porque soy de otro sitio. El sonido que nació aquí, lo que ha hecho con Jazzorca y su compromiso con su visión de la música y el jazz es algo que admiro profundamente. Es siempre un gusto tocar y convivir con Germán, agradezco mucho su participación en el disco. Erik Deutsch es mi paisano y hemos grabado en algunos discos en México y Estados Unidos. Tiene varios años de vivir en Ciudad de México y es un tremendo tecladista. Creo que ahora está de gira con Black Crowes, pero yo lo conozco como tecladista y compositor de jazz, gran improvisador, un músico realmente especial. También muy trabajador y siempre dispuesto a integrarse a cualquier situación. Orestes Gómez es venezolano, vivimos juntos en un departamento de la Portales por años, pero tocamos juntos pocas veces. Su lenguaje de la música latina es algo que me inspira. También su forma de trabajar, su presencia en el estudio es algo que pensé podría llevar el disco a un lugar único. Guadalupe Galván es una poeta, también radica en la Colonia Portales, ella sigue ahí, su trabajo es inspirador y es una persona sincera y directa.
En “I Feel Love”, ¿la base es el tema de Giorgio Moroder o sólo el inicio? ¿Por qué escogiste esa composición?
Ajá, no hay samples, todos los teclados son de Erik pero sí, esa grabación de Moroder con Donna Summer es la fuente de inspiración. Me encanta esa canción y la música disco que no es tipo Bee Gees. Empezamos a tocar ese groove en el estudio –Estudios Noviembre, al norte de la ciudad– y se armó esa pieza muy divertida.
En “Interludio”, Germán Bringas habla de la colonia Portales como habitante de la misma, ¿qué hay en ella, qué ves que nos quisieras mostrar a quienes no vivimos allí?
Fue idea de Jerónimo. Bringas vino al estudio para tocar el sax y creo que Jero se dio cuenta de la tremenda cantidad de pasión, historia, personalidad que tiene Germán (fue el primer encuentro entre Jerónimo y Germán en la vida, algo que me hace muy feliz que haya sucedido en este disco) y Jerónimo le propuso hablar un poco en el micro y eso es lo que salió. No sé si el concepto era sobre la Portales o más sobre la ciudad y lo que salió de Germán habla de la Portales, porque de ahí es. Gran momento.
En “Jarocho Street” se cambia la geografía, es un tema con elementos de son, ¿cuál es la idea con este track, transportarnos a dónde?
Esta composición es de Jerónimo González, él en jarana y bajo. Él te podría decir más, pero mi observación es que captura la intersección de los mundos de Jerónimo: el son jarocho y el groove.
“Poza Rica” viene luego de “Optimist” y en su inicio me parece encontrar pizcas de danzón, ¿por qué el viaje de Ciudad de México a Veracruz?
Danzón es por Orestes en la batería. Sinceramente hay muchos feels/estilos/tradiciones que todavía no puedo nombrar, pero escucho por las calles o la radio en México. Orestes decidió el feel. Poza Rica me parece un lugar curioso y único y compuse esa rola hace unos años y ha aparecido en otras grabaciones. Tenía ganas de grabarla con este ensamble también.

Aunque el cierre del disco es con “Talking Mexico City”, antes aparece “Swang Song”, el tema más lento, una balada casi. ¿Es tu despedida a la Ciudad de México o ya la estás jubilando?
Jubilando no. La verdad estoy trabajando más que nunca en varias cosas; pero sí, mi intención ha sido crear un poco de distancia con los hábitos que tuve por una década de tocar diario en la ciudad y/o siempre estar de gira. Estoy trabajando para generar proyectos más a largo plazo, componer y crear algo nuevo. Con eso dicho, sigo tocando con A Love Electric, Klezmerson, en un proyecto de Felipe Pérez Santiago y otras cosas que salen y lo disfruto más que nunca, pero no quería estar en repeat por siempre. Uno tiene que refrescar el asunto. Todavía no esta refrescado; pero bueno, es un proceso.
También acabas de sacar Time is a Healer, un trabajo que me imagino surgió en la pandemia y me parece tu disco de canciones más logrado. ¿Qué me puedes decir de la concepción de este disco?
Ese disco lo compuse en la Costa Grande, durante la pandemia, en un pueblo de Guerrero que se llama la Saladita. Me enamoré y no pude tener conciertos y había playa, guitarra acústica, soledad musical y empezaron a salir esas canciones. Las quería tener registradas y no sentir que tenía que promoverlas de una manera que denigrara mi experiencia con esa música. Entonces, cuando unos amigos vinieron a Mexico –Jesse Harris, Ben Lazar Davis, Tōth–, fuimos a Testa Studio en León y grabamos el disco en tres días. A veces toco esas canciones con Ale (Alejandro Otaola) o en tocadas solo, pero no era mi intención vender la grabación ni hacer presentaciones de esa música. Es un proyecto personal. Que nadie se meta en eso, ¡ja , ja! Amo el disco y siento que es sincero.
Es una obra muy reposada, me recuerda a regiones sureñas de Estados Unidos, ¿esa fue tu idea?
La verdad no tenía una idea clara, es sólo lo que salió en ese tiempo. Mis orígenes musicales están en la canción de blues y folklore de Estados Unidos y creo que con la guitarra acústica. Sólo teniendo ese instrumento en ese momento y también con algo nuevo para contar hay esa sensación del campo, de la tradición de la canción de mi país.
¿Cuál es la temática de estas canciones? En particular, ¿qué dice la letra de “So Far from God, So Close to the USA”?
Esa es la única canción que compuse antes de la pandemia. Agarré el dicho mexicano que traducido tiene un impacto interesante. La letra trata de observaciones que hice cuando pasé un mes en Tijuana hace varios años, tocando con el trompetista Iván Trujillo, gran músico y gran amigo. Creo que viene de la idea de que alguien está superando su ingenuidad sobre ciertas cosas, pero sólo puede superarlo a cierto nivel, porque somos quienes somos.
“Hotel Oliver” y otras composiciones tienen un sabor a americana, ¿en qué te inspiraste para componerlas?
El verdadero Hotel Oliver se llama Motel Pistolas, pero Hotel Oliver suena mejor en canción. Uno pasa por ahí, al salir de Ciudad de México hacia Puebla. No requiere mucha imaginación pensar las cosas que pasan ahí.
En tu carrera hay tres grandes avenidas que te interesa transitar: el jazz, la fusión y las canciones. ¿Crees que alguna vez puedas unir esos mundos de manera contundente en un solo disco, es una de tus ambiciones?
La verdad sí es algo que he pensado mucho. Pick a lane! Hacer tantas cosas que parecen variadas en concepto o género musical hace que sea difícil que alguien puede digerir toda esa música. Pero he pensado eso desde hace quince años y siempre termino en lo mismo: tengo que honrar el impulso creativo y la necesidad de crear. La reacción –o falta de reacción– de los demás va a ser lo que va a ser. También hay consideraciones prácticas. Ahora estoy en la costa trabajando composiciones para A Love Electric y de repente alguien me llama para hacer un spoken word sobre free jazz y alguien más me llama para hacer una pieza de guitarras desérticas para su película de truckers en México. Y me gusta hacer todo eso. El trabajo entonces es complicado. Intentar “controlar” lo que uno está produciendo. Con eso dicho, un objetivo que tengo es crear una colección de música que podría ser más definitoria de quién soy, que involucre y pueda honrar estas facetas de una manera conceptualmente más refinada. Lo estoy trabajando y siento que tengo la visión de lo que es. A ver si lo logramos.