La ley natural es implacable y las muertes de las más grandes leyendas sobrevivientes del rock se siguen sucediendo una a una. Quienes consiguieron superar los años más intensos y desaforados del superestrellismo rockero, luego de atestiguar cómo muchos de sus colegas se quedaron en el camino (caso del famoso club de los 27, conformado entre otros por Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin Jimi Hendrix y Kurt Cobain), y llegar a sus setenta, ochenta y hasta noventa años de edad, por razones lógicas de la vida han ido cayendo también, vencidos no por las drogas, los accidentes y otras causas diversas, sino por el deterioro del tiempo y las enfermedades que del mismo se derivan. Es el caso del gran guitarrista canadiense Robbie Robertson, miembro fundador y líder de una de las agrupaciones más legendarias de los años sesenta y setenta del siglo pasado: The Band.
Robertson falleció el pasado 9 de agosto, en Los Ángeles, California, a los 80 años, luego de padecer una larga enfermedad. Su carrera como músico y compositor, como guitarrista del grupo y como solista es rica en logros artísticos y varias de sus canciones hoy pueden considerarse entre los grandes temas clásicos del rock.
Nacido el 5 de julio de 1943 en la ciudad de Toronto y surgido de The Hawks –el quinteto sesentero de acompañamiento del cantante Ronnie Hawkins que después cambió de nombre para llamarse sencillamente The Band y convertirse nada menos que en el conjunto de base de Bob Dylan–, Robbie encabezó más tarde al grupo conformado también por el bajista Rick Danko, el pianista Richard Manuel, el baterista Levon Helm y el tecladista y saxofonista Garth Hudson (hoy día, el único que permanece con vida es Hudson –paradójicamente, el de mayor edad de todos–, a sus 84 años) para grabar álbumes míticos como Music From Big Pink, de 1968 y el homónimo The Band de 1969, además de otros como el hermoso Northern Lights-Southern Cross de 1975.
La agrupación se disolvería en 1978 (su concierto de despedida fue filmado ese año por el realizador Martin Scorsese para el extraordinario documental The Last Waltz, con invitados de la estatura de Van Morrison, Eric Clapton, Dr. John, Ringo Starr, Joni Mitchell, Neil Young, Emmylou Harris, Neil Diamond y, por supuesto, Ronnie Hawkins y Bob Dylan) y a partir de entonces Robertson emprendería una carrera como solista, además de convertirse en productor de otros músicos. También realizó scores para películas de su gran amigo, el ya mencionado Scorsese, caso de The Colour of Money y la más o menos reciente The Irishman.
Entre su producción solista destacan los discos Robbie Robertson (1987), Storyville (1991), Music for the Native Americans (1994) y Sinematic (2019).
He aquí una decena de canciones de las muchas que nos dejó como riquísimo legado.

1.- “The Weigh” (del álbum Music From Big Pink, 1968). Esta composición de Robertson es muy posiblemente el tema más célebre de The Band. Una deliciosa y acompasada canción de folk rock con ingredientes de blues y country, cantada en turnos alternados por Levon Helm y Rick Danko, dos voces que dan un espléndido contraste a una letra que, según se dice, está inspirada en el amor que sentía Robbie por el cine de Luis Buñuel. “The Weigh” ha tenido muchos covers de otros músicos, pero quizás el más notable es el que hizo Aretha Franklin en su disco This Girl’s in Love with You de 1970. Presentamos tres videos distintos del tema: el original de 1968, el que aparece en la película The Last Waltz de Martin Scorsese y el que grabó Robertson en 2020 con otros músicos de varias partes del mundo (entre ellos Ringo Starr), para el canal de YouTube Playing for Change.
2.- “The Night They Drive Old Dixie Down” (del álbum The Band, 1969). Una de las más grandes y memorables canciones acerca de la guerra civil estadounidense, la guerra de secesión de 1861-1865…, escrita por un canadiense. En realidad es una canción antibélica, contra todas las guerras de la historia o, si se quiere, contra la guerra en sí misma, sea en donde y por lo que sea. Cantada por Levon Helm como primera voz y los coros de sus compañeros (entre ellos por supuesto Robbie Robertson), es una de las grandes composiciones del recientemente fallecido guitarrista.
3.- “Up on Cripple Creek” (del álbum The Band, 1969). Una delicia. Divertida y picara, con un estilo que podríamos definir como country-funk debido a su irresistible beat y a la intencionada manera como Levon Helm canta frases de doble sentido como “cuando ese amorcito mío moja su dona en mi té”. La adición del teclado de Garth Hudson con el pedal wah-wah le añade un toque humorístico que la hace eso que mencioné al principio: una delicia.
4.- “It Makes No Difference” (del álbum Northern Lights-Southers Cross, 1975). Una belleza absoluta, una de las canciones más hermosamente tristes no sólo de Robbie Robertson, no sólo de The Band, sino de la historia misma del rock. El tema de la letra es simple: un hombre que no sabe cómo manejar un rompimiento amoroso (“No importa a dónde vaya / no puedo olvidarte y la llama sigue ardiendo / No hay diferencia, noche o día / La sombra nunca parece desvanecerse” o “Sin ti soy nada / Como una sala vacía / Es una caída solitaria / Desde que te fuiste es una batalla perdida / un ganado en estampida que estremece las paredes”) y lo describe con metáforas referidas a la lluvia, el tiempo nublado y otras inclemencias del clima. En cuanto a la preciosa música y muy especialmente la manera como la interpreta Rick Danko (Robertson escribió el tema específicamente para que fuese cantado por el bajista de The Band) no tienen parangón. La versión de la película The Last Waltz muestra la pieza en toda su espléndida y majestuosa (y cruda) magnificencia, además de que al final nos permite ver a Robertson con su solo de guitarra y a Hudson con su solo de sax. Preciosa.
5.- “Somewhere Down the Crazy River” (del álbum Robbie Robertson, 1987). Un tema muy diferente a las composiciones del canadiense con The Band. Quizás influido por la música de los ochenta y la sensualidad reinante en buena parte de la música de esa época, Robertson ofrece una canción casi minimalista, con un ritmo voluptuoso, mientras combina partes habladas, incluso murmuradas, con otras partes cantadas, reforzadas estas por la voz de Sam Llanas, integrante de The BoDeans, mientras las percusiones del extraordinario Manu Katche dan su sello a una pieza cuya hermética letra puede interpretarse de mil maneras.
6.- “The Shape I’m In” (del álbum Stage Fright, 1970). Un rock directo con dedicatoria al pianista del quinteto, Richard Manuel, y su vida, digamos, un tanto disipada. Lógicamente, Robertson se la dio para que él la cantara y así lo hizo, con relajado desparpajo y cómo diciendo “así soy yo y que nadie me juzgue”. Aquí le versión en concierto, también de The Last Waltz, para mayor regocijo de los lectores y escuchas de esta lista. Oh, you don’t know the shape I’m in!
7.- “Rag Mama Rag” (del álbum The Band, 1969). Grandísima composición de Robertson con todo el estilo Nueva Orleans. Movido y divertido, este ragtime tiene la peculiaridad de que algunos de los integrantes del grupo cambiaron sus instrumentos habituales. Así, Levon Helm, tocó la mandolina y llevó la voz principal, mientras que Richard Manuel dejó su piano para tocar la batería y Garth Hudson se hizo cargo de un piano vertical que fue el que dio cohesión al arreglo musical para otorgarle ese sonido tan de la ciudad a la que también se conoce como The Big Easy, la Gran Fácil. Por algo será.
8.- “To Kingdom Come” (del álbum Music From Big Pink, 1968). Aunque Robbie Robertson escribía la gran mayoría de las canciones de The Band, rara vez las cantaba más allá de ser parte de las armonías vocales. No es el caso de la peculiar “To Kingdom Come”, en la que llevó la primera voz y realizó un fino solo de guitarra. Un rock con ciertos aires de psicodelia (de pronto suena un poco al estilo que el grupo inglés Traffic tenía en esos años) para el álbum debut del grupo.
9.- “Chest Fever” (del álbum Music From Big Pink, 1968). Si en “To Kingdom Come” hablábamos de ciertos aires de psicodelia, aquí hay más que rasgos de la misma (algo a lo que el órgano cuasi bachiano de Garth Hudson contribuye), aunque ciertamente es algo a lo que podríamos denominar como psicodelia rústica. “Fiebre de pecho” es la canción con la que The Band abrió su participación en el festival de Woodstock en 1969 y fue siempre un tema presente en el repertorio de sus conciertos. Por cierto, al poco tiempo el trío vocal Three Dog Night realizó un cover excelente de la pieza.
10.- “Broken Arrow” (del álbum Robbie Robertson, 1987). Si a usted le suena conocida esta maravillosa canción, muy posiblemente sea porque la escuchó en la voz de Rod Stewart, quien en 1991 realizó una versión espléndida para su álbum Vagabond Heart. Compuesta por Robbie Robertson e incluida en su álbum debut como solista hace 36 años, la manera como él la interpreta nada le pide a la del cantante escocés. Canción de amor con la que el enorme guitarrista canadiense demostró que ante todo siempre fue un gran romántico. En el mejor sentido de la palabra. Descanse en paz.