Jorge Berumen y la batería como contenedor de toda la música

Jorge Berumen es oriundo de Durango, pero también se ha asentado por temporadas en Ciudad de México. Se trata de un baterista formado en las entretelas del punk, pero que paulatinamente derivó a la improvisación libre. Se amparó bajo la férula, entre otros, de reputados bateristas como Tony Oxley, Hank Bennik, Chris Corsano, Sven Ake Johansson y Gunter “Baby” Sommer y un buen día decidió hacer trabajo en solitario.

Recientemente lanzó Yypersonus (Hole Records, 2023), su segundo álbum, mismo que se añade a varios discos EP y a las diversas colaboraciones en las que ha participado, ya sea como músico o productor. A propósito de eso, hicimos una somera revisión de su trayectoria en la siguiente charla.

Fotografía: cortesía de Jorge Berumen
Fotografía: cortesía de Jorge Berumen

¿Por qué te interesaste en la batería y cuándo empezaste a tocarla de manera profesional?
¿Profesionalmente ? No sé qué es el profesionalismo, sólo intento  hacer lo mejor que puedo, no soy profesional de nada. Empecé a tocar batería desde que escuché frente a mí a un baterista al tocar “My Own Summer (Shove It)” de Deftones. Tenía doce años. ¿Interesarme en ella? Después. Y tanto que dejé de hacer todo por dedicarme a practicar como un loco este instrumento. Sin embargo, mi primer acercamiento fue por dos de mis mejores amigos, quienes empezaron a ir al estudio de otro amigo del barrio. Yo estaba muy divertido con el asunto de ser un skate. ¡Ser skate cuando tenía doce años en México! ¡Qué digo en México, en Durango! Era algo muy cool y raro de ver. El asunto es que el dueño de la sala de ensayo donde tuve ese primer contacto con la batería era mi amigo y también era un dealer de videos de skate, ropa, tenis, accesorios, etcétera. Iba a su casa a inspirarme, ver videos de la 411 y salir a patinar después y al poco tiempo ya no era sólo ir a ver videos de skate, sino también escuchar música, ver videos de MTV grabados en tapes VHS y después fue inevitable estar en contacto directo con la batería. Desde entonces no me he separado de ella, aunque pasó tiempo para que pudiera adquirir una.

¿Cuál fue el primer grupo al que te integraste?
Mi primer banda fue con amigos de mi barrio. Estábamos juntos en la secundaria, tocábamos covers de punk. Ninguno era rockero de cuna, rodeado de discos y con un papá melómano. Nada de eso. Mi papá era más de música ranchera y toda mi familia y la de mis amigos también, pero nos gustaba la energía y era suficiente. La banda se llamába Katatónico. Después cambiamos el nombre hasta llegar a 1986 y ahí ya armábamos nuestras rolitas.  Después tuve más bandas.

¿En qué momento de tu vida concebiste a la batería como un instrumento solista o un instrumento líder y quiénes te inspiraron para ello?
De alguna forma he sido muy “batero-centrista”. La manera en que descubrí la música siempre ha sido por medio de los bateristas. Si no me gustaba ésta, no me gustaba la banda y creo que aún sigue siendo así. Para mí la batería es el cuerpo que contiene toda la música, el contenedor. Si usas bien este contenedor, todo puede caber ahí. Hacer esto es un arte, porque el pulso todos los tenemos; la onda es qué hacemos alrededor de este pulso. He pensado que el mío tiene que estar moviéndose de muchas formas para mantenerse en juego. Pero atendiendo a la pregunta de quién me inspiró a ver la batería como un instrumento que puede tocarse solo y dejar a cientos de personas con la misma sensación de haber visto una orquesta completa, fueron los bateristas de vanguardia, de jazz. En lo inmediato, contemporáneos como Paal Nilseen-Love, Chris Corsano, Christian Lillinger, Ches Smith, Zach Hill, Milo Tamez. Después, obviamente los veteranos que son los que realmente despiertan en mí el sentido de raíz baterística, porque a ellos les pertenecen las primeras formas y escuelas. Sin ellos no son posibles las nuevas formas idiomáticas; somos la amalgama y la consecuencia de lo que ellos nos dejaron.

¿Qué te atrajo de la improvisación, de la música experimental?
La improvisación no fue algo que me llamara la atención. Lo que me la llamó para después pensar en la improvisación como algo mucho más interesante fue el avant garde baterístico y para nombrar a alguien por quien la experimentación dejó de ser sólo incrementar con más tambores (electrónicos) el set de una batería y creer que era un asunto mucho más alquímico e interesante, este fue Tony Oxley. Después descubrí a más bateristas, teóricos, catedráticos serios como el increíble Sven Ake Johansson, “Baby” Sommer, Han Bennik, etcétera. A partir de ellos pensé en la experimentación en la batería.

Con el Spunk Trío grabaste con Ana Ruiz, ¿cómo se dio este encuentro y qué te dejó?
Todo fue muy chido. La conocí en casa de Adriana Camacho, se dieron los jams, nos organizamos y lo hicimos, así de simple. Ana Ruiz para mí es historia, tocar con ella me dejó un capital cultural invaluable, sólo entendíble a través de la magia. Ella está tocada por la magia y la historia de la música.

Fotografía: cortesía de Jorge Berumen
Fotografía: cortesía de Jorge Berumen

(Spunk Trío, para el álbum Spunk Trío + Ana Ruíz en Jazzatlán, grabado el 23 de abril del 2019 y disponible en bandcamp, estaba conformado por Jorge Berumen, batería y objetos; Roberto Tercero, sax tenor, y Luis “Chino” Ortega, contrabajo. El álbum es una fiera peligrosa que desde su “Intro” entrega una cuarteta de músicos ávidos de destrozar su entorno. Es como una tormenta eléctrica que se desencadena intempestivamente e imanta a quienes la escuchan. Hay matices a lo largo de sus casi 75 minutos de duración, pero una vez que la música ha sujetado al curioso por las solapas, a éste le ha sido arrebatada su voluntad. Un disco indispensable). 

Hay un par de colaboraciones, de proyectos alternos, que han aparecido en Hole Records: El Alma de la Máquina y FDK, ¿qué hay de común entre ellas y cuáles son sus principales diferencias?
Las diferencias son muchas. El Alma de la Máquina es con Ñois de Tajak y él es guitarrista. Tocar con él y escuchar lo que hemos hecho juntos para mí es de lo más newpsycodelic tripping. Es alguien que puede estar expuesto a sus sonidos hasta fundirse en ellos y fundirse es irse con ellos a otro lugar. Con él siento que estoy totalmente en otro sitio. FDK es la banda con Mito del Desierto y Coco Badan. Ahí todo es un caos, una banda de locos, de border lines,  siempre a punto de caer a un abismo y está lleno de mística y experiencias que hemos compartido muy de cerca. FDK es el caos queriendo ser montado por tres jinetes del apocalipsis.

(En el portal Densidad 20.25, Jorge C. Ortega escribió, a propósito de Campos y ficciones [Hole Records], el hasta ahora único disco de El Alma de la Máquina, lo siguiente: “A pesar de su naturaleza experimental, Campos y ficciones tiene la rara distinción de ser un álbum bastante accesible y más raro aún es el hecho de que permanece como tal en todo momento, sin la necesidad de ceder o comprometer su visión e integridad […] las exploraciones sonoras contenidas en este breve álbum están lejos de ser simples ejercicios académicos o una muestra de autocomplacencia por parte del dúo. Cada pieza revela diferentes matices dentro de sí misma conforme va progresando, y la palabra clave aquí es ‘progreso’”).

Cómo solista, ¿qué te interesa transmitir?
Mi propia voz. Elevar lo más que pueda mis propios estándares. Amo la velocidad y la técnica, pero me gustan los caminos difíciles, poner el nivel en very hard y ver si puedo romper mis propios récords. Me gusta ser agente de lo nuevo, encontrar mis elementos, descubrir nuevos sonidos, extender las técnicas, generar nuevas cosas, crear música que sólo está en mi cabeza. Como en la pintura, en lo abstracto es donde yo veo algo; en la música igual. Me gusta estar en términos más metamusicales, no en los estilos y géneros que ya están dados en el formulario de la música.

¿Podemos considerar a Acusmático como tu primer trabajo en solitario? ¿Por qué elegiste ese título que me parece un nombre bastante representativo y con una carga simbólica muy fuerte?
Sí, es mi primer trabajo y le puse así porque el procedimiento en el momento de grabarlo se me hizo algo totalmente acusmático en el sentido en que todo el proceso fue eso, justo grabar cosas, irlas armando, escuchar-grabar-escuchar-grabar. Jamás tuve a otro músico ayudándome, todo fueron procesos de grabación y post producción; aunque no se presentara como un objeto para la acusmática, para mí lo fue en su creación.

(Acusmático es una obra de la abstracción. Al principio [“Aprox I”], la batería y otras percusiones generan golpes, ruidos. Los platillos se estrellan, el bombo se escucha robusto, cual si fuera un corazón de pulsos muy dilatados y el sintetizador crea una base [un zumbido persistente, molesto] sobre la cual se construye el comienzo de este gran solo que esta dividido en cinco partes, de casi 35 minutos de duración total y en el que en cada fragmento cambian no sólo el pulso rítmico, sino las fuentes sonoras y éstas interactúan de manera distinta [en “Aprox II” es el sintetizador el que propicia ciertos cambios y ante éstos, la rítmica, las percusiones, también se van modificando] y crean una gran narrativa cuyo significado último, si existe, el escucha será quien lo determine. Esa tónica es la que en sí marca la historia de este álbum: batería y percusiones y objetos que se mueven rítmicamente y en donde el impulso de las grabaciones de campo, sintetizadores y efectos envían estímulos ante las cuales responden las primeras).

Fotografía: cortesía de Jorge Berumen
Fotografía: cortesía de Jorge Berumen

Está por salir tu segundo álbum, Yypersonus, ¿qué significa el título y cómo lo puedes describir?
Es un título que yo “inventé” y tiene que ver más con lo hyper, con la realidad aumentada, sólo que en términos de sonido llegué a esta identidad del “hyper sonido”. Es un disco lleno de procesos y capas de sonido, ruidos de cables viejos, baratos, pero no para buscar una estética lo-fi, sino como materiales con los que juego alrededor de sonidos perfectamente grabados y limpios. Es como si este disco conservara su médula intacta y alrededor hay identidades sónicas por todas partes y que provienen de mi cuarto, mi estudio, mis herramientas, mis fallas. Baterísticamente es mi disco más animado, más “rápido” porque juego con formas cercanas al hard bop, el hip hop, el movimiento es muy de la vanguardia. La batería se mueve mucho, quiero que confronte al escucha. Como lo dije antes, es música que está en mi cabeza y en una temporalidad que no ubico, sólo a través del término utopía sónica.

(Yypersonus [Hole Records)] es una larga improvisación-composición. Como en su disco anterior, Jorge Berumen dispone de otros recursos, no sólo de batería y percusiones. Hay FX que lo mismo dislocan que enlazan sonidos, breves drones de sintetizadores, intervenciones disonantes de éstos. En ciertos pasajes hay sonidos agudos que remiten a los videojuegos; en otros, una síncopa que se verá rota abruptamente por una grabación de campo, por una asonada de ruidos, por recursos de la producción a veces cercana a lo lo-fi, pero que se antoja más un enmascaramiento porque aquí también hay un meticuloso proceso de edición y de superposición de capas que hace de esta obra un trabajo superior a su predecesor, pero sólo entendible a partir de la existencia del primero).

Jorge Berumen y su ensamble Yypersonus (Rogelio the Third, clarinete y FX; Álvaro Castro, micros en batería y sintetizador; Coco Badán, electrónica; Jorge Berumen, batería) se presentan el 12 de agosto en Jazzorca (Municipio Libre 37-A, Col. Portales). Puerta: 20:00 hrs; concierto: 21:00 hrs.

 

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Publicado en: Entrevista