Vgly o la versión alterada de Alcanzar una estrella

—Las cosas están mejor cuando me voy, todo lo que toco lo hago mierda.
—Entonces no toques nada.
Diálogo extraído de Vgly (2023), serie de HBO Max

“Vive la vida a minuto en minuto
y encontrarás en cada uno de ellos
un motivo
por el cual conducirte
de la forma correcta.
Te lo aseguro”.
“Angelito”, Don Omar

“En vez de limpiar su corazón, el fanático trata de limpiar el mundo”.
El héroe de las mil cara, Joseph Campbell, 1949

Decía Borges que cuatro son las historias, cuatro los argumentos que transformamos para narrar. Uno de ellos es el del eterno retorno, el del poema homérico que cuenta la odisea del héroe. Esa es la misma lectura que hacen ASCO.media y Exile Content Studio, el estudio creativo y el medio de comunicación enfocados a nuevas formas de entregar historias con información de calidad y entretenimiento ácido, a través de los creadores Marcos Bucay (escritor de 18 episodios de Club de cuervos), Santiago Espejo (Fondeados) y Sergio Tijerina (guionista de la serie de TV Tengo que morir todas las noches), en Vgly (2023), serie dirigida por Sebastián Sariñana y Santiago Fábregas, una producción que nos adentra en esa ancestral historia, vista mil veces pero contada de distintas maneras.

Filmada en la colonia Guerrero de la CDMX, Vgly relata la historia de un joven trapero, interpretado por Benny Emmanuel (Chicuarotes, 2019), que persigue sus sueños en el negocio de la música, una mafia plagada de amigos falsos, droga, violencia y mucho hate. Sin contactos y sin golpes de suerte, Vgly y su colectivo (Data y Flex) intentan convertirse en el siguiente fenómeno  de la música urbana. Se trata de una historia de aparente superación personal —más parecida a la concupiscencia que al desarrollo humano— que sigue a este grupo de fanáticos del género urbano mientras se enfrenta a un espacio completamente hostil.

Como se sabe, en La Odisea de Homero, el poema épico griego por excelencia escrito en el siglo VIII a. C., se cuenta la historia de Ulises (Odiseo) y su viaje de regreso a su reino de Ítaca, donde lo esperan su esposa Penélope —rodeada de pretendientes— y su hijo Telémaco, en un trayecto de aproximadamente diez años, los mismos que duró la Guerra de Troya.

De la misma manera, Vgly tiene que salir de su zona de confort como empleado de una pequeña tienda de autoservicio, para hacer un salto cuántico en su vida. Debe entonces emprender “el viaje del héroe”, a fin de  destacar en la cultura urbana, dentro de una industria musical despiadada y sin escrúpulos y ante la beligerancia del narcotráfico, en una lucha llena de barreras y complejidades, inseguridad y violencia. El miedo, la falta de afecto femenino y la ausencia de toda figura paterna pueden hacerlo abandonar sus sueños, pero Vgly regresa a la Guerrero para admirar los tenis tendidos en los cables de todos aquellos que perdieron la vida en el intento de conquistar el micrófono, regresa tras haber derrotado a la muerte. Está vivo y luchará por su amor a la música, al trap y a Triana (Jesica Vite), nuestra Penélope contemporánea.

El personaje principal, como en el mito, aquí también se llama Ulises. Ulises Genaro López Ibarra, alias “Vgly”, es quien sueña con su alteridad y descubre y asimila a su opuesto (su propio ser insospechado), ya sea tragándoselo o siendo tragado por él. Una por una van rompiéndose las resistencias. El héroe debe hacer a un lado el orgullo, la virtud, la belleza y la vida misma e inclinarse o someterse a lo intolerable. Entonces descubre que él y su opuesto no son diferentes sino una sola carne. Ulises es Vgly y Vgly es Ulises, el eterno retorno se ha producido.

Para que el mito se perfeccione, Vgly deberá ejecutar el éxodo del héroe y salir ileso de él, en diferentes fases de estructuración circular pre-iluminatorias, períodos como el de: A) El mundo ordinario que es decir la vida en un Speedy Mart, dentro del anonimato más profundo, bajo la opresión del capitalismo más denigrante. B) La llamada a la aventura, con la aparición de “Lil Vato” (Natanael Cano), como una epifanía luminosa en los pasillos de la cruenta tienda de autoservicio. C) El encuentro con el mentor, revelado por la efigie y las sabias admoniciones del “Trojans” (Isaac Bravo). D) El cruce del umbral, a través de un viaje con psilocibina, en el que nuestro Ulises se encuentra consigo mismo, aunque para eso debe dejar las trazas y la codicia, desanudarle las agujetas al corazón y peinar el ego con trenzas. Vgly tiene que ensuciar sus zapatillas Jordan en el barro, como metáfora de la ruptura. A veces la iluminación llega de la manera más elemental: lo simple es lo más poderoso y lo pequeño es hermoso. Así, posteriormente, llegamos —al menos hasta los trece episodios de esta primera entrega de la serie— a: E) Las pruebas internas en forma de tentaciones: el hurto del objeto preciado; el viaje a lo desconocido —una sucursal del Speedy Mart al norte de la República mexicana—; el rescate por medio de sus aliados, como Reflex (Juan Daniel García Treviño, quien con su talento opaca la actuación de todo el elenco); y los enemigos furtivos al acecho —como “El Ceviches” (Cid Vela), el adversario que pone precio a su cabeza.

La serie, coescrita por ocho guionistas (Marcos Bucay, Valeria de León, Santiago Espejo, Sebastián Sariñana, Fernando Rasé, Jorge Tijerina, Jaime Muñoz de Baena, Gabriela Guraieb), llega también a la revelación del escritor, experto en mitología y catedrático neoyorquino Joseph Campbell, aquella de que todas las historia mantienen una estructura increíblemente similar. Para perpetrar ejemplos desnudos de intelectualismo, mencionemos a la edulcorada telenovela Alcanzar una estrella (1990), de Luis de Llano, e incluso al libro homónimo de Ivette González (no lo lean, no se hagan daño a ustedes mismos), en donde Marco Santana abandona Cuba para hacer realidad sus sueños, mientras que, por otro lado, Lorena Gaytán (Mariana Garza), una joven dulce, inteligente, talentosa pero poco agraciada, sufre un amor platónico por el actor y cantante del momento, Eduardo Casablanca, al que conoce en el cóctel de presentación de su último disco, historia explotada por ad nauseam por la televisión comercial.

Un héroe abandona el mundo para enfrentarse a un adversario y regresar a su hogar profundamente renovado, como un nuevo ser humano. Los finales de los cuentos de hadas, tanto de Televisa, Netflix, HBO Max (inserte aquí su plataforma favorita), deben verse no como una contradicción sino como la trascendencia de la tragedia humana. Todos están relacionados por esta curva épica: la cuestión homérica.

Dejando de lado la historia argumental de Vgly, cabe mencionar que esta ficción está trazada desde un orden ombligista. Quizás el género urbano lo requería así. Es una historia solipsista como el trap mismo. Los personajes son incapaces de relacionarse sentimentalmente con otros e incluso consigo mismos. Las relacioners son forzadas, metidas con calzador a base de frivolidad e interés y el interés, como ya sabemos, tiene muchos pies.

Me hubiera gustado ver, por ejemplo, una secuencia con un diálogo entre Vgly y su madre (Norma Pablo). Guionistas: el personaje de la madre en una historia es eterno como la luna y a la luna no la puedes quitar del plano. Viva o muerta, la madre —o la ausencia de la madre— siempre determina la vida de un personaje. La señora fue abandonada por su marido cuando Ulises aún era un niño, crio a su hijo sin la ayuda de nadie, se gana la vida como comerciante y jamás vemos a Vgly ayudarle en uno solo de sus menesteres, pero sí lo vemos drogarse todo el tiempo con sus amigos en los alrededores de la Guerrero, soñando con tener un video en Youtube y llorando por unos tenis Jordan. ¿Qué son el ocio y la indolencia sino las formas más plásticas del egoísmo?

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Reportajes