Tere Estrada, con la fuerza de las sirenas

La infancia de Tere Estrada está rodeada por libros, máquinas de escribir Remington —aunque en ninguna de ellas se escribió acerca de su porvenir—, una hermana mayor que estudió Filosofía y un hermano menor que terminaría por doctorarse en Economía. Ella, por su parte, se licenciaría en 1992 con una tesis en Sociología.

Comenzó a entrenar gimnasia cuando tenía nueve años y durante una década practicó ese deporte, terminó “con una bolsa llena de medallas” y un campeonato del entonces Distrito Federal. En todo ese tiempo, la música estuvo allí, rondando, taimada, esperado el momento idóneo para seducirla, a sabiendas de que el instante llegaría.

“Mira —dice la compositora—, uno es artista aunque no tome partido, ya lo traes. Estuve en el coro de la escuela en la primaria y la secundaria. Vivíamos en Tlatelolco pero íbamos a la escuela en Lindavista. Después nos cambiamos para allá, pero nunca me llevé bien con la banda de Lindavista, yo era más bandosa y ellos más fresas, ja ja. Cómo que no me hallaba”.

Su primer acercamiento al mundo de las notas llegó junto con la gimnasia, aunque no con el mismo ímpetu. Empezó a tomar clases de piano y cuando lo descubrió pensó en “¡qué era eso, qué impresión!”. La autora de Lotería de pasiones cuenta: “Tomé clases con las monjitas durante un año, pero nunca tuve piano; entonces, ahí fue como mi primer acercamiento. En eso se me cruzó la gimnasia  y no, estaba más divertido dar vueltas en el aire que estar practicando con las monjitas. Me fui a maromear, pero a los quince se me cruzó la guitarra, la aprendí a afinar y a los diecisiete hice mi primera canción”.

Tere Estrada sintonizaba Radio Educación y allí descubrió el rock mexicano gracias a Rodrigo de Oyarzabal y su programa El rol de todos los días. “Ponía a Gerardo Enciso, Emilia Almazán, Cecilia Toussaint. Descubrí a la generación que venía arriba de la mía y que ya estaba haciendo cosas: Rockdrigo, Rafael Catana y dije: ‘¡wow qué es esto!’” En directo, la inspiración se vio reforzada por Demex, baterista de Trolebús, su pareja en aquel entonces y quien estrenaba con su grupo el fundamental Trolebús en sentido contrario, en 1987.

Era un México diferente. Los tiempos no parecían tan duros y el trabajo de algunas rockeras empezaba a dejar sentir su influencia (“Hebe Rosell tocaba con Guillermo Briseño y tocaba super wow; tú la veías y decías: ‘nombre, esta señora mis respetos’. Cecilia Toussaint estrenaba su disco con Arpía; verla era como estar frente a Patti Smith, bien ruda, con sus pantalones de mezclilla, tenis y chamarrota, nada femenino. Nina Galindo era como la voz más enronquecida, el blues tenebroso, cada una tenía su propia personalidad; escuchar a Emilia Almazán —nunca la vi en vivo—, en Radio Educación… Una decía: ‘qué bonitas canciones’”).

Pero había mucho por caminar todavía.

Tere Estrada. Fotografía: Siddhartha Naranjo
Tere Estrada. Fotografía: Siddhartha Naranjo

Tere hacía sus canciones, las presentaba en festivales estudiantiles, pero no se negaba a la posibilidad de formar un grupo y el primero de ellos fue La Fábrica Azul, en 1987 (“Era super acústica, como Crosby, Sills, Nash & Young, hasta los bongoes tocaba, eran puras guitarras”). “En una de mis primeras tocadas conocí a Sergio García Michel (q.e.p.d.) y me dijo  que si no quería ir a tocar al Foro Tlalpan. Yo ni sabía que existía y me ofreció seis meses de  temporada. ¡Imagínate! A los 21 años como que estás en el rollo divertido, en ese momento no piensas en que vas a vivir de eso, vives el momento, la inmediatez de que es chido tocar, en que te encanta estar sobre el escenario,  compartir tus canciones y no piensas nada más. Eso fue el 30 de julio de 1988 y me pagaron por tocar. Fue mi inicio como profesional de la música”.

Aeroplano (1988) fue otra de sus agrupaciones y, al año siguiente, durante seis meses, fue corista de Follaje, porque Lalo Chico la vio en el Foro Tlalpan y la invitó a unírseles. Viajó a Durango con el grupo y vivió una de sus primeras experiencias rudas: “Allí una bola de chavos me acosó, fue horrible, allí sí tragué saliva pero en serio. Empecé a gritar y llegaron a rescatarme, pero ya… Ingenua yo, porque los chavos andaban moneándose y cuando ves chavos que se están moneando dices perdón, más vale ser mamona a que te pase algo”.

Después de su paso por Follaje, Estrada tocó al lado de Pato Montes (Maldita Vecindad) y Demex (Trolebús) en Entenados del Enjambre. Entonces decidió tomar clases de guitarra con Héctor Castañón (guitarrista de Huízar y mentor de Lino Nava [La Lupita] y Toño Ruiz [Coda]) en 1990.

“Al principio yo era como la groupie, a los  ojos  de todos era como la propiedad de… y no la pareja de alguien. En el momento en que troné con el Demex fue cuando ya pude abrir mis alas mejor, porque sentía que no tenía reconocimiento del gremio, siempre te veían como la mujer de fulano, pero no como artista”, dice una Tere Estrada que en ocasiones se pone muy seria, pero nunca pierde su buen humor.

Ya con cierta experiencia, Estrada formó Esquina Bajan y comenzó “el calvario de armar las bandas”. Signo de esos tiempos de abrir brecha es la siguiente anécdota: “Con Esquina Bajan, la  primera tocada fue junto a la Banda Bostik. Cuando llegué, era  la única chava tras bambalinas y abajo en el público había una que otra, pero bien leve. Salimos y tocamos y la banda más bien estaba esperando a la Bostik; no fueron groseros, no nos pelaron mucho, pero el rollo de hostigamiento con la Banda Bostik estuvo de no manches: ‘¿Con quién anda la güerita?’ Ellos no entendían… uno: que liderara una banda y dos: que no anduviera con ninguno de los integrantes, no podían entender eso. Pero me sirvió mucho ser la pareja de Demex, porque eso fue un escudo. ‘Ah, anda con el Demex: entonces no mi carnal, no’. Tenía que ser propiedad de alguien para que no se metieran conmigo, eso era muy feo”.

¿Cómo hacía Tere Estrada para sobrellevar esa situación? “No, espérate. Entré al camerino y una nube grandísima de mota; así, hasta la madre, y entonces empezaron a hablar del  tamaño de sus penes y yo así, como ‘qué onda, me quieren intimidar, quieren que me sienta mal porque yo no tengo pene’. Me sentía como con chavitos de secundaria echando desmadre con la maestra y nada que ver. Era una actitud completamente machista. Me fui a otro lado, con mis compañeros, me segregué, pero sí…, no me iba a poner a discutir, era decir ‘ya sé que no soy bienvenida aquí, gracias’”.

Las mujeres en la escena del rock de los noventa eran cantantes, no compositoras o instrumentistas. En 1991, Esquina Bajan ganó un concurso en el rubro de rhythm and blues y Tere grabó un primer disco (“En el concurso participamos como Tere Estrada y Esquina Bajan, pero en el cassette dice Esquina Bajan”). En 1993, mochila al hombro, se embarcó en su primera gira europea y de 1995 a 1996 formó otra agrupación: Edén Subterráneo.

Tere Estrada. Fotografía: Siddhartha Naranjo
Tere Estrada. Fotografía: Siddhartha Naranjo

Un año después se dio el cambio decisivo, cuando grabó Encuentros cercanos conmigo, un parteaguas “porque en él encontré mi sonido como Tere Estrada”. Su siguiente producción fue Lotería de pasiones (2003), pero un año antes publicó Sirenas al ataque. Historia de las mujeres rockeras mexicanas (INJUVE) —una edición corregida y aumentada, ya con el título de Sirenas al ataque. Historia de las mujeres rockeras mexicanas (1956-2006), aparecería unos años después en  Océano—, libro fundamental en la historia del rock hecho en este país y, al no existir algo similar en otras latitudes, su importancia trasciende nuestras fronteras. Nació así la paradoja: sus textos —es también autora de la novela Un blues en la penumbra—, su trabajo como investigadora, corrieron en una linea paralela a su labor como compositora y nunca habrían de cruzarse.

Antes, de 1998 a 2004, se integró al colectivo Mujeres en Fuga (con Laura Abitia, Ana Pizarra y Adla Cano) que editó un disco en el sello Pentagrama (Brujas) y en el que ella se asumió “más como comparsa que como líder de proyecto”. Sus escarceos con la música también la llevaron al jazz y de 1999 a 2007, al lado de Poncho Miranda en el sax (luego sustituido por Blu), Darío Federico en la guitarra y ella en la voz y la segunda guitarra, trabajó en Yax, agrupación con la cual interpretaban standards.

Fue el último grupo al que se integró —aunque desde 2020 es parte del coro El Palomar—, porque se dio cuenta de que “cuando eres líder es más fácil caminar; cuando hay más cabezas, hay muchos roces”.

Tere Estrada es una cantautora que se ha forjado a golpes en una escena que todavía hoy le niega un reconocimiento total, a pesar de haber pergeñado discos medulares como Mujeres compositoras de México, en el que recupera el trabajo de Concha Michel, María Grever, Ema Elena Valdelamar, Judith Reyes, Margarita Bauche y Laura Abitia y lo revitaliza con nuevos arreglos.

Ha sido la escritura la que la ha llevado a sitios en donde, señala, “mis discos jamás me hubieran llevado; la prensa me conoce más por ser autora de ese libro (Sirenas…) que por mis ocho discos. Compongo rock hecho a mano, no me programan en la radio, no hago canciones pegajosas de pop. Cada quien escribe conforme le va en la vida, todos tejemos historias de lo que vivimos, con zapatos de mujer o de hombre. La música es universal, la literatura es universal. Te llena o no te llena, te dice o no te dice”.

¿La escena ha sido inequitativa con ella? Lo piensa un momento, fija la mirada en un punto en el horizonte y prosigue: “No me pongo a pensar en eso. Yo honro mi trabajo, le doy su peso. Me encanta lo que hago: la sociología, la música, la literatura, voy de una a otra. También hago trabajo con Cabán Promoción Cultural, donde  nuestro máximo proyecto se llama Sirenas al ataque. Damos charlas, talleres y conciertos para empoderar a las mujeres por medio del arte y fomentar su autoestima. Es llevar el trabajo de Sirenas a otro nivel”.

También comenta que en su novela Un blues en la penumbra no hay nada autobiográfico, pero que en la misma ella se identifica más con Gladys. “Yo soy la madre del rock and roll”, dice y suelta tremenda carcajada. Carcajada que contrasta con la solemnidad con la que recibió, el 18 de mayo de este año, el premio Hermila Galindo, otorgado por la Comisión de Equidad de Género del Congreso de la Ciudad de México, por su contribución a la cultura.

Ese día, en un discurso que no pudo dar en la Cámara de Diputados de CDMX y alojó en un video, señaló: “‘Todos los días llegan alguna vez’, escribió Fernando del Paso en Noticias del imperio. Mi labor de hormiguita, de buscadora de historias de mujeres rockeras, de tejedora de la otra parte de la historia del rock en México que nadie había contado, por fin fue vista y honrada por la Comisión de Equidad de Género del Congreso de la Ciudad de México. Hacer visibles las historias invisibles fue mi tarea durante diez años. Cuando por fin se publicó mi libro, lo transformé en charlas y me fui a todas las escuelas que pude a presentarlo. Hoy recibo la medalla Hermila Galindo por impulsar la cultura. No vengo sola, vengo con la fuerza de las sirenas que siguen al ataque”.

Tere Estrada. Fotografía: Siddhartha Naranjo
Tere Estrada. Fotografía: Siddhartha Naranjo

Eso y la llegada de su aniversario número 35 como cantante son motivo de celebración y por ello lo festejará con un concierto en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.   “No sabemos cuándo será nuestro último concierto. Vivirlo y sentirlo a todo pulmón es lo que me toca. Tocaré con una banda extendida. Es como una big band y eso me emociona mucho. Es un formato que no había experimentado y la experiencia ha sido muy enriquecedora”, comenta.

Metales, un trío de cuerdas y la presencia como invitadas de Cecilia Toussaint y el coro El Palomar darán nueva vida a temas clásicos como “Sirena hechicera” o “Arenas movedizas”, así como a los estrenos de “Superheroína de tu cómic” y “Ruta feminista”, composiciones de Nube volcán, su próxima grabación a presentarse en octubre.

Nada queda de aquella jovencita tímida que estrenó sus canciones a los 21 años en el Foro Tlalpan. En su lugar hay una mujer fuerte, una heroína del rocanrol nacional, una mujer que hoy sabe lo que es estar empoderada y que así lo explica: “Estás empoderada cuando no tienes que demostrar nada y es que todo el tiempo sientes la necesidad de estar demostrando, porque te hacen sentir chiquita. Socialmente, el inconsciente colectivo te hace  sentir que no puedes, que eres menos. Es lo que nos han dicho, que no podemos. Empoderarte es estar segura de ti misma y no tener que pedirle permiso a nadie. Punto. Se acabó. Los madrazos con los músicos, la falta de credibilidad en el trabajo todavía siguen. Eso siempre pasó, pero no se hablaba. Con las redes se ha hecho visible” concluye.

Discografía de Tere Estrada

Azul transitando en violeta (1990)           
Túneles desiertos (1992)
Viaje al centro de tu ser (1994)
Encuentros cercanos conmigo (1997)
Lotería de pasiones (2003)
En vivo (2006)
Compositoras de México. Un viaje por la lírica y la música en 100 años de historia (2012)
Un blues en la penumbra (2018).

Tere Estrada, 35 Aniversario. Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, Donceles 36, Col. Centro, 9 de julio, 18:00 hrs.

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Publicado en: Entrevista