Valentina Magaletti, una baterista prolífica

Valentina Magaletti era muy pequeña cuando en Bari, Italia, su ciudad de origen, tuvo una epifanía. La televisión de su casa estaba sintonizada en MTV y allí descubrió a Debbi Peterson, baterista de The Bangles, quien aporreaba los tambores en la canción “Walk Like an Egyptian”. “Era una niña, pero realmente me sentí dentro de la batería; era uno de los primeros videos en los que aparecía una mujer tocando la batería en ese entonces, a finales de los ochenta”, nos dice ella desde Londres, ciudad en donde actualmente reside.

Fotografía: cortesía Valentina Magaletti
Fotografía: cortesía Valentina Magaletti

A los doce años comenzó a estudiar el instrumento. Uno de sus profesores fue Michele di Monte, de quien aprendió una técnica tradicional; otro fue Agostino Marangolo (ex-Goblin), quien resultó ser una gran influencia en su carrera. “Siempre apoyó mi forma de tocar la batería y me alentaba para continuar y tocar y tocar, así que fue decisivo en mi aprendizaje”.
Siguiendo el ejemplo de Marangolo, Magaletti tocó prácticamente “con la mayoría de la gente en Bari” y entonces decidió mudarse a Londres. Cuenta: “Me moví a Inglaterra básicamente por la música. Mi objetivo sólo fue ampliar mi experiencia musical y Londres, en particular, es una gran ciudad para conocer a muchísimos músicos e involucrarse en muchas y diferentes escenas”.

Allí, uno de sus primeros contactos lo realizó con Charles Hayward, cuyo apoyo fue decisivo. “Soy una gran fan suya, siempre lo he sido, ya sea en This Heat, Camberwell Now o como solista, siempre cargo sus discos cuando hago de DJ. Ha sido muy placentero interactuar con él. Hasta la fecha, hemos tocado un par de veces juntos y apoyamos nuestro trabajo mutuamente. Es un baterista fenomenal”.

Magaletti se insertó en una escena en la cual abundan la improvisación y la música experimental, pero “no me fue difícil entrar a esa escena, lo que sí se me complicó fue estabilizarme como baterista cuando empecé en Italia; no fue nada fácil ganar credibilidad, porque era una joven que quería tocar la batería, pero una vez que me introduje en ese círculo y comencé a tocar, sólo hice lo que sé hacer y eventualmente me adentré en la escena de una manera natural”.

Fotografía: cortesía Valentina Magaletti
Fotografía: cortesía Valentina Magaletti

El trabajo de Valentina es prolífico. Si bien lo suyo es lo experimental, sus colaboraciones la han llevado a estar detrás de los tambores con Nicolas Jaar, Bat For Lashes o Gruff Rhys. De hecho, uno de sus proyectos más interesantes, aunque tal vez el menos arriesgado, es Vanishing Twin, grupo que recientemente puso a circular en su bandcamp el álbum Pensiero magico, el audio de un concierto que filmaron en 2020 dirigido por Jordan Copeland. Es, junto con discos como Ookii gekkou y The Age of Inmunology, una muestra de una música que va de un sonido motorik, a exploraciones más melódicas a la Stereolab, con un ligero paso por la tropicalia, sin dejar de lado un poco de jazz, en una fusión que si bien está dominada por el pop, también reboza una elegancia al mezclarlo con un poco de música experimental, aunque sin llegar a denominarse como tal.

Cuenta la baterista: “Vanishing Twin se está volviendo más y más experimental, especialmente el nuevo álbum que será una sorpresa; perdimos a uno de los integrantes y se volvió más experimental. Sí, es cierto que es el más ‘seguro’ de mis proyectos, pero te aseguro que se está volviendo más extraño cada vez”.

Magaletti formó parte del dueto electrónico Tomaga al lado del fallecido Tom Relleen; en 2017, participó al lado de Steve Shelley (Sonic Youth) en The Can Project, tributo al fallecido Jaki Liebezeit. Avvitagalli (dueto con Pino Montecalvo), CZN, Due Matte (al lado de Marlene Ribeiro de GNOD) y Holy Tongue son algunos de sus otros proyectos. El último, luego de permanecer como dueto por varios años, ahora es un trío integrado por ella en la percusión, piano, vibrafono, xilofono y batería; Susumu Mukai en bajo y percusión y Al Wootton en sintetizadores, bajo, contrabajo, piano y percusión. Su más reciente disco es Deliverance and Spiritual Warfare (Amidath Records), gozosa exploración de música del mundo, atmósferas, reggae, dub, ligeras infusiones latinas y jazz.

Acerca de cómo elige los proyectos en los cuales habrá de insertarse, la baterista señala que en “lugar del proyecto elijo a las personas con las que voy a trabajar y eso es muy importante, porque no siempre es sencillo encontrar gente cuya música y cuya vibra resuenen con las tuyas, así que estoy muy atenta al elegir con quién trabajar y hasta ahora he sido increíblemente afortunada, porque toda la gente con la que he colaborado ha sido realmente muy agradable y súper talentosa. Cada proyecto en el que he participado tiene que tener aunque sea un poco de reto para mí, no estoy a favor de la red de protección. Tampoco me gusta trabajar en exceso, porque creo en el flujo natural de la creatividad, pero tengo que estar definitivamente abierta a una amplia inventiva, así que no hay un proyecto que sea más retador que otro, todos lo son de manera diferente”.

Fotografía: cortesía Valentina Magaletti
Fotografía: cortesía Valentina Magaletti

El trabajo de Magaletti incluye obras en solitario y algunas de las más destacadas en ese rubro son A Queer Anthology of Drums y Batterie Fragile. En la última tocó una escultura de porcelana concebida por Yves Chaudouët, una experiencia única: “Eso fue fantástico, por la fragilidad y la esencia de tocar un drum kit en su mayoría fabricado con un material muy delicado. Fue intelectualmente my estimulante para mí, porque destruyó la convencionalidad de concebir a la batería como un elemento masculino; así que estar frente a la porcelana, tan frágil, fue muy extraño, también es una manera muy queer de concebir algo que convencionalmente nunca ha sido considerado como tal”.

La música de Magaletti abreva de influencias diversas, pero en su quehacer hay un par de constantes: el jazz y el collage. Del primero dice: “Lo amo, amo todo acerca de él, amo su ausencia de academicismo y para mí es una verdadera forma de ser punk, especialmente el free jazz. Es muy formativo e inspirador en todo lo que hago”. Del collage afirma: “Creo que es la esencia prima de cada forma artística con la que me involucro, yo hago collage con música y con arte visual, con video. Amo su aleatoriedad”.

Además de la diversidad de proyectos en los cuales se involucra, a cual más de ellos interesante, Valentina Magaletti ha sido muy enfática en su trayectoria, al señalar que una de las cosas que le interesa es desarrollar la cualidad narrativa que posee la batería.

“Como he dicho en otras entrevistas, no se trata de demostrar a la gente que puedo tocar la batería y que una audiencia venga al final del concierto a decirme que soy realmente buena. No estoy interesada en ello. Cuando hablo de una narrativa al tocar en vivo, es que concibo esto como una historia y llevarla al público es contarles una historia, algo que resuene o no en ellos, como un opuesto a sólo demostrar que tan sorprendente soy con mi técnica, porque encuentro eso increíblemente tedioso”, concluye.

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Publicado en: Entrevista