Daniel Villarreal en una laguna

Daniel Villarreal es bajista y ha convivido con su instrumento durante tres décadas (“empecé mis primeras lecciones a los once años. He estudiado en escuelas de música clásica y de jazz. El bajo lo he estudiado con Pepe Hernández, Aarón Cruz, Rodrigo Cárdenas y actualmente bajo la tutela de Moto Fukushima”), pero antes que definirse como el responsable de las cuatro cuerdas, le gusta pensarse de otro modo. “El artista siempre está generando y creando, aunque no todo quede plasmado”, dice. “Me gusta pensarme como artista y no sólo como rockero, es por eso que esta música tiene cortes, formas y sonidos diferentes a la línea de bajo convencional dentro de una banda; tenía que construirlo, componerlo, plasmarlo y contribuir a las producciones para bajo solo”.

La música a la que alude quien ha sido integrante de Ágora desde 2004 es la contenida en Laguna, su primera producción en solitario, una placa de ocho composiciones que él denomina como “un viaje mágico e introspectivo, porque cada persona construirá su propia historia al escucharlo. Al ser música instrumental, a cada individuo le producirá reacciones diferentes. Es por eso que este disco es evocativo y sinestésico. No tienes una lírica que te indique qué pensar, entender o de qué va la pieza; tus recuerdos y vivencias se encargarán de hacerlo”.

En Laguna, el escucha encontrará acercamientos a la fusión, como en “Fábula de una zarigüeya” y “Cafetal”, mientras en “Solaz”, la sensación es la de estar más cerca de la música de concierto para después adentrarse en la introspección y melancolía desplegada en “Absinthe”, hasta recalar en la descriptiva “Tetzcotcinco”. “Historia de un diablo” resulta  muy dinámica, lenta por momentos, agitada en otros.

Dice Villarreal: “Cada tema recrea y plasma lo que viví y experimenté en ese instante de composición y algunos no tienen un trasfondo tan profundo. Un ejemplo es ‘Los Chapulines’. Al momento de componerla, tenía invasión de chapulines en mi jardín. Mis manos simulan el salto de estos animalitos al ejecutarla. Muchas veces, a partir de algo ordinario se puede encontrar algo extraordinario”.

Fotografía: cortesía de Daniel Villarreal
Fotografía: cortesía de Daniel Villarreal

Por “trabajo, tiempo y cuestiones anímicas”, Laguna se tomó un largo tiempo en su construcción. Se grabó en 2020, pero fue dos años después cuando vio la luz. Fue un proceso en el cual Daniel Villarreal aprendió a conocer más ese artefacto que creía dominado: “Toda mi carrera ha sido en y con bandas, por lo que mi instrumento desempeña el rol armónico-rítmico. Al momento de estar solo, tenía que complementar con la parte melódica. Fue un reto y descubrimiento el tener que agregar un elemento musical más y ejecutar los tres de manera simultánea. Igualmente, tuve que incorporar técnicas nuevas para poder interpretar las piezas; fue un proceso de mucho aprendizaje”.

No abundan los ejemplos de álbumes hechos en México en los que sea el bajo eléctrico el único protagonista y son menos todavía aquellos perpetrados desde el metal, aunque Laguna no sea una obra dedicada a un género específico. Además, el bajista de Ágora tuvo que pensar en cómo alejar la sombra del aburrimiento. Cuenta: “El bajo es el instrumento con el cual me expreso y quería hacer un disco solista para llegar a la parte más orgánica e íntima del instrumento. Cuando estudiaba en la escuela de música clásica, me daba un poco de celos ver a mis compañeras y compañeros pianistas, violinistas o guitarristas clásicos poder recrear una pieza ellos solos, sin necesidad de  una banda o una computadora.    Pensemos en las suites de cello de Bach o las sonatas de piano de Beethoven, por citar algunos ejemplos. Toda esa música es para un instrumento solo y funciona perfectamente. Respecto al aburrimiento, no considero que la música únicamente se componga para fines recreativos o lúdicos. Pienso que la música, si se le escucha con atención, puede llegar a niveles cognitivos mucho más sorprendentes. El bajo eléctrico en nuestro país cada vez gana más fuerza y presencia, tenemos exponentes que han trabajado el bajo de una forma más protagónica, como Carlos Orozco (Melina), Luis Heredia, Kello González (Nata y Parazit) o el mismo Alonso Arreola que es una figura bajística de mucho peso en nuestro país”.

Fotografía: cortesía de Daniel Villarreal
Fotografía: cortesía de Daniel Villarreal

El álbum de Daniel Villarreal, ya en circulación en las plataformas de costumbre, tendrá un tiraje físico para coleccionistas y melómanos y podrá conseguirse directamente con el bajista al visitar sus redes. Mientras tanto, éste trabaja en Bajofonías, proyecto instrumental pensado para tres bajos eléctricos —cuya primera producción aparecerá este año— e integrado por Carlos Orozco, Jesús Darío (Espirales Púrpuras) y el propio Villarreal y que ya ha hecho algunas presentaciones, en las que “la recepción y la reacción del público han sido sorprendente. Comentarios como ‘ni sabía que el bajo pudiera hacer eso’ o ‘no pensaba que el bajo sonara así’, nos alientan a seguir trabajando”.

Osado, propositivo, Laguna no es sólo un documento personal; íntimo, si se quiere. Es el trabajo de un instrumentista que decidió arriesgarse y salir del resguardo de su banda para andar en paralelo un camino en solitario que no es fácil, pero que se avizora promisorio y en al cual nos ha invitado a acompañarlo. “Dénse el tiempo de escuchar mi trabajo. No piensen que es instrumental o que es un bajo eléctrico, tampoco lo escuchen pensando que es jazz, ambient o world music. Simplemente lo que propongo y les ofrezco es música”, concluye Villarreal.

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Publicado en: Discos