Quizás el nombre de Erick Lee Purkhiser no diga mucho, pero el de Lux Interior lo dice todo: palidísimo, altísimo y delgadísimo, aparecía en el escenario desgreñado, bañado en vino y sudor, siempre parecía que había emergido de un ataúd o del infierno. Enfundado en vinil o cuero y bien plantado en sus tacones femeninos, aullaba y felaba su micrófono con idéntica intensidad. Fue así como junto a su musa y compañera de vida, la también mítica Poison Ivy, creó a The Cramps, una agrupación que siempre se resistió a ser clasificada o celebrada por la crítica.
The Cramps inició como parte de la escena del CBGB de Nueva York, junto a grupos como Television o Richard Hell And The Voidoids. Su mezcla de rockabilly, garage, surf y punk rápidamente se distinguió de las agrupaciones con las que compartía escenario. Fueron los primeros en describir su sonido como psychobilly, palabra mencionada en la canción de Johnny Cash “One Piece at a Time”. Sin embargo, la definición que mejor le queda a su desenfreno es la de shockabilly o gothabilly, términos que también acuñó el grupo.
Sus canciones están habitadas por monstruos, dominatrices, horror, diversión y sexo, mucho sexo: prácticamente todos sus temas están llenos de juegos de palabras e insinuaciones sexuales. No hacen falta grandes análisis para notarlo: temas como “What’s Inside a Girl?”, “Good Taste”, “TV Set”, “I Wanna Get in Your Pants” y las muy obvias “Bend Over I’ll Drive”, “(I Got a) Rocket in My Pocket” o “Can Your Pussy Do the Dog?” son un claro ejemplo, sin olvidar a la recién resucitada “Goo Goo Muck” que habla acerca de un hombre-bestia que sale al ocultarse el sol y vaga por la ciudad para buscar “algo rico que comer”.
Si sus canciones ya eran lujuriosas, las presentaciones en directo iban más allá: los pantalones de Lux siempre iban a la altura de la entrepierna, amenazando con romperse en cualquier momento. Frotaba y apretaba su pene constantemente mientras cantaba. Gemía, simulaba penetraciones y según el periodista Owen Addams, llegó a masturbarse y a eyacular sobre el escenario, en el que muchas veces quedaba en una minúscula tanga negra. En una de esas presentaciones, también besó y manoseó a alguien del público durante diez minutos y bebió vino de un zapato de otro, todo con el beneplácito de su esposa y el resto de la banda.

Desde el manicomio con amor
En un caluroso junio de 1978, un puñado de punks se mezcló con pacientes mentales del Napa State Mental Hospital. Arriba del improvisado escenario, Lux Interior hizo lo que mejor sabía: estallar.
Aunque en esa ocasión se quedó corto —únicamente se quitó la camisa—, aquel show no sólo fue uno de los conciertos más enigmáticos de la historia de la música, sino también un reflejo de todo lo que encarnaba The Cramps, un grupo para aquellos que no encajaban, para raros y toda clase de inadaptados sin lugar en lo aceptado y lo “cool”.
De ese concierto, el cantante diría: “Siempre quisimos tocar en un manicomio, porque la audiencia habitual no es tan alocada como nos gustaría; en cambio, los pacientes reaccionaron de inmediato”.
Un retorcido Elvis del infierno
Aunque no lo parezca, es cierto que Lux Interior y Elvis Presley son similares: los movimientos del llamado Rey del rock enloquecieron —y calentaron— a la juventud de su época; los de Lux, a jóvenes frustrados y decepcionados pero con ganas de divertirse y ver a un tipo revolcarse y aullar mientras cantaba sobre el placer sexual. Ambos compartían el gusto por los trajes de piel y un vestuario rocambolesco. Otro punto de unión es el álbum de 1985 A Date with Elvis que no es un disco tributo ni de covers, pero lleva el mismo título de una de las producciones de Presley. Aunque el plato es un retrato de Lux, por alguna razón el resultado final es un Elvis de look perverso, sucio e infernal. Quizás eso fue lo que inspiró a Owen Addams a describirlo como “un retorcido Elvis del infierno”.
En 2002, Lux prestó su voz al cantante de Bird Brains, un grupo de rock conformado por pájaros que apareció en un capítulo de Bob Esponja. Cuatro años después, The Cramps dio su último concierto en Oslo, Noruega, con lleno total. El cantante salió con un atuendo de vinil color negro murciélago y el cabello en un tono similar al de las llamas del infierno. Aunque el cuerpo ya no le daba para ser tan alocado, su voz y su presencia escénica seguían intactas.
El 4 de febrero de 2009, Lux Interior se metió en su ataúd y no volvió a salir de ahí. Murió inesperadamente a causa de una disección aórtica. Si los rumores son ciertos, simplemente descendió a los infiernos para hacer lo único que sabía: cantar sobre las delicias del sexo, los monstruos serie B, mujeres armadas en bikini, estricnina y psicosis. Junto con Elvis, se hizo de un lugar en la historia de la música y en el infierno, pues –como sabemos– el diablo ama al rock y muy seguramente los atuendos de vinil, el sexo y la divertidísima vulgaridad que definió a The Cramps.