Real de Catorce, 40 años de hacer su blues

No recuerdo con certeza el día en que me crucé con Real de Catorce por primera vez, pero fue por la vía de las ondas radiofónicas —aunque ya antes había leído de ellos, en la revista Conecte seguramente— y como le sucedió a una generación completa, escuchar “Azul” fue toda una descarga eléctrica. Vaya debut, primer álbum (Real de Catorce, La Mina, 1987), corte abridor y un track perfecto. ¿Podía haber mejor carta de bautizo para una agrupación que luego de cinco años finalmente se abría a un público mayor por la vía de un registro discográfico?   Pocas agrupaciones en el rock mexicano pueden jactarse de encontrar los astros alineados de tal manera.

Cierto, no era un blues puro, pero tampoco era puro blues. Olía a aceite, a sangre, erotismo, mugre y traía una carga de negritud que hasta entonces poco se había olfateado. Al menos masivamente.

Cuenta el periodista Javier Hernández Chelico: “Un punto importante de las aportaciones al rock mexicano por parte de Real de Catorce es su propuesta de imponer conceptos rítmicos no aceptados por puristas del blues, quienes no admiten fusiones de ningún tipo. Real de Catorce experimentó con éxito mezclas de blues con candombe, bolero y presentó canciones donde alternan compases blueseros con los otros ritmos, logrando un sonido —estilo— muy característico; esto unido a las composiciones de José Cruz, quien logra en sus letras evidente cercanía con la poesía, respetando la métrica musical en las canciones de su autoría”.

El grupo que en disco debutó con José Cruz a la guitarra, voz y armónica; Fernando Abrego, batería; Severo Viñas, bajo y José Iglesias (q. e. p. d.) guitarra, alineación que permaneció en sus primeras tres placas, no fue de los primeros en tocar blues en México. Antes que ellos pasaron por estas tierras Three Souls in my Mind y Hangar Ambulante, entre otros; el debut epónimo de Follaje lo antecede un par de años y debemos incluir a otros más que no tuvieron posibilidades de grabar. Sin embargo, el grupo liderado por Cruz no quiso hacer blues puro como ya se señaló, sino un blues mexicano.

Real de Catorce había editado su segundo álbum (Tiempos oscuros, Discos Pueblo, 1988) y en una entrevista para la revista Atonal el vocalista confesaba: “El grupo no es tradicionalmente bluesero. A partir del blues trata de generar otras músicas, un poco más allá de la fusión. En el fondo lo que hacemos son canciones, porque la música es de fusión”.

Un detalle que sorprende cuando se habla del rock mexicano es cómo las brumas del tiempo tienden su manto y aquello que en un instante tuvo interesantes nexos, conforme transcurren los años aparece como si fuera una entidad aislada; sin embargo, cuando se hurga entre las entretelas, se advierte como esas historias en apariencia independientes están entrelazadas cual rizoma y forman ese gran cuadro que es el rock nacional.

Es el caso de Real de Catorce. Cuenta Juan Pablo Proal en Voy a morir. Biografía de José Cruz, fundador de Real de Catorce (Lectorum, 2013) que al comienzo de la década de los ochenta del siglo pasado, Cruz deambulaba por el Foro Tlalpan y allí encontró una aliada natural en Emilia Almazán: “Ambos compartían su adoración por el blues. Acordaron conformar un dueto rústico, con sus voces, guitarra y armónica. Llamaron a su primera canción ‘Don Diablo’ […] Tanto le gustó a Roberto González (q.e.p.d.) la cadencia del dueto, que les pidió sumarse en el bajo. José y Emilia aceptaron. Añadieron percusiones al sonido, aunque sin un baterista fijo”.

Una noche, el baterista que los acompañaría no llegó; entonces, “José en medio de la premura, preguntó al público: ‘¿Alguien sabe tocar la batería?’. Un joven alzó un par de baquetas. ‘¡Súbete a echar un palomazo!’, lo invitó. De esta manera Fernando Abrego se unió al grupo”.

El primer concierto del cuarteto, con el nombre sugerido por Roberto González, fue el 2 de abril de 1982, en el Centro de Educación Artística (Cedart) Diego Rivera, en Taxqueña, y la alineación fue José Cruz, Fernando Abrego, Hugo Garduño en el bajo e Israel López en guitarra.

Francisco Barrios “El Mastuerzo” recuerda: “Para mí es muy cercano el existir de un grupo como Real de Catorce. He corroborado con José Cruz que el primer toquín de ellos fue justo abriendo el concierto de algunas entidades: La Broma Bolchevique —con Jorge Luis Gaytán, Emilia Almazán y alguien más—, después siguió Alain Derbez con Jaime López y les siguió Botellita de Jerez en su primer toquín. Parto de ahí porque hay mucho cariño, mucho amor, particularmente con José Cruz y todo lo que fue esta historia llamada Real de Catorce”.

Fotografía: Rojo Cuarenta
Fotografía: Rojo Cuarenta

Ese año también, José conoció a Betsy Pecanins (q. e. p. d.), cuando ambos coincidieron en un festival de canto nuevo convocado por Canal 13. Ella ya tenía experiencia en el blues y un día le propuso a José ser el guitarrista de su banda.

En 1983, el cartel del Festival de Blues que organizara Raúl de la Rosa incluía, entre otros a Son Seals, Taj Mahal y “Papa” John Creach y un día, luego del concierto oficial, se organizó una fiesta y cuenta Alain Derbez en Hasta donde nos dé el tiempo que Taj Mahal tocaba el piano y Papa John Creach cantaba “cuando de pronto José Cruz hizo de las suyas… tomó la armónica y llevó a la concurrencia de acá para allá dejando claro de entrada que (el color de) la piel, si se lleva el blues adentro y desde pequeño, nada tiene que ver”.

Cuenta Severo Viñas: “Juntos acompañamos a Betsy en giras nacionales, entre 1983 y 1985; después, a inicios de 1985, formamos La Compañía de Blues y Fuerza. Esta banda fue el antecesor directo de Real de Catorce en su segunda etapa, ya que la primera comenzó en el Foro Tlalpan con Roberto González años atrás. Más o menos a mediados de 1985, yo invité para incorporarse a José Iglesias y ese fue el inicio de la agrupación fundadora de Real de Catorce, en la que trabajé de 1985 a 1990”.

En realidad, el primer concierto con la alineación que grabó el debut y que durante mucho tiempo sirvió al grupo para celebrar su aniversario, fue el 12 de diciembre de 1985, en Rockotitlán. Ese Real de Catorce, ahora mítico, lo conformaron José Cruz, Severo Viñas, Fernando Abrego y José Iglesias.

Quien esto escribe los recuerda en vivo en el Teatro Ciudadela, algunas noches en Rockotitlán, su paso por el Isabela Corona en la época de la aparición de Voces interiores (Discos Pueblo, 1992) —cuando Severo Viñas ya había sido sustituido por Juan Cristóbal Pérez Grobet y los acompañaba en los coros María Elena Durán—; una noche en el Alicia dieron un conciertazo al lado de Salario Mínimo… y siempre dejaban huella.

A su vera acumulaban discos —Contraley (Musart, 1994), Azul, Al rojo (ambos en Discos Pueblo, 1997), Cicatrices (1998), Nueve (Discos Pueblo, 2000) y Voy a morir (2002)—, historias, canciones, cambios en la alineación, éxitos. Entonces la debacle —a mis ojos perlada más de tragedia— llegó.

Hay heridas que sangran y por eso no deben tocarse; verdades que uno no está autorizado a develar porque implican la palabra de amigos que se convirtieron en antagonistas y eso aplica luego de ese Voy a morir. Real de Catorce —léase a partir de aquí José Cruz— entra en un proceso de demandas legales y pleitos en los cuales ambas partes creen tener la razón, pero una de ellas se niega a conocer como verdad el que a partir de 2005 su líder nato fuera diagnosticado con esclerosis múltiple e hiperhomocisteinemia, dos enfermedades degenerativas y que, no obstante, no han logrado amilanarlo.

Dice el periodista Ricardo Bravo: “Desde el sorpresivo y estremecedor diagnóstico de esclerosis múltiple y el para muchos incomprensible modo en el que terminó la que ahora podemos llamar la primera etapa de Real de Catorce, José Cruz ha mostrado una entereza formidable, ya que no sólo no se ha dejado derrotar como ser humano por su enfermedad, sino que se ha mantenido activo artísticamente con mucha dignidad, con la ayuda de nuevos y jóvenes aliados, siguiendo a flote con Real de Catorce y su labor como escritor y hasta dándose tiempo incluso para nuevos proyectos, como Lucy Blues”.

En 2014, con el oxígeno al lado, José Cruz subió con un reformado Real de Catorce al escenario del Lunario. A pesar de lo minado de su salud, cuando tocó la armónica mi cuerpo se cimbró. Escribí por ese entonces: “La banda se escucha compacta, parten del blues pero de pronto giran al jazz y van tan lejos que suenan a big band y cuando el cantante se toma un respiro y grita: ‘¡quiero una revolución!’, la frase se torna arenga y sus devotos, exaltados, lo secundan. Hay instantes en los cuales el lugar se llena de un extraño zumbido, un sordo susurro. Son las voces del público que recitan los versos de las canciones y lo hacen como si fuera una salmodia, una oración. Es tan intensa su emoción que ésta raya en la fe”.

Un año después estaba yo frente a José Cruz. Acababa de lanzar Yo creador me confieso. Antología —reveladora reunión de poemas, prosa poética, relato, cuento, ensayos, filosofía, canciones y política y crítica— y aproveché para preguntarle acerca de lo conquistado por el género luego de más de tres décadas al frente de la agrupación.

Fotografía: Rojo Cuarenta
Fotografía: Rojo Cuarenta

“Mucho. He visto ejemplos de grupos en otros estados que están tocando blues en español. Lo fundamental es que el idioma no sea un muro, por eso Real de Catorce tiene el apoyo de lo poético, pero también de lo mundano; ya no estoy high, ya aterricé un poquito, es la oportunidad de jugar con el lenguaje y el grupo ha mostrado que sí se puede hacer un blues de calidad en español. El blues tiene la ventaja de ser un sincretismo y puedo incorporar el tango, el rock duro, la milonga y otras músicas, ese es el legado que nos dejaron los negros; la idea purista quedó desgastada, incluso rebasada”.

Le pregunté si nunca le dieron ganas de hacer un pacto como el de Robert Johnson —la leyenda cuenta que el guitarrista, quien dio un giro importante al blues, obtuvo su talento gracias a un pacto con el demonio— y él contestó con aplomo, ese que sólo se consigue con la suma de golpes: “Tenía un pacto con el diablo, mi finalidad era destruirme; había inconsciencia, la parte oscura, la sombra. Ahora llegó la otra parte. Me dicen que soy un guerrero, pero lo que estoy haciendo es vivir. Sí, vivir en una situación difícil, pero con la fuerza interior que todos tenemos”.

¿Qué es Real de Catorce, cuál es su importancia luego de cuatro décadas en el rock de nuestro país? Rafael Catana, trotamundos, compositor, cantante, otra leyenda, habla de uno de sus iguales: “Es una de las mejores bandas de México, no solamente porque toca el tema del blues. Es una agrupación histórica que ha desarrollado la canción de una manera exorbitante, ya que el compositor de la misma y sus diferentes alineaciones con el paso del tiempo han dejado una huella en tres o cuatro generaciones. Quisiera mandar un abrazo a José, porque él es parte fundamental del rock mexicano. Real de Catorce nos ha dejado una huella con esa relación entre letra y música, entre performance e historias terribles, historias de amor, desengaño, optimistas, del país; nos ha dejado en el corazón toda una estela de grandes y hermosas canciones. Simplemente es una historia de amor que tiene muchos años para seguir y tiene mucho corazón para el rock mexicano”.

Para Juan Luis Spíritu Labonne, guitarrista de San Luis Blues, el aporte de Real de Catorce durante estos años “fue el cimiento para muchos de los músicos que actualmente hacen rock y blues en nuestro país. Las letras, la poesía de José Cruz, principal compositor, más el trabajo creativo y la originalidad de este grupo, se separan de la mayoría de las propuestas del rock y el blues nacionales. José Cruz es un referente e influencia para los escritores de canciones y letristas. Es una escuela que han cursado muchos músicos, pues cantidad de grupos inician intentando tocar las piezas de esta banda”.

La idea de una escuela no es descabellada y si bien Real de Catorce fue en sus inicios un cuarteto y así se mantuvo mucho tiempo, desde sus comienzos ha habido a su alrededor músicos “periféricos” cuyo sonido fue determinante. ¿Qué sería de “Azul” sin ese saxofón que le pone sabor a sensualidad? ¿Qué de “Al rojo de la tarde” sin ese piano que todo lo pone a vibrar? ¿De “Botellas de mar” sin el violín de Cox Gaitán o “Lila” sin el órgano de Gerry por sólo poner unos ejemplos?

Francisco Barrios dice: “Creo que el blues de Real de Catorce es un blues con una serie de particularidades, una de ellas el lenguaje por el que ha peleado todos estos años el maestro José Cruz: la poesía. La importancia es su material como un blues chilango, por decirlo así, y desde esa chilangués, un blues azul, azul, azul. Un abrazo a los 40 años de Real de Catorce, de toda su historia tan importante en esto que es la escena alternativa de la música y particularmente del blues, del blues mexicano, tan, tan”.

Severo Viñas, bajista de la banda en los tres primeros álbumes, dice “el haber logrado cubrir todo el territorio nacional por carretera en giras culturales, festivales y eventos y la permanente presencia en foros rockeros como Rockotitlán, Rock Stock o el Foro Alicia, etcétera, permitió que la banda lograra situarse como uno de los principales exponentes del blues y el rock mexicanos, sin el apoyo de ninguna disquera o casa productora”.

Para Jorge García Ledesma, cantante de Follaje, contemporáneo de Real de Catorce y quien ha luchado por el blues desde un frente más ortodoxo, por decirlo así, “Real de Catorce es una de las bandas de gran importancia en el rock nacional, bajo el liderazgo de Pepe Cruz, sin olvidar a José Iglesias, Severo Viñas y el mismo Abrego, quienes sobresalieron por tener una buena química y conciertos memorables. Ahora, por ser un conjunto establecido, se mantiene básicamente con jóvenes prospectos, faltando tal vez esa gran fuerza que acostumbraban, pero las cosas cambian y Real de Catorce sigue trabajando. Eso tiene mucha valía”.

El Real de Catorce que cumplirá 40 años es el de José Cruz y a él se han integrado Francisco Velasco (teclados y pianos), Alan López (batería), Rodrigo Pratt (bajo y dirección musical), Arturo Waldo (guitarra), más la voz de María Camargo.

¿Qué ha dado Real de Catorce al rock que se hace en México, por qué es importante? Vuelta a 2015. Aunque José Cruz se veía entero en ese momento, la enfermedad había dejado huellas, así que le pregunté si seguir era un acto de necedad. Después de su respuesta, no hubo, no hay todavía hoy, necesidad de más: “Seguir es un acto de vida, es mostrarme que valoro la vida de los demás, inclusive la vida de la banda. Si me siento mal, ofendido, decaído, canto el blues para levantarme. El blues es un canto de vida”.

 

• Real de Catorce + Coro Voces en Armonía, 40 años de blues y luz. Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, 11 de diciembre, 18:00 hrs.

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Publicado en: Reportajes