Pablo Milanés falleció el pasado martes 22 de noviembre en Madrid, España, a los 79 años de edad.
Lo que me deslumbró de este gran cantautor cubano cuando lo escuché por primera vez, a mediados de los años setenta del siglo pasado, fue su calidad como compositor. Aun cuando sus canciones sonaban parecidas a las que en ese tiempo hacían sus colegas, paisanos y cofundadores de la Nueva Trova cubana, Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Amaury Pérez, había en ellas un sentimiento un tanto diferente. Quizás era ese filin que más tarde exploraría, cuando empezara a separarse de la militancia castrista para volverse más un autor individual y ya no un hacedor de música panfletaria a favor de la revolución cubana.

El proceso tardaría largos años. Nacido en 1943 en Bayamo, su primer álbum como solista (Versos sencillos de José Martí) apareció en 1973. De ahí vendrían cerca de 60 discos más en los que mostraría una calidad artística (en su música, en su poesía) cada vez más alejada de la militancia sociopolítica y más cercana a su esencia puramente cubana. Aunque a fines de los años sesenta perteneció al Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, bajo la dirección de Leo Brouwer, lo que derivaría en el surgimiento de la ya mencionada Nueva Trova, con el tiempo se interesó ya no tanto en las canciones “con mensaje” (como “Yo pisaré las calles nuevamente” o “La vida no vale nada”) y sí en las de mayor introspección personal, amorosa y filosófica, un pecado en un país gobernado por una dictadura que desconfiaba y sigue desconfiando de toda actitud individualista. De ese modo, temas como “Yolanda”, “Para vivir”, “Yo no te pido” o “El breve espacio en que no estás” hablaban de la sencillez del amor y ya no de la “grandeza” de Fidel Castro y de su régimen.
Mientras Silvio Rodríguez siguió siendo fiel a la revolución y a sus héroes y hasta llegó a ser diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, Pablo Milanés asumió su calidad de hacedor de canciones y se fue alejando cada vez más de la ideología del socialismo tropical, hasta que finalmente rompió con este y se convirtió en un crítico de lo que en 2015 definió como “un campo de concentración estalinista”.
De hecho, ya en los años noventa había declarado: “Soy un abanderado de la revolución, no del gobierno. Si la revolución se traba, se vuelve ortodoxa, reaccionaria, contraria a las ideas que la originaron, uno tiene que luchar contra eso”. Fue en ese tiempo que compuso piezas duras como “Días de gloria” (Vivo con fantasmas / Que alimentan sueños y falsas promesas / Que no me devuelven / Los días de gloria que tuve una vez), “Éxodo” (¿Dónde están los amigos que tuve ayer? / ¿Qué les pasó? ¿Qué sucedió? ¿A dónde fueron? / Qué triste estoy) o “La libertad” (“A qué seguir respirando / Si no estás tú, libertad”).
Dueño de una gran voz y una sensibilidad a toda prueba, Pablo fue también un hombre culto y de inteligencia crítica que se interesó en las verdaderas raíces de la música cubana y por ello grabó discos del ya señalado filin (castellanización de la palabra inglesa feelin’, sentimiento), así como de boleros y de la música de la vieja trova. Realizó versiones propias de compositores como José Antonio Méndez, Marta Valdés y César Portillo de la Luz, así como de Sindo Garay, Compay Segundo, Miguelito Cuní, Luis Peña (“El Albino”) y Octavio Sánchez (“Cotán”).
Milanés dejó Cuba hace algunos años para trasladarse a España con el fin de recibir tratamiento médico. Padecía una enfermedad sanguínea para la cual no había tratamiento en su país. Llevaba un riñón trasplantado donado por su esposa, Nancy Pérez Rey, de origen gallego y madre de sus dos últimos hijos. Su estado de salud hizo que finalmente se estableciera en territorio español.
Todavía en julio de 2021, criticó la represión y el hambre a los que está sometido el pueblo cubano por el “fracasado gobierno de la isla” y mostró su confianza en que los jóvenes serían “el motor de cambio en el país”. Dijo también que resulta “irresponsable y absurdo culpar y reprimir a un pueblo que se ha sacrificado y lo ha dado todo durante décadas para sostener a un régimen que al final lo que hace es encarcelarlo” y subrayó que desde hacía mucho tiempo había expresado su crítica a “las injusticias y errores en la política y gobierno de Cuba. En el año 1992, tuve la convicción de que definitivamente el sistema cubano había fracasado y lo denuncié”.
Su último disco, Amor, lo grabó al lado de su hija Haydée en 2019.
Pablo Milanés falleció el pasado martes 22 de noviembre, en la Clínica Universidad de Navarra de la ciudad de Madrid. Descanse en paz el gran trovador cubano, el gran artista universal.