Los grandes proyectos nacen de pronto, de un chispazo de inspiración. Es el caso de Tijuana Covers, recorrido gráfico de la música de Tijuana por medio de sus portadas, firmado por Fritz Torres Carrillo y Gerardo Hernández Molina (Fondo Editorial La Rumorosa, 2021). Se trata de un bello libro en el cual se asienta gran parte de la producción discográfica de esa ciudad. Al respecto, Fritz Torres cuenta: “La idea surgió aproximadamente en 2010. Nos encontramos Rafa Saavedra (q. e. p. d.) y yo en un evento y entre plática, risas y chelas salió la idea de trabajar juntos en algún proyecto y casi simultáneamente se nos vino a la mente la idea de hacer un libro sobre portadas de música hecha en Tijuana”.

Fue una repentina inspiración, pero la materialización de esa idea tomó trabajo y años. El mismo Torres escribe en el libro de marras: “El proyecto se detuvo por un tiempo… lo retomé en 2016. Invité a Dani —Daniel Rubio— y a Harry —Gerardo Hernández— para entrarle a fondo con el proyecto. Al poco tiempo se integró Rodrigo López y así dimos inicio a este largo, divertido y enriquecedor proceso. Un disco nos fue llevando a otro, un proyecto se fue conectando con otro y así sucesivamente nos vimos inmersos en un proceso de búsqueda y recopilación de material gráfico que en conjunto y sin planearlo se iba convirtiendo en un documento esencial para entender la evolución tanto de la cultura musical como de la gráfica en Tijuana […] Decidimos incluir demos y piezas únicas considerando que la producción formal a través de compañías disqueras por momentos ha sido escasa y son estas piezas de diseño libre y manufactura artesanal las que han permitido que la música hecha en Tijuana circule, se dé a conocer y permanezca a lo largo del tiempo”.
Tijuana Covers arranca en 1969 con un demo de Javier Bátiz y cierra con un sencillo de Bostich y Fussible de 2020. Se trata de más de 630 portadas y si bien no incluye la totalidad de la producción de rock tijuanense y sus derivados, sí encontramos las cubiertas “de los más importantes proyectos individuales, de bandas, colaboraciones y colectivos que ha dado la escena musical de Tijuana”. El periodo 1980-2020 es el mejor representado, pero dice Fritz Torres que “en los últimos años, en la etapa en que los medios digitales ya determinan el camino, es casi imposible seguir al cien cada portada de cada banda, ya que se hacen portadas por rola y portada de cada versión que se hace de esa rola”.
Y agrega: “De la década de los 60 y 70 incluimos únicamente las que consideramos eran las mejores portadas de las principales bandas de ese tiempo. Ahí la intención ya no era tener un rigor cronológico, sino rendir homenaje a esa época a través de al menos un disco de las bandas más representativas. Sobre todo, queríamos que se distinguieran las bandas que habían hecho un esfuerzo por incluir arte original en sus portadas, ya que en esa época las disqueras casi siempre tomaban la decisión artística en base a ventas y la portada se resolvía con fotografía, a veces muy buena, a veces muy mala, de los integrantes. Sin embargo, bandas como El Ritual. Love Army y Peace and Love ya experimentaban gráficamente con sus portadas y marcaban un precedente. En los 60, Javier Bátiz fue el primero en usar el trabajo de un ilustrador para resolver el arte de su disco”.
Cuatro años tomó llevar a buen puerto este proyecto, nacido en un momento de solaz. Fritz Torres se encargó de la dirección general y de la de arte; Daniel Rubio, además de ser el responsable del diseño y armado final del documento, colaboraba con el trabajo de investigación. Por su parte, Gerardo Hernández estuvo a cargo de coordinar las colaboraciones escritas. Al respecto, dice Torres: “No queríamos que el libro quedara al final como un catálogo de imágenes y en ese sentido las anécdotas y textos relevantes a determinada época, artista o producción musical eran tan importantes como la imagen”.
Una clave que permitió realizar este gran trabajo fue no reparar en lo costoso del proyecto. “No había lugar al que yo llegara y no empezara a hablar sobre el libro, sabía que tarde o temprano las cosas se conectarían de alguna manera”, comenta el diseñador. “En un punto, a media pandemia, decidimos presentar públicamente el proyecto de manera digital a través de Instagram. Subir una imagen diaria, incluyendo textos, nos daría una línea de tiempo amplia para dar a conocer el proyecto y tener un mayor margen para no abandonar la posibilidad de encontrar patrocinador”.
Éste llegó cuando del Fondo Editorial La Rumorosa y el Centro Estatal de las Artes Tijuana (CEART) se les dijo que estaban buscando proyectos listos para impresión. Dice Fritz Torres: “Nuestra posición inmediata fue la de no cobrar por el proyecto con tal de que el presupuesto total se fuera a impresión para que quedara como lo habíamos planeado. Y obviamente que nos destinaran una cantidad de libros. Lo autorizaron, entregamos archivos y quedó listo apenas unos días antes de terminar la gestión del Gobierno Estatal en turno”.
Se tiraron mil ejemplares del libro y se distribuyó de manera gratuita por ser parte de un proyecto oficial de difusión cultural; se agotó en un par de días, por lo que se ha convertido en un libro de colección. El texto, a pesar de planearse una presentación del mismo en Tijuana Record Show –presentación que no pudo hacerse, al ser cancelada por causas ajenas a los organizadores–, no sólo es un gran documento que da cuenta de uno de los ámbitos culturales de la ciudad, sino también un acto de amor en el que la colaboración de los implicados habla de un orgullo por el trabajo desarrollado en el universo sonoro tijuanense, uno de los centros neurálgicos del país, además de establecer quiénes y en qué momento crearon una obra que ha dotado de personalidad a la ciudad.
“Tijuana en su historia ha tenido brotes mágicos de reconocimiento creativo por medio precisamente de su música y su gráfica. Es una ciudad de apenas poco más de 130 años y Tijuana Covers aporta de algún modo elementos concretos que permiten delinear el retrato generacional de la ciudad a través del trabajo de su comunidad creativa por al menos los últimos 60 años. Cada ciudad debería tener un documento de identidad y vocación creativa, similar a éste, que establezca las fortalezas propias de su gente. A ver si acaso nos reconocemos más en lo positivo y lo propositivo”, concluye Torres.
Libro de culto ahora inconseguible, pero aquí está el PDF para quien guste consultarlo: https://bit.ly/tijuanacovers



