El Archivo Sonoro de Oaxaca (ASO) es un ambicioso proyecto que reúne distintas actividades y programas destinados a salvaguardar la memoria sonora de las obras musicales oaxaqueñas. Entre los diferentes quehaceres y eventos que realizan sus fundadores —el investigador y coleccionista Gamaliel Robles y el exintegrante del grupo Ruina de Jade, Marcelo Aquino— se hallan el Almanaque Fonográfico de Oaxaca, San Vinilo Fest y Cuéntamelo en vinilo. Luego de cinco años de arduo trabajo, sus creadores han decidido emprender un nuevo proyecto editorial, una revista que refrenda el resultado de sus investigaciones y hallazgos a la cual bautizaron como Rapsodia. Sobre esta y el ASO versa la siguiente entrevista.

¿Qué es y cómo surge el ASO?
Aquino: El ASO surge en 2017, por la imperiosa necesidad de tener una documentación sonora tangible que hasta ese momento era inexistente. Nosotros buscamos en las fonotecas disponibles de la ciudad de Oaxaca, estaciones radiales y con coleccionistas de formatos físicos (discos de vinil, cassettes, discos compactos, etcétera) que pudieran poseer un acervo, pero al final no había realmente una colección en cantidad suficiente para realizar un registro que diera cuenta de alguna determinada época o década. Entonces, Gamaliel Robles tuvo la idea de gestar lo que ahora conocemos como el ASO y empezó a salvar todos esos documentos que se estaban perdiendo o inclusive iban directamente a la basura, porque sus dueños no tenían el equipo necesario para reproducirlos. Él empezó a captar tríos, orquestas, vocalistas y demás gente relacionada con la música, pues el objetivo era y es crear una fonoteca. Esas primeras labores de rescate le llevaron a Gamaliel bastante tiempo, en tanto buscaba e investigaba quién vendía esos registros o estaban dispuestos a donarlos. Sorpresivamente, logramos no sólo donaciones de la gente de Oaxaca, sino también de otros estados e incluso del extranjero. Es preciso señalar que además del trabajo de búsqueda e investigación, Gamaliel los adquirió de su propio bolsillo y que, a pesar de que conformamos una asociación civil, no nos beneficiamos de recursos provenientes del gobierno. Así que después de hurgar en bazares, visitar domicilios y mercar artículos, pasamos de unos muy pocos documentos a albergar hoy en día aproximadamente mil quinientos, a diferencia de las fonotecas del estado que poseen únicamente de veinticinco a treinta discos de vinil y cerca de cuarenta discos compactos, incluidos los de Lila Downs. Nosotros contamos con todo tipo de materiales lanzados por sellos discográficos, entre ellos cinco discos de pasta muy antiguos y también grabaciones de ensayos o demos de gente importante en todos los géneros. La finalidad del ASO es tener un sitio de resguardo para documentos sonoros en extinción o desdeñados por las generaciones actuales.
¿Quiénes integran el ASO?
Robles: En términos del ASO, sólo somos nosotros dos y pronto se nos unirá una compañera perteneciente a la Orquesta del Estado de Oaxaca, pero en cuanto a los demás proyectos como la San Vinilo Fest (Festival dedicado a la venta e intercambio de discos de vinil acompañado de actividades académicas), participan otros miembros que se encargan de la organización, la logística, la difusión y las áreas académicas.
¿Se puede considerar a la revista Rapsodia como una extensión gráfica del ASO?
Robles: Rapsodia es un proyecto que tiene como finalidad difundir las investigaciones por medio de artículos, recomendaciones discográficas, entrevistas, imágenes, etcétera, sobre toda la información que se incluye en la base de datos del ASO. El propósito es que, a través de la revista, tanto en su presentación impresa como digital, la gente pueda conocer sobre bandas regionales, grupos de rock o los antecedentes de figuras y conjuntos que actualmente están consolidados. Los dos primeros números incluyen treinta y seis páginas a color y un póster que pertenece a otro proyecto del ASO llamado Almanaque Fonográfico de Oaxaca, el cual está enfocado a organizar y mostrar por año lo que se ha producido fonográficamente en nuestra entidad. En el póster vienen las portadas de los discos y un código QR, el cual, al escanearlo te dirige a la página electrónica del ASO con la ficha técnica del grupo o músico en cuestión.
¿Cuándo surgió el plan para crear Rapsodia?
Robles: La idea comenzó en 2019, justo unos meses antes de que entráramos a la pandemia. Yo ya había estructurado de alguna manera el proyecto, pero ante la contingencia tuvimos que dejar de trabajar. Finalmente, fue hasta este año cuando retomamos la revista.
¿Qué los motivó a lanzar la revista en formato impreso?
Robles: En primer lugar, porque somos amantes del formato físico, pero principalmente debido a que la pandemia implicó una gran explosión de las vertientes digitales y su consumo. Lo anterior nos enseñó que no siempre podemos depender exclusivamente de lo digital. Esta parte de poder comprar artículos físicos y asistir a eventos es importante para muchas personas en estos momentos. Además, el formato en papel de la revista le da un enfoque o una experiencia interesante al poder apreciar la tinta, el color, las fotografías o los textos. Muchos de los que la han adquirido nos comentan que independientemente de que exista su versión digital, también la compran porque es coleccionable. La parte gráfica es importante para nosotros y sin ella sería muy aburrida. Asimismo, le anexamos códigos QR para que la gráfica, la música y el texto se acompañen y le den un sentido diferente al formato digital. Sobre todo, saber que son piezas únicas, pues no es un tiraje muy grande (200 ejemplares de cada número).
¿Quién o quiénes se encargan de los contenidos de la revista?
Robles: En cada uno de los números participa el colectivo Magnetic Crew, integrado por escritores con nombres clave: Magneto, Magdog, Magic, Magxi, Magno, Magnum, Magenta, Magfuzz, Magmanus y Magnolia. Ellos se dedican a realizar los artículos, reseñas o entrevistas que surgen de las investigaciones.
¿Por qué decidieron nombrarla Rapsodia?
Robles: “Rapsodia”, en términos musicales y a grandes rasgos, son varias partes de una obra, las cuales pueden integrarse a su vez por diferentes piezas en distintos momentos. Respecto a la revista, esta es una creación que abarca diversos géneros (desde el punk hasta lo tradicional), con diferentes momentos de la historia musical de Oaxaca (incluyendo a artistas de los años sesenta o una entrevista con alguna banda actual). Entonces, es sumamente ecléctica y justamente se corresponde a lo que consideramos es una rapsodia. No me atrevo a decir que sea única, pero nos gusta mucho ese estilo de trabajo en la revista y que todo está totalmente enfocado a los autores oaxaqueños.
¿Las secciones dedicadas al pasado (“50 años” o “Arqueología Sonora”), a las mujeres (“Oaxaqueñas en la música”) o los géneros literarios (“Memorias de Anacleto Stelar”) fueron ideados desde el comienzo?
Robles: Yo creo que se va trabajando sobre la marcha. Primero analizamos lo que a la gente le pudiera gustar y partiendo de eso le incorporamos algo de narrativa, como el caso de esta banda ficticia llamada Monte Alband. También, consideramos necesario incluir un reconocimiento hacia las mujeres, ya que no se les ha distinguido en gran medida, pero resulta muy importante. Seguramente, más adelante habrá secciones dedicadas a los niños, al rock en Oaxaca, las orquestas, etcétera; es decir, ramos especializados.
¿Para realizar la revista se inspiraron en alguna otra publicación antigua o presente?
Robles: Sí, en La Mosca en la pared, también algunas revistas comerciales e incluso las enciclopedias. Si te fijas en las fotografías, estas ofrecen datos sobre quienes aparecen, el año y a veces también el lugar donde se capturó el momento. En cuestiones de diseño editorial, me parece que sí hubo mucha influencia de varias revistas para poder hacerla interesante y que cada sección resaltara.

Marcelo, ¿tienes alguna sección preferida?
Aquino: Hay tres. La primera es sin duda “Oaxaqueñas en la música” y no por una cuestión de moda, sino realmente el trabajo de las mujeres ha sido opacado y más en épocas pasadas. Hablando de la música, siempre han fungido como una especie de ornato: la típica corista bonita que baila, pero en el caso de los sesenta o setenta las mujeres eran protagonistas y creadoras. Sin mencionar que tenían el valor de enfrentarse al público y volverse el centro de atención. Eso se me hace muy interesante. Otra sección que me gusta mucho es las “Memorias de Anacleto Stelar” que es un relato de ficción, algo que por lo general la mayoría de las revistas musicales ya perdieron. Es una historia que de repente te saca, te distrae y continúa en cada número. Finalmente, en la solapa de la revista física hay una sección muy pequeña, aunque significativa, donde se hace mención de alguien que contribuyó al acervo sonoro en general, no sólo de Oaxaca, y que ya no está entre nosotros.

¿Qué me pueden decir de Anacleto Stelar?
Aquino: Anacleto Stelar es un personaje de ficción, un alter ego de Gamaliel y del cual algunos aseguran haberlo conocido cuando aterrizó en la Tierra. Es un ser espacial proveniente de otro planeta.
Robles: Como dijo Marcelo, Anacleto es un personaje del espacio exterior que narra su amor por el planeta Tierra. Con relación a los discos, los cuales califica como “artefactos sonoros”, él disfruta mucho buscándolos sin importar los géneros. Sin embargo, en cierta ocasión llegó a Mesoamérica, descubrió los primeros registros oaxaqueños y empezó a contar las historias sobre sus pesquisas discográficas y sus encuentros con los músicos. Es un alter ego mío que surgió en el 2010, pero hasta 2014 tomó más fuerza y se presenta tal como viene en la revista.
Con respecto al rock oaxaqueño, la revista incluye artículos de bandas actuales como los Skapotecos o Trans/euntes; pero de manera más general, ¿qué opinan de la escena en su estado?
Aquino: Creo que el rock oaxaqueño a lo largo de tres décadas, que son las que me ha tocado observar o ser parte de ellas, está viviendo una época de cambio y tengo que reconocer que el rock ya no es tan rock como hace años. Ha evolucionado bastante y creo que la forma más certera para referirnos a él es como música contemporánea con tintes de rock, puesto que está bastante globalizado. En determinados casos y proyectos, la globalización se refleja en cuanto a estándares de grabación, de arreglos o postproducción, aunque conservan el sello particular oaxaqueño. Me parece que la gente que está haciendo música, a diferencia de mi generación en los noventa y a comienzos del dos mil, se está profesionalizando, independientemente del género.
¿Hacia dónde va el rock en Oaxaca?
Aquino: Creo que tiene un buen futuro, pero no como colectividad sino por separado. Cada quien ve por su propio trabajo y desarrollo. Por ejemplo, La China Sonidera se ha presentado en bares de Oaxaca, Ciudad de México e inclusive ha visitado Dubái. También está La Furia con Lujuria Sonidera que tocó en el Vive Latino y suele salir a Guadalajara y otras ciudades del país. Mare Advertencia Lirika es una chica que hace hip hop y ya recorrió Europa y Sudamérica. El Ensamble Siete Machos estuvo recientemente en el Zócalo de la capital. Entonces, creo que todos van por un buen camino, pero por su cuenta. No se observa una unión como ocurrió durante los noventa en Ciudad de México con el colectivo Serpiente sobre Ruedas, aunque están trabajando duro.
Evidentemente, la revista Rapsodia está enfocada a los artistas y músicos oaxaqueños; pero, ¿qué elementos o mensaje puede aportar en un contexto más regional o nacional?
Robles: Lo que intentamos trasmitir es que la gente se interese por rescatar y difundir las obras de su propia ciudad. Independientemente de que no lo digamos, esa es nuestra propuesta. Si llegas a leer la revista, puede que te preguntes sobre la primera banda de jazz o de música electrónica que se generó en tu localidad. Es una visión antropológica e histórica sobre los grupos y artistas. Asimismo, se trata de reconocer el trabajo de los músicos oaxaqueños y que estos lo revaloricen, que se preocupen por rescatar sus obras, porque he conocido a muchos autores que grabaron discos hace veinte años y ya no se acuerdan, además de que ni una copia conservan de su trabajo. Por último, buscamos que la gente pueda acercarse al ASO y conocer no sólo aquellas cosas que les gusten, sino lo que se ha hecho en el estado de Oaxaca. Nuestro eslogan es: “La preservación de la memoria sonora de Oaxaca”, no únicamente concentrándonos en la música, sino en las voces vivas: versiones narrativas, pasajes sonoros, etcétera.
¿Cuál es su opinión sobre el malinchismo?
Aquino: Es una de las cosas que me gusta abordar, porque creo que hay dos aspectos que no tienen que ver, sino más bien son polares: uno es el malinchismo y otra es la globalización sonora. Yo nunca he estado en contra de que haya grupos de ska, surf, reggae y demás, porque la música es libre. Tú puedes elegir lo que te gusta y retomarlo, incluso géneros previos como de los años veinte o cincuenta y eso está muy bien, pero me parece que en México estamos sufriendo en estos momentos un duro embate y hasta cierto punto crítico con respecto a una especie de “norteñización”. Me doy cuenta de que la gente del sur quiere ser como la gente del norte. El modelo a seguir es el norteño, incluyendo también parte de Estados Unidos. Yo veo en Oaxaca que los paisanos que se van al país vecino regresan hablando diferente y aspiran a ser “chicanos”. Por mencionar el caso del hip hop que obviamente es una subcultura válida, pero ocurre que en la mayoría de los casos hay una pérdida de identidad. Existe gente que trabaja muchos géneros y conoce o conserva su bagaje cultural y lo integra. No estoy diciendo que tengan que cantar en mixteco o zapoteco, sino simplemente que sepan de dónde vienen. Pero muchas personas no saben eso y tampoco les interesa en absoluto. Nada más quieren lo que está ahorita en boga y lo que les presentan los medios masivos de comunicación, el resto se acabó.
Además de la pandemia ¿qué otras dificultades han enfrentado para desarrollar sus planes?
Robles: Siempre hemos padecido de cuestiones económicas, porque tenemos muchos proyectos y los resolvemos según nuestras posibilidades. La digitalización de los discos requiere de una inversión bastante fuerte, tanto en capacitación como en mantenimiento y equipamiento: discos duros, estaciones de trabajo, áreas climatizadas y demás. Ese ha sido siempre el problema: tener recursos estables y propiciar que un proyecto se mantenga o se realice de una manera más extensiva. Por mencionar, la revista en estos momentos consta de un tiraje limitado, cuando podríamos generar uno más extenso y gratuito.
¿Cuándo podemos esperar los siguientes números y en qué otros proyectos están trabajando actualmente?
Robles: El siguiente número aparecerá en octubre, será el tercero y posiblemente a finales de noviembre salga el cuarto. La intención es publicar cada tres meses los próximos números y mantenernos en la línea de difusión y de preservación.
Aquino: Eso es en cuanto a la revista, pero también estamos planeando la próxima edición de San Vinilo Fest, que empezó originalmente como la Expo Vinylo Oaxaca, pero la idea es descentralizarla y estamos haciendo un scouting para poderla realizar en Puebla. Sería la primera vez en estos años que intentamos algo así.
¿Dónde podemos seguir las actividades del ASO y la revista Rapsodia?
Robles: Pueden visitar nuestras redes sociales. Sobre el ASO, estamos en Facebook como Archivo Sonoro de Oaxaca A.C.; también contamos con nuestra página web, en donde pueden consultar los dos primeros números de la revista: www.archivosonorodeoaxaca.com.mx y en Instagram está la cuenta: rapsodia.oaxaca. Invitamos a la gente a que conozca el proyecto y si gustan apoyarnos lo pueden hacer con información, donativos de discos o económicamente. Por último, me gustaría motivar a todos para que se preocupen por conocer y rescatar las producciones de donde son originarios.