La última ocasión en que nos detuvimos a hablar de su trabajo tenía otro nombre; ahora se hace llamar Amina Cyu (“significa ceros y unos”), pero el cambio no es gratuito, implica un acercamiento diferente al universo sonoro. Esta vez, a su trabajo como compositora añade el de productora. “Para llegar a ser productora, hay que ser antes músico, por lo que me considero ambas cosas”, dice y añade: “La música y la producción de audio son lenguajes distintos y lograr que uno exalte las cualidades del otro –y viceversa– es algo que aporta mucho a una creación discográfica”.
A mediados de 2022, encontramos a Amina con varias producciones nuevas bajo el brazo: Jardín negro y Una nueva definición de felicidad (2020); Pollination y Más humilde (2021).
Jardín negro (Static Discos) es una placa de tres cortes en la que predominan las frecuencias graves (“una polaroid cambiante”, dice su sello) y nos topamos con inclinaciones al dark ambient (“Hellebore Onyx Odissey”), combinadas con temas que despiden mucha luz (“Tacca Chantieri”, “Cotinus Coggyria”), cuyo eje común es la intensidad.

Cuenta nuestra entrevistada: “Es mi primer experimento generado solamente a partir de la guitarra y los efectos de audio, un interés por llevar las texturas del rock a la creación de música más abstracta. Tanto el título del disco como los de los tracks se refieren a especies de flores que son de colores oscuros. En términos de física, esos tonos corresponden a frecuencias bajas, al igual que en la música las frecuencias bajas corresponden a las tonalidades graves. Con Jardín negro quise resaltar ese espectro del color y del sonido como algo muy rico sensorial y conceptualmente”.
Prosigue: “Dinosaur Junior, The Swans, Acid Mother’s Temple, A Place to Bury Strangers son algunas de las bandas de rock cuyo sonido me ha llevado a explorar procesos de modelado del sonido a través de amplificadores, pedales de distorsión o saturación de efectos, así como los momentos hipnóticos o de descarga como parte de una composición musical semi improvisada”.
Ese año, también dio a conocer Una nueva definición de felicidad, un EP con más espacio, una obra con reminiscencias cósmicas, incluso desde la portada y que funciona como la antítesis de Jardín negro. Es un trabajo más inclinado al ambient y al drone, trabajado principalmente con sintetizadores virtuales (aquellos con los que se puede operar en cualquier computadora y sin necesidad de una máquina de síntesis de sonido de marca reconocida como las que se encuentran en el mercado). “Algunos programas como Ableton Live o Logic Pro incluyen entre sus elementos algunos sintetizadores virtuales, pero también se le pueden descargar plugs-ins a cualquiera de estos softwares”, señala.
El título del disco es la traducción de una frase tomada del libro The Gentrification of the Mind: Witness to a Lost Imagination, de Sarah Schulman, y lo forman dos piezas. “Undoing the Idea That Here Is a Dark Side of the Moon” es una composición en una vena electrónica atmosférica, espacial y “Miracles Dwell in the Invisible” es un tema de grandes espacios que evoca al infinito, una pieza contemplativa con una gran sensación de soledad, de pequeñez ante la inmensidad.
Pollination (2021), es un álbum dedicado a la amyna, una “polilla común y corriente que cumple la importantísima función de ser una polinizadora, así que este trabajo está dedicado a la sobrevivencia de la vida en la Tierra”, cuenta Cyu.
Se trata de una colección de temas semi improvisados en una guitarra eléctrica procesada por medio de un amplificador y pedales de bucle, repetición, reverberación y distorsión para modelar el sonido. “Amyna Amplificans” se construye con un sonido base, una alfombra sobre la cual se ponen otros sonidos y aunque por momentos el corte está saturado, lo que es intencional, llaman la atención los vaivenes sonoros. “Amyna Axys”, por su parte, es un corte fuerte desde su inicio, una bola sonora que sujeta, intimida; un dron que aumenta su intensidad y su fuerza.
“Amyna Bullula” y “Amyna Natalis” se abren al espacio cósmico, a la infinitud y oscuridad, mientras “Amyna Punctum” recurre al reverb, a la saturación y eso genera un dark ambient que a veces es roto por un ligero destello de luz, pero se mueve más en la estética del drone.

Hace siete años, quien ahora habla se hacía llamar Paulina Lasa y lideraba una banda llamado Haciendo el Mal, con la cual grabó un par de álbumes: uno epónimo y La revolución en tus ojos, ambos de 2015, pero desde entonces han sucedido muchos cambios. “Creo que me he vuelto más solitaria. Tocar en banda era una forma de socializar muy padre, pero estoy tranquila con el camino que he escogido. Sigo aprendiendo cosas nuevas dentro de la disciplina de la música y eso me mantiene motivada. Durante un tiempo logramos sincronizar energías y después cada quien se enfocó en prioridades distintas”.
Más humilde (Antimateria Sonora) es su más reciente trabajo, un EP en el que se animó “a mezclar sonidos de guitarra y de sintetizadores, así como grabaciones de campo y sonidos industriales que he encontrado en internet”. Es un trabajo que, confiesa, “me ayudó a exorcizar dolores emocionales profundos”.
La obra “tiene que ver con la violencia y la opresión que se viven hasta en las sutilezas más cotidianas y que todos llevamos cargando sobre nuestros hombros. Quise hablar de anticolonialismo, pero creo que ese asunto puede relacionarse con todas las formas de opresión”.
En la música de Amyna Cyu la letra no existe, pero ello no es obstáculo para que trate de decir algo. “Yo en realidad vengo del electro-pop, el rock, el folk, la cumbia. A la música electrónica le he entrado desde un ángulo más como de cantautora que desde la exploración de la tecnología”, comenta.
Esa vocación por la denuncia y la inconformidad se plasmó en 2020 con la placa Aquí y allá, homenaje a la caravana de madres centroamericanas que buscan a sus hijas e hijos migrantes desaparecidos en su tránsito por México. Se trata de un compilado que reúne la música de dieciséis exponentes (Ali Guagua & Asagi Saundo, Los Amparito, María Daniela y su Sonido Lasser, Orquesta de los Montes y Carlos Tavera, entre otros) de distintas tendencias sonoras y cuyas regalías (donadas por los colaboradores) se destinan a Movimiento Migrante Mesoamericano No Nos Vamos, A. C.
Decíamos que si bien en ninguno de sus trabajos hay canciones, ella considera que las grabaciones de campo utilizadas le quitan esa abstracción: “Por otro lado, el título del disco y de las piezas, junto con el texto curatorial que presentamos en la plataforma de distribución Bandcamp, fungen también como un elemento literario del proyecto. Creo que a veces lo político se puede sintetizar en una frase, como las consignas de las marchas, y en el caso del disco, al abogar por una actitud más humilde a la hora del encuentro con la otredad, se está pidiendo un alto a las actitudes de superioridad y necesidad de sometimiento del opresor”, dice.
Reitera. “La verdad sí le echo ganitas a los significados y a los mensajes que pongo allá afuera, me parece una gran responsabilidad y aunque a veces uno no logre transmitir lo que traía en la cabeza, creo que es importante que se logre comunicar algo aunque sea de manera abstracta, una sensación, una historia, una identidad”.
Una responsabilidad social que cualquier músico debe tener y que frecuentemente se olvida. “De acuerdísimo, responsabilidad social y una bonita oportunidad para de alguna forma sanar dolores que a todos nos aquejan”.
Quien antes se hiciera llamar Nima Ikki concluye: “Ahora que tengo algo más de experiencia como productora de electrónica, quisiera separar mis exploraciones ambient, drone o noise de otros ejercicios musicales más rítmicos. Amina Cyu es para mí un renacer que era necesario para afianzar un sonido más personal dentro de la música contemplativa”.
P.D: Hace unos días, Cyu lanzó la convocatoria para un segundo volumen de Aquí y allá y ésta cierra el 16 de octubre. Los interesados en enviar poesía hablada, paisajes sonoros, música con y sin letra, pueden enviar preguntas y propuestas al correo: caravanadeaquiydealla@gmail.com