Novedades discográficas: dos de sicodelia y uno de fusión

La producción sonora en las aguas del subterráneo, decíamos en la anterior entrega, se ha tornado abundante, abrumadora. Hoy reunimos a tres exponentes más que trabajan en la actualidad en esas vetas alejadas del mainstream.

The Cosmic Lotus. Lotus Devotion (Freak n’Grimmy Sounds Pollution, 2022)

EP conformado por un único track de un cuarteto que se define a sí mismo como “el resultado de improvisaciones entre amigos y colegas de la escena prog-experimental-stoner” de este país. Y sí, este trabajo parido por la improvisación es el resultado de un encuentro que posiblemente no fue planeado y que está amparado por unas cuantas cervezas y otros estimulantes; pero sea cual haya sido la circunstancia bajo la cual nació, es una ventana al espacio, un vehículo motorizado que en cuestión de segundos instaura un mood, una figura caprichosa bordada con una frenética guitarra, una sección rítmica no menos apabullante y unos teclados que se hacen escuchar cuando deben.

Música en la que no importa el destino sino el trayecto. Así es el stoner con visos progresivos, una sucesión de intensos cuadros que edifican los cimientos, una construcción a la cual habrá que regresar continuamente porque una primera vista, dada la velocidad del todo, no permite absorber el detalle y en medio de esa maraña, aquí hay varios. La guitarra de José Luis Cigarroa (La Maquinaria del Sueño) es el timón de la embarcación, va al frente, guía, pero ese fulgurante esplendor no impide advertir el trabajo de Gilberto Galindo (más que preciso) al bajo y la batería incansable de Fernando Benítez. En los teclados, Miguel Vázquez imprime detalles (cósmicos, torbellinos de sonido) a una obra que funciona para anunciar un próximo trabajo en el que los veteranos parecen declarar que, en una efervescente escena, aún no están preparados para el adiós. Lotus Devotion es apenas una probada y bastarán algunos tragos a este licor para embriagarse y aguardar por más.

El Brujo. Caos espíritu (Freak n’Grimmy Sounds Pollution, 2022)

Cuando Gilberto Galindo se cambia de traje, también lo hace de piel. Sin embargo, nunca abandona el bajo y en este único track, disponible en el bandcamp de la agrupación, lo encontramos al lado de otro de los fundadores de la misma, Juan Carlos del Río (batería), más José Luis Cigarroa en guitarra. Aquí los tres, en casi quince minutos, se exprimen a sí mismos y entregan un salvaje jam, grasoso, sicodélico, pesado, al amparo de la vieja escuela, pero al mismo tiempo muy intenso y vívido.

El Brujo, cuya primera producción data de 2010, ha aprendido en el camino algunas cosas, pero la mesura no es una de ellas y Caos espíritu es un ejemplo. Tampoco se crea, si se les ocurre, ponerlo espalda con espalda con el corte de The Cosmic Lotus, que esto habrá de ser su continuación. No, a pesar de compartir un par de integrantes, uno de ellos un guitarrista que devora notas cual si estuviera hambriento y se regodea en interminables solos, El Brujo tiene su identidad. Tal vez crean que la diferencia es apenas de matiz, pero aquí son igual de atascados, aunque mucho más grasosos, más rudos, menos “detallistas”. Es un sonido más áspero y rugoso, alejado de preciosismos y siempre brutal, incansablemente brutal. Caos espíritu es una dosis de metanfetaminas y mientras dura el efecto del viaje probablemente hasta hoyos negros veas, pero la llegada te pasará la factura. Después de esto nada hay, sólo desolación, silencio, ausencia, cansancio. Simplemente quedas exhausto.

Egoless Musician Clan, Second Manifest (Edición de autor, 2022)

Hace apenas un año, un grupo de “sanadores energéticos” se unió sin otra pretensión “que conservar el poder curativo de la música que es dictado por seres luminosos de otras dimensiones” y lo plasmó en First Manifest, su debut. ¿Quién o quiénes están detrás de esta agrupación  que ahora lanza una continuación con el nombre de Second Manifest? La incógnita persiste y la música no devela claves acerca de la identidad de sus autores, quienes afirman ser “el vehículo para compartir una música ‘dictada’ por otros seres”. La idea del músico como canal no es nueva y ha existido durante siglos en distintos géneros, a pesar de sonar a trastada hippie o recurso trasnochado de la new age. Si dejamos eso a un lado y nos atenemos sólo a la música, Second Manifest es un álbum de cuadros, de postales y Egoless Musician Clan (EMC) cuenta con una buena dotación de colores. Con excepción de un tema cantado (“Army of Light”, dotada además con uno de los más hermosos solos de guitarra, de líneas largas, sostenidas, del álbum), la totalidad es instrumental. En dicho despliegue hay temas contemplativos, incluso tristes, construidos cual si fuera minimalismo en el sentido de incorporar poco a poco los instrumentos de manera suave, casi imperceptible (“Quasar’s Dance”); otros inclinados a la fusión (“Memories of the Future”) o un retrato “objetivo” y nada tremendista del apocalipsis (“Bardo”). En “It’s Only the End of the World”, el grupo pinta grandes espacios, desolación.

Habla de momentos posteriores a un cataclismo, de la desesperanza de ver  desaparecer aquello que se pensaba eterno, mientras “Clown’s Liberation” es un tema tan vívido por momentos que uno casi puede atestiguar a ese payaso que paulatinamente se despoja de todo aquello que lo convierte en eso, la risa incluida, para ser una persona y no un personaje. En “Geometric Wall” hay cambios dislocantes de tiempo, pero trabajados con sutileza y en ella aflora la cara dinámica, casi juguetona de la banda. Si bien la música no tiene edad, sí la hay para distintos talantes y ésta no ha sido concebida para almas ansiosas y urgidas de emociones rápidas. Si hacemos un simil con la cinematografía –pertinente, dado el carácter cinemático de esta propuesta sonora–, la entrega de EMC es similar a las películas de lenta narrativa, aquellas que privilegian las emociones por encima de la acción, el vértigo y los efectos especiales. Second Manifest es el capítulo dos de una obra que esperamos se vuelva más amplia. Si escucharon el trabajo precedente, saben que se trata de una banda con una impronta de constantes temáticas y estilísticas similares y la habilidad para plasmar el detalle (“Cosmonaut’s Return” es un reflejo de la emoción de un regreso sin tribulaciones y “Elohim Meth”, reposada, breve, cierra un trayecto nada agitado, pero no exento de sorpresas) para así realzar la totalidad.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Discos