En el marco del reciente homenaje que recibió en Cuautla, Morelos, el escritor José Agustín, leyenda viviente de las letras mexicanas, por parte de familiares y amigos, desde “Acordes y desacordes”, el sitio de música de la revista nexos, queremos sumarnos a dicho acontecimiento con todo el respeto, la admiración y en lo personal el cariño acumulado por más de 50 años de amistad. Para ello, nos permitimos reproducir una de sus muchas colaboraciones para la revista La Mosca en la Pared —que tuve el privilegio de dirigir durante 14 años—, dentro de su columna “La cocina del alma” que escribió mes con mes a lo largo de esos mismos 14 años. Sin más, estimados lectores, los dejamos en manos del querido José Agustín.
Hugo García Michel

Acapulco, Guerrero, junio, 1967. Querida Kika Briones: llegué a los Acapulcos en la tardecita, me reventé unos tremendos langostinos en Pipo y después aterricé en casa de mi sister Evangelish, en Mozimba Heights. Ella y mi cuñado se han vuelto amigos de varios jipis gabachos de alta alcurnia de San Francisco que lo surten de unos ácidos que rompen los cojones y traen una música increíble. Lo que más me gustó fue un grupo de Los Ángeles que se llama The Doors. Fíjate que estos monos se revientan una versión padrísima de “Alabama Song”, de Los siete pecados capitales de Bertolt Brecht, y ya sabes que a mí cualquier cosa que se refiera a mi ídolo Bertoldo gana mi atención si no es que mi franco entusiasmo. También tienen una pieza larga, “Light My Fire”, que me transportó a espectaculares vistas de la eternidad (bueno, con la pequeña ayuda de un chubby checker sensacional que roló mi cuñado, quien no anda precisamente eric clapton). Resulta que los Doors son, o eran, estudiantes de la UCLA, creo que de cine. El cantante, Jim Morrison, es poeta y en el aire las compone. Este Gran Machín ha viajado por las grutas donde nada la sirena y, claro, le gusta Billy Blake y aquello de “si las puertas de la percepción se limpiaran, el mundo se vería tal como es: infinito”, de ahí que el grupo se llame Las Puertas, nombre que acorta Las puertas de la percepción, el título del libro de Aldous Huxley, pues Morrison primero leyó a Hux y después a Blake, no me digan que no. Además, lo gruesísimo está en “The End”, una rola larga, hipnótica como canto ritual, una serpiente de música. Según cuentan los barbudos cuates de mi hermana, Morrison la cantaba en el Whiskey A Go Go de L.A, de donde lo corrieron porque se retorcía en el suelo cual poseído y, como cualquier Edipo Buey, decía que iba a matar a su padre y a cogerse a su madre. “Fuck, fuck, fuck! Kill, kill, kill,” chillaba el cabrón, contorsionándose y revolcándose como cualquier Dostoyevski. No, hombre, la neta me impresionaron estas Puertas. El organista Ray Manzarek y el lirista Robby Krieger son muy buenos y se lucen en los solos o en la improvisación, al seguir las loqueras de Morrison. También la hacen con los rocks movidos, como en “La cocina del alma” –qué ondón de título, algún día lo utilizaré como nombre de una columna de rock– o en “Break on Through”, pero en realidad todas las rolas son muy buenas y de letras efectivísimas. Un cuate de los gabachones amigos de meine schwester está a punto de venir a Cacapulco, ya le hablaron por teléfono y mañana llega y me traerá esta chulada de disco, así es que muy pronto lo podrás oír, almademialma, y se te van a caer las pantis que no usas. En vía de mientras, te quiere, Rupertito Tacuche.
PD, treinta años después: Bueno, ahora todo el mundo conoce a Las Puertas. Oímos el segundo disco, Strange Days, y tu adujiste que se estaban planchando al primero. Qué pasó, dije yo, si están “Moonlight Drive” y “When the Music’s Over”, que sí refritea el formato de “The End” pero es un ondón, casi un himno. A mí me gustaron los Doors en grande hasta el tercer disco, Waiting for the Sun, en el cual Jim Morrison formalizó su identidad de Gran Lagarto o Lizard King. Después vino el desbarre y discos como The Soft Parade, Morrison Hotel y L.A. Woman resultaron vergonzosamente irregulares para un grupo mayor, Las Puertas. De cualquier manera siempre hubo grandes rolas, como “Roadhouse Blues”, “L.A. Woman” y “Riders on the Storm”. Ahora ya sabemos que las puertas entraron en crisis porque Jim Morrison empezó a chocar con el grupo y finalmente se murió en su tinta y en su tina. Pero los demás Doors eran muy creativos y produjeron varios discos, entre los que destaca la colaboración de Ray Manzarek con Philip Glass en la versión roquera de Carmina Burana. Por cierto, los tres Doors vinieron a México con el poeta beatnik Michael McClure, quien decía o rapeaba versos mientras Manzarek, Krieger y Densmore improvisaban como lo hacían con Morrison. Y sin embargo, el personal nacional no les agarró la onda y los abucheo todo el tiempo. Bueno, cualquiera puede leer Nadie sale vivo de aquí, biografía de Jim Morrison escrita por Jerry Hopkins y Danny Sugerman, y ver The Doors, la película de Oliver Stone sobre el Gran Grupo. Jim Morrison se volvió uno de los grandes mitos del rock porque, como dijo la revista Rolling Stone: “He’s hot, he’s sexy, he’s dead”.
Publicado originalmente en La Mosca en la Pared N.º 48, julio de 2001.