Cuatro propuestas de experimentación, progresivo y noise

La producción sonora en esas aguas del subterráneo se ha tornado abundante, abrumadora. Hoy reunimos a cuatro exponentes que trabajan en la actualidad en esas vetas sonoras alejadas del mainstream.

Schlager, Fragmentaciones (T Vox Records/ Ignoto Records, 2021). Cuarteto-proyecto alterno de varios de sus integrantes dedicado a la improvisación. La procedencia de quienes lo forman no podía ser más atípica: Julián Pérez (micrófono de contacto, tape loops) y Gabriel López (Max Msp, guitarra, sintetizador) provienen de Sonido Gallo Negro; José Álvarez (gritos, susurros y piano) milita en Oxomaxoma. Completa la alineación Enrique Casasola (percusiones, pad y armonía). Si bien se trata de improvisaciones, éstas han sido editadas para obtener trece tracks dotados de coherencia y en los que tenemos una gama de sonidos siempre sorprendentes en los cuales lo mismo encontramos atmósferas abstractas (“Dust Karussell”), miradas al krautrock perladas de aparente monotonía (“La primera máquina de la humanidad”), algo parecido a canciones (“Una visión del juicio final”), ejercicios minimalistas con visos de música contemporánea fusionada con jazz (“Placeres divinos”, “Chat noir”) y resabios tribales (“Plegaria sideral”).

En una cruzada como la presente, no podía estar ausente la experimentación —de hecho le da sustancia y razón de ser a Schlager— y si bien ésta aflora en todo el disco, hay momentos en los que se exacerba, especialmente de la mitad hacia adelante (“Biomechanoiden”, “Pecata carnata”, “Contra toda asechanza”, “Petición de sanidad”, la última con detalles de humor hilarante), sin llegar a perder coherencia. Fragmentaciones es un retrato del momento, creación in situ cuya única premisa fue la libertad e interacción entre los integrantes del proyecto. Esa libertad –extensiva al empaque triangular de la obra– no fue objeto de abuso y el resultado es muy recomendable y ojalá, dados los proyectos de cada uno de los integrantes, la continuidad de la agrupación no sea una utopía.

Artefactron, Artefactron (Edición de autor, 2021). La producción de rock progresivo en México ha dado al mundo muy buenas producciones y este disco recientemente aparecido no es la excepción. Artefactron es un quinteto formado por Eduardo García (ex Fusión Virtual y CEN en teclados y coros), Ali Zen (ex Alt Ópera y Mexfloyd, bajo, voz), Mauricio González (ex Fusión Virtual, batería, voz), Héctor Aveleyra (teclados, guitarra, voz), Axel Margalli (ex Runas y Mexfloyd, guitarra, voz); una conjunción de músicos ya experimentados con sangre nueva. El resultado, asentado en siete cortes, se escucha  apegado a una tradición a la cual respeta, pero también fresco, dada esa infusión de sangre joven de la que  seguramente proviene una ligera pátina de pop diseminada a lo largo de la placa. El paquete total es de primera. Comienza desde la hermosa portada de Fernando Garrido y de allí nos trasladamos en una embarcación musical en la que por momentos quien comanda parece ser el teclado de García, aunque la interacción de ambos guitarristas imprime dinamismo a las composiciones.

Hay aquí cambios de tiempo, arranques, paradas, matices, demostraciones de virtuosismo, especialmente en algunos de los solos, pero éstos no abruman en su duración; la voz principal se alterna entre Zenil y Aveleyra, así que hay tracks que dependerán del gusto de cada quien porque ambos tienen buen desempeño. En realidad, Artefactron es una entidad bien conjuntada en la cual la sección rítmica propicia un anclaje definitivo al todo y ello se puede advertir todavía más en directo. Temas con melodías que atrapan de inmediato (la instrumental “Doble propósito”) y que, sin importar su inmediatez, al mismo tiempo se revelan como finos y elegantes lienzos sonoros; otros con visos sinfónicos e interesante letra (“Har Meggido”, con buenos solos de guitarra y teclado y un cierre apocalíptico), composiciones enérgicas (“Ayer y hoy”) con tenues guiños al prog metal. Es un viaje que culmina con la larga suite “Hijo pródigo” que recupera la parábola bíblica y en la que los vocalistas encarnan a los personajes. Es, además, el corte más largo y si en anteriores melodías Artefactron se daba tiempo para el desarrollo de ideas, aquí las extienden para nuestro bien. Llamado a ser disco del año en su género.

Los Lichis, Small Mole & the Flavour Jewel Trio (Ever/Never, 2021). Con la muerte de José Luis Rojas, Los Lichis ahora funcionan como trío (Manuel Mathar, guitarra, bajo, voz; Gerardo Monsivaís, guitarra, percusión, voz, melódica; Jean Baptiste Favory, sintetizador, efectos, voz, flauta). En la cara A del vinil, los tres comienzan a interactuar, a establecer un mood en el cual encontramos ciertos tintes minimalista-orientales, sin llegar al exotismo, y en el que van tejiendo un poco de tensión, una atmósfera misteriosa, a veces sombría. Es un cuadro de tonos opacos el que tejen estos pintores (al menos dos de ellos, sí lo son) y que paulatinamente genera una puerta de acceso a un universo diferente. La cara B prosigue la tónica instaurada en la cara anterior. No importa que la contraportada indique el nombre de las diferentes composiciones, la separación entre una y otras no está marcada y las transiciones son muy sutiles. Small Mole… en realidad funciona como un continuum sonoro al que hay que estar atento para detectar las ligeras variaciones que se presentan a lo largo de los casi cuarenta minutos que dura el disco, mismas que se expanden al final de la placa, en los minutos finales, y en las que hay un tono cercano al reggae (dub). Los Lichis prosiguen con su cadena de buenas producciones y ésta es una muestra más de esa trayectoria iniciada hace años y siempre en ascenso.

La Función de Repulsa, Cygnus Cygnus Buccinator (Genital Productions, 2021). La Función de Repulsa (LFDR) ha vuelto la vista a su pasado y ha decidido  exhumar sus primeras grabaciones como grupo, incluso cuando la denominación aún no estaba decidida. De aquí esta cinta, cuyo título es uno de esos nombres que barajaban antes de optar por el que les ha dado fama y gloria y cuando se trataba de un trío (Antonio Rotunno, Luis Alberto Partida y Gustavo Hernández). La grabación  retrata al grupo experimentando con lo que tenían a la mano: botellas, pedazos de metal, una guitarra eléctrica, una batería de juguete. Se trata de una primera obra que apenas ve la luz y en la cual, salvo algunos cortes, lo que priva es la ingenuidad, algunos destellos, pero nada que pudiera augurar que en el futuro el grupo conseguiría dar un orden al caos y hacerlo degustable.

Cygnus Cygnus Baccinator es apto sólo para completistas, pero como documento histórico resulta valioso. Sib embargo, Hugo Cedilo, quien fuera integrante de LFDR en sus primeros años, ha tomado esa cinta y la ha reimaginado, procesado, mejorado y depurado, hasta editarla en un cassette de tiraje limitado. Retirado del grupo, se dedicó a la producción y ordenó el caos original para convertirlo en Trans Cygnus Cygnus Baccinator (Genital Productions, 2021) una placa alternativa de noise sin llegar a calificar como harsh. Hay claridad, la mayoría de las composiciones son extremas, pero no ahuyentan al escucha; por el contrario, si se escucha espalda con espalda con las piezas originales, el trabajo de Cedillo ha despojado a esas incipientes composiciones de su naturaleza primigenia para convertirlas en una robusta colección de temas que distan mucho de reflejar el momento en el cual fueron hechas y en cambio se inscriben de mejor manera en este contexto histórico pues la obra tiene un ineludible sabor a riesgo.

 

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Publicado en: Discos