Magnética V2.01: el regreso de Corporación

Hay visitaciones necesarias al pasado. No es un asunto de nostalgia, sino de recordar no un tiempo mejor –aunque probablemente para algunos lo sea–, sino un momento en el cual comenzó a construirse algo de lo que ahora se disfruta.

Anota Daniel Drack, en el volumen uno de Escena gótica mexicana. Tres décadas de historia 1982-2012: “1995, se alza Corporación, la primera alianza de proyectos de música electrónica subterránea de esta ciudad. Sus pilares fueron ni más ni menos: Cenobita, Óxido Conkreto, Deus Ex Machina, Hocico, Dulce Líquido, Krimenia, Portent, Soucerx, Kristi Artefactum y Ogo. En algún momento también perteneció Oxomaxoma. Omar Flo y Claudio, de Cenobita, tuvieron la iniciativa. Un joven entusiasta, Fernando González de Ogo, pronto se sumaría a la dirección. Realizaban juntas en cafés […] También realizaron informalmente un acoplado titulado Magnética, en el que aparecen Cenobita, Deus Ex Machina, Oxomaxoma, Hocico, Soucerxs y Kristi Artefactum, con dos piezas cada uno”.

Fotografía: cortesía Cenobita
Fotografía: cortesía Cenobita

¿Cuántas cintas de ese “acoplado informal” se editaron? ¿Cuántas de ellas han sobrevivido al tiempo? Quien esto escribe apenas recuerda ese primer tiraje, aunque sí guardaba memoria de las bandas. Fue una época turbulenta, efervescente, de mucha actividad y descubrimiento, un momento que estaba arrinconado en el baúl de la memoria y que hoy una revivida Corporación y Luis “Bishop” Murillo ponen a circular con la edición de Magnética V2.01 (Subunda & Breakbeats / Sector Industrial Producciones).

Si aquella primera cinta se caracterizaba por su sobriedad y su carácter artesanal, la reedición en CD (con la ausencia de Hocico por cuestiones de derechos de autor) se acerca a lo lujoso. Un primer lanzamiento se hizo a finales del pasado año en formato de box set que, además del CD, incluyó piezas únicas de colección: parafernalia, mercancía, souvenirs.

La versión en CD contiene un booklet bellamente diseñado e ilustrado en el que, además de breves semblanzas de las agrupaciones participantes, encontramos un par de ensayos. El primero, publicado en el número 3 de la revista Generación, de agosto-septiembre de 1995 y firmado por Claus Bita, funciona como una declaración de principios.

Son años marcados por la novela Neuromancer de William Gibson y su concepto de cyberpunk, de visiones apocalípticas y desesperanzadas puestas en el celuloide por Ridley Scott y Blade Runner, de una tendencia sonora cuyo espíritu, anota Bita,  “se retoma de la ideología punk sobre la rebeldía y el libre espíritu anárquico con la tecnología de los sintetizadores, secuenciadores, computadoras, samplers, cajas de ritmo, etcétera, para crear con la misma aspereza que lo hizo el punk a finales de los setenta, sonidos artificialmente deliciosos, atmósferas sintéticas, con voces, ya sea sampleadas o no, que reflejan el ocaso de la civilización moderna”.

Es un periodo dibujado sonoramente por agrupaciones de sonidos ríspidos, agresivos, telúricos. Nombres como Front Line Assembly, Front 242, Mentallo and the Fixer, Skinny Puppy, Nitzer Ebb, Ministry son moneda corriente, mientras en México, escribe Bita, “la escena musical está en desarrollo, iniciándose con expresiones aisladas en diferentes partes del país”.

Fotografía: cortesía Cenobita
Fotografía: cortesía Cenobita

El tiempo pondría en duda algunas de las predicciones hechas en el umbral del siglo XXI y el segundo ensayo incluido en el booklet del CD hace una mirada de los 37 años de vida del cyberpunk que, por momentos, resulta lapidaria. Escribe “Bishop” en la apertura del texto: “La relevancia del movimiento cyberpunk en la actualidad tiene que ver más con su aplicación en el mundo contemporáneo que con su permanencia artística, es decir, la mayoría de las premoniciones y planteamientos filosóficos que en un principio argumentó, han tenido el tiempo para ser alcanzados, desarrollados y trascendidos para evolucionar desde su utopía de origen, cruzando mundos distópicos, hasta alcanzar la heterotopía social en una diversidad de manifestaciones humanas en los 37 años que tiene de existencia”.

Sónicamente, Magnética V 2.01 es estrepitoso, demoledor, tórrido, punzante, en total ebullición. Si algo le da su distinción a ese momento que conecta la vieja escuela de la electrónica mexicana con otros de sus hilos —junto con álbumes como Back Up e Irradiador forma una importante cadena histórica— es que funciona como una continuidad, pero es también la postal de un instante en el cual las agrupaciones, a pesar de andar por la misma vereda, eran capaces de establecer una identidad propia. Todas rozaban la agresividad, pero lograron ser diferentes. Asistir a una de sus presentaciones era dejarse arrastrar por una vorágine audiovisual. Cada concierto —en ese sentido, los Encuentros de Arte y Música Electrónica, en sus diferentes ediciones, fueron fundamentales— era estimulante para los sentidos.

Cuando en el CD comienza a sonar “Fugitivo”, un corte de Cenobita, es como si te enfrentaras a media noche con un individuo que con un arma punzocortante amenaza trepanarte el cerebro. Y el efecto es así: rudo, áspero, hiriente. El mundo se ha cimbrado y terminó por desplomarse. La composición atraviesa con potencia cada una de tus fibras y esa sensación se hará extensiva a “Niño atómico” y “Ángel desnudo” –también paridas a cientos de EBM–, cortes que al ser remasterizados ganaron brillo y potencia.

Fotografía: cortesía Cenobita
Fotografía: cortesía Cenobita

Kristi Artefaktum entrega un sonido robusto, de connotaciones militares, hiperquinético en ciertos pasajes, apocalíptico las más de las veces, de atmósferas desequilibrantes que en “Octanage” parecen surgir desde un campo de guerra nuclear, mientras en “Mr Random” se dejan sentir los efectos de una avanzada de armas bélicas, para luego adentrarnos en una agitada fusión EMB-industrial en “Bactericida”.

Oxomaxoma rompe el cuadro con sus intervenciones, en las que hay lugar para impulsos más rockeros en una de las mejores versiones –muy ácida– que han hecho de “Violenta”, para seguir con la densa oscuridad de “El ejército de la noche” y cerrar con un corte en una vena experimental, “Caligari no ha muerto”, que lleva a uno a preguntarse cuál es la razón de la inclusión de este grupo en el acoplado. Respuesta: coincidencias en el espacio y tiempo.

Deus Ex Machina, por su parte, comparte algunos rasgos con Cenobita, pero su música era por momentos un poco más bailable. Su uso de sampleos servía para bordar una atmósfera ominosa que la voz metalizada de José Luis Pellicer refuerza en “Generador”, mientras “El hombre fragmentado” es menos apabullante, pero no por ello menos opresiva. “Mecanismo”, la ultima entrega de Deus en esta producción, los muestra completamente instalados en una vena industrial, ya tardía probablemente en la esfera internacional, pero muy vanguardista aquí. En la historia de la música popular de este país, hay que reservar un lugar al dueto como uno de los introductores del sampler como un comentario adicional a la letra.

Sourcex, por su parte, es machacón, industrial, con voces deformadas, patrones rítmicos atropellados y una voz femenina que exuda sufrimiento y angustia (“Ornamentos”), mientras en “El onima”, en medio de ese acompasado ritmo perlado de percusiones metálicas y oscuras, se escucha hablar a  Francisco Pimentel, la “mariposa de Obsidiana”, locutor en Estéreo Joven (ahora Reactor), quien fuera un importante difusor de esta tendencia sonora desde su programa Cybersónica.   “Temeus dieur” cierra el álbum y lo hace con unos sampleos sexosos, semi porno (presumimos que de allí fueron extraídos).

Decía antes que regresar a producciones como Magnética V2.01 va más allá de la nostalgia. Su edición marca un banderazo porque Corporación ha renacido y reinicia actividades “con nuevos lanzamientos, iniciativas y otras medidas que darán el continuum a la organización”. La primera muestra es este botón.

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Publicado en: Reportajes