Interpol: nuevas canciones, viejos —y muy efectivos— trucos

“En mi opinión, no es un trabajo artístico perfecto, pero estoy muy orgulloso de él”, me dijo Paul Banks con su famosa semi sonrisa, sentado frente a mí. Esa podría ser toda la reseña de The Other Side of Make Believe, séptimo álbum del trío neoyorkino que marcó toda una época con el post punk revival en los nacientes dosmiles.

Han pasado casi veinte años desde el lanzamiento de Turn On the Bright Lights y a estas alturas Interpol no tiene que probarle nada a nadie: las comparaciones con Joy Division fueron superadas hace mucho, la salida de Carlos Dengler —aunque no sin dificultades— también. Hasta hace poco, era la única agrupación realmente activa del movimiento del que fueron parte:  The White Stripes desapareció en 2011, Yeah, Yeah, Yeah’s no había sacado música nueva en nueve años y The Strokes había mantenido un perfil más bien bajo hasta el 2020.

Interpol se ha mantenido activo todo este tiempo, lapso en el cual el tropiezo más severo ha sido su producción del 2010 que —fuera de “Lights”, la cual incluyeron en su set el pasado 28 de mayo en el Palacio de los Deportes— incluso ellos evitan a toda costa.

Es curioso que su primer disco surgiera después de un evento que cambió al mundo y que el séptimo haya sido creado en medio otra transformación, derivada de la crisis pandémica. Si en un inicio se les relacionó con el resurgimiento nocturno post 9/11 de Nueva York, este disco marca un amanecer, pero no uno claro y prometedor, sino más bien confuso, en el que hay que hay abrirse paso a través de la niebla para averiguar qué trae consigo.

El principal cambio fue provocado por el covid-19. El trío tuvo que trabajar por separado. Acostumbrados a trabajar juntos en la misma habitación, tuvieron que enviarse material por correo electrónico. Alejado del estudio, Paul Banks cantaba en un micrófono sencillo y con audífonos puestos, lo que —según comentó— cambió el tipo de canto que maneja usualmente. Cada quién hizo su parte a distancia hasta que pudieron reunirse, primero en Nueva York y luego en Londres, para terminar el trabajo junto al legendario productor Flood (quien trabajó con Depeche Mode, New Order y U2), además de Alan Moulder que hizo lo suyo con Nine Inch Nails y My Bloody Valentine.

“Toni” arranca con las notas de un piano, lo cual marca la principal diferencia en el sonido. La voz barítona de Paul Banks suena por momentos mucho más tenue y las letras –que todos los integrantes describen como “positivas”– mantienen frases inconexas y abstractas del tipo que ha caracterizado a la banda desde sus inicios.

Según me comentó Banks, ha preferido centrarse en la capacidad de enfrentar la adversidad: “El mundo ha sido un lugar muy triste, así que mis instintos artísticos han sido pensar sobre la fortaleza humana, la recuperación, la sobrevivencia… Es muy normal buscar la fortaleza humana en tiempos de gran sufrimiento y eso fue lo que hice”. Esa misma actitud está presente en “The Other Side” que tiene subidas y bajadas constantes después de “Into The Night” que es más bien melancólica. “Mr. Credit” es mucho más movida, intensa y distorsionada: "Seré la mano que te lleve más alto / Quiero estar ahí cuando cortes el cable / Quiero estar ahí cuando toques" canta Banks.

Para muchos, la línea “Still in shape, my methods refined”, de la canción que abre, define el momento en el cual se encuentra la agrupación. A ella le siguen disparos como “Fables” y las ya mencionadas “Into the Night” y “Mr Credit”. En “Something Changed”, la angustia vuelve: “Todos sufrimos lo mismo /Estamos al sol, como si nada / Todos librando la buena batalla /Algo cambió, ahora estoy atrapado aquí, tan a la defensiva” y es que, con o sin pandemia, no todo puede ser felicidad. Eso cambia rápidamente con “Renegade Hearts”, cuya potencia, fuzz y cambio de ritmo es parte del subibaja de todo el disco.

Paul Banks durante la entrevista con Andrea Mireille
Paul Banks durante la entrevista con Andrea Mireille

“Passenger” mantiene la energía y es uno de los tracks más vivaces e interesantes del disco. “Greenwich” da un poco de calma y la cosa se acelera de nuevo con “Gran Hotel”, una oda a Cozumel, a la nostalgia y el deseo por una persona lejos o fuera de nuestras vidas. “Big Shot City” sube de nuevo y todo culmina con “Go Easy (Palermo)”, la cual demuestra que el grupo tiene un tino increíble para los cierres: la voz de Paul Banks es casi una súplica, un intento por mantener la calma; prácticamente susurra, al tiempo que afirma que seguirá yendo hacia adelante mientras todos los obstáculos del camino caigan a su paso.

The Other Side of Make Believe se trata de nuevas canciones… y viejos trucos. A Interpol siempre se le reprocha que “suena a lo mismo”, pero el trío siempre se ha mostrado resuelto: disco tras disco ha demostrado que su identidad sonora es propia, que es lo que sus integrantes saben hacer y vaya que lo hacen bien. Pedirles experimentación, solos larguísimos o transformaciones radicales en su sonido es una necedad: su fórmula está bien establecida y sigue siendo poderosa, como puede constatarse a lo largo de esta producción que, básicamente, es una continuación de Marauder y de la trayectoria que han seguido con la seguridad de quiénes tienen bien trazado el camino.

Si bien hay algunos juegos vocales y mayor sutileza, la voz de Banks –casi siempre descrita como monótona o atonal–, conserva el sello característico que tanto ha polarizado a fans y detractores; lo mismo los rasgueos de Daniel Kessler y la precisión de Samuel Fogarino. La fórmula tiene pequeños cambios que probablemente no sean detectados en la primera escucha, pues al igual que sucedió con El pintor, se requiere más de una vez para que todo su potencial se revele y una vez llegados a ese punto, no hay vuelta atrás: o se ama o se odia, no hay reacciones a medias.

En cuestión de letras de The Other Side… tiene elementos positivos; no obstante, el disco no revela si podremos llegar al otro lado, más bien se trata de mantenerse optimista en medio del caos, la incertidumbre y la oscuridad. En ese sentido, se trata de una vuelta al mundo y a la vida, aún a sabiendas de que quizá no hay otro lado de la realidad, sin importar cuántas ficciones o mentiras inventemos para digerir lo que estamos viviendo.

Es cierto, a lo largo de los once temas hay esperanza, a pesar de que no hay certeza alguna de que todo va a estar bien. The Other Side of Make Believe invita a abrirse a la contradicción, a las equivocaciones y a analizar lo que definimos como realidad.

En suma, se trata de un disco que, efectivamente, no alcanza la perfección, pero no hace falta que lo haga. Es un álbum honesto, congruente y muy disfrutable. A los fans les va a encantar y quien se acerque de forma curiosa y desprejuiciada algo podrá encontrar en la realidad que ofrece Interpol, una que deja claro que estos tres músicos aún tienen mucho que ofrecer.

 

 

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Publicado en: Discos