Adriana Camacho y el sonido de Loope

Adriana Camacho es una de las mujeres más activas en la escena de la improvisación libre, la experimentación y el free jazz en México; no sólo eso, podemos decir sin rubor alguno que es una de las mejores contrabajistas no del momento, sino de la historia del jazz mexicano.

Se le puede encontrar en agrupaciones como Koryma, Ronronoise, S.A. de C.V., Los Verdaderos Subterráneos, Sesión Libre Trío o No tan Cuerdas; asimismo, en sesiones de improvisación en las que colabora o se hace acompañar por diferentes músicos y también con su proyecto solista, al cual ha bautizado como Loope, (del inglés looper, nombre de los aparatos que permiten grabar capa sobre capa de sonido en bucle).

Adriana Camacho. Fotografía: Rafael Arriaga
Adriana Camacho. Fotografía: Rafael Arriaga

Recientemente lanzó Loope con Anne Waldman y Zazil Collins (Fast Speaking Music), su primer trabajo solista, editado como un flipbook –libro con imágenes que varían gradualmente de una página a la otra y al pasarse rápidamente parecen animarse y simular movimiento– y con un código QR que permite descargar la música y del que afirma: “Lo digital es genial porque llegas a todos los rincones, pero carece de personalidad; en la web todo se vuelve lo mismo. Por eso el flipbook, además de unir mis dos grandes amores: imagen en movimiento y música”.

Loope abre con “Paraíso I/ Mancia/ En el vientre” y el contrabajo crea un clamor, un lamento, mientras el silbato, grave y agónico de un barco anuncia un adiós (los sonidos de un ave que revolotea parecen confirmar esa despedida, la partida). ¿Qué construye Adriana Camacho en este primer disco largamente esperado? ¿Un puente a otros confines, un portal, para ponernos a la moda, a un multiverso o es meramente  un caudal de sensaciones/emociones acumuladas en el tiempo?

La escritora Zazil Collins, además de sus textos, prestó su voz al proyecto. Cuenta: “Adriana me invitó a formar parte de él. Grabamos algunas tomas, una de versos ex profeso para el disco y otras con versos que forman parte de mis libros Junkie de nada, El corazón, tan cerca de la boca y el inédito Omen: jazz poemas y otros hechizos”.

En Loope, el contrabajo de Camacho es más que una voz. Multiplicado gracias a los bucles, crea un coro, una polifonía grave, sonora y la voz de Anne Waldman, cuando aparece desde el fondo para lentamente situarse en un primer plano, sólo da más cuerpo a ese sordo retumbar que es secundado por el coro distante de la misma Camacho y que al final se torna torbellino que todo lo absorbe, lo devora.

¿Qué hace la poesía en Loope? ¿Es la voz de Waldman que Camacho sonoriza o la voz le ayuda a potenciar su creación? Es, como podemos escuchar en “Manos de gorila”, ambas cosas al mismo tiempo; porque la garganta de Waldman refuerza el ambiente selvático que generan las cuerdas del contrabajo y quiere ser émula del instrumento a sabiendas de la imposibilidad, pero sin lamentarse por ello, al contrario, asumiendo su unicidad.

Dice la contrabajista: “Desde un inicio, antes de grabar a Anne y Zazil, les conté lo que deseaba hacer y que ellas, con su poesía, tejieran los puntos para pasar de una pieza a otra. Zazil leyó de sus libros, Anne escuchó los tracks e improvisó sobre ellos. Zazil me acompañó en todo el proceso, incluso a grabar la música en estudio. Y platicamos mucho acerca de los puntos que me inventé para improvisar las piezas. Inventé una historia: El paso de un ser humano por la Tierra. Estás en el paraíso-te trasladas a la Tierra-estás en el vientre de tu madre-naces-la infancia-la anarquía-el amor, desamor-te encuentras a ti mismo-mueres-regresas al paraíso. Eso les conté y ellas ayudaron con sus textos a tejerla. El librito y el disco tienen algo de bucle, sales del paraíso y regresas al círculo, al ciclo que puedes repetir una y otra vez”.

“Caminos de argento”, con su melodía tocada pausadamente, con una intro de una cajita musical y la voz de Zazil Collins (a la que se unirá la de Waldman, para convertirse en un instrumento más gracias a los efectos), es un recordatorio de la espiral que es este Universo, de los eternos ciclos y sus vaivenes que lo sacuden y se convierten en mantra, en repetido susurro, en reloj de la vida (“el primer ladrillo de un muro cayó”, dice Collins al final).

El flipbook habla de un lado A y uno B y una de sus cualidades es que, a diferencia de lo virtual, sí lo podemos girar y pasar la mirada por las imágenes de Rafael Arriaga Zazueta, tan íntimas, tan cantarinas como las mismas notas-composiciones que ilustran.

“Anarquía / Amor, desamor” abre con un vendaval de voces (¿una valkiria, una banshee?) y el contrabajo forma un pulso envuelto en un drone y paulatinamente, por los loops, los fx, construye un maelstrom, un remolino que lo devora todo, excepto la voz de Waldman, finalmente “tragada” por el contrabajo para dar paso a “Amor, desamor”, sinfonía de claroscuros, de lo exultante a lo terrible sin transición alguna, del delirio al dolor, de la alegría a la desazón.

En “Guerreras de viento”, la voz de Collins recita a manera de intro: “Vetas de mujer que canta las siete palabras / palabras con corazón de hierro / tan cerca de la boca / papiro de la mudanza / de aguas ignotas y guerreras de viento”. Y no es que Camacho se desborde, porque sin llegar a ser un trabajo de contención, sí es una obra construida bajo el signo de una emoción mesurada, una que disfruta desde su concepción, en la cual se regodea, se detiene y explora para hacer, al menos en este track, un ping pong de sonidos que tampoco es presa del vértigo, sino de su propio ritmo, de ese viento que engendra y ampara a esas guerreras y es como una voz que preludia a otra voz, la de Waldman.

“Paraíso 2” es como el regreso-continuidad de su predecesor, pero allí donde el silbato anunciaba la partida del barco, aquí avisa la llegada del tren y su trabajoso  pero acompasado andar. Es el final del trayecto, pero el comienzo de uno nuevo, la espiral completada.

Adriana Camacho no le ha dado voz a la experimentación. Sabemos que ha sido a la inversa, que ésta le ha dado voz a la mujer que no siempre echa mano de sus loops para mutiplicarse. Bajista de fuertes y sangrantes dedos, poseedora de gran imaginación, devota de la improvisación libre y alma y motor de una escena boyante, ella ha dejado no sólo un testimonio sonoro en Loope; porque más que un disco, más que un flipbook, se trata de un pedazo de su alma y ahora nos invita, de la mano de algunas cómplices, a mirarla de cerca, a hacerla nuestra.

“Adriana es una amiga-hermana cósmica con la que tracé una amistad en años previos”, dice Zazil Collins. “Plasmar nuestra arte juntas es una de las expresiones más nobles de cariño y amistad. Colaborar con ella significa siempre diversión y descubrirme-descubrirla cada vez de forma distinta. La amistad es creación y ésta fue una forma de revelarnos; además, junto a Anne, otra amiga profundamente admirada”.

 

Loope se presenta en CDMX. El 29 de julio en el Centro Cultural el Rule (Eje Central Lázaro Cárdenas 6, Centro Histórico), el 10 de agosto en Venas Rotas (Medellín 381, Roma Sur) y el 13 de agosto en el Café-librería El Espejo de la Luna” (Av. Canal de Miramontes 2960). El disco puede adquirirse en Jazzorca, Librería Exit o directamente con su autora.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Discos