“Sin música, la vida sería un error”
Friedrich Nietzche
“Si no puedo bailar en ella, no es mi revolución”.
Emma Goldman
“Sin desviarse de la norma, el progreso no es posible”.
Frank Zappa
Barcelona, España. Soy periodista cultural. Año con año vengo a celebrar y busco seguir creando y entender mejor en qué camino rizomático esta la escena de la música. También, gracias a este festival en particular, sigo aprendiendo como músico y DJ autodidacta. Esto último me ha pasado a lo largo de diez años en este festival. La música siempre ha sido la respuesta, aunque nunca supe cuál era la pregunta. He conseguido dar más sentido a mi vida gracias a estos diez años presente como periodista internacional en el Sónar. Este año era consciente de que el festival se enfrentaba a una de las ediciones más difíciles, después de mil días sin música en Barcelona y las malditas restricciones (dos años que el festival se cancelaba por la pandemia). Su última edición fue en 2019, era la posterior a su edición récord de 125 mil visitantes. Seré directo: no esperaba ver que el festival volviera con tanta fuerza. Volvió a martillazos, con propuestas complejas y arriesgadas. Así, a martillazos, de la misma manera como decía filosofar Nietzche, así volvió la música al festival, con sendos martillazos sonoros y abriendo paso a una apuesta arriesgada en un nuevo pulso de la organización con la escena de la música electrónica y de vanguardia internacional.

El Sónar se clausuró con otro martillazo sonoro que ha causado gran eco en los medios. Cierra con su segunda mejor cifra de asistentes en sus casi 30 años de historia. La cifra fue la de 122 mil almas juntas, al fin en el hogar ideal, dispuestas a disfrutar de la música tras un millar de días de sequía musical y de festivales en Barcelona. Con una presencia del 30 por ciento de extranjeros y 70 de público local, esta edición número 29 fue una apuesta ecléctica y enérgica, una apuesta que ha resultado ser totalmente ganadora. Vuelve a Barcelona lo mejor de la escena de la música, la creatividad y la tecnología mundial; estas son las tres palabras que mejor resumen el zeitgeist o espíritu del Sónar. Soy un aficionado más a la cultura, la música, la tecnología, la creatividad y la ciencia. Es mi honor y privilegio asistir por décima vez a una edición más. Ser testigo y parte de esa diversidad cultural que defiende el festival. Una nacionalidad más (mexicana) de las 112 que se citan este año aquí. Una alegría personal enorme constatar desde la primera línea que vuelve la música y su escena con más fuerza que nunca, sentir el calor de la asistencia masiva de un público ávido de bailar y deseoso de vivir experiencias que sólo el Sónar y su gran trabajo logístico y humano sabe ofrecer; tanto en el festival convencional como en la parte de divulgación y debate: el Sónar+D.
Plena ola de calor y un sol ardiente. Durante tres días se dieron 176 conciertos, en doce escenarios, de los cuales hemos elegido sólo algunos pocos shows para resumir lo que ha sido esta edición de 2022. El festival también reestructuró algunos escenarios e hizo más accesibles los del Sónar +D, la parte con más innovación, tecnología y creatividad. Empieza el festival y con él el desfile de looks estrambóticos, géneros cada vez más fluidos, piezas de ropa de todo tipo de texturas y colores; faldas que ya no distinguen sexos; transparencias a veces un tanto osadas, mucho swimwear y athleticwear. Muchas gafas de sol (siempre un complemento imprescindible). Personas en grupo ridículamente disfrazadas, también jóvenes y viejos hiper-sexualizados que echan humos desde sus redes sociales. Sombreros raros, plumas, lentejuelas, bling-bling, maquillaje, brilli-brilli, abanicos y ventiladores bizarros, complementos ridículos, trajes de baño, pistolas de agua, tatuajes por todos lados, vestuarios y estilismos estrambóticos. Gente altamente egotista, erótica y creativa. Tan normal, año con año, que ya no llama la atención.

En el nuevo escenario, el SónarPark, es ya memorable la entrada con una banda popular valenciana de ochenta músicos, con El Niño de Elche (e Ylia) para dar lo que él vociferó como un concierto de “músika festera”. Fue otro de los grandes acontecimientos del Sónar de Día. Esta propuesta basculaba entre la electrónica con aroma de fiesta de pueblo popular valenciano y con hartos recuerdos sonoros de lo que es conocido como “la ruta del bakalao” levantina. La electrónica más “macarra”. El Niño de Elche nos tiene acostumbrados a su calidad vocal y estilística. Siempre lleva al flamenco e innovación por bandera. Es otro artista asiduo a este festival y cada año supera las expectativas de un público acostumbrado a disfrutar de un gran sonido en los escenarios del festival. Fue una lástima que se dieran problemas técnicos con el equipo durante este concierto que producían silencios incómodos y algunos silbidos; pero pronto fueron superados por las ganas del público de vivir un concierto de características “maquinero-festeras”.
Con Pongo se dio el debut en solitario de un icono del neo-kuduro. La creadora del ‘Wegue Wegue’, la que dio fama internacional al grupo lisboeta-angoleño Buraka Son Sistema. Artista líder de todo un movimiento que puso un género en el radar mundial de la música de baile hace una década. Lo angoleño se fusiona con el techno, la bass music y el dancehall. Así empezó la historia de un reciente catalizador de la escena de la música con toques portugueses y angoleños. La energía que trajo al Sónar de Día es francamente digna de una reseña más larga. El público se contagió enseguida y acompañó a la artista en una de las mejores actuaciones en directo del festival.
Este humilde servidor, diez veces consecutivas asistente a este magno evento musical, dice que el ganador del viernes fue el madrileño C. Tangana, alias Pucho, engalanado con un traje color amarillo pistache, tuvo una gran asistencia y acogida del público con su Sin Afinar Sin Cantar Tour, adaptado para la ocasión, más aún cuando se acompañó de muchos músicos conocidos y sorprendió con la presencia de Nathy Peluso, El Niño de Elche, Antonio Carmona, La Húngara y muchos guitarristas más en escena, incluso un cámara-man y un camarero que no dejaban de moverse en torno al artista. Los asistentes se entregaron al ritmo de sus coreadísimos temas. Una de las propuestas musicales que marcará época. C. Tangana es el mayor nombre de la música popular española actual. Antón “Pucho” Álvarez hizo que el autotune y el dembow se juntaran con el flamenco y la rumba, el bachata y la salsa y se sentaron a la mesa con el rap y el reggaetón. La magia se hizo sola, gracias a su conocimiento y la riqueza de ritmos y colaboradores de los que se nutre su más reciente trabajo. El de Madrid se ha vuelto una estrella global y nos recordó que todo empezó aquí, donde dio su primer concierto en un festival en su vida, en el Sónar de Día de hace seis años. Su vuelta al Sónar de Noche ha sido inmejorable, de la mano de Kiko Veneno, Eliades Ochoa, Andrés Calamaro, Jorge Drexler (en su disco) y muchos más que sí estuvieron presentes. La adaptación de su gira fue todo un éxito de acogida por el público, mayoritariamente local, que abarrotó el SónarClub desde las 21:30 para ver la adaptación de este show exclusivo. Puesta en escena con los cantaores y guitarristas sentados en la mesa desde donde salían los temas de su nuevo disco, al más puro estilo Tiny Desk. Además, también revisó algunos de sus primeros éxitos. Fue un gran momento de la noche cuando la artista emergente, Nathy Peluso, subió a cantar “Ateo” con Pucho (la misma Nathy tuvo el privilegio de dar también el concierto inaugural y de repetir su show al día siguiente). Peluso sigue subiendo en la escena basándose en su único trabajo hasta el momento, Calambre, su álbum debut de 2020. De Antón, alias Pucho, alias C. Tangana, hay que esperar solo lo espectacular después de esta revisión particularísima y respetuosa de la música española y sus ramas, las cuales llegan hasta la música latina y se extienden hasta nuestros días.

La primera noche fue entonces de las cabezas indiscutibles del cartel que dieron el espectáculo que al público se le había prometido, léase C. Tangana, Nathy Peluso, Bonobo, The Blaze, Moderat. Estos últimos son también asiduos asistentes al festival Sónar y también supieron dar lo que buscaba un SónarClub que tuvo siempre asistencias masivas. Su propuesta cumplió con la expectativa de ver la premiere de su nuevo show con visuales que se presentaban por primera vez en al edición del festival de Barcelona. Bonobo volvió también para presentar su nuevo álbum, Fragments, y su productor, Poté, lo acompañó para darle más percusión a su DJ set que iba de ruidos electrónicos a momentos de mucha tranquilidad y mezcla de sonidos orgánicos.
El sábado, los Chemical Brothers, con nuevos visuales, dieron una fiesta rave auténtica para celebrar los 25 años de su trabajo Dig Your Own Hole. Así llegó su primer número uno, el hit “Block Rockin’ Beats”, tema con el que abrieron el concierto. Fueron momentos de locura colectiva y un clímax total, con explosión de confeti plateado o el momento de soltar globos gigantes y láseres al compás de las animaciones más divertidas y coloridas que les recuerde, como esos famosos robots gigantes que ilustraron “Under the Influence”. Siempre saben cómo dar ese sonido psicodélico particular y distintivo de rave ahí a donde van. Los Chemical Brothers (Tom Rowlands y Ed Simons) llevaban siete años sin venir a visitar el Sónar. Los visuales nuevos de este show son de Adam Smith y Marcus Lyall y acompañaron al público de forma cómplice y cómica a través de un repaso a muchos de los mayores himnos de la música de baile creados por este duo. Fueron una de las delicias sonoras y visuales del festival. La guinda del pastel. Tanto ellos como Moderat presentaron nuevo espectáculo audiovisual. Los Chemical con cinco pantallas, cada una con su propia serie de animaciones y vídeos diferenciados según cada canción y ocasión.
Sónar cumplió la promesa de volver a ser una pista de baile masiva con las propuestas de Anfisa Letyago, Charlotte de Witte, Richie Hawtin, Eric Prydz y el gran cierre del escenario del SónarPub, primero con el disco-funk de Folamour con su ‘Power to the PPL A/V’ y después con The Blessed Madonna, la estadounidense Maria Stamper, y su mezcla de disco, house y la reivindicación de género inclusiva que invitaba a todos a moverse con el amor y la música como bandera. Al mismo tiempo, el cierre de otros escenarios lo ejecutaba Anfisa Letyago; luego, otro b2b memorable de Midland & Shanti Celeste. Como se puede leer, había tres mujeres dando lo mejor de sí en cada uno de los escenarios, dignas representantes de lo mejor de la música electrónica internacional.

Arca es otra musa habitual del festival. Esta fue su primera actuación en el Sónar de Noche y llevó su excentricidad musical al extremo una vez más. La venezolana dio un show muy performático y sensual, siempre con sonidos afilados y angulosos. Su música busca también trascender sus propias fronteras. Mujer trans, no binaria, también es la representación de una minoría que busca redefinir constantemente las fronteras de toda una generación. Mezcla de tradición latina, música de club, ruido experimental y ritmos urbanos. Piezas como “KLK”, “Prada” o “Rakata” animaron mucho al público.
Una de las sorpresas locales de Barcelona fue Morad, rapero orgulloso de ser de Hospitalet de Llobregat, el lugar donde tiene lugar el Sónar de Noche. Dio una eléctrica demostración de cómo sus letras y ritmos salieron desde las calles hasta el corazón de una nueva generación. Cuando tocó el tema que produjo junto con Bizarrap, sus fans enloquecieron. Se despidió mandando un recuerdo nada cariñoso a la policía de Cataluña, los Mossos de Esquadra, que también han tenido mucho que ver como su antagonista en este ascenso meteórico a la fama urbana local frente a toda una nueva generación gracias a Internet. Lo urbano y lo local siempre son parte de este festival y es divertido ver cómo personas de otras partes reaccionan ante raras propuestas que siempre esconde la programación del mismo. Se trataba también de 122 mil personas que celebraban la vuelta a la normalidad. La programación basculó sobre dos ejes: la diversidad cultural y las nuevas identidades y el discurso medioambiental con ánimo de contribuir a la concientización colectiva.

No obstante, hubo algunos hechos desafortunados. Como el ataque a la autoridad del rapero Cecilio G., quien lanzó una mesa en la cabeza a miembros de la seguridad del festival y después golpeó a un policía. El arresto de este trapero fue una de las cuestiones más comentadas en redes sociales. A Cecilio se le recuerda por su entrada en 2019 al festival, en un caballo blanco, y la exhibición de animales exóticos en su irreverente show de trap.
Al llegar el amanecer una vez más, todo era cuerpos rendidos ante el cansancio, miradas perdidas, mandíbulas desencajadas y un sol naciente que invitaba a las personas a irse tranquilamente hacia su medio de transporte favorito, pateando vasos de plástico. Extenuadas después de la gran noche, con la meta de recargar energías para someterse a la siguiente maratónica sesión de martillazos musicales de todo tipo, confección y cadencia. El Sónar volvió a ser, tanto de día como de noche, un lugar para el hedonismo y los excesos controlados que requiere hoy la sociedad.
Buen artículo 🙂