Haciendo uso y desarrollando las instrumentaciones, en ocasiones dramáticas, de su disco debut, Pablo Honey (1993), así como las texturas atmosféricas que distinguieron a su segundo álbum, The Bends (1995), Radiohead logró con OK Computer (1997), su tercer opus, una obra monumental del rock contemporáneo.

Difícil de definir y de clasificar, este trabajo se adelantó a su tiempo con su mezcla de art-rock, música progresiva, experimentaciones sonoras, noise y rock duro. Complejo y multisegmentado, OK Computer consiguió ser un disco arriesgado y vanguardista y al mismo tiempo conservar la esencia melódica y armónica que ha sido el sello estilístico de Radiohead. La voz de su cantante, guitarrista, tecladista y líder, Thom York, interviene en cada tema con los más diversos timbres y puede ir de un dulce falsete a la angustia de un grito gutural. Este virtuosismo vocal se ve perfectamente cobijado por el virtuosismo instrumental del resto de la agrupación (John Greenwood, guitarra principal; Ed O’Brien, segunda guitarra; Colin Greenwood, bajo; Phil Selway, batería). Teclados misteriosos, efectos de grabación, voces a modo de murmullos, sincopados ritmos electrónicos, guitarras como paredes de sonido, todo ello el servicio de composiciones de enorme fuerza y autenticidad.

Porque si algo distingue a este álbum es que prácticamente cada pieza es una pequeña obra maestra. Desde la inicial e impactante “Airbag”, pasando por la delicada y escalofriante “Paranoid Android”, la trémula y cósmica “Subterranean Homesick Alien”, la oscura y gótica “Exit Music (for a Film)”, la paradójicamente esperanzadora y triste “Let Down”, la beatlesca y extraordinaria “Karma Police”, la lennoniana “Fitter Happier” (que remite directamente a “Revolución No. 9” del Álbum blanco de los Beatles), la rocanrolerísima “Electionneering”, la acompasada e inquietante (su letra habla acerca de un asesino de masas) “Climbing Up the Walls”, la bellísima y conmovedora “No Surprises”, la sensual y enigmática “Lucky” y la apacible pero intensa “The Tourist”.
Aunque en su momento muchos críticos emparentaron la música de Radiohead con la de Pink Floyd y sus letras con las de Michael Stipe, para los integrantes del quinteto las cosas parecían ser diferentes. A decir de Thom Yorke, sus influencias en el disco fueron muy otras. Así, el cantante aseguraba, insospechadamente, que “Airbag” está basada en “Isabel”, de Björk (tema contenido en el álbum Post, de 1995). “Exit Music…” estaría influida por “The Prison Tapes”, de Johnny Cash. “Subterranean Homesick Alien” habría nacido después de escuchar el Bitches Brew (1969) de Miles Davis. “La primera vez que oí ese álbum —dijo Yorke en una vieja entrevista—, pensé que era el más nauseabundo caos musical que había conocido. Sonaba como si lo hubieran grabado músicos de Marte. Me enfermó escuchar eso. Sin embargo, de manera gradual y conforme lo fui escuchando más y más, terminé por enamorarme de él y hoy lo considero una belleza. Creo que Bitches Brew late en el corazón de OK Computer de principio a fin”.
Las letras en OK Computer, debidas todas ellas a Thom Yorke, reflejan por un lado sus neurosis personales y por el otro sus inquietudes sociales: “Economía vudú / Es sólo negocio / Productos ganaderos y FMI / Confío en contar con tu voto”, canta burlonamente en “Electionneering”, mientras en “Fitter Happier” recita con una voz semejante a la de un Stephen Hawking filtrado en computadora: “Ahora los autoempleados / preocupados pero desprovistos de poder / Un poderoso e informado miembro de la sociedad / Pragmatismo en vez de idealismo” y en “No Surprises” dice: “Tiremos al gobierno, ellos no hablan por nosotros”.
El estilo letrístico de Yorke apuesta más por la ironía que por la protesta histérica, consciente quizá de que el humor —y en especial el humor negro— es más poderoso que la queja amarga. Así, sin inhibición alguna, las palabras brotan sardónicas y descaradas: “Policía kármico, arreste a este hombre / Habla en términos matemáticos / y suma como un refrigerador / Es como un radio desafinado (“Karma Police”) o “Ellos me preguntan a dónde demonios voy a 300 metros por segundo / Oye, hombre, bájale / Idiota, bájale / (“The Tourist”) y la espléndida “Paranoid Android” parece hablar por todas las almas desamparadas cuando concluye, en tono escalofriante: “El vómito / El vómito / Dios ama a sus hijos ¡si!”.
De algún modo, Radiohead es como la contraparte del grupo Oasis en cuanto a que presenta una visión descarnada y a la vez ácidamente cómica de la realidad, sin concesiones, sin “la misión” que en aquellos años parecían encarnar los hermanos Gallagher de brindar gratos y bonitos momentos a sus escuchas. Es gracias a esto —y a su música altamente elaborada, impregnada a la vez de inteligencia y sustancia— que puede ser considerada entre las grandes agrupaciones de la historia del rock. En pocas palabras y a riesgo de parecer redundantes, concluyamos diciendo que OK Computer es el álbum que estableció a Radiohead como uno de los más inventivos y talentosos proyectos del rock de los 90… y de todos los tiempos.