CDMX, junio 2 de 2022. No importa el número de años que cumplas, sino la forma de celebrarlo, el estado físico y mental que se guarde en el momento; pero cuando llega la hora de ufanarse de la edad alcanzada, habrá que mirar atrás para ver lo dejado.

Esta noche, Café Tacvba arriba al Auditorio Nacional y abre una serie de cuatro presentaciones bajo el título de “Un segundo, concierto acústico” (una versión extendida de su paso por la Sala Nezahualcóyotl, de la UNAM, en marzo de 2019 y registrado en el disco Un segundo. MTV Unplugged), además de cumplir 33 años como grupo. En los primeros minutos, cuando todavía no inicia “María”, el tema abridor, el recibimiento del cual son objeto ya anuncia el tamaño de la fiesta.
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Los muchachos, como llama Rubén Albarrán a sus seguidores, habrán de festejar cualquier cosa; sin embargo, la agrupación, lejos de dormirse en sus laureles y navegar en confortable barco, como algunos de sus colegas, ha convertido la ocasión en un evento especial.
El cuarteto divide la noche en bloques. En el primero aparecen únicamente ellos, acompañados por un percusionista, un baterista y un guitarrista, y comienzan a desglosar temas que los han hecho famosos (“Diente de león”, “Trópico de Cáncer”, “Chica banda”, entre otros), algunos de ellos de los más cantados o de los más significativos para su público. Todo está aceitado y funciona a la perfección. El sonido es impecable, se podría escuchar hasta su respiración.

En el segundo bloque, el grupo menos rocker del rock mexicano presenta a Los Bronces, una banda oaxaqueña (no confundirla con un grupo de rock de igual nombre). Los arreglos son buenos, muy buenos en su mayoría; no importa si las composiciones ya tienen sus años encima, hoy se decide vestirlas de una manera distinta. Ahí donde hay arrugas, se alisa el vestido; allí donde la tela se frunce, se hace lo posible para convertirla en una superficie tersa y hacer que el todo fluya. Las interpretaciones de “La muerte chiquita”, “Olitas del altamar” y “Futuro”, están llenas de vida.

El tercer fragmento también resulta sorpresivo. Finalmente, el último telón del escenario cae y deja ver a una orquesta y al escuchar a las cuerdas uno se pregunta, con cierta curiosidad malsana, por qué Café Tacvba aún no ha aparecido en ninguna de esas entregas del tan cacareado Rock en tu idioma sinfónico, aunque el galimatías se resuelve cuando se recuerda que los sellos discográficos son diferentes.
También en esta parte, las versiones orquestales son solventes. No importa que “Eres” sea una de las canciones más cursis del rock nacional, una especie de eslabón perdido entre Miguel Bosé y el rock de este país; es un éxito y al fandom de la banda esas sutilezas le tienen sin cuidado.
La orquesta añade tonos épicos, grandilocuentes, en “El aparato”, “Esa noche”, “Volver a comenzar”; luego es silenciada para que el organillero se escuche en “Medio día” y regresa con más fuerza aún en “Volver a comenzar” y “El puñal y el corazón”. Todo transcurre de manera idílica.

Cuando amenazan con despedirse, regresan para un largo encore (“El espacio”, “Aviéntame”, “Quiero ver”, “El baile y el salón”). Café Tacvba no necesitaba venir a conquistar el Auditorio Nacional, pero llegó para demostrar que ha asumido la responsabilidad histórica –sin buscarla, pero eso no los exime de ella– que tiene con el rock que se produce en México y lo ha hecho bien.
Enrique Rangel, Joselo Rangel, Emmanuel del Real y Rubén Albarrán han permanecido unidos desde sus inicios, lo cual no quiere decir que en su existencia como agrupación no hayan existido dificultades, pero las han logrado superar. A pesar de recargarse en los temas de sus primeras placas, no dejan de crear, aunque tal vez los espacios que se dan para ese proceso sean cada vez más esporádicos.
Sí, hay cosas que cuestionarle al grupo –también es una responsabilidad de su público–, entre ellas claudicar ante un sector de la opinión que los llevó a retirar “Ingrata” de sus presentaciones, aunque su cantante, en un momento dado de la noche, mueve las caderas hacia adelante y atrás de forma claramente lasciva. También el señalar que el rock ha perdido filo y no asumir parte de su responsabilidad en ello y el que su frontman sea tan paternalista cuando habla a sus fanáticos. Sin embargo, tampoco se le puede negar a la agrupación su raigambre, su calidad.

Los Tacvbos no están entre los favoritos de quien esto escribe, pero eso no le impide reconocer su calidad, misma que hoy aprovecharon para demostrar que el grupo sigue siendo uno de los históricos del rock hecho en casa.