Neil Young, cosecha 1972

Hace exactamente 50 años, Neil Young, el cantante, guitarrista y compositor canadiense de folk-rock, lanzaba al mercado Harvest, su cuarto disco de larga duración como solista. Ya antes había saltado a la fama con su integración a grupos como Buffalo Springfield y luego al cuarteto de Crosby, Stills, Nash & Young, la agrupación que se había iniciado con el country y las canciones folk, para abrazar luego al rock y al blues introducido por Young y su deslumbrante eclecticismo sonoro.

Fotografía: Man Alive! bajo licencia de Creative Commons
Fotografía: Man Alive! bajo licencia de Creative Commons

1972, sin embargo, era un  año difícil. Las movilizaciones de la guerra de Vietnam; los efectos del auge, caída y descomposición de la alucinante pero efímera Nación de Woodstock; el declive del movimiento hippie y de la era del amor y la paz habían cedido el paso, en muy poco tiempo, a la desmoralización, el pesimismo y la desolación en varios frentes del potente ciclo de movilizaciones contra la guerra y por las libertades que había caracterizado el cierre de los años sesenta en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. La muerte en fila de Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison había marcado el fin de una era y se impuso entonces la idea de que “el sueño había terminado”, como escribió por esos años un John Lennon alejado de la fama y los reflectores.

En ese clima decadente, Neil Young compuso las diez  canciones que incluiría en Harvest. Acompañado por la banda de los Stray Gators (formada por iniciativa del propio músico canadiense) y por las voces en los coros de James Taylor y Linda Ronstadt, Young, a sus entonces 27 años de edad, produciría una obra que medio siglo después es considerada como uno de los discos más influyentes en la historia del rock (o lo que queda de él). También fue el disco más exitoso de la carrera de Young, el que marcó una línea entre su trayectoria como solista y como miembro de agrupaciones como CSNY, tal y como lo harían años después David Crosby, Graham Nash o Stephen Stills.

En la producción del disco participaron el propio Young, Elliot Mazer, Jack Nitzsche y Henry Lewy. “Heart of Gold” se convirtió en la canción más conocida del LP y la que hizo de Harvest el álbum más famoso y vendido del rockero de Toronto. “Esa canción me colocó en el centro del camino”, diría años después el propio Young respecto a “Corazón de oro”, mientras que Bob Dylan declaraba en alguna entrevista realizada por esos años que a él le hubiera gustado ser el autor de la pieza. Pero el éxito masivo de esa tema, con su estilo folk de armónica y guitarra y su contenido un tanto naïve, no ocultaba el hecho de que Harvest fuese una obra profunda, obscura, inquietante, en la que las letras de las canciones y la guitarra lúgubre de Young proporcionaban estampas grisáceas sobre las drogas, la muerte, los reclamos de una generación a sus mayores, la crítica al racismo sureño de los Estados Unidos, los llamados a cambiar el país.

Como algunos saben, “The Neddle and the Damage Done” fue escrita por Young en homenaje a la trágica muerte de su amigo Danny Whitten, el ex bajista de su banda Crazy Horse, por una sobredosis de heroína.  “Alabama” es un reclamo al racismo, mientras que “Words (Between the Lines of Age)” y “Old Man” son canciones donde la vejez y la figura difusa del padre aparecen en el centro. El piano tocado por Jack Nitzsche, un fondo de orquesta sinfónica en “A Man Needs a Maid”, los coros de Taylor y Ronstadt en “Heart of Gold”, la guitarra y la voz triste de  Young como el eje de todo el disco, arrojan como resultado una obra ecléctica, deslumbrante, potente.

Neil Young recorrería desde Harvest un largo camino de cinco décadas y 43 discos en solitario que se alarga hasta la producción de Barn, su trabajo más reciente (2021), donde lo acompañan los miembros de Crazy Horse. Pero el disco que este año cumple 50 años es quizás el mejor de toda su carrera.

“¿Llegaré a cosechar algo?”, se preguntaba Young en alguna parte de la canción que da título al disco y ahora, a sus 76 años, seguramente tendrá algunas respuestas al respecto. Fiel a sus experimentos sonoros, pero también a su activismo político, a su pacifismo, su rebeldía contra el consumismo y contra la tiranía de los medios y del mercado, cuya última expresión fue retirar sus canciones de la plataforma Spotify, en protesta por la campaña contra las vacunas para el Covid-19 promovida por uno de sus publicistas más cotizados.

Young ha sido etiquetado como “el último hippie”, la “conciencia moral del rock”, el sobreviviente de una época de excesos y sueños destruidos. Sin embargo, las etiquetas le tienen sin cuidado y, bien visto, no importan. En cualquier caso, el canadiense es un compositor y cantante comprometido con su oficio, un músico de rock que se niega a conformarse con lo que hay y que sigue ofreciendo conciertos y luchando por causas que valgan la pena. Eso, más que las etiquetas y los clichés, es lo que ayuda a comprender la obra de un músico que hace 50 años grabó un disco que cambió a muchos, abrió nuevas rutas sonoras y confirmó la fuerza expresiva del rock en un período de oscuridad e incertidumbre.

Hoy, Neil Young sigue cosechando buena parte de lo que sembró. Aunque sus obras posteriores están pobladas por marcados altibajos en términos de calidad letrística y consistencia rítmica, el canadiense sigue grabando nuevas canciones y rescatando algunas viejas, ofrece conciertos esporádicos en San Francisco, Nueva York o Barcelona y se mantiene ocupado coleccionando autos antiguos y fotografías en blanco y negro. Sigue con atención a grupos como Foo Fighters o The Killers, pero también sigue escuchando a contemporáneos como Bob Dylan, Robbie Robertson, Bruce Springsteen o Van Morrison. Probablemente, como ciudadano Can-American que es, parte de su imaginación quedó atrapada en el cruce de caminos que Harvest representa y que resuena como imagen y eco de sus discos posteriores, en los que la exploración sonora, la denuncia política, las contradicciones vitales, la narrativa costumbrista y las ilusiones utópicas, adquieren formas extrañas bajo los ritmos gobernados por el blues, el folk y el rock.

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Publicado en: Discos