Carla Escareño: pintora, dibujante, tatuadora

Nacida en Ciudad de México en 1990, Carla Escareño es una joven artista plástica que ha logrado desarrollar un estilo muy propio, tanto en su pintura como en su dibujo. No sólo eso. Ha sabido trasladar su arte a una actividad en la que también brilla: el tatuaje, tanto como diseñadora que como tatuadora, porque Carla sólo tatúa sus propios diseños.

A decir de Natalia Bocanegra, en el sitio de cultura Local, los trazos de Escareño “son formas que escapan de sí mismas. Es como si el paisaje de hojas, tallos y flores que está en sus dibujos quisiera abarcarlo todo. Como si el mundo de lo vegetal y el mundo de lo humano tuvieran un mismo sentido. Su trabajo se va hacia lo primigenio: la desnudez es un elemento presente e insistente, quizá por eso le gusta tanto dibujar plantas, son pura forma sin contención, sin límites. Sus creaciones llevan cierta nostalgia y un misterio implícito, porque el dibujo y la palabra son un buen espacio para eso”.

¿Cuál es el retrato sicodiscográfico de Carla Escareño? Veámoslo a continuación.

Fotografía: Melissa Lunar
Fotografía: Melissa Lunar

¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Únicamente sé que me arrullaban cantando “La Barca” (es de Los Panchos) y amo esa canción, me conmueve y me relaja como si aún fuera un bebé, ¡jaja! Mi mamá y mi papá ponían viniles para desayunar o pasar la tarde los fines de semana; entonces, la música siempre ha sido un mood en mi cotidianidad, un gran acompañamiento. Dicho esto, en realidad no tengo idea de cuál fue el primer disco que escuché, porque sólo era algo que estaba pasando y era parte de la casa familiar.

¿Cuál es el primer disco que compraste?
El de infancia: Shakira, ¿Dónde están los ladrones, buenísimo. Y ya con mi identidad más formada y yo pagándolo, Bueninvento de Julieta Venegas. Es muy especial porque lo compré con dinero que me regaló mi mamá por (al fin) aprobar un examen de matemáticas. Me volaron la cabeza sus ruiditos y escuchar a una mujer en la que yo me podía reflejar. Siempre emocionante volver a oír esos dos álbumes.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
El Repeater de Fugazi. Era y es de mi hermano que de adolescente nunca me prestaba sus cosas; entonces yo las tomaba en secreto. Como sea, siempre se daba cuenta de que las había movido de lugar, posición, milímetros… Pero escuchar ese disco era tan intenso para mi pequeño ser de 10/11años… Me hacía y aún me hace sentir fuerte.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Siempre cambio, porque depende de mi mood o de qué discos llevo en el auto, pero The Idler Wheel de Fiona Apple probablemente es el que más he puesto en repeat, llorado y cantado a gritos mientras manejo. Como segundo, cualquiera de Portishead, hermosos para manejar/transitar. Aunque manejo realmente poco.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
En el presente, seguro el 419 de Babyfather. Siempre me remonta a las primeras veces que lo escuché y a esa sensación de frescura. También me lleva a recuerdos muy sensoriales de mi infancia y preadolescencia que traen otro tipo de frescura, la de la inocencia y empezar a descubrir el mundo. Algo muy hermoso, porque es un álbum relativamente reciente.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Ninguno. Todos los que tengo los atesoro y los que ya no están conmigo los disfruté muchísimo. Si acaso diría que me da demasiada risa lo mucho que me gustaba bailar “1, 2, 3” de El Símbolo, a los ocho años, tanto que pedí que me compraran su disco.

Cuadro: Carla Escareño / Registro de la obra: Gabriel Figueroa Flores
Cuadro: Carla Escareño / Registro de la obra: Gabriel Figueroa Flores

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Espero que aún no sea una perdida, pero Fina estampa de Caetano Veloso. Se lo intercambié más o menos hace siete años a un amigo por el Late Night Tales de Air que también es una joya. Pero ese disco de Caetano era de mi mamá, es un concierto en vivo, no está en Spotify y psss el intercambio era temporal, en teoría. Espero un día vuelva a mí, sin prisa pero que regrese… Me puse feliz de imaginar esa posibilidad.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
El Easter de Patti Smith, de segunda mano. La quiero mucho. Me conmueve su cerebro. Ella es brillante por cómo articula las palabras.

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Casi imposible responder, porque en realidad son muchísimos los que atesoro. Pero tal vez el Dummy de Portishead. La hija de una amiga de una tía murió como a los 20 años, cuando yo tenía cinco y por ahí de los once, me llegaron algunos de sus discos. Yo no conocía nada de esa música, pero las portadas eran increíbles y sobre todo Dummy me parecía tan misterioso, extraño y magnético. Con el tiempo le agarre la onda, me fascinaba escucharlo y saber que nadie más de mis amiguitxs lo conocía. Era mi lugar secreto y fascinante. Por Portishead y en realidad por Christian (la hija de la amiga…), yo conocí a bandas y artistas que me abrieron la puerta a un mundo de peculiaridades que ahora sé que es al que pertenezco. Un mundo que ya no es secreto y me alegra poder vivirlo en colectivo.

Fotografía: Melissa Lunar
Fotografía: Melissa Lunar

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
No suelo escuchar música para coshar (me encanta decirle así). Siento que influencia demasiado la experiencia. No me gusta sentir que estoy performanceando algo que me parece tan genuino.
Peeero (porque siempre hay peros), la canción “Love” de Mica Levi, en loop, de vez en cuando, es increíble.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Uno que les haga acordarse de mí y del tiempo que pasamos juntxs o mi vibra. Justo hace unos días, al hablar no recuerdo con quién, me di cuenta de que los funerales deberían ser para la familia y amigxs. Que ellxs decidan todo acerca de cómo se van a despedir de mí, cómo quieren comenzar ese duelo, qué quieren hacer con mi cuerpo, qué frases serán las representativas de mi partida y cómo lo quieren vivir. ¿Yo qué? Yo ya estaré escuchando los discos, voces y ruidos que me fascinen, todos al mismo tiempo en el éxtasis total de sólo ser energía sin límites. Además, me falta (espero) por vivir un montón de años. Qué emoción toda la nueva música que saldrá y que descubriré. En una de esas hasta terminó haciendo mi propio álbum para despedirme, como lo hizo David Bowie.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
1. Uno que me recuerde a mi papá y mi mamá: Mercedes Sosa, porque hasta me llamaron Alfonsina.
2. Uno que me recuerde a mi hermano: Pink Floyd, el Dark Side of the Moon.
3. Uno que me recuerde a mi familia: definitivo, uno de grabaciones de mi abuelo y abuela maternos, cantando polkas, boleros y canciones de rancho que, si pones atención, de fondo hay voces de más miembros de la familia riéndose o platicando.
4. Uno que me recuerde a mis amigxs y el amor: Feels, de Animal Collective, es puro goce por todo el amor que existe hacia quienes van apareciendo en el camino. Además, podría ocupar bien mi tiempo aprendiendo a cantar rapidísimo y completitas sus canciones.

El quinto sería para tenerme presente a mí: Halo, de Juana Molina, para regresar a quien soy y mi poder, cada vez que me sienta absolutamente perdida y sola en la isla desierta. De todas formas, creo que la mayoría del tiempo en la isla preferiría escuchar a la naturaleza y canturrear o gritar muy cabrón, porque hay que aprovechar la oportunidad de esa soledad extrema. Ya luego, sí sobrepasa mis limites esta experiencia, #posmemato.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Mi vida en discos