La carrera de Harry Connick Jr. —pianista, cantante, compositor y actor— se puede dividir en dos partes. Sus primeros dos álbumes (los cuales abarcan el jazz clásico de Nueva Orleans y el piano solo) y el resto de su carrera (que fue creciendo paralelamente con su popularidad y que ha alternado la música contemporánea de la propia Nueva Orleans con vocalizaciones propias al más puro estilo crooner).

Nacido el 11 de septiembre de 1967, en la mencionada ciudad del estado de Louisiana, Harry creció bajo el cuidado de sus padres, una pareja de abogados propietarios de una tienda de discos, quienes influyeron decididamente en su interés por la música. Después de comenzar con el piano a la edad de tres años, su primera presentación en público tuvo lugar a los seis y grabó con una banda local de jazz a los diez.
Connick asistió al New Orleans Center for the Creatives Arts, donde estudió con Ellis Marsalis y James Booker. Ahí ganó varios concursos de piano y tocó con la orquesta sinfónica de su estado. Más tarde, se mudó a Nueva York para estudiar en el Hunter College y la Manhattan School of Music le brindó la oportunidad de entrevistarse con un ejecutivo de la compañía disquera Columbia, quien había pedido verlo. De esa entrevista resultó el álbum debut Harry Connick Jr (1987), en el cual contó con la participación del extraordinario bajista Ron Carter. En 1988 salió al mercado su segundo disco, 20, en el que tocó con un trío de jazz y debutó como vocalista.
Reconocido ya dentro del circuito jazzístico, entró a la fama con la banda sonora de la película When Harry Met Sally, de Bob Reiner (1989), en la cual interpretó temas clásicos como “It Had to Be You”, “But Not for Me”, “Autumn in New York” y “Don’t Get Around Much Anymore”, con el respaldo de una big band. Dueño de una mayor popularidad, Connick diversificó su carrera con la actuación, al interpretar a un pistolero en la cinta Memphis Bell, de Michael Caton-Jones, en 1990. El mismo año grabó dos discos simultáneamente: We Are in Love, con interpretaciones de crooner similares a las de When Harry Met Sally, mientras que Lofty’s Roach Souffle fue todo instrumental. Quizá por lógicas razones, el primero obtuvo un mayo éxito popular, aunque el segundo fue mejor aceptado por el gremio jazzista. Lo importante es que en ambas obras el músico interpretó sus propias canciones, con lo que demostró su talento y capacidad como compositor.
En 1991 grabó Blue Light, Red Light, con música escrita y orquestado por él mismo, probando que Harry Connick Jr. era ya una figura dentro del jazz contemporáneo.
Aunque su popularidad disminuiría un poco durante la década de los noventa, sus trabajos discográficos se mantendrían en el gusto de buena parte del público de jazz. Así, álbumes de larga duración como 25 (1992), When My Heart Finds Christmas (1993), She (1994, en el cual se adentró de manera muy interesante y afortunada en la música funk de su ciudad natal), Star Turtle (1996), To See You (1997) y Come By Me (1999) se convertirían con el tiempo en joyas incunables del jazz.
Durante las dos décadas y un poco más que lleva el nuevo siglo, Connick no ha dejado de grabar y ha publicado una decena y media de placas en su mayoría estupendas, entre las cuales cabe destacar Songs I Heard (2001), 30 (2001), Only You (2004), Chanson du Vieux Carré (2007, hermoso homenaje al lado francés de Nueva Orleans), Smokey Mary (2013, con grandes invitados, entre ellos el saxofonista Branford Marsalis, hijo de su maestro del Centro para las Artes Creativas de Nueva Orleans), True Love (2019, espléndido homenaje a la música de Cole Porter) y el más reciente, Alone with My Faith, de 2021.
Este último fue grabado durante el confinamiento al que nos obligó la pandemia de covid-19. Se trata de una obra intimista que destaca la espiritualidad del músico, así como sus habilidades multiinstrumentales. A la versatilidad que ha mostrado a lo largo de 35 años de carrera artística, agrega aquí un género más a su repertorio, al interpretar himnos tradicionales y canciones gospel junto con temas originales por demás conmovedores.
Aunque se pudiera esperar que un álbum grabado en pleno aislamiento se reduciría a nada más que una voz y un piano, Harry Connick Jr. se transformó en una banda de un solo hombre para tocar teclados, metales, guitarras y percusiones. Un trabajo muy grato y recomendable.