Leonora Post Punk: romántica oscuridad en concierto

Frano Verdugo, guitarrista, vocalista y fundador de Leonora Post Punk, le dijo en 2020 al portal sinaloense La Pared Noticias lo siguiente: “Leonora –protagonista de la ópera Fidelio o el amor conyugal, de Ludwig van Beethoven– es un personaje femenino que tiene la osadía de hacerse pasar por hombre, con la finalidad de rescatar a su único y verdadero amor. En ella todo es maravilloso, todo es conmovedor. Sé que podría parecer un loco al hablar de esto, pero esa mujer da mucho para reflexionar: se envuelve en ropas masculinas, hace algo “indebido” y paradójicamente deposita su fe en Dios. No quiero extenderme demasiado, pero ¿a poco no es encantador que una mujer esté dispuesta a todo cuando tienes unos yugos puestos que representan tu pena de muerte? ¡Es un amor absoluto! Leonora es nuestra heroína más preciada y en ella nos inspiramos”.

Surgido a finales de 2019, Leonora Post Punk es un grupo de Los Mochis, Sinaloa, que se distingue por exudar fascinación y excentricidad mediante sus anochecidos atavíos y sus vibrantes composiciones, mismas que deambulan en las turbias corrientes del new wave, el dark wave y el postpunk. Actualmente, se encuentra integrado por el propio Frano Verdugo, Efrén al bajo y Milka en la guitarra y segunda voz. Con dos discos EP lanzados (Eternos, 2020 y Polvo, 2021) y algunas otras apariciones discográficas (Escena oscura mexicana compilado vol. II, 2020 y Ojo Rojo. Un apasionado homenaje a Las Ánimas del Cuarto Oscuro, 2021), recorre diferentes ciudades del país como parte de su Polvo Tour 2022, el cual arribó recientemente al foro subterráneo Rebels, de la ciudad de Puebla.

Fotografía: Daniel Tecuanhuey
Fotografía: Daniel Tecuanhuey

Aquella noche desde muy temprano se presentaron en el sitio los seguidores del trio, muchos de ellos vestidos a la usanza gótica y sus derivados. Extrañas figuras que con frecuencia rehúyen al escrutinio diurno y cotidiano deambulaban a placer, mientras exhibían sus maquillajes recargados, chaquetas de cuero, botas con plataforma y demás prendas afines.

Paulatinamente, los taciturnos convocados ingresaron al recinto hasta ocupar todos sus recovecos. El conjunto local RBL RBL fue designado para inaugurar la velada con su estrepitoso repertorio lleno de glam, punk y garage. Los músicos angelinos irrumpieron con piezas de Blondie (“One Way or Another”), David Bowie (“Ziggy Stardust”), Joy Division (“Transmission”) y algunas más. Pese a las dificultades técnicas, su vocalista y guitarrista nunca menguó en ánimo y destacó por su temple y apariencia cercana a la del cantante glam Adam Ant.

Minutos más tarde, un rostro blanquecino, pero con profundas sombras alrededor de sus ojos y labios, se asomó entre el público, el cual aulló al instante. Su delgada figura estaba cubierta por una larga capa estilo victoriano y, debajo de esta, se asomaba el brillo satinado de alguna nívea camisa, al igual que tirantes, faja y pantalones del mismo color que la noche. Se trataba de Frano, el vampiro, quien ingresó al recinto acompañado de sus no menos extravagantes cofrades, Milka y Efrén. La primera portaba un oscuro vestido ceñido al cuerpo, mientras que el segundo llevaba una chaqueta negra con botonadura dorada. Ambos músicos lucían pálidos e inexpresivos.

En medio del alboroto, la agrupación mochitense terminó de realizar los ajustes pertinentes y acometió con “Reina negra”, el tema debut que le abrió brecha en 2020. Asistidos por las pistas pregrabadas de una batería, pero anclados reciamente gracias a las contundentes líneas del bajo y los fulgurantes acordes de la guitarra, Verdugo inició sus irregulares cánticos y contorsiones (“Bailo / Bailo / Las luces negras nos tocan, reina / Oh, oh / En el salón / Y tu voz y tu voz y tu voz / Oh / Se quebranta con mis uñas / Bailo / Solo bailo”). Rápidamente, el grueso de los presentes se estremeció y correspondió el festejo. A esta canción le siguió la igualmente frenética “Luna” y de nueva cuenta sus fieles se alborozaron.

Fotografía: Daniel Tecuanhuey
Fotografía: Daniel Tecuanhuey

El preludio había sido trepidante. Las luces carmesíes del recinto acentuaban los rasgos espectrales de la triada, al tiempo que el tono vocal del Nosferatu parecía expandirse. De pronto, Efrén pulsó sobre sus cuerdas las pesadas notas correspondientes a “Colonia americana” y, aunque la excitación terminó por asentarse, un hálito lóbrego creció en espesor y ardor. Durante esos instantes, Frano debió sentirse sofocado, pues se despojó de su holgado manto y levantó enérgicamente la voz para exclamar: “Camino, camino por el cuarto / No hay fotografías de lo nuestro / Qué torpe, qué torpe mi alegría / Me encanta, me encanta este encierro / Puedo imaginarme que está desnuda / Complaciendo mi capricho / Todo es mentira al fin y al cabo”. Después, sujetó por primera vez su guitarra Fender y junto a sus colegas cerró gradualmente la melodía.

El concierto progresó en medio de arrebatadores momentos e inquietantes sosiegos con las piezas “Sufrí”, “A contraluz” e “Insomnio”. Resultaban claros los motivos que dieron prestigio a la banda postpunk en tan poco tiempo. Ciertamente, subyacen en sus robustas y refinadas maniobras los elementos propios o tradicionales de su clasificación musical, sin mencionar sus crípticas y apasionadas letras, pero además es posible percibir el aura hondamente misteriosa y seductora que emana de sus integrantes, especialmente del carismático líder.

Posteriormente, la inédita composición “Vampiros” retumbó intensamente en el foro, para clamar por el pasado: “Llenamos unos tambos de basura / Ah / Con cervezas y mucho hielo / De lo mejor / Que tiempos aquellos / De lo mejor / El tiempo cobra / Nos sentíamos inmortales / Éramos idiotas / Nos despertamos y no hay comida / Tenemos que ir otra vez al mercado / Pero, vamos a vestirnos extravagantes / Quiero que volteen a vernos / Tú y yo juntos en este infierno / Cuánto me fastidia la vida de adulto / Por los viejos tiempos / Por los viejos tiempos”.

Fotografía: Daniel Tecuanhuey
Fotografía: Daniel Tecuanhuey

Las canciones “Luces sensacional” (cover del grupo argentino Los Látigos), “Eternos” y “Polvo” perfilaron el inevitable y emocionante desenlace. Verdugo nuevamente se había desprendido del instrumento, para entregarse por completo a la danza y el canto desenfrenado. Gruesas gotas de sudor deslavaban el blancuzco maquillaje aplicado en las caras de los músicos, aunque sus efigies poco se alteraron. Asimismo, emotivos agradecimientos se dirigieron a los diferentes artífices e involucrados en aquella fiesta y quizá la promesa implícita de volver para otra ocasión quedó convenida.

El tema final de la noche arrancó, cuando súbitamente alguien del público exclamó: “¡A bailar!”. El vocalista respondió: “Esta es la última, vamos a deshacernos, vamos a deshacer la pista. Esto es ‘Torpe’” y en seguida    comenzó a entonar: “Ya terminó, amor / Es nuestro vals, ajá / Los grillos y la luna embellecen nuestros campos / Confieso que te a… / Okey, no / Te adoro, lo digo en serio / A tu lado tiendo a crecer / Yo quiero que me acompañes / Mi espíritu habla / Ajá, ajá / Imagino tu vestido, adorable / Tus cabellos son audaces / Tu olor mi medicina / ¿Algo más? / Argumentos no me faltan hoy / Aunque a veces / te llamo y no contestas / Te llamo y no contestas”. Al cesar la música, largos vítores fueron dedicados a la agrupación.

Leonora Post Punk tiene planeado cerrar su primera gira nacional en la ciudad de Hermosillo, Sonora, aunque por sus redes sociales deja entrever una segunda parte con nuevos destinos. Respecto a la posibilidad de lanzar alguna placa discográfica durante el presente año, nada hay confirmado. En cualquier caso, los mochitecos seguirán dando de qué hablar.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Crónica

Un comentario en “Leonora Post Punk: romántica oscuridad en concierto

Comentarios cerrados